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Fecha: 20110520

Título: Tomemos el Nombre de Nuestro Senor Jesucristo como nuestro verdadero titulo de gloria

Original en audio: 4 min. 28 seg.


Esta semana, que ya es la cuarta del tiempo de Pascua, hemos prestado especial atención al camino que siguió la fe cristiana hasta colocarse, no como un grupo dentro de la oferta del judaísmo, sino como una propuesta que toma, ciertamente, la sabia de su raíz judía, pero que lleva la elección de este pueblo a todas las naciones.

En cierto sentido, es el Cristianismo el que tiene el encargo de repetirnos el mensaje más especial, más tierno y más poderoso, y ese mensaje es que todos somos elegidos, que hemos sido elegidos en Jesucristo, es decir que eligiendo a su Hijo, eligiendo a su amado, Dios, nuestro Padre, ha abierto la puerta para que todos seamos elegidos en el Elegido, o seamos hijos en el Hijo.

Este es un mensaje de incalculable alcance, porque quiere decir que ya no hay pueblos excluidos, que ya no hay culturas que estén definitivamente cerradas para Jesús, que todas las lenguas, que todos los pueblos, que todas las regiones y todos los tiempos tienen siempre una conexión con el Hijo de Dios.

Este mensaje tan importante lo encontramos de modo histórico, como quien ve una película, en los Hechos de los Apóstoles. Hoy, por ejemplo, encontramos la predicación sabia, potente del Apóstol San Pablo en Antioquía, es el pasaje del capítulo trece de los Hechos de los Apóstoles. Pero, en otra clave, tenemos el mismo mensaje, en el capítulo catorce del evangelio según San juan, que es el evangelio de hoy.

Nos cuenta San juan, en ese diálogo que tiene Jesús con sus discípulos después de la Última Cena, cómo Jesús da esa especie de definición de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" San Juan 14,6. Es una de las frases más famosas de Cristo, es una de las más recordadas, una que nunca deberíamos dejar de meditar.

Cristo es el camino, no es un camino más, Él es el camino; camino hacia la verdad y hacia la vida, camino hacia el Padre, camino hacia la verdadera victoria, camino hacia una plena humanidad.

Y esto quiere decir que cada uno de nosotros, si quiere buscar cuál es la ruta, o cuál es el camino para llegar a esa plenitud, o para llegar a esa respuesta, o para colmar ese anhelo, siempre tiene que pronunciar el Nombre de Jesús, siempre tiene que levantar sus ojos hacia la maravilla de amor que es la Cruz; siempre tiene que levantar sus manos en alabanza al Resucitado; siempre tiene que cantar la gloria del que ahora vive y ha superado las barreras de la muerte.

Decir que Cristo es nuestro camino tiene que notarse, tiene que verse que nosotros somos el pueblo que ha sido amado, el pueblo que ha recibido la gracia incomparable de tener el Nombre del Señor. Grandes santos quisieron ser recordados únicamente como cristianos: "Soy de Cristo".

Que nosotros tomemos ese Nombre como nuestro verdadero título de gloria, y que obedeciendo en todo a Cristo, también en el Eucaristía, en la Confesión, en el amor a nuestros sacerdotes, obedeciendo en todo a Cristo, merezcamos ser verdaderamente llamados: cristianos.