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Basilio había nacido en Cesarea de Capadocia en el año 330. Aún era muy pequeño cuando su padre tuvo que trasladarse al Ponto, quedando al cuidado de su abuela paterna, que se llamaba Macrina, igual que su hermana.
Esta mujer noble y cristiana de pies a cabeza, que había sido discípula de San Gregorio Taumaturgo, supo inculcar en el corazón del pequeño Basilio, toda la riqueza del Evangelio, no como norma que hay que observar, sino como aventura que hay que vivir.
El santo Doctor la recordó siempre con mucho afecto y admiración. Quedó huérfano de padre cuando tenía trece o catorce años.
Prosiguió los estudios en Cesarea, más tarde en Constantinopla y finalmente en Atenas. Aquí le esperaba Gregorio Nacianceno, gran amigo suyo desde la época en que los dos estudiaban en Cesarea.
Ambos amigos rivalizaban por encontrar la verdadera sabiduría, y por ello despertaban la admiración de sus compañeros.
Incluso fundaron un círculo con otros amigos que compartían sus inquietudes: querían dejarse guiar, no por los intereses materiales y pasajeros, sino por los valores superiores, como habían hecho los sabios de la antigüedad y como hacían en aquellos tiempos los ascetas del desierto.
Tuvieron contactos, entre otros, con el futuro Emperador Juliano, conocido posteriormente como el Apóstata.
Tras cinco años de estudios en la capital de la cultura griega, Basilio volvió a su ciudad natal a petición de su hermana Macrina y de Eustato, Obispo de Sebaste.
Gracias a Macrina, comprendió que había llegado el momento de bautizarse y de olvidar las vanidades del saber humano, para consagrarse a Dios, tal como había hecho ella misma hacía tiempo.
Eustato le propuso que le ayudara a fomentar la vida monástica en su Diócesis.
Por entonces, maduraron dos realidades en el corazón y la mente de Basilio. Sentía un gran afecto por la vida monástica, y se hizo monje.
Pero, se fijó en una cosa: aunque los ascetas del desierto manifestaban claramente su absoluto amor a Dios, carecían de la posibilidad de vivir el amor al prójimo con la misma dedicación. Porque, no tenían comunicación entre sí, ni siquiera cuando vivían cerca los unos de los otros.
Por el contrario, cuando Gregorio había ido a verle a su Eremitorio a orillas del Iris y se había quedado con él, la experiencia resultante llegó a ser muy distinta y más profunda.
Además, si los monjes querían ser la versión moderna de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, debían proveer a las necesidades de las iglesias locales, no sólo rezando y dando ejemplo, sino también dedicándose a la enseñanza y a las obras de caridad.
De este modo, los religiosos y laicos podrían vivir por igual los valores evangélicos del ascetismo según la voación de cada uno.
Basilio concibió entonces el cenobio, donde bajo la guía del Abad, reina entre los frailes el amor fraterno; donde clérigos y laicos encarnarán el Evangelio en el mundo.
No tardó en poner a prueba aquella idea en su propia persona. Tuvo que abandonar a los numerosos monjes que ya lo seguían, porque el Obispo Eusebio de Cesarea lo llamó en el año 364 con el fin de ordenarlo sacerdote, y para que colaborase en el gobierno de la Diócesis.
Basilio obedeció. Mas, al cabo del tiempo, el Obispo sintió celos del amor del pueblo por Basilio, y lo mandó a otro lugar.
Volvió a llamarlo más tarde, para que pusiera paz entre el pueblo dividido por el arrianismo. Basilio volvió a obedecer, hasta que al morir el Obispo, lo nombraron sucesor suyo.
Tenía ya 40 años. Había acumulado mucha experiencia y mucha santidad.
Con la misma inteligencia con que organizaba los cenobios, Basilio gobernó el vasto territorio de su Diócesis.
Movido por el amor al prójimo, sobre todo a los más necesitados, como los pobres, los enfermos y en particular los leprosos, hizo construir en todas las circunscripciones eclesiásticas, una casa dedicada a ellos.
En las afueras de Cesarea construyó una auténtica ciudadela, que el pueblo llamó Basilíada y que despertó la admiración de todos.
Era un grandioso complejo de distintas secciones según las diferentes enfermedades, para poder curarlas a conciencia y evitar los contagios.
Se prestaba una especial atención a los leprosos, normalmente abandonados, incluso por sus propios parientes.
Esta institución asombraba por su grandiosidad y modernidad, pero también porque Basilio había organizado tan bien la caridad, que no le faltaban, ni personal, ni recursos económicos.
Por otra parte, ¿quién habría podido resistirse a la fascinación de sus homilías? En el corazón de este Pastor de la Iglesia, bullía además otra pasión. Soñaba con una Iglesia unida en la armonía y diligente en la realización de obras santas, como un auténtico cenobio.
Sin embargo, debía asistir a litigios doctrinales, que con frecuencia se basaban en las rivalidades personales y administrativas de los mismos Obispos.
Algunos, para no estar bajo su autoridad, habían llegado a dividir la Capadocia en dos partes. Basilio respondió con energía, y nombró a su hermano Gregorio, Obispo de Nisa, y a su amigo Gregorio Nacianceno, Obispo de Sásima.
Este último, que no se sentía cómodo en un clima tan politizado y tan poco evangélico, renunció al cargo al poco tiempo.
La otra espina que tenía clavada en su corazón, era la situación de la Iglesia de Antioquía, antigua y gloriosa sede apostólica.
Hacía años que duraba aquella lucha insensata, no sólo con el Obispo arriano, sino también entre los dos Obispos católicos, Paulino y Melecio, que se disputaban la silla metropolitana.
Basilio procuró acabar con este escándalo por todos los medios. Escribió a su amigo Atanasio de Alejandría, que gozaba de plena confianza del Papa. Le pidió que lo apoyara en Roma, pero Atanasio no le escuchó.
No confiaba éste en la ortodoxia de Melecio, y estaba de parte de Paulino. Basilio escribió directamente al Papa y varias veces a los Obispos occidentales, para que enviasen una embajada que "uniera a los disidentes y renovara la amistad entre las iglesias de Dios".
Sus esfuerzos fueron inútiles, porque el temor que suscitaba el arrianismo era tanto, que nadie se fiaba de Melecio, aunque contara con el apoyo de Basilio.
Sólo al morir el Emperador Valente que protegía el arrianismo, comenzó a perfilarse la esperanza de una paz duradera para las iglesias orientales.
Basilio no vio más que la aurora de aquel día, porque su salud, ya muy resentida, lo abandonó definitivamente el primero de enero del año 379.
Legó a la Iglesia un amplio y riquísimo patrimonio de tesoros espirituales: el monacato que él mismo había reorganizado, y las famosas Reglas que habrían de gobernarlo durante muchos siglos.
Sus escritos teológicos, llenos de sabiduría y sensatez, lo hicieron merecedor del apelativo de Magno o el Grande, y del título de Doctor de la Iglesia.
No menos importante fue el legado de la solemne liturgia, que se denomina precisamente basiliana, y que aún se celebra algunos días al año en el rito bizantino.
Bucaramanga, Santander. Colombia (1927) - Día importantísimo en mi vida, mi entrada a la Iglesia Católica: Hija de Dios e hija de la Iglesia, con la infusión de la gracia y las virtudes.
La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos.
Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.
Mi corazón se regocija por el señor, / mi poder se exalta por Dios; /mi boca se ríe de mis enemigos, / porque gozo con tu salvación. R. Se rompen los arcos de tus valientes, / mientras los cobardes se ciñen de valor; / los hartos se contratan por el pan, / mientras los hambrientos engordan;/ la mujer estéril da a luz siete hijos,/ mientras la madre de muchos queda baldía. R. El Señor da la muerte y la vida, / hunde en el abismo y levanta; / da la pobreza y la riqueza, / humilla y enaltece. R. Él levanta del polvo al desvalido, / alza de la basura al pobre, / para hacer que se siente entre príncipes / y que herede un trono de gloria. R.
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
Él les contestó:
¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
El Evangelio de la Fiesta del Inmaculado Corazón de María nos recuerda dos cosas importantes: (1) Que suele tomar tiempo comprender las razones de Dios. (2) Que Cristo es inagotable y que rebasa aún a los más santos y sabios. 11 min. 3 seg.
Aprendamos de la pureza, la belleza, de la santidad del Corazón Inmaculado de María y llenémonos de gratitud por el sí que Ella dio con tanta generosidad. 5 min. 26 seg.
Seamos discípulos de Jesús como lo fue su Santísima Madre María, viviendo en gratitud, obediencia, humildad y continua alabanza a Dios Nuestro Señor. 5 min. 10 seg.
Contempla el corazón y la entrega de la Virgen María al plan de salvación y pregúntate cuándo vas a empezar una vida que responda a la gracia que Dios te ha dado. 5 min. 38 seg.
El triunfo del Inmaculado corazón de María no se da de manera masiva sino en cada corazón que le dice sí a Jesús, que obedece al Evangelio, que se pliega ante Cristo, que busca la voluntad del Señor como lo hizo Ella.
8 min. 7 seg.
La Virgen María supera en dignidad al universo visible, que es obediente a Dios pero no es libre; supera a los demás seres humanos porque siendo libre es perfectamente obediente; y supera a las huestes angélicas porque la obediencia de María abrió paso al orden nuevo de la redención. 14 min. 22 seg.
Hoy se celebra que la Virgen María es el gran triunfo de Dios y recordamos que las grandes batallas entre el bien y el mal se libran en el corazón humano. 5 min. 49 seg.
El corazón de María es templo porque es sagrario del Espíritu Santo, es biblioteca y tesoro de Cristología porque es el mejor lugar para conocer a Jesús, es remanso de paz en medio de nuestros combates y es fuente de vida porque en ella podemos volver a empezar. 6 min. 18 seg.
La Santísima Virgen María nos muestra que en un mundo marcado por el pecado el Evangelio es posible, ella que con el corazón traspasado por el combate, la dificultades y humillaciones permaneció fiel al Señor. 6 min. 56 seg.
En el amor de Jesús hacia María esta todo el amor de Dios le puede dar a una creatura y en el amor de María hacia Jesús está todo lo que una creatura consciente y libre le puede responder a su Creador. 6 min. 46 seg.
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1.1 Nos enseña el Papa Juan Pablo II: La Virgen de Nazaret fue elegida para convertirse en la Madre del Redentor por obra del Espíritu Santo: en su humildad halló gracia a los ojos de Dios (cf. Lc 1, 30). De hecho, en el Nuevo Testamento vemos que la fe de María, por decirlo así, "atrajo" el don del Espíritu Santo. Ante todo en la concepción del Hijo de Dios, misterio que el mismo arcángel Gabriel explicó así: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35).
1.2 Todos los acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jesús y con sus primeros años de vida estuvieron dirigidos de manera casi palpable por el Espíritu Santo, aunque no siempre se le nombre. El corazón de María, en perfecta sintonía con su Hijo divino, es templo del Espíritu de verdad, donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad (cf. Lc 2, 19.51).
1.3 Así podemos tener la certeza de que el corazón santísimo de Jesús en todo el arco de su vida oculta en Nazaret encontró en el corazón inmaculado de su Madre un "hogar" siempre encendido de oración y de atención constante a la voz del Espíritu. Un testimonio de esta singular sintonía entre la Madre y el Hijo, buscando la voluntad de Dios, es lo que aconteció en las bodas de Caná. En una situación llena de símbolos de la alianza, como es el banquete nupcial, la Virgen Madre intercede y provoca, por decirlo así, un signo de gracia sobreabundante: el "vino bueno" que hace referencia al misterio de la Sangre de Cristo.
2. Un Corazón que conoce el precio de la Sangre Redentora
2.1 Esto nos remite directamente al Calvario, donde María está al pie de la cruz junto con las demás mujeres y con el apóstol san Juan. La Madre y el discípulo recogen espiritualmente el testamento de Jesús: sus últimas palabras y su último aliento, en el que comienza a derramar el Espíritu; y recogen el grito silencioso de su Sangre, derramada totalmente por nosotros (cf. Jn 19,25-34).
2.2 María sabía de dónde venía esa sangre, pues se había formado en ella por obra del Espíritu Santo, y sabía que ese mismo "poder" creador resucitaría a Jesús, como él mismo había prometido.
2.3 Así, la fe de María sostuvo la de los discípulos hasta el encuentro con el Señor resucitado, y siguió acompañándolos incluso después de su Ascensión al cielo, a la espera del "bautismo en el Espíritu Santo" (cf. Hch 1, 5).
Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado (2 Corintios 5,14-21)
Salmo
Bendice, alma mía, al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre. / Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas / y cura todas tus enfermedades; / él rescata tu vida de la fosa / y te colma de gracia y de ternura. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, / lento a la ira y rico en clemencia; / no está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles; / como dista el oriente del ocaso, / así aleja de nosotros nuestros delitos. R
El Señor es compasivo y misericordioso. (Salmo 102 )
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno."
Descubramos nuestro propio absurdo al contemplar el absurdo del amor de Cristo en la cruz, poniéndonos en camino hacia el arrepentimiento y reconciliación con Dios. 6 min. 10 seg.
Jesús jamás se hace pecador sino que en Él por su sacrificio quedó plasmado el efecto del pecado, dándonos la vida nueva que, sin su pasión, no hubiéramos podido recibir. 5 min. 48 seg.
El Nombre de Dios expresa su presencia y debe ser pronunciado con reverencia, amor y deseo de comunión. No es un nombre cualquiera, es lugar sagrado de encuentro. 9 min. 9 seg.
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1.1 Hemos escuchado hoy en la primera lectura una de las frases más conocidas de san Pablo: "Nos urge el amor de Cristo". ¡Bienaventurado el corazón que tiene gratitud suficiente para percibir la grandeza de lo que hemos recibido con el sacrificio redentor de Jesucristo!
1.2 La muerte de Cristo es buena noticia en esa primera lectura del día de hoy, y ello por dos razones: primera, porque la muerte marca un final. Y ello no necesariamente es malo. ¿Por qué no darle un final, un final definitivo, al pecado en nuestra vida?
1.3 En segundo lugar, porque más allá de la muerte nada pueden los poderes de esta tierra. La muerte marca una dirección en el sentido de la vida. Los que creemos en Cristo vivimos "para Cristo" y sabemos cuál es nuestro desenlace, que no acaba en muerte sino en vida eterna.
2. Volver las palabras a su sentido
2.1 Un análisis profundo de lo que significa jurar nos muestra cuán razonable es la propuesta de Cristo en el evangelio de hoy. Jurar es decir unas palabras para asegurar que otras palabras son verdad. ¿Y cómo sabemos que las palabras que aseguran la verdad de otras son en realidad verdaderas? La solución usual es un nuevo juramento, y en ello se ve el absurdo del asunto. En realidad sucede así: la gente que se acostumbra a asegurar que dice lo cierto cada vez tiene que asegurar más cosas. Y por eso alguien dijo: "el que habla mucho de sinceridad, suele ser un mentiroso".
2.2 En los juramentos tomamos como testigo a Dios. En sí mismo esto no es pecado y de hecho santo Tomás de Aquino nos hace ver que en el Nuevo Testamento aparecen varios juramentos. Cuando Pablo dice: "yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto a Corinto" (2 Cor 1,23), es evidente que está haciendo un modo de juramento. Repito, y así nos lo asegura la Iglesia: no es pecado en sí mismo este jurar, pero entraña una grave responsabilidad de la que es fácil olvidarse. Podemos incluso pretender manipular el Nombre de Dios ofendiendo seriamente su santidad y majestad.
2.3 Volver las palabras a su sentido: tal es el mandato de Cristo. No agregar, no maquillar, no encubrir. Por vía de sencillez vuelve el lenguaje a ser confiable y vuelve la comunicación humana a ser espacio de vida y de encuentro.
Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado (2 Corintios 5,14-21)
Salmo
Bendice, alma mía, al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre. / Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas / y cura todas tus enfermedades; / él rescata tu vida de la fosa / y te colma de gracia y de ternura. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, / lento a la ira y rico en clemencia; / no está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles; / como dista el oriente del ocaso, / así aleja de nosotros nuestros delitos. R
El Señor es compasivo y misericordioso. (Salmo 102 )
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno."
Descubramos nuestro propio absurdo al contemplar el absurdo del amor de Cristo en la cruz, poniéndonos en camino hacia el arrepentimiento y reconciliación con Dios. 6 min. 10 seg.
Jesús jamás se hace pecador sino que en Él por su sacrificio quedó plasmado el efecto del pecado, dándonos la vida nueva que, sin su pasión, no hubiéramos podido recibir. 5 min. 48 seg.
El Nombre de Dios expresa su presencia y debe ser pronunciado con reverencia, amor y deseo de comunión. No es un nombre cualquiera, es lugar sagrado de encuentro. 9 min. 9 seg.
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1.1 Hemos escuchado hoy en la primera lectura una de las frases más conocidas de san Pablo: "Nos urge el amor de Cristo". ¡Bienaventurado el corazón que tiene gratitud suficiente para percibir la grandeza de lo que hemos recibido con el sacrificio redentor de Jesucristo!
1.2 La muerte de Cristo es buena noticia en esa primera lectura del día de hoy, y ello por dos razones: primera, porque la muerte marca un final. Y ello no necesariamente es malo. ¿Por qué no darle un final, un final definitivo, al pecado en nuestra vida?
1.3 En segundo lugar, porque más allá de la muerte nada pueden los poderes de esta tierra. La muerte marca una dirección en el sentido de la vida. Los que creemos en Cristo vivimos "para Cristo" y sabemos cuál es nuestro desenlace, que no acaba en muerte sino en vida eterna.
2. Volver las palabras a su sentido
2.1 Un análisis profundo de lo que significa jurar nos muestra cuán razonable es la propuesta de Cristo en el evangelio de hoy. Jurar es decir unas palabras para asegurar que otras palabras son verdad. ¿Y cómo sabemos que las palabras que aseguran la verdad de otras son en realidad verdaderas? La solución usual es un nuevo juramento, y en ello se ve el absurdo del asunto. En realidad sucede así: la gente que se acostumbra a asegurar que dice lo cierto cada vez tiene que asegurar más cosas. Y por eso alguien dijo: "el que habla mucho de sinceridad, suele ser un mentiroso".
2.2 En los juramentos tomamos como testigo a Dios. En sí mismo esto no es pecado y de hecho santo Tomás de Aquino nos hace ver que en el Nuevo Testamento aparecen varios juramentos. Cuando Pablo dice: "yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto a Corinto" (2 Cor 1,23), es evidente que está haciendo un modo de juramento. Repito, y así nos lo asegura la Iglesia: no es pecado en sí mismo este jurar, pero entraña una grave responsabilidad de la que es fácil olvidarse. Podemos incluso pretender manipular el Nombre de Dios ofendiendo seriamente su santidad y majestad.
2.3 Volver las palabras a su sentido: tal es el mandato de Cristo. No agregar, no maquillar, no encubrir. Por vía de sencillez vuelve el lenguaje a ser confiable y vuelve la comunicación humana a ser espacio de vida y de encuentro.
La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos.
Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.
Mi corazón se regocija por el señor, / mi poder se exalta por Dios; /mi boca se ríe de mis enemigos, / porque gozo con tu salvación. R. Se rompen los arcos de tus valientes, / mientras los cobardes se ciñen de valor; / los hartos se contratan por el pan, / mientras los hambrientos engordan;/ la mujer estéril da a luz siete hijos,/ mientras la madre de muchos queda baldía. R. El Señor da la muerte y la vida, / hunde en el abismo y levanta; / da la pobreza y la riqueza, / humilla y enaltece. R. Él levanta del polvo al desvalido, / alza de la basura al pobre, / para hacer que se siente entre príncipes / y que herede un trono de gloria. R.
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
Él les contestó:
¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.
Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
El Evangelio de la Fiesta del Inmaculado Corazón de María nos recuerda dos cosas importantes: (1) Que suele tomar tiempo comprender las razones de Dios. (2) Que Cristo es inagotable y que rebasa aún a los más santos y sabios. 11 min. 3 seg.
Aprendamos de la pureza, la belleza, de la santidad del Corazón Inmaculado de María y llenémonos de gratitud por el sí que Ella dio con tanta generosidad. 5 min. 26 seg.
Seamos discípulos de Jesús como lo fue su Santísima Madre María, viviendo en gratitud, obediencia, humildad y continua alabanza a Dios Nuestro Señor. 5 min. 10 seg.
Contempla el corazón y la entrega de la Virgen María al plan de salvación y pregúntate cuándo vas a empezar una vida que responda a la gracia que Dios te ha dado. 5 min. 38 seg.
El triunfo del Inmaculado corazón de María no se da de manera masiva sino en cada corazón que le dice sí a Jesús, que obedece al Evangelio, que se pliega ante Cristo, que busca la voluntad del Señor como lo hizo Ella.
8 min. 7 seg.
La Virgen María supera en dignidad al universo visible, que es obediente a Dios pero no es libre; supera a los demás seres humanos porque siendo libre es perfectamente obediente; y supera a las huestes angélicas porque la obediencia de María abrió paso al orden nuevo de la redención. 14 min. 22 seg.
Hoy se celebra que la Virgen María es el gran triunfo de Dios y recordamos que las grandes batallas entre el bien y el mal se libran en el corazón humano. 5 min. 49 seg.
El corazón de María es templo porque es sagrario del Espíritu Santo, es biblioteca y tesoro de Cristología porque es el mejor lugar para conocer a Jesús, es remanso de paz en medio de nuestros combates y es fuente de vida porque en ella podemos volver a empezar. 6 min. 18 seg.
La Santísima Virgen María nos muestra que en un mundo marcado por el pecado el Evangelio es posible, ella que con el corazón traspasado por el combate, la dificultades y humillaciones permaneció fiel al Señor. 6 min. 56 seg.
En el amor de Jesús hacia María esta todo el amor de Dios le puede dar a una creatura y en el amor de María hacia Jesús está todo lo que una creatura consciente y libre le puede responder a su Creador. 6 min. 46 seg.
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1.1 Nos enseña el Papa Juan Pablo II: La Virgen de Nazaret fue elegida para convertirse en la Madre del Redentor por obra del Espíritu Santo: en su humildad halló gracia a los ojos de Dios (cf. Lc 1, 30). De hecho, en el Nuevo Testamento vemos que la fe de María, por decirlo así, "atrajo" el don del Espíritu Santo. Ante todo en la concepción del Hijo de Dios, misterio que el mismo arcángel Gabriel explicó así: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35).
1.2 Todos los acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jesús y con sus primeros años de vida estuvieron dirigidos de manera casi palpable por el Espíritu Santo, aunque no siempre se le nombre. El corazón de María, en perfecta sintonía con su Hijo divino, es templo del Espíritu de verdad, donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad (cf. Lc 2, 19.51).
1.3 Así podemos tener la certeza de que el corazón santísimo de Jesús en todo el arco de su vida oculta en Nazaret encontró en el corazón inmaculado de su Madre un "hogar" siempre encendido de oración y de atención constante a la voz del Espíritu. Un testimonio de esta singular sintonía entre la Madre y el Hijo, buscando la voluntad de Dios, es lo que aconteció en las bodas de Caná. En una situación llena de símbolos de la alianza, como es el banquete nupcial, la Virgen Madre intercede y provoca, por decirlo así, un signo de gracia sobreabundante: el "vino bueno" que hace referencia al misterio de la Sangre de Cristo.
2. Un Corazón que conoce el precio de la Sangre Redentora
2.1 Esto nos remite directamente al Calvario, donde María está al pie de la cruz junto con las demás mujeres y con el apóstol san Juan. La Madre y el discípulo recogen espiritualmente el testamento de Jesús: sus últimas palabras y su último aliento, en el que comienza a derramar el Espíritu; y recogen el grito silencioso de su Sangre, derramada totalmente por nosotros (cf. Jn 19,25-34).
2.2 María sabía de dónde venía esa sangre, pues se había formado en ella por obra del Espíritu Santo, y sabía que ese mismo "poder" creador resucitaría a Jesús, como él mismo había prometido.
2.3 Así, la fe de María sostuvo la de los discípulos hasta el encuentro con el Señor resucitado, y siguió acompañándolos incluso después de su Ascensión al cielo, a la espera del "bautismo en el Espíritu Santo" (cf. Hch 1, 5).