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De Wiki de FrayNelson
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El 28 de octubre nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de los apóstoles Simón y Judas Tadeo. Como primera lectura tenemos un texto del capítulo segundo de la Carta a los Efesios.

Quisiera compartir con ustedes un par de reflexiones, porque en la fiesta de unos apóstoles de los cuales sabemos tan poco, es bueno tomar ocasión para pensar y reflexionar sobre cuál es la misión particular que recibieron estos hombres a los que llamamos los “apóstoles”. Ante todo quiero centrarme en la palabra “cimiento”, porque nos dice San Pablo que nosotros estamos edificados sobre el cimiento de los apóstoles (cf. Ef 2 19-22). Y sobre esto, quisiera hacer una pregunta que puede resultar bastante trivial y es fácil de responder: ¿Hay alguna hora del día o de la noche, en que el cimiento deje de ser importante? Por supuesto que no; a todas horas, siempre el cimiento es importante. Fíjate, no pensamos en los cimientos de una casa, a menos que haya un terremoto; no pensamos en los cimientos de un edificio, a menos que empiece a sacudirse el edificio.

Nosotros no pensamos muchas veces en los cimientos, pero éstos son importantes todo el tiempo. Bueno, siguiendo esa comparación del edificio, ¿Qué significa pensar en el cimiento?, es más, si realmente el temblor ha sido fuerte, es necesario llamar ingenieros, que analicen, que miren con su conocimiento muy técnico, si tal vez el edificio ha sido dañado; y tienen que examinar cuidadosamente los cimientos, porque si hay algo que está dañado, pues tendrá que ser reparado, habrá que hacer algo en todo caso. Es decir, que en los momentos de crisis es cuando nosotros nos acordamos de los cimientos, y en los momentos de crisis es cuando vamos a revisar los cimientos.

¡Muy bien!, eso mismo aplica a nuestra Iglesia en materias de fe, de doctrina y de pastoral; cuando llegan terremotos, por ejemplo, terremotos que quieren destruir la institución familiar, quieren destruir a la familia, pues, ahí tenemos que preguntarnos cómo están nuestros cimientos. ¿Y qué hacemos? Pues vamos a la enseñanza de los apóstoles, porque ellos son nuestro cimiento; vamos a la predicación misma de Cristo, a la enseñanza de Cristo, como la hemos recibido. Pero, ¿a través de qué? Cristo no dejó grabaciones de audio, no dejó películas, no dejó libros, todo lo que sabemos de Cristo, lo sabemos por los testigos de Cristo, según lo que Él mismo sugirió: Él le dijo al sumo sacerdote (que era Caifás), si quieres preguntar, no me preguntes a mí, pregunta a los que me han escuchado; indicando de esa manera que todo su tesoro, todo lo que Él podría revelarnos, todo está precisamente en esos que son sus discípulos, y entre esos discípulos, hay unos que conocieron el arco completo del servicio de Cristo, del ministerio público de Cristo. Por eso, cuando tuvieron que elegir el reemplazo de Judas Iscariote, dijeron: “Necesitamos a alguien que conozca bien lo que Cristo dijo, hizo y enseñó desde el bautismo hasta la Cruz y la Pascua; uno que haya hecho todo el recorrido” (cf. Hch 1, 21-22).

Entonces, eso quiere decir que como Iglesia no tenemos otro cimiento más que la enseñanza de Cristo; no hay otro, y no tenemos otro modo de acudir a la enseñanza de Cristo, si no es a través de la palabra de los apóstoles. Es decir, acudiendo a estas enseñanzas de los apóstoles, nosotros queremos descubrir qué es lo que debe estar firme, qué es lo que debe ser cimiento para la Iglesia, porque a través de los siglos surgen muchas ideas, y algunas de estas ideas son absurdas, y algunas de estas ideas son heréticas. Entonces, si alguien sale diciendo cualquier cosa, por ejemplo, que ahora el matrimonio, puede ser entre dos hombres o dos mujeres; o que ahora los divorciados vueltos a casar, pueden comulgar; o que ahora el aborto, ya no es grave; o que la eutanasia, debería permitirse en ciertos casos.

Cuando las personas están diciendo eso, están sacudiendo los cimientos de la Iglesia, pero ahí tenemos que volver al testimonio primero de los apóstoles, y reconocer el valor y el vigor de lo que Cristo ha enseñado y que hemos recibido a través de los apóstoles, y ahí podremos permanecer firmes más allá de los desvaríos que a veces tienen “algunos” sacerdotes y “algunos” obispos. Vamos a mantenernos firmes, porque para eso fue dado el cimiento; para nuestra firmeza.