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Fecha: 19951221

Título: Hoy nos dice el Senor: "Quiero oir tu voz"

Original en audio: 14 min. 11 seg.


La liturgia de este día tiene la particularidad de ofrecernos una lectura del libro del Cantar de los Cantares, es un libro poco frecuente en las lecturas de la Santa Misa, e incluso del Oficio de Lectura, y es poco frecuente porque es un libro extraño, es un libro singular.

En la brevedad de sus capitulos, lo que cuenta es el amor de una pareja, y lo cuenta con las imágenes propias del pensamiento y de la idiosincrasia semitas.

Lo hemos podido comprobar en la lectura del día de hoy: la alegría de la amada, que siente ya cerca a su amado, entonces lo compara con un ágil cervatillo; y la alegría del amado, que quiere encontrarse con su amada, que quiere contemplarla, que quiere escucharla.

Es un libro muy particular porque, por ejemplo, está en la Biblia, pero ahí no se nombra a Dios. Eso es muy particular, no aparece el nombre Santísimo de Dios, no aparece una sola vez en ese libro.

Tampoco se menciona a Israel, ni se habla de la Alianza, no tiene ninguna profecía, sino únicamente como este par de enamorados que se dicen cosas bonitas y que cuentan las peripecias del modo como se conocieron, de la historia que vino luego, de la felicidad de estar juntos y un poquito del temor de alguna vez perderse.

Como es un libro así de singular, pues a veces los predicadores no sabemos qué hacer con ese libro, porque ¿qué se hace con una historia de amor en la mitad de tanta religión y de tantas alianzas y profecías y promesas?

Y será por eso que la Iglesia propone para este 21 de diciembre dos lecturas como opción para la primera de la Misa. Está el Cantar de los Cantares, pero está también otro texto del profeta Sofonías, que en este caso no hemos querido escoger.

¿Qué podemos decir nosotros de este libro? ¿Por qué está ese libro y por qué la Iglesia trae esa lectura aquí?

Claro, dadas las circunstancias del día de hoy, ¿qué más hermoso para esta pareja que Dios les regale este texto? ¿Qué más hermoso que la lectura misma del veintiuno de diciembre, fecha que es tan importante para ellos, qué más hermoso que la lectura propia del veintiuno de diciembre sea una lectura que habla del amor?

Pero bueno, para ellos y para todos nosotros vale la pregunta: ¿por qué el Cantar de los Cantares aquí? El Cantar de los Cantares ha recibido tres formas de interpretación, ha habido como tres caminos de interpretación para esta obrita: una, que es la mas frecuente hoy, es la de ver simplemente en ese libro, pues lo que es, una historia, una colección de poemas de amor que son propios del pueblo de Dios.

Y ellos lo incluyeron dentro de la Escrituras,porque es que Israel tampoco tenía otras Escrituras, es decir, ellos no tenían la Biblia, y además de eso la colección de sus epopeyas nacionales, o no tenían la Biblia y su colección literaria, o no tenían la Biblia y su colección de poesía amorosa.

Uno en Colombia puede buscar la historia, y la historia de Colombia es distinta de la historia de la fe en Colombia, o uno puede buscar en Colombia poesía amorosa y eso es distinto de la historia de la fe en Colombia y del amor a Dios en Colombia.

En cambio en Israel todo eso va junto. Israel no tiene una colección amorosa que existiera al margen de la Biblia, sino que la Escritura, de alguna manera es toda la Escritura, la Sagrada Escritura de alguna manera es toda la Escritura de Israel.

Y por eso, dicen muchos exégetas estudiosos actuales, sin demasiados problemas y sin demasiados análisis, se incluyó ahí como parte del tesoro del pueblo, con la naturalidad del que sabe hablar del amor sin ponerle ni más importancia ni menos importancia de la que tiene, ¿será esa una buena señal de la buena salud mental de la Biblia?

Cuando se puede hablar de las cosas sin agrandarlas y sin achicarlas, sin afearlas y sin caricaturizarlas, sin ingenuidad pero también sin puritanismo, será porque hay buena salud mental.

Dicen los psicólogos que cuando uno no puede hablar con una persona de ciertos temas, ahí hay una herida grave, si usted puede hablar con una persona de cualquier tema, pero llega el momento que usted menciona la palabra “liberalismo” y el otro se timbra y cambia de colores....

Yo me encontré una vez un señor así, sólo Dios puede juzgar, desde luego. Este señor no se le podía mencionar la palabra “liberal o liberalismo”, porque en tiempos de la violencia en Colombia, buena parte de su familia fue destruida, masacrada por liberales de la época, no por los liberales de hoy, eso es lo que uno se le olvida, ¿no?

Bueno, esto es un ejemplo de ese principio psicológico: cuando no se puede hablar de alguna cosa, normalmente es porque ahí hay una herida, ahí hay un problema.

Y si la Biblia puede hablar de amor y de amor humano, de la alegría de ser papá, de la alegría de ser mamá, de la alegría de tener una viña, de la alegría de enamorarse, de la alegría de emprender una obra y llevarla a término, de la alegría de sentirse en paz en casa o en la ciudad, será porque Dios tiene muy buena salud mental, ¡qué tal que no!

Y será porque Dios sabe y puede hablar de todas las cosas, y será porque Dios, que precisamente tiene ese equilibrio y esa salud y esa sanidad, a través de la lectura de la Biblia va a sanar y puede sanar y quiere sanar todas las áreas de nuestra vida. Esa es una forma de leer este libro.

Otra forma es comparar a Dios con el amado, y al pueblo con la amada. De hecho, los Profetas iniciaron esa especie de metáfora que se repitió muchos siglos: hablar de Dios como un enamorado de su pueblo, por ejemplo, leamos Oseas, y es eso.

Dios es como el gran enamorado de su pueblo, de esos enamorados tercos que le queda mal, que le hace el feo, que a veces como que le es infiel, pero él tan tercamente no tiene otro amor en su cabeza ni en su corazón y no sabe sino buscar la reconciliación, y anhela ese encuentro y esa unión con su amada, es decir, con el pueblo de Dios.

La tercera interpretación es mirar, en la amada, el alma humana. Nuestro corazón, nuestra alma, que fue hecha por Dios para unirse con Él, es la interpretación más mística, es la interpretación de un Bernardo de Claraval o de un Juan de la Cruz.

Es la interpretación que descubre, que más allá de todos los amores humanos, incluso los amores lícitos y permitidos y propiciados por Dios, más allá de todos esos amores, hay un beso que sólo Dios sabe dar, hay una ternura y una caricia que sólo Dios puede otorgar.

Y en ese sentido, como hemos expresado otras veces, dicen los místicos que el alma humana es femenina, y que ante Dios, en ese sentido, todos somos femeninos, porque todos de alguna manera necesitamos de ese cortejo de Dios, y Él, en una lectura como la de hoy, quiere escuchar esa voz nuestra, la voz de cada uno, la voz de cada alma.

Dios, en una lectura como la de hoy en el Cantar, nos dice: "Yo quiero oír tu voz" Cantar de los Cantares 2,8, tú no te puedes recostar en la fe de otra persona o en la virtud de otra persona.

“Yo quiero oír tu voz" Cantar de los Cantares 2,8, quiero que ese "te quiero", quiero que ese "te amo", salga de tu voz". Y en este sentido no basta con que uno tenga uno amigos muy creyentes, o parientes muy fervorosos, Dios quiere oír tu voz, la tuya.

Y en este sentido, si esa interpretación seguimos, Dios nos está diciendo: "En los huecos de la peña, en los escondrijos de la cuesta déjame ver tu figura, aparece tú ante mí" Cantar de los Cantares 2,14. No te recuestes en que yo tengo amigos creyentes.

No va y suceda como le pasó a una amiga religiosa, que cuando entró al convento, le decía una prima: "Bueno, Me parece muy bien que hayas entrado al convento, porque yo ya empecé a pecar por cuenta tuya". Como quien dice, "se creció el saldo en el banco, tengo amigo cura, o tengo amiga monja, entonces yo me recuesto en que ya habrá quien rece por mí".

No. El amor es personal, el amor cuando es amor es personal. Hay muchas mujeres, pero el casado sabe que su esposa es su esposa, así haya otras que nadie niega que son más lindas, o que nadie niegua que son más inteligentes, "pero mi esposa es mi esposa".

Así también en esta interpretación mística Dios quiere ver la figura tuya, la tuya, y quiere oir tu voz, no basta con que el universo entero le diga a Dios, "Señor, te amo", a Dios le está faltando el "te amo" de alguno de nosotros, de alguna de noostros.

Así, pues, tenemos esas tres interpretaciones, y son sobre todo esas dos últimas, la de comparar a la amada con el pueblo de Dios, y la de comparar a la amada con el alma que Dios quiere, son esas dos interpretaciones las que han puesto este texto en el tiempo que prepara la Navidad.

Porque de alguna manera ese amado vino a buscar la voz del alma amada, vino a buscarla en ese Niño que va a nacer; y Jesús, Jesús pequeño, y Jesús adolescente, y Jesús adulto, ese Jesús que va por veredas, por campos, por ciudades, ese Jesús que recorre toda la Palestina para luego recorrer todo el mundo, ese Jesús está buscando a su paloma, está buscando esa figura que le hace falta, ese rostro que ha amado, esa voz que echa de menos.

Es el mismo Jesús que recibe de nosotros un "te quiero" cada vez que celebramos la Eucaristía. hay una unión profunda entre el misterio de la Encarnación en las entrañas de María, el misterio de la consagración en las manos del sacerdote, y el misterio de la unión esponsal del alma con Dios.

Estos tres misterios se unen, y así la Iglesia, discretamente, con esta lectura, quiere invitarnos a que en el día de Navidad, cuando recordamos la profundidad en el vientre de María, alabemos también la fecundidad de la Iglesia y hagamos fecundos nuestros corazones.

Que así lo realice Dios, para quien nada es imposible. Honor y alabanza a su nombre.

Amén.