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De Wiki de FrayNelson
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El texto del Evangelio de hoy, está tomado del capítulo veinticinco de San Mateo. ¿Qué encontramos? Una imagen que el Señor Jesús repitió varias veces -parece que era muy importante para Él que quedará bien grabada en nuestros corazones- es la imagen del administrador. Cristo quiere que tengamos muy claro que nosotros no somos amos, ni señores, ni dueños; nosotros somos servidores, jornaleros, administradores; eso es lo nuestro. Ser administrador es haber recibido bienes para cuidarlos, para cultivarlos, y para presentar cuentas de ellos (cf. Mt 25,14-30). Sobre todo este aspecto, “presentar cuentas”, es algo que quizá se está olvidando un poco o mucho en nuestro tiempo. Porque eso de que hay que presentar cuentas de la vida, algunos quieren oponerlo con el mensaje de la misericordia. Es interesante que el Papa Francisco, que es uno de los grandes mensajeros de la misericordia en nuestra época, tiene también palabras muy duras para recordar, a quienes tienen puestos de responsabilidad, que tendrán que dar cuentas, y a quienes tienen lugares de liderazgo en la sociedad, que tendrán que dar cuentas, y a quienes organizan el crimen, que tendrán que dar cuentas. Así, por ejemplo, en durísimas palabras, a gente de la mafia en el sur de Italia, literalmente, el Papa Francisco les ha dicho: “si ustedes no se convierten, van al infierno”. Es decir, tienen que dar cuentas de su vida; esto, repito, es un hecho que mucha gente quiere olvidar. Hay gente que quiere estirar y estirar la cobija de la misericordia, como diciendo: “bueno, como tenemos un Dios tan compasivo, un Dios tan misericordioso, pues, en el fondo, no importa lo que uno haga”. ¿Por qué? Porque al final estiras otro poquito la cobija de la misericordia, y te puedes abrigar y puedes entrar sin ningún problema al Reino de los Cielos, y aquí no ha pasado nada. Pero, ¿por qué el Papá tiene esas palabras tan fuertes para estas personas? (y no solamente para ellos, estoy seguro) Porque el Papa quiere ser testigo del Evangelio, y se da cuenta que yo no puedo tomar la misericordia como un pretexto para afianzarme en el pecado; yo soy administrador, y tengo que presentar cuentas de lo que he recibido. Así, por ejemplo, los papás tienen que presentar cuentas; el Señor tiene que preguntarles: “bueno, yo te di unos tesoros, te di unos niños que son mis niños, ¿qué hiciste con ellos?, ¿cuidaste su cuerpo?, ¿cuidaste su salud?, ¿cuidaste su alimentación?, ¿cuidaste su educación?, pero, sobre todo, ¿cuidaste su alma?, ¿cuidaste la obra de la gracia que yo hice presente en esos niños, en esas niñas?, ¿cuidaste esa obra de la gracia que yo les di?; a mí me costaron sangre, sangre de mi Hijo, ¿los cuidaste?”. Los profesores tendrán que dar cuenta: “te di alumnos, hubo gente que te escuchó todos los días”; los sacerdotes tendremos que dar cuenta: “tuviste mil oportunidades para predicar el Evangelio, para anunciar la buena noticia, para contar de mi amor, para contar de mi alegría, y también para llamar a la gente a conversión; ¿realizaste bien tu tarea?”. Tú también tienes que dar cuentas; el médico tendrá que preguntarse: “yo recibí toda una formación en la fisiología, en la anatomía, en lo que es todo el ser humano; yo recibí mucha formación, ¿para qué utilice eso?, ¿para matar bebes?, ¿para eso la utilice?, y, ¿no hay unas cuentas que presentar?, ¿de eso no hay que dar cuentas?” Démonos cuenta antes de que sea tarde, de que esta parte del Evangelio no se puede quitar; no se trata de llenarnos de terror, ¡no!; llenarnos de terror, ¡no!; simplemente, llenarnos de responsabilidad.