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El 29 de Julio, nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa Marta. Marta es la hermana de María y de Lázaro, y estos tres hermanos vivían en una población llamada Betania. En Betania, Cristo quiso hospedarse muchas veces; hoy tenemos una hermosa oportunidad de reflexionar sobre esta virtud: la virtud de la “Hospitalidad”.
Recuerdo cuando era niño, y en mi preparación para la primera comunión nos enseñaban las Obras de Misericordia; nos dijeron entonces, y por supuesto que sigue siendo cierto, que son principalmente siete las Obras de Misericordia Corporales, y que hay otras siete, que son las Espirituales. Dentro de las Obras de Misericordia Corporales, una de ellas es: dar posada al peregrino.
Siendo un niño pequeño, lo mismo que mis compañeros de preparación a la Primera Comunión, yo me aprendía, simplemente para repetir a la letra, esas expresiones: “dar posada al peregrino”. Seguramente que si alguien en aquel momento se me hubiera acercado y me hubiera dicho: “oye niño, explícame bien qué es eso de dar posada al peregrino”, yo no hubiera podido dar mayor razón; era algo que repetía de un modo bastante mecánico. Pero la repetición también tiene su importancia; el hecho de que cuarenta años después pueda recordar esas palabras, supongo que no me hace daño, y más bien, me puede hacer mucho bien, pues ya hay toda una vida para entender mejor, lo que uno aprendió de una forma quizá bastante mecánica.
Y la verdad es que conociendo un poco sobre lo que es la Sagrada Escritura, y conociendo un poco sobre lo que es la vida humana, uno empieza a darse cuenta que lo que dice la Biblia, se parece demasiado, a lo que es la vida. Biblia y vida se parecen demasiado, no sin razón; resulta que finalmente la Biblia es la Palabra de Dios, y la vida es la expresión de esa misma Palabra creadora y redentora en nosotros; finalmente, el autor último de nuestra existencia, es el mismo autor último de la Sagrada Escritura; y así como en la Biblia aparece tantas veces el desierto, así también en la vida humana hay tantos desiertos. Pero, ¿qué sucedía en aquellos tiempos bíblicos, si una persona que iba por el desierto, pedía posada?; ese era el famoso peregrino de la frase que yo recordaba: “dar posada al peregrino”.
Bueno, ¿qué pasaba si no se le daba posada al peregrino?, ¿qué le pasa a ese peregrino si no recibe posada?; imagina el desierto, imagina esas distancias, esas temperaturas, imagina las condiciones de ese lugar, y un peregrino, un caminante pide: “acógeme, dame algo de beber, dame un techo, permíteme descansar”; qué pasa si el otro le dice: “no, aquí no te quedas, tú verás a dónde te vas”; realmente lo estaría enviando a una muerte segura.
Si es verdad que la Biblia se parece tanto con la vida, ahí podemos encontrar una gran lección para nosotros, porque muchas personas, quizás más de las que pensamos, y quizás más cercanas de lo que nos imaginamos, muchas personas están en esa condición; necesitan un poco de atención, un poco de escucha, necesitan un consejo oportuno, necesitan de un buen amigo, de una buena amiga, necesitan un abrazo sincero, y eso es solo uno de los ecos de esa Obra de Misericordia, y de la importancia de la “Hospitalidad”. Que Santa Marta de Betania, que tuvo el privilegio de hospedar al Peregrino con “P” mayúscula, a Jesucristo Nuestro Señor, nos enseñe esta bendita virtud en tiempos de tanta soledad y de tanta dureza, como los que estamos viviendo.