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Fecha: 20110525
Título: Contemplemos la aventura de nuestra fe, y descubramonos con el derecho y el deber de transmitir esa misma fe
Original en audio: 4 min. 25 seg.
La aventura de la fe: así también podría titularse el libro de los Hechos de los Apóstoles.
De verdad que es sorprendente, en el sentido más positivo del término, todo lo que ha sucedido, todo el camino que se ha recorrido para que tú y yo podamos decir el Credo, para que podamos decir: "Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y en Jesucristo su Único Hijo Nuestro Señor", para que podamos reconocer que fue preciosa, valiosa y eficaz la ofrenda de Cristo en a Cruz, qué camino tuvo que recorrer la fe.
Y qué bueno hacer una pausa para agradecer a Dios que otorgó tanta fortaleza sus testigos. Porque no cabe duda que los esfuerzos de los verdaderos pastores y la sangre de los mártires y la santidad de vida de tantos que a través de la castidad, la caridad, la misericordia, se han entregado a Dios. Todo ese testimonio es el que ha abierto un camino para que el agua de la vida, el agua de la salvación llegue a nosotros.
Ahora por ejemplo recordamos en la primera lectura, en el capítulo quince de los Hechos de los Apóstoles, cómo las dificultades no solamente estaban afuera; no era únicamente la persecución de los paganos o la persecución de los judíos no convertidos, estaba también la persecución adentro, el malentendido estaba también adentro.
Quizás desde nuestra perspectiva las cosas parecen bastante obvias; creo que la inmensa mayoría de nosotros hemos nacido y crecido en un mundo en el que es perfectamente clara la originalidad de la oferta cristiana, lo que tenemos en la Sangre de Jesucristo, la redención que Él ha traído. Y si bien todos reconocemos que Jesús es judío, es más, es el verdadero judío, pues también reconocemos que el Judaísmo era una etapa, o como dice Pablo, era como un pedagogo que nos habría de conducir a los tiempos de la gracia.
Esa ha sido nuestra experiencia. Pero en aquellos tiempos las cosas no estaban tan diáfanas, las cosas no estaban tan claras. De hecho, algunos de los ya convertidos a Jesucristo seguían pensando que Cristo viene como a completar, hasta cierto punto, las prácticas que había dicho Moisés. Y por eso leemos, en el texto de la primera lectura de hoy, cómo algunos fariseos dicen: "No; hay que circuncidarse y hay que cumplir toda la Ley de Moisés".
Es decir, la comunidad, aunque ya es comunidad cristiana, tiene que avanzar y tiene que moverse bajo la guía de sus pastores y bajo la guía del Espíritu Santo, sobre todo, tiene que moverse, y ese movimiento, ese peregrinar hacia la verdad plena de la fe muchas veces es doloroso y muchas veces incluye discusiones y malos entendidos.
De hecho, lo que hemos tenido hoy en la primera lectura, es algo así como el prólogo a lo que se llamará el primer Concilio de la Iglesia. Se habla de algo más de veinte Concilios, el más conocido para nosotros seguramente es el Concilio Vaticano II, pero detrás de el está el Concilio Vaticano I, y detrás de él el Concilio de Trento, y detrás de él una cantidad de Concilios Lateranenses, y detrás de ellos, Concilios en el primer milenio.
Es decir, la Iglesia ha tenido que avanzar, bajo guía del Espíritu y bajo la guía de sus legítimos pastores, buscando simepre una fidelidad más perfecta, más completa a la Palabra de Dios.
Contemplemos esa aventura de la fe, y descubrámonos con el derecho y el deber de transmitir esa misma fe.