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Homilías de Fr. Nelson Medina, O.P.Derechos Reservados © 1997-2024
Jueves, Enero 30 de 2014[Lectio Divina] [Laudes] [Vísperas] [Completas] Sobre las fechas y horas de publicación de estas oraciones mira aquí Ten presente en tus intenciones de este día:
Tiempo Ordinario, Año Par,
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Lectura: |
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1a. |
¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia? (2 Samuel 7,18-19.24-29) |
Salmo |
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre. (Salmo 131) |
Evangelio |
El candil se trae para ponerlo en el candelero. La medida que uséis la usarán con vosotros (Marcos 4,21-25) |
Núm. |
Datos |
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2002/01/31 |
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2014/01/30 |
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3 |
2014/01/30 |
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4 |
2020/01/30 |
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2022/01/27 |
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Versión |
Homilía para leer: |
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1 |
1. El juramento de Dios a David1.1 David tenía conciencia de lo que significa que Dios jure una cosa. La palabra humana va y viene. La palabra divina permanece para siempre. Cuando Natán comunicó a David estas palabras y esta visión, el Rey David se presentó ante el Señor y le dijo: "¿Quién soy yo mi Dios y Señor y qué méritos tiene mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí? Y por si fuera poco, mi Dios y Señor también te has referido a la descendencia de tu siervo para un futuro lejano, mientras dure la humanidad, mi Dios y Señor." 1.2 Esta es la fidelidad divina, porque del linaje de David, como lo explican muy bien los evangelios, proviene Jesucristo nuestro Señor. La gran fidelidad de Dios, el lazo definitivo e indestructible entre Dios y los hombres es precisamente el misterio de la encarnación de Cristo y la efusión de su sangre en la cruz. Ese es el fin definitivo de Dios. Ese es el juramento definitivo de Dios. El juramento a David mira hacia esa otra palabra, rubricada en Sangre, por la que el mismo Dios se ha declarado para siempre en favor de nosotros los hombres. 2. No somos esotéricos2.1 El evangelio de hoy, en su brevedad, trae dos temas: primero, el carácter de la enseñanza de Cristo; segundo, una advertencia sobre nuestro modo de medir a los demás. 2.2 Lo oculto saldrá a luz. Nuestra religión no es ocultista ni se goza en lo oculto. Esto viene bien recordarlo en una época en que los saberes escondidos, esotéricos y ocultos gozan de lamentable popularidad. Aunque el mundo entero busque enseñanzas "milenarias", ritos " 2.3 Alguien podrá objetar diciendo que son muchos los misterios inescrutables de la fe cristiana. Mas hemos de entender que un misterio no es algo que no puede ser pensado sino algo que es inagotable para nuestro pensamiento. No es, por ejemplo, que uno no pueda reflexionar en la grandeza del misterio de Cristo en la Santísima Eucaristía, sino que entendemos que hay ahí una fuente infinita de sabiduría y de amor que se hunde en el infinito mar de luz que es Dios mismo. No hay aquí nada esotérico, pues el Dios que ha querido revelarse no ha cambiado su opinión pretendiendo ahora que no le conozcamos.
3.1 El segundo tema del evangelio es aquello de la medida. Seremos medidos con nuestras mismas medidas. Una advertencia seria, si pensamos en lo duros que solemos ser para juzgar de los otros. 3.2 Puede iluminarnos en este sentido lo que dice el apóstol Santiago en otro lugar: "Hermanos, no habléis mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino juez de ella" (St 4,11). El razonamiento del apóstol nos puede sonar extraño pero quizá podemos entenderlo mejor si miramos las cosas de esta manera: cuando haces lo que se te ha dicho que no hagas te sitúas por encima de la autoridad de quien te mandó que no lo hicieras. Esto es lo que él llama "juzgar la ley", cosa que en últimas significa conculcar la potestad del Autor de la ley. 3.3 Algo así podemos aprender del evangelio de hoy: al juzgar al hermano tomo el lugar de Dios o por lo menos pretendo que Dios piense y obre como yo. Cuando hago a Dios a mi medida lo menos que puedo esperar es que ese nuevo "dios" obre también conmigo como yo pretendo que obre con los demás. Por eso Jesús nos advierte que tal proceder es inicuo y sólo acarrea nuestra propia ruina. |
-Fr. Nelson Medina, OP
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