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En la segunda mitad del siglo XVI, vivía en Ri, Normandía, Francia, un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un Santuario de Nuestra Señora.
Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. El mayor recibió el nombre de Juan, y desde niño dio muestras de gran inclinación al amor de Dios.
Se cuenta que cuando tenía nueve años, un compañero de juegos le abofeteó; en vez de responder en la misma forma, Juan siguió el consejo evangélico y le presentó la otra mejilla.
A los catorce años, Juan ingresó en el Colegio de los Jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia.
Pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén, con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales.
Sin embargo, poco después determinó ingresar en la Congregación del Oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el Superior General en 1623.
Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar. Su conducta en la Congregación no lo fue menos, de suerte que el Padre Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las Órdenes Menores.
Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del Padre Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, "estaba hecho para educar Ángeles".
El fin de la Congregación del Oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal, y Juan Eudes tuvo la suerte de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle.
Dos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al Obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: "La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las Órdenes Sagradas, y que su Diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida".
El Padre Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al Oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del Convento.
Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual.
San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros".
Monseñor Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al Padre Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia, y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen Padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.
Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad, alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado.
Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al Santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes, y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis; vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".
Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671 una casa para las mujeres arrepentidas, en la que podían albergarse mientras encontraban un empleo decente.
Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el Santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.
Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la Congregación del Oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles, y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios.
El Padre Condren, que había sido nombrado Superior General, estaba de acuerdo con el Santo. Pero su sucesor, el Padre Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén.
Entonces, el Padre Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso.
La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643 en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del Oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto.
San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio". El distintivo de la Congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María, como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.
La Congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los padres del Oratorio. En 1646, el Padre Eudes envió a Roma al Padre Manoury, para que recabase la aprobación pontificia para la Congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.
En 1650 el Obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, M. Oliver, que consideraba al Santo como "la maravilla de su época", Ie invitó a predicar una misión de diez semanas en la Iglesia de San Sulpicio de París.
Mientras se hallaba en esa misión, el Padre Eudes recibió la noticia de que el Obispo de Bayeux acababa de aprobar la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén.
En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario al que siguió otro en Rouen en 1659. En seguida, el Santo se dirigió a Roma a tratar de conseguir la aprobación pontificia para su Congregación. Pero, los Santos no siempre tienen éxito, y San Juan Eudes fracasó en Roma.
Un año después, una bula de Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el Padre Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas.
San Juan siguió predicando misiones con gran éxito. En 1666, fundó un seminario en Evreux y en 1670, otro en Rennes. Al año siguiente, publicó un libro titulado "La Devoción al Adorable Corazón de Jesús".
Ya antes, el Santo había instituido en su Congregación una fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una Misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús.
El 31 de agosto de 1670 se celebró por primera vez dicha fiesta en la Capilla del Seminario de Rennes, y pronto se extendió a otras Diócesis.
Así, pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer Apóstol de la devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él "quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María"', como lo dijo León XIII en 1903.
El decreto de beatificación añadía: "Él fue el primero que por divina inspiración, les tributó un culto litúrgico."
Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las Cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios de San Juan Eudes.
Durante los últimos años de su vida, el Santo escribió su tratado sobre "el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios"; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir.
Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö en 1675 en plena plaza pública con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud, y a partir de entonces, se retiró prácticamente de la vida activa.
Su muerte ocurrió el 19 de agosto de 1680. Canonizado en 1925, su fiesta fue incluida en el calendario de la Iglesia de occidente en 1928.
David, Panamá - Hija querida, con todo el cariño posible deseo que en tu cumpleaños y en tu vida estés siempre con Jesús y la Virgen para lograr la felicidad continua. Tu Papi
Bogotá, Colombia - Oh Dios, bendice y confirma esta unión, para que expresemos siempre en nuestras vidas el sacramento que celebramos en la fe. Feliz aniversario amor.
En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joás de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas. El ángel del Señor se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo, valiente." Gedeón respondió: "Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: "De Egipto nos sacó el Señor"? La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas." El Señor se volvió a él y le dijo: "Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. Yo te envío." Gedeón replicó: "Perdón, ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en casa de mi padre." El Señor contestó: "Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre." Gedeón insistió: "Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente." El Señor dijo: "Aquí me quedaré hasta que vuelvas."
Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se los llevó al Señor y se los ofreció bajo la encina. El ángel del Señor le dijo: "Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo." Así lo hizo. Entonces el ángel del Señor alargó la punta del cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció. Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: "¡Ay Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!" Pero el Señor le dijo: "¡Paz, no temas, no morirás!" Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de "Señor de la Paz"
Voy a escuchar lo que dice el Señor: / "Dios anuncia la paz / a su pueblo y a sus amigos / y a los que se convierten de corazón." R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos. R.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: "Entonces, ¿quién puede salvarse?" Jesús se les quedó mirando y les dijo: "Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo." Entonces le dijo Pedro: "Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros."
Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios (Mateo 19,23-30)
Cristo levanta el estándar de nuestro amor más allá de las conveniencias y más allá de los criterios puramente mundanos. Sólo así entendemos que toda salvación es gracia. 4 min. 31 seg.
Gedeón hace un camino de fe que lo conduce a ver la verdad de sí mismo, abrirse a la verdad de Dios y ser al final confirmado en su vocación. 12 min. 6 seg.
Jesús te propone no ser esclavo de lujos ni posesiones, hacer el bien a los más necesitados con lo que tienes y que tu esperanza y tu fuerza siempre estén puestas en Dios. 5 min. 37 seg.
Dios nos pide confiar en Él y estar abiertos a que Él obre a través de nosotros a pesar de nuestra pequeñez y de la gravedad de las situaciones actuales. 5 min. 32 seg.
Rasgos de la humildad que abre la puerta al Reino de Dios: (1) Agradecimiento y sencillez porque todo lo bueno lo hemos recibido de Dios; (2) Actitud de servicio porque lo recibido es para dar gloria a Dios haciendo el bien a nuestros hermanos; (3) Conciencia del combates espiritual tanto interior como exterior porque ser humilde no es ser acomplejado ni cobarde ni ingenuo. 16 min. 44 seg.
La vida placentera y los bienes materiales dificultan los esfuerzos, el desprendimiento y las renuncias propias del combate espiritual y del servicio al prójimo. 6 min. 30 seg.
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1. ¿Por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias?
1.1 La pregunta de Gedeón en la primera lectura nos la hemos hecho más de una vez, de seguro: "¿Por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias?" Es la pregunta que se hace quien descubre que tiene una enfermedad terminal, o quien ha quedado sin empleo por meses eternos, o quien aprende un día que su país es la fácil presa de un sistema económico que asesina sin entrañas a los pequeños, o quien simplemente siente que naufraga en la vorágine de su propia depresión.
1.2 La respuesta que da el ángel del Señor no tiene las características de un emplasto emocional, ni tampoco de una conclusión filosófica o racional. Sin embargo, estoy seguro de que sentimos su vigor: "Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel". Quizá podemos más de lo que creemos; quizá la fuerza que estamos malgastando en criticar a Dios o murmurar de la humanidad estaría mejor empleada en buscar una salida, no para nosotros solos sino para nuestro pueblo.
1.3 Ahora bien, la respuesta se completa. Cuando Gedeón reconoce su fragilidad viene la segunda parte de la réplica de Dios: "Yo estaré contigo".
1.4 De aquí concluimos dos cosas básicas: al mal no se responde con muchas teorías sino con acciones, en primer lugar. Y en segundo lugar: las acciones brotan de criticar menos y hacer más, y para eso necesitamos reconocer la presencia y acción de Dios en medio de nosotros.
2. El camello y la aguja
2.1 La parte que personalmente más disfruto del santo evangelio del día de hoy es aquello del asombro de los discípulos ante el provocador comentario de Cristo. Dice Nuestro Señor que "difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos", y ellos exclaman impresionados: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". Creo que es bien interesante lo que queda implícito en esa pregunta de estos hombres, que ciertamente no eran ningunos ricos.
2.2 Pienso que a partir de las lecturas debemos entender que los discípulos sentían que los ricos estaban más cerca de la salvación. Y pienso que el comentario de Cristo vino ante todo a sacarlos de esa idea. Ellos hablan con este razonamiento de base: "se supone que los ricos están próximos a salvarse; pero si ahora resulta que ellos difícilmente entran en el Reino, ¿qué habrá que decir de todos nosotros, los demás?".
2.3 Es claro que Jesús no tiene nada contra los ricos por ser ricos. Es claro sobre todo, porque, cuando los discípulos dicen lo que dicen, Cristo no replica: "No os preocupéis; los ricos se van a condenar, pero los pobres se van a salvar". No es ese el objetivo del discurso del Señor. En cambio de esa frase de corte "lucha de clases" lo que él dice iguala a todos los seres humanos en la indigencia de la salvación. Esto es lo que dice: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible". En esto entendemos que Cristo sobre todo quiere anunciar la gratuidad de la salvación; lo cual, ciertamente implica que, en la medida en que alguien se considere salvado, por sus riquezas, por ejemplo, más difícil hace su propia entrada en la lógica de la gracia.
En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joás de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas. El ángel del Señor se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo, valiente." Gedeón respondió: "Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: "De Egipto nos sacó el Señor"? La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas." El Señor se volvió a él y le dijo: "Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. Yo te envío." Gedeón replicó: "Perdón, ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en casa de mi padre." El Señor contestó: "Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre." Gedeón insistió: "Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente." El Señor dijo: "Aquí me quedaré hasta que vuelvas."
Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se los llevó al Señor y se los ofreció bajo la encina. El ángel del Señor le dijo: "Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo." Así lo hizo. Entonces el ángel del Señor alargó la punta del cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció. Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: "¡Ay Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!" Pero el Señor le dijo: "¡Paz, no temas, no morirás!" Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de "Señor de la Paz"
Voy a escuchar lo que dice el Señor: / "Dios anuncia la paz / a su pueblo y a sus amigos / y a los que se convierten de corazón." R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos. R.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: "Entonces, ¿quién puede salvarse?" Jesús se les quedó mirando y les dijo: "Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo." Entonces le dijo Pedro: "Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros."
Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios (Mateo 19,23-30)
Cristo levanta el estándar de nuestro amor más allá de las conveniencias y más allá de los criterios puramente mundanos. Sólo así entendemos que toda salvación es gracia. 4 min. 31 seg.
Gedeón hace un camino de fe que lo conduce a ver la verdad de sí mismo, abrirse a la verdad de Dios y ser al final confirmado en su vocación. 12 min. 6 seg.
Jesús te propone no ser esclavo de lujos ni posesiones, hacer el bien a los más necesitados con lo que tienes y que tu esperanza y tu fuerza siempre estén puestas en Dios. 5 min. 37 seg.
Dios nos pide confiar en Él y estar abiertos a que Él obre a través de nosotros a pesar de nuestra pequeñez y de la gravedad de las situaciones actuales. 5 min. 32 seg.
Rasgos de la humildad que abre la puerta al Reino de Dios: (1) Agradecimiento y sencillez porque todo lo bueno lo hemos recibido de Dios; (2) Actitud de servicio porque lo recibido es para dar gloria a Dios haciendo el bien a nuestros hermanos; (3) Conciencia del combates espiritual tanto interior como exterior porque ser humilde no es ser acomplejado ni cobarde ni ingenuo. 16 min. 44 seg.
La vida placentera y los bienes materiales dificultan los esfuerzos, el desprendimiento y las renuncias propias del combate espiritual y del servicio al prójimo. 6 min. 30 seg.
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1. ¿Por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias?
1.1 La pregunta de Gedeón en la primera lectura nos la hemos hecho más de una vez, de seguro: "¿Por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias?" Es la pregunta que se hace quien descubre que tiene una enfermedad terminal, o quien ha quedado sin empleo por meses eternos, o quien aprende un día que su país es la fácil presa de un sistema económico que asesina sin entrañas a los pequeños, o quien simplemente siente que naufraga en la vorágine de su propia depresión.
1.2 La respuesta que da el ángel del Señor no tiene las características de un emplasto emocional, ni tampoco de una conclusión filosófica o racional. Sin embargo, estoy seguro de que sentimos su vigor: "Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel". Quizá podemos más de lo que creemos; quizá la fuerza que estamos malgastando en criticar a Dios o murmurar de la humanidad estaría mejor empleada en buscar una salida, no para nosotros solos sino para nuestro pueblo.
1.3 Ahora bien, la respuesta se completa. Cuando Gedeón reconoce su fragilidad viene la segunda parte de la réplica de Dios: "Yo estaré contigo".
1.4 De aquí concluimos dos cosas básicas: al mal no se responde con muchas teorías sino con acciones, en primer lugar. Y en segundo lugar: las acciones brotan de criticar menos y hacer más, y para eso necesitamos reconocer la presencia y acción de Dios en medio de nosotros.
2. El camello y la aguja
2.1 La parte que personalmente más disfruto del santo evangelio del día de hoy es aquello del asombro de los discípulos ante el provocador comentario de Cristo. Dice Nuestro Señor que "difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos", y ellos exclaman impresionados: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". Creo que es bien interesante lo que queda implícito en esa pregunta de estos hombres, que ciertamente no eran ningunos ricos.
2.2 Pienso que a partir de las lecturas debemos entender que los discípulos sentían que los ricos estaban más cerca de la salvación. Y pienso que el comentario de Cristo vino ante todo a sacarlos de esa idea. Ellos hablan con este razonamiento de base: "se supone que los ricos están próximos a salvarse; pero si ahora resulta que ellos difícilmente entran en el Reino, ¿qué habrá que decir de todos nosotros, los demás?".
2.3 Es claro que Jesús no tiene nada contra los ricos por ser ricos. Es claro sobre todo, porque, cuando los discípulos dicen lo que dicen, Cristo no replica: "No os preocupéis; los ricos se van a condenar, pero los pobres se van a salvar". No es ese el objetivo del discurso del Señor. En cambio de esa frase de corte "lucha de clases" lo que él dice iguala a todos los seres humanos en la indigencia de la salvación. Esto es lo que dice: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible". En esto entendemos que Cristo sobre todo quiere anunciar la gratuidad de la salvación; lo cual, ciertamente implica que, en la medida en que alguien se considere salvado, por sus riquezas, por ejemplo, más difícil hace su propia entrada en la lógica de la gracia.
Hermanos: Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, les conceda por medio de su Espíritu: robustecerlos en lo profundo de su ser; que Cristo habite por la fe en sus corazones; que el amor sea su raíz y su cimiento; y así, con todo el pueblo de Dios, lograrán abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegarán a su plenitud, según la plenitud total de Dios.
Comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano (Efesios 3, 14-19)
Salmo
Como un padre siente ternura por sus hijos, / siente el Señor ternura por sus fieles; / porque él conoce nuestra masa, / se acuerda de que somos de barro. R.
Los días del hombre duran lo que la hierba, / florecen como flor del campo, / que el viento la roza, y ya no existe, / su terreno no volverá a verla. R.
Pero la misericordia del Señor dura siempre, / su justicia pasa de hijos a nietos: / para los que guardan la alianza. R.
La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos. (Salmo 102)
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla (Mateo 11, 25-30)
San Juan Eudes es un hombre del corazón de Jesús y María; es un hombre de Iglesia, formador de santos sacerdotes y es un misionero, testigo del Evangelio. 5 min. 10 seg.
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1.1 Uno de los rasgos más atractivos del ministerio de Juan Eudes es el lugar central que el amor ocupa en él. Es tanto el contenido doctrinal que acompaña a la nave de nuestra Iglesia por las olas de la Historia, y son tantas las obras y actividades que desempeña la misma Iglesia, que se nos puede olvidar en dónde está el motor que lo pone todo en movimiento, y sin el cual nada tendría vida ni color ni eficacia.
1.2 Juan Eudes desarrolló no sólo una teología sino toda una espiritualidad del corazón, como símbolo precioso, tomado de la Biblia. Fue Juan Eudes quien hizo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús una realidad pública en la Iglesia, devoción de la que él mismo bebió con abundancia y de la que ofreció generosamente a todos.
1.3 El misterio del amor de Cristo es el misterio del amor ofrecido. Esa oferta quedaría como una posibilidad desaprovechada si no existieran los corazones que se abren a ese amor a través de la fe y el amor. Entre todos esos corazones, Eudes comprendió que ninguno podía compararse en pureza, grandeza y generosidad con el Corazón de María, y por eso la espiritualidad eudista mira en un solo intento a los dos corazones.
2. Predicación y sacerdocio
2.1 Juan Eudes tuvo el privilegio de recibir una formación sacerdotal completa y en cierto sentido exquisita en el detalle, es decir, una formación que aspira de lleno a la santidad. El ideal sacerdotal, en toda su dimensión de generosidad, altura intelectual, celo pastoral, integridad y pureza de costumbres, estuvieron desde muy pronto en su mente.
2.2 Es apenas natural que el P. Eudes comprendiera mejor que otros la gran necesidad de sacerdotes que tiene la Iglesia. Conocedor de la diferencia que hace recibir una buena formación o una mala, se empeñó con tesón y alegría a la tarea de brindarle a Cristo verdaderos sacerdotes, o como dice la Escritura, "sacerdotes según su corazón."
2.3 Sus esfuerzos han fructificado en la Congregación de Jesús y María, que tanto bien ha dado a la Iglesia. No cabe duda que fuentes tan profundas de amor sólo pueden producir frutos durables de amor de Dios.
Hermanos: Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, les conceda por medio de su Espíritu: robustecerlos en lo profundo de su ser; que Cristo habite por la fe en sus corazones; que el amor sea su raíz y su cimiento; y así, con todo el pueblo de Dios, lograrán abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegarán a su plenitud, según la plenitud total de Dios.
Comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano (Efesios 3, 14-19)
Salmo
Como un padre siente ternura por sus hijos, / siente el Señor ternura por sus fieles; / porque él conoce nuestra masa, / se acuerda de que somos de barro. R.
Los días del hombre duran lo que la hierba, / florecen como flor del campo, / que el viento la roza, y ya no existe, / su terreno no volverá a verla. R.
Pero la misericordia del Señor dura siempre, / su justicia pasa de hijos a nietos: / para los que guardan la alianza. R.
La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos. (Salmo 102)
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla (Mateo 11, 25-30)
San Juan Eudes es un hombre del corazón de Jesús y María; es un hombre de Iglesia, formador de santos sacerdotes y es un misionero, testigo del Evangelio. 5 min. 10 seg.
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1.1 Uno de los rasgos más atractivos del ministerio de Juan Eudes es el lugar central que el amor ocupa en él. Es tanto el contenido doctrinal que acompaña a la nave de nuestra Iglesia por las olas de la Historia, y son tantas las obras y actividades que desempeña la misma Iglesia, que se nos puede olvidar en dónde está el motor que lo pone todo en movimiento, y sin el cual nada tendría vida ni color ni eficacia.
1.2 Juan Eudes desarrolló no sólo una teología sino toda una espiritualidad del corazón, como símbolo precioso, tomado de la Biblia. Fue Juan Eudes quien hizo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús una realidad pública en la Iglesia, devoción de la que él mismo bebió con abundancia y de la que ofreció generosamente a todos.
1.3 El misterio del amor de Cristo es el misterio del amor ofrecido. Esa oferta quedaría como una posibilidad desaprovechada si no existieran los corazones que se abren a ese amor a través de la fe y el amor. Entre todos esos corazones, Eudes comprendió que ninguno podía compararse en pureza, grandeza y generosidad con el Corazón de María, y por eso la espiritualidad eudista mira en un solo intento a los dos corazones.
2. Predicación y sacerdocio
2.1 Juan Eudes tuvo el privilegio de recibir una formación sacerdotal completa y en cierto sentido exquisita en el detalle, es decir, una formación que aspira de lleno a la santidad. El ideal sacerdotal, en toda su dimensión de generosidad, altura intelectual, celo pastoral, integridad y pureza de costumbres, estuvieron desde muy pronto en su mente.
2.2 Es apenas natural que el P. Eudes comprendiera mejor que otros la gran necesidad de sacerdotes que tiene la Iglesia. Conocedor de la diferencia que hace recibir una buena formación o una mala, se empeñó con tesón y alegría a la tarea de brindarle a Cristo verdaderos sacerdotes, o como dice la Escritura, "sacerdotes según su corazón."
2.3 Sus esfuerzos han fructificado en la Congregación de Jesús y María, que tanto bien ha dado a la Iglesia. No cabe duda que fuentes tan profundas de amor sólo pueden producir frutos durables de amor de Dios.