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Fecha: 20110513

Título: Asi como San Pablo, todos tenemos que ser puentes, caminos, canales para la gracia de Dios.

Original en audio: 4 min. 24 seg.


Sin duda alguna, el capítulo noveno de los Hechos de los Apóstoles marca un punto importante dentro del recorrido que llevamos en este libro. Los Hechos de los Apóstoles son en realidad los hechos, las obras que el Espíritu Santo de Dios realiza en los primeros cristianos, porque nunca debemos olvidar que, efectivamente, los primeros cristianos son los discípulos de Jesucristo, los Doce que Él escogió y que recibieron la gracia, el poder del Espíritu.

Pero esta obra no se quedó en esos doce hombres. A través de la predicación y del testimonio de ellos, muy pronto surge una comunidad cristiana, esa comunidad tiene que afrontar persecución, porque los mismos enemigos de Cristo se vuelven enemigos de los cristianos. Y uno de los más famosos, tal vez el más famoso perseguidor de los cristianos en aquella primera etapa es un hombre llamado Saulo, o también Pablo; Saulo es derivado del hebreo, es el mismo nombre del rey Saúl; y Pablo es un nombre tomado del latín, que significa algo así como pequeño o como modesto. "Paulus" es poco, es medido, modesto.

Este hombre, que tenía esos dos nombres, tenía también dos nacionalidades, si queremos hablara así, porque él era hebreo, pero también tenía la ciudadanía romana. Y así como él tenía dos nombres y dos nacionalidades, y hablaba entonces el griego que era el idioma común de la cuenca del Mediterráneo pero también hablaba el hebreo, este hombre estaba destinado a servir de puente, podemos decir.

Puente, para tomar las riquezas de ese pueblo hebreo, y la riqueza mayor se llama Jesucristo, tomar esa riqueza y ofrecerla al resto del mundo, lo que en la Biblia se llama "los gentiles", es decir, los pueblos que han venido no de la raza judía sino que hemos venido, porque somos todos nosotros, de los demás pueblos de la tierra.

Pablo o Saulo, el que habla hebreo pero también habla griego, el que tiene nacionalidad judía pero también nacionalidad romana, él va a ser el puente. Como dice hermosamente el texto de la conversión de San Pablo, ese que hemos tenido como primera lectura hoy, Pablo es un instrumento escogido, él ha servido de puente para que naciones enteras, pueblos enteros lleguemos a la fe en Jesucristo.

De algún modo, todos estamos en deuda con San Pablo, o si voy a ser mas preciso, todos estamos en deuda con el Dios que trajo tan maravillosa noticia de amor al corazón de Pablo y, a través de él, hasta nosotros.

Pero no se nos olvide que cada uno de nosotros tiene que ser también Pablo, Saulo, cada uno de nosotros tiene que ser puente. Si tú por ejemplo, asistes a la iglesia y muchos de tus compañeros de trabajo no están interesados en la fe, te toca que ser Pablo, te toca ser puente, y tomar esa fe y traducir las riquezas de tu fe a los que no se acercan a Dios. Si la gente que estudia contigo en el colegio o en la universidad no tiene ese corazón abierto a Dios, pues de algún modo el puente tienes que ser tú.

Y por eso, ese texto nos importa a todos, porque todos tenemos que ser puentes, caminos canales para la gracia de Dios.