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Homilías de Fr. Nelson Medina, O.P.Derechos Reservados © 1997-2026
Jueves, Noviembre 6 de 2053[Lectio Divina] [Laudes] [Vísperas] [Completas] Sobre las fechas y horas de publicación de estas oraciones mira aquí Ten presente en tus intenciones de este día:
Para esta fecha hay 4 posibles celebraciones litúrgicas. Esquema No. 1 Tiempo Ordinario, Año Impar,
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Lectura: |
Haz click en la referencia bíblica: |
|---|---|
1a. |
En la vida y en la muerte somos del Señor (Romanos 14,7-12) |
Salmo |
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. (Salmo 26) |
Evangelio |
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta (Lucas 15,1-10) |
Núm. |
Datos |
Escuchar |
Más... |
|---|---|---|---|
1 |
1997/11/06 |
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2 |
1999/11/04 |
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3 |
2009/11/05 |
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4 |
2013/11/07 |
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5 |
2013/11/07 |
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6 |
2015/11/05 |
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7 |
2021/11/04 |
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8 |
2021/11/04 |
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9 |
2025/11/06 |
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Homilía para leer: |
|---|---|
1 |
1. ¿Por qué juzgas a tu hermano?1.1 Pablo pregunta en la primera de lectura: "¿por qué juzgas a tu hermano?". Es una buena pregunta, y no deberíamos darla por respondida. De hecho, si no la respondemos a conciencia, lo más probable es que creamos que nuestros motivos y nuestras motivaciones al juzgar están correctas, y con ello por allá en la mente, seguiremos juzgando, y juzgando mal. Así que preguntémonos por qué juzgamos. 1.2 Pero antes hay que aclarar que no todos los juicios son iguales. Una cosa es tener clara una opinión sobre lo bueno y lo malo y otra cosa es clasificar a las personas en buenas y malas. Cuando la Biblia nos prohíbe juzgar va más en este segundo sentido, como queda claro en lo que nos enseña Pablo: "cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios", de modo que lo pecaminoso es eso de querer tomar el lugar de Dios. 1.3 Sin embargo, es un hecho que hemos juzgado a muchas personas. ¿Por qué? ¿Qué bien esperamos sacar de ello? Esa es una pregunta que puede orientarnos. Tal vez queremos sentir que el bien está de nuestro lado, y por lo tanto que valen la pena nuestros esfuerzos por ser "buenos". Tal vez queremos alejar de nuestro pensamiento a la gente que sentimos como una "amenaza" para nuestra integridad o nuestros bienes, para nuestra honra o nuestras personas queridas. Tal vez porque nos atraen los bienes deleitables que vemos que cometen los mismos que juzgamos: produciendo una condena "severa" intentamos que no nos seduzcan los pecados que visiblemente disfrutan aquellos que obran a su antojo. Tal vez, en fin, por halagar nuestro ego, ya sea como un ejercicio de caricia a nosotros mismos, o como una exhibición de virtud que esperamos que nos atraiga admiración y amistad de otros. 1.4 Estos motivos para juzgar a las personas no van a desaparecer como por encanto después de oír a san Pablo, pero reconocer cómo y por qué obramos puede hacernos más sensibles a nuestra verdad profunda, que es lugar que Dios ama para revelarnos también su propia verdad. 2. La alegría de la conversión2.1 Mientras que nuestros juicios sólo se sacian cuando el malvado es condenado, el corazón de Dios sólo se sacia cuando el pecador se convierte y vive. Y aquí tenemos una gran señal de la presencia o ausencia de Dios en nuestras palabras y pensamientos: cuando nuestro ánimo sólo hallaría reposo en el castigo del culpable, lo más probable es que nos esté moviendo la conveniencia, la comodidad, el autoengaño, o el demonio. Si, por el contrario, nuestro ánimo suspira pidiendo bendición y luz de gracia para todos, incluyendo desde luego los enemigos, es signo de la proximidad del Espíritu Santo. 2.2 El evangelio relaciona la conversión y la alegría, la cual, por lo demás, es un tema muy querido para san Lucas. 2.3 La alegría, enseña santo Tomás, brota al contacto con el bien. Y el evangelio es la victoria del bien. Sentirse perdonado sentirse restablecido, recuperar los derechos de "oveja" en el rebaño, o de "hijo" en la familia, son experiencias maravillosas que nos devuelven el contacto con un bien que considerábamos irremediablemente perdido. Cristo toma esas experiencias, incluso en cosas tan sencillas como la moneda reencontrada, para contarnos el amor del Padre de los cielos. |
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1a. |
En la vida y en la muerte somos del Señor (Romanos 14,7-12) |
Salmo |
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. (Salmo 26) |
Evangelio |
Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta (Lucas 15,1-10) |
Núm. |
Datos |
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1 |
1997/11/06 |
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1999/11/04 |
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2009/11/05 |
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2013/11/07 |
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1 |
1. ¿Por qué juzgas a tu hermano?1.1 Pablo pregunta en la primera de lectura: "¿por qué juzgas a tu hermano?". Es una buena pregunta, y no deberíamos darla por respondida. De hecho, si no la respondemos a conciencia, lo más probable es que creamos que nuestros motivos y nuestras motivaciones al juzgar están correctas, y con ello por allá en la mente, seguiremos juzgando, y juzgando mal. Así que preguntémonos por qué juzgamos. 1.2 Pero antes hay que aclarar que no todos los juicios son iguales. Una cosa es tener clara una opinión sobre lo bueno y lo malo y otra cosa es clasificar a las personas en buenas y malas. Cuando la Biblia nos prohíbe juzgar va más en este segundo sentido, como queda claro en lo que nos enseña Pablo: "cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios", de modo que lo pecaminoso es eso de querer tomar el lugar de Dios. 1.3 Sin embargo, es un hecho que hemos juzgado a muchas personas. ¿Por qué? ¿Qué bien esperamos sacar de ello? Esa es una pregunta que puede orientarnos. Tal vez queremos sentir que el bien está de nuestro lado, y por lo tanto que valen la pena nuestros esfuerzos por ser "buenos". Tal vez queremos alejar de nuestro pensamiento a la gente que sentimos como una "amenaza" para nuestra integridad o nuestros bienes, para nuestra honra o nuestras personas queridas. Tal vez porque nos atraen los bienes deleitables que vemos que cometen los mismos que juzgamos: produciendo una condena "severa" intentamos que no nos seduzcan los pecados que visiblemente disfrutan aquellos que obran a su antojo. Tal vez, en fin, por halagar nuestro ego, ya sea como un ejercicio de caricia a nosotros mismos, o como una exhibición de virtud que esperamos que nos atraiga admiración y amistad de otros. 1.4 Estos motivos para juzgar a las personas no van a desaparecer como por encanto después de oír a san Pablo, pero reconocer cómo y por qué obramos puede hacernos más sensibles a nuestra verdad profunda, que es lugar que Dios ama para revelarnos también su propia verdad. 2. La alegría de la conversión2.1 Mientras que nuestros juicios sólo se sacian cuando el malvado es condenado, el corazón de Dios sólo se sacia cuando el pecador se convierte y vive. Y aquí tenemos una gran señal de la presencia o ausencia de Dios en nuestras palabras y pensamientos: cuando nuestro ánimo sólo hallaría reposo en el castigo del culpable, lo más probable es que nos esté moviendo la conveniencia, la comodidad, el autoengaño, o el demonio. Si, por el contrario, nuestro ánimo suspira pidiendo bendición y luz de gracia para todos, incluyendo desde luego los enemigos, es signo de la proximidad del Espíritu Santo. 2.2 El evangelio relaciona la conversión y la alegría, la cual, por lo demás, es un tema muy querido para san Lucas. 2.3 La alegría, enseña santo Tomás, brota al contacto con el bien. Y el evangelio es la victoria del bien. Sentirse perdonado sentirse restablecido, recuperar los derechos de "oveja" en el rebaño, o de "hijo" en la familia, son experiencias maravillosas que nos devuelven el contacto con un bien que considerábamos irremediablemente perdido. Cristo toma esas experiencias, incluso en cosas tan sencillas como la moneda reencontrada, para contarnos el amor del Padre de los cielos. |
Lectura: |
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|---|---|
1a. |
Estamos dispuestos a morir, antes que quebrantar las leyes de nuestros padres (Macabeos 7, 1-2.9-14) |
Salmo |
Señor, guíame con tu justicia. (Salmo 5) |
Evangelio |
Si me han perseguido a mí, también a ustedes los perseguirán (Juan 15,18-21) |
Núm. |
Datos |
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|---|---|---|---|
1 |
1995/11/06 |
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Homilía para leer: |
|---|---|
1 |
1. Sus rostros sólo brillan en el Cielo1.1 Recientemente pude visitar el Estudiantado de la Provincia Dominicana del Rosario, es decir, el lugar donde los jóvenes frailes de esta Provincia se forman para el sacerdocio. En la capilla hay una serie de hermosos cuadros en memoria de ocho de los primeros dominicos que fueron al Oriente para predicar a Cristo, y que dieron su vida por esa causa. 1.2 Lo interesante en esos cuadros es que los rostros son ficticios, es decir, provienen de la imaginación del pintor o de modelos de otro tiempo. Los rostros auténticos de esos mártires, sus ojos anhelantes de ver al Cristo por el que murieron, sus sonrisas cuando ya se acercaba la hora de la victoria... eso no lo vimos, no hay fotos, no hay retratos de aquel tiempo. Esas imágenes quedaron reservadas para el Cielo. 2. El emperador no se alegra con la buena nueva2.1 Si miramos la historia de la Iglesia, desde sus comienzos, vemos que el martirio ha sido una constante en una proporción muy alta de casos, cuando se trata de la primera llegada del Evangelio a una tierra o dominio particular. "El emperador no se alegra con la buena nueva," es el título común que podríamos dar a esos relatos que nos sorprenden doblemente: por la crueldad de los verdugos y por el valor de los ejecutados. 2.2 El emperador no se alegra con la buena nueva: así sucedió ya para Herodes, que vio en Cristo una amenaza; volvió a suceder a los jefes saduceos, que vieron en el Nazareno la pésima noticia del final de sus prerrogativas y abusos. Nerón, Diocleciano, Decio y otros entre los romanos, vieron con una mezcla de desprecio, temor e indignación el surgimiento del cristianismo en sus dominios. Historias parecidas se vieron en Oriente, cuando los jefes supremos sintieron, una vez más, que si admitían el Reino de Dios, quien iba a reinar era Dios, y no ellos. 3. Predicar "hasta la muerte"3.1 Cuando hacemos profesión religiosa definitiva la llamamos "solemne," y en la ceremonia respectiva decimos profesar "hasta la muerte." Ya que somos frailes predicadores, parece que debemos entender también que nuestra profesión implica predicar hasta la muerte. No es cosa de una homilía, ni de un horario, ni del tiempo antes de retirarse y jubilarse. 3.2 Predicar hasta la muerte es, en el caso de los mártires, llegar hasta el extremo de predicar con la muerte misma. Jesús al morir hizo su más perfecto sermón, no sólo por las palabras que conservamos de sus horas finales, sino sobre todo por la elocuencia de un amor que se da sin reservas. Algo semejante hacen los mártires, y su palabra cala con una profundidad inmensa en el alma de los pueblos a los que han servido y amado como Cristo amó, "hasta el extremo." |
Lectura: |
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|---|---|
1a. |
Estamos dispuestos a morir, antes que quebrantar las leyes de nuestros padres (Macabeos 7, 1-2.9-14) |
Salmo |
Señor, guíame con tu justicia. (Salmo 5) |
Evangelio |
Si me han perseguido a mí, también a ustedes los perseguirán (Juan 15,18-21) |
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1. Sus rostros sólo brillan en el Cielo1.1 Recientemente pude visitar el Estudiantado de la Provincia Dominicana del Rosario, es decir, el lugar donde los jóvenes frailes de esta Provincia se forman para el sacerdocio. En la capilla hay una serie de hermosos cuadros en memoria de ocho de los primeros dominicos que fueron al Oriente para predicar a Cristo, y que dieron su vida por esa causa. 1.2 Lo interesante en esos cuadros es que los rostros son ficticios, es decir, provienen de la imaginación del pintor o de modelos de otro tiempo. Los rostros auténticos de esos mártires, sus ojos anhelantes de ver al Cristo por el que murieron, sus sonrisas cuando ya se acercaba la hora de la victoria... eso no lo vimos, no hay fotos, no hay retratos de aquel tiempo. Esas imágenes quedaron reservadas para el Cielo. 2. El emperador no se alegra con la buena nueva2.1 Si miramos la historia de la Iglesia, desde sus comienzos, vemos que el martirio ha sido una constante en una proporción muy alta de casos, cuando se trata de la primera llegada del Evangelio a una tierra o dominio particular. "El emperador no se alegra con la buena nueva," es el título común que podríamos dar a esos relatos que nos sorprenden doblemente: por la crueldad de los verdugos y por el valor de los ejecutados. 2.2 El emperador no se alegra con la buena nueva: así sucedió ya para Herodes, que vio en Cristo una amenaza; volvió a suceder a los jefes saduceos, que vieron en el Nazareno la pésima noticia del final de sus prerrogativas y abusos. Nerón, Diocleciano, Decio y otros entre los romanos, vieron con una mezcla de desprecio, temor e indignación el surgimiento del cristianismo en sus dominios. Historias parecidas se vieron en Oriente, cuando los jefes supremos sintieron, una vez más, que si admitían el Reino de Dios, quien iba a reinar era Dios, y no ellos. 3. Predicar "hasta la muerte"3.1 Cuando hacemos profesión religiosa definitiva la llamamos "solemne," y en la ceremonia respectiva decimos profesar "hasta la muerte." Ya que somos frailes predicadores, parece que debemos entender también que nuestra profesión implica predicar hasta la muerte. No es cosa de una homilía, ni de un horario, ni del tiempo antes de retirarse y jubilarse. 3.2 Predicar hasta la muerte es, en el caso de los mártires, llegar hasta el extremo de predicar con la muerte misma. Jesús al morir hizo su más perfecto sermón, no sólo por las palabras que conservamos de sus horas finales, sino sobre todo por la elocuencia de un amor que se da sin reservas. Algo semejante hacen los mártires, y su palabra cala con una profundidad inmensa en el alma de los pueblos a los que han servido y amado como Cristo amó, "hasta el extremo." |
-Fr. Nelson Medina, OP
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