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De Wiki de FrayNelson
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Amigos queridos parece que vivimos en un tiempo obsesionado con una palabra, “privacidad”. Privacidad es ese espacio donde yo y solamente yo puedo entrar, muchos de nosotros somos celosos con nuestra privacidad, en términos físicos eso puede expresarse con: “este es mi cuarto o esta es mi casa y aquí no se mete nadie”; en términos digitales eso puede significar: “este es mi perfil de Facebook y nadie debe entrar ahí”; está siempre el peligro de los llamados hackers, aquellas personas que sin permiso se entran al territorio digital de otra persona, por ejemplo para ponerla en ridículo o para atacarla; por eso somos celosos de la privacidad, somos celosos porque entendemos que si una persona se entra sin permiso a la casa, pues no es para hacer nada bueno, seguramente es para robar, amenazar o secuestrar y lo mismo tememos si una persona se entra sin permiso a un computador en el que uno está trabajando, seguramente esa persona está buscando información que le puede servir para robarnos o quiere información sobre cuentas de nuestros bancos. En ese sentido hay razones para cuidar nuestra privacidad, todo esto tiene mucha lógica.

Pero el texto de hoy nos habla de un caso en el que la privacidad desaparece, Cristo dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6,56), y decía el gran predicador y padre de la iglesia, San Agustín de Hipona: “Dios está más adentro de mí que yo mismo”. Es decir, parece que, frente a Dios, no tenemos tal privacidad, parece que la privacidad no es algo que pueda decirse frente a Dios. Yo puedo poner a los ladrones fuera del perímetro de mi propiedad, si tengo un buen antivirus, puedo poner a los hackers fuera mi territorio digital, pero resulta que Cristo dice que quiere vivir en nosotros, “el que me come vivirá por mí” (Jn 6,51), y dice también la frase que ya he destacado: “Habitaré en él y él en mí” (cf. Jn 6,56). ¿Por qué sucede esto? La explicación no es tan complicada y sí que nos enseña muchas cosas.

Observa lo que sucede por ejemplo, cuando vamos donde el médico, los médicos tienen que entrar en una gran cantidad de información, que normalmente no conocen otras personas, y a veces tenemos que desnudarnos y no es agradable desnudarse frente a una persona desconocida, a veces ese médico o esa médica resulta difícil, incómodo y vergonzoso pero lo consentimos porque estamos seguros de que ese médico tiene el conocimiento y la buena intención, porque creemos en el conocimiento de ese médico le permitimos que entre en nuestra intimidad, y no nos sentimos avasallados, si no que al contrario deseamos que ese doctor nos ayude a encontrar la solución y es exactamente lo que sucede en nuestra relación con Cristo, queremos que Cristo llegue hasta la raíz más profunda de nuestro ser. No tiene ningún sentido que yo tome mi intimidad, por ejemplo en una pareja, por ejemplo la vida íntima y decir aquí no entra Dios, no tiene sentido porque lo más profundo de nuestro ser tiene que ser renovado en el amor de Cristo, por eso en la enseñanza de la Iglesia y en el servicio de la evangelización no puede haber áreas prohibidas y la Iglesia tiene que enseñarnos cuáles son los caminos para que todo nuestro ser, incluyendo lo más íntimo de nuestra vida sea santificado por Cristo, porque Él quiere vivir en nosotros, así como nosotros vivimos en Él.