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Fecha: 20020429
Título: Vivir la vida cristiana es vivir en el descubrimiento de la Providencia de Dios
Original en audio: 10 min. 31 seg.
Muy Queridos Hermanos:
La Iglesia Católica está celebrando en el día de hoy a una santa muy hermosa y muy sabia, se llama Catalina, natural de la ciudad de Siena en Italia. Santa Catalina de Siena, una mujer audaz, sincera, profunda, elocuente, pura, generosa, verdaderamente un instrumento en las manos de Dios.
Y hacemos bien nosotros los católicos en recordar a nuestros santos, porque el ejemplo que ellos nos dan nos anima. Como todos tenemos caídas, fácilmente podemos desanimarnos en nuestra vida cristiana. Pero mirando a los santos en sus luchas, en sus victorias, seguramente sentimos ánimo renovado en nuestro corazón para seguir hacia esa Casa del Padre Celestial, en donde ellos ya están y en donde nos están aguardando.
Además, hacernos amigos de los santos es importante porque serán ellos los vecinos nuestros en toda ala eternidad. Las amistades con los santos son amistades que no terminan con la muerte, se perpetúan para siempre. Mientras que hay tantas amistades en esta tierra que terminan, las amistades con los santos son para toda la eternidad.
Catalina vivió una vida corta y sin embargo intensa, intensa en el amor. Nació en 1347 y murió en 1380, a la temprana edad de 33 años. Pero bastaron esos 33 años para que ella se sumergiera profundamente en las fuentes de la revelación, para que ella saboreara la misericordia y la Providencia de Dios, y para que ella nos regalara, a través de su palabra, nos regalara el testimonio de eso que pudo encontrar.
En verdad, traspasada de amor, porque veía la generosidad infinita de Jesucristo, traspasada de amor quería que todo el mundo vibrara en esa frecuencia del amor divino. Y por eso, movida por un celo apostólico inmenso, daba testimonio con su vida y con sus palabras, acercando a todos a Jesús.
Catalina pertenece a la familia espiritual de ese otro gran santo, un siglo anterior a ella, Santo Domingo de Guzmán. Si el sacerdote español, Domingo, brilló por la elocuencia de su palabra, no faltó tampoco esa luz del verbo en Catalina, que desde su condición de mujer, fue audaz en el uso de la palabra, porque se dirigió no solamente al pueblo fiel o a su familia, sino también a profesores, sacerdotes, obispos, cardenales y al mismo Papa.
Recordemos tres puntos de la enseñanza espiritual de Santa Catalina, de una manera breve. Lo primero es la necesidad del conocimiento de nosotros mismos. Ella continuamente está llamando a todos, al sacerdote, al laico, a la mujer casada, a la viuda, al Papa o al fraile, a todos los está llamando, a todos nos llama, al verdadero conocimiento de nosotros mismos.
Porque quien no encuentra a Dios en su propia historia, tampoco o va a encontrar afuera. Sólo cuando descubrimos el paso de Dios en nuestra vida, y sólo cuando descubrimos nuestra propia miseria y nuestra propia debilidad en la respuesta al amor de Dios, sólo en ese momento cae por tierra ese vicio de estar juzgando a los demás, y en cambio brota con abundancia la gratitud y la apertura a la gracia divina.
Primera enseñanza: hay que conocerse a sí mismo, hay que ver la realidad, la verdad de lo que somos ante Dios, porque es la única manera de tener la verdadera humildad y la verdadera gratitud.
Segunda enseñanza: la Providencia. La obra más importante de santa Catalina de Siena se llama "EL Diálogo", y es una obra tan profunda, que el Papa Pablo VI declaró a Catalina Doctora de la Iglesia, algo así como maestra para todos los creyentes. Y en la Iglesia Católica sólo hay tres Doctoras, las otras dos pertenecen la a la Familia Carmelitana, son: Santa Tersa de Jesús y Santa Teresa del Niño Jesús.
Hoy estamos hablando de Santa Catalina, una Doctora de la Iglesia, que en su obra llamada "El Diálogo de la Divina Providencia", porque la Providencia no es como una magia que Dios hace intervenir en algunos momentos singulares y raros de nuestra vida. La Providencia no es magia, la Providencia es la amable y serena compañía con la que Dios va encaminando nuestra existencia para responder a su plan de amor.
Y por eso, vivir la vida cristiana es vivir en el descubrimiento de la Providencia, vivir en el descubrimiento de la sabiduría con que Dios conduce sus planes en nosotros. El conocimiento de la Providencia divina en nuestra vida, y aquí se complementa con la primera enseñanza que hemos mencionado, ese conocimiento, mis hermanos, trae una gran paz al alma.
Y ustedes saben que sólo el que tiene paz puede dar paz. Cuando nosotros reconocemos la presencia providente de Dios en nosotros, entonces no nos desesperamos ni por los embates de la naturaleza, ni por la violencia de los hombres, ni por las enfermedades, ni por las tentaciones, ni siquiera por nuestros propios pecados.
En una visión hermosa Dios le mostró a Santa Catalina su mano, Dios le mostró su propia mano y le dijo: "Mira, aquí están todos; nada escapa del poder de Dios". Esa conciencia, ese conocimiento trae una paz muy grande, porque así como el demonio es maestro en la desesperación, Dios es maestro en la serenidad, en la esperanza y en la alegría, incluso cuando llega la prueba.
Segunda enseñanza: la Providencia del Señor.
Y tercera enseñanza, ultima que comentamos hoy: Catalina ve a Jesucristo ante todo como el puente. Dios es muy alto, es inmenso, es infinito y nosotros somos muy bajos y muy pecadores y muy sucios. Pero de nada sirve reconocer la grandeza de Dios, y de nada sirve reconocer nuestra bajeza, si no reconocemos al puente que une esa grandeza con esa bajeza. Y es ese puente el que despierta en nosotros verdaderamente la fe en Dios que nos salva; la esperanza en que sí nos va a salvar y el amor porque nos ha salvado.
La fe, la esperanza y el amor nacen todas del conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, Cristo puente, como lo llamó Santa Catalina de Siena. Dice ella que este puente está hecho de piedras, que son las verdaderas virtudes, piedras unidas por un cemento muy especial: la Sangre de amor que derramó Cristo en la Cruz.
La verdadera virtud, la verdadera vida está en ese Puente, o como hemos proclamado varias veces en este tiempo pascual, Él es el Camino, Él es la Verdad, Él es la Vida.
Alegrémonos, hermanos, por Santa Catalina y por tantos santos que el Espíritu Santo ha hecho en esta tierra.
Seguramente muchos de nosotros llevamos todavía una vida mediocre, porque no conocemos tanta belleza y tanto amor que Dios nos ha destinado. Pero a través del ejemplo y la enseñanza de los santos, y a través de su intercesión, que es eficaz, es posible que que se abran nuestros ojos y que emprendamos con mayor generosidad el camino que nos falta hasta llegar a al Patria del Cielo.
Amén.