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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo cinco de los hechos de los Apóstoles. Una vez que las autoridades judías han apresado por segunda o tercera vez a los apóstoles, se dan cuenta que se necesitan medidas realmente drásticas para detener esa predicación que les preocupa tanto. Efectivamente mientras los apóstoles estén predicando la resurrección, estas autoridades judías de aquel tiempo van a seguir sintiendo que su propia condición queda amenazada, el gran temor de ellos es que se dé un enfrentamiento armado entre el ejército romano, si ve desorden, si ve guerrilla en esa zona, porque así son los romanos y los sacerdotes no quieren caer en ese riesgo, no quieren soportar ese peligro, por eso entonces pretender imponer a los apóstoles, a Pedro y a los demás un mandato absurdo: “ustedes cállense, ustedes no prediquen”; pero la respuesta de Pedro es bastante valiente: “el Espíritu Santo da testimonio junto con nosotros, tenemos que obedecer primero a Dios y no a los hombres”, este es el lenguaje que utiliza Pedro.

Surgen dos grandes mentiras, porque frente a la verdad del Evangelio, que quiere llenar el mundo con la buena noticia, también está el poder de la mentira, que quiere hundir y hacer naufragar esa buena noticia y eso es lo que encontramos desde el principio de la Iglesia. ¿Cuáles son esas dos grandes mentiras?.

La primera nos la cuenta el evangelista Mateo, donde las autoridades judías le dicen al jefe de la guardia del sepulcro: “digan que mientras los soldados dormían, llegaron unos discípulos y se robaron el cuerpo”, el cuerpo de Cristo se supone es sustraído por los discípulos, pero los que tienen que asegurar que eso fue así, estaban dormidos, por eso San Agustín se ríe de esa mentira y dice: “¿Me vas a presentar testigos dormidos?” y esa mentira nos dice el evangelista San Mateo se sigue difundiendo hasta el día de hoy. El tema de que el cuerpo de Cristo, el cuerpo del Crucificado se lo robaron, o anda por ahí, o lo van a encontrar los huesos de Cristo, como una especie de sospecha y niebla pegajosa sigue difundiéndose a lo largo de los siglos y hasta nuestra época, incluso algunos que se dicen teólogos han afirmado que si encuentran con toda seguridad los huesos de Jesús de Nazaret mi fe permanece incólume, lo único que se puede concluir es que lo que él llama fe no tiene nada que ver con nuestra Iglesia Católica y eso que él llama fe, pues va a permanecer igual porque nunca fue la fe de la Iglesia, es una mentira que se ha propagado desde el comienzo. Quiero destacar como el río purísimo iluminó sobre la predicación apostólica, se enfrenta, colisiona con el río pegajoso, sucio, pestilente de la mentira, y una gran mentira es que el cuerpo fue robado y que anda por ahí.

La segunda mentira aparece en el pasaje de hoy y queremos subrayarla, observa como con mucha diplomacia dicen las autoridades judías de aquel tiempo: “ustedes quieren hacernos responsables”, es decir que están rechazando la acusación, como si la responsabilidad de esas autoridades judías fueran un invento, fíjense que siempre decimos, esas autoridades judías de aquel tiempo, no podemos traducir esto en odio o en rechazo, mucho menos en opresión hacia las autoridades judías de hoy, de ninguna manera estamos apoyando el antisemitismo de ninguna manera, el respeto, el amor y la gratitud hacia el pueblo judío deben quedar intactos, pero en honor a la verdad hay que reconocer lo que sucedió en el tiempo de la pasión del Señor, no podemos admitir la mentira de que no hubo ninguna responsabilidad, hay una responsabilidad, dice San Juan: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11).

Lo anterior significa que hay pecado en ellos como también hay pecado en nosotros, y solo con el reconocimiento del pecado es posible la conversión y solo así es posible llegar a la Pascua.