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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número diez de San Marcos, es una escena que nos impacta por muchas razones; en primer lugar porque en otros pasajes del Evangelio hemos encontrado que Jesús llama a algunos para que sean discípulos suyos, al contrario lo que encontramos aquí es una persona que se acerca a Jesús, en principio su propósito no es ser discípulo, pero luego Jesús lo llama a una renuncia total, para convertirse en seguidor suyo, podríamos decir, a la manera de los Apóstoles.
Cómo encontrar una clave que nos permita leer este pasaje tan rico en enseñanzas, hay cuatro palabras que sirven, podemos hablar de lo malo, lo bueno, lo mejor y lo perfecto; es como una escalera. Observemos que este joven que se acerca a Cristo le dice: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?” (Mc 10,17) y Jesús le responde: “cumple los mandamientos” (cf. Mc 10,19); ese es el primer escalón, pasar de lo malo a lo bueno; los mandamientos nos ilustran en esa transición, en ese paso; por ejemplo si estabas robando, deja de robar; hay que pasar de lo malo a lo bueno, de una vida deshonesta a una vida honrada, de una vida cargada por la mentira a una vida llena de verdad. Los mandamientos nos dan el primer escalón dentro de este recorrido, pero hasta ahí llegan los mandamientos.
Luego este joven le dice a Jesús: “yo ya he cumplido eso, es decir ya ese escalón lo tengo” (cf. Mc 10,209, y entonces Nuestro Señor le abre el resto de la escalera: “ya pasaste de lo malo a lo bueno ¿por qué no pasas de lo bueno a lo mejor?; y le invita a pasar de lo bueno a lo mejor cuando le sugiere una obra maravillosa de caridad a la que no está obligado, pero sí está invitado; observemos que los mandamientos son obligación porque si no estamos en obediencia a los mandamientos de Dios, estamos en pecado, esa es la realidad. En cambio cuando Cristo le dice: “da lo tuyo a los pobres” (cf. Mc 10,21), eso es lo que en Teología llamamos un consejo, le está invitando a pasar de lo bueno a lo mejor, “tú podrías conservar lícitamente la posesión, la administración y el disfrute de los bienes que tienes, podrías conservarlo, es verdad, eso está bien, eso pertenece a lo bueno, pero hay algo que puede ser mejor; y lo mejor es: que tal si en lugar de tener tesoros solamente en la tierra, empiezas a tener tesoros en el cielo”; porque los tesoros en el cielo no se obtienen con lo que retenemos, sino con lo que damos, así que ahí hay una invitación; es la invitación de pasar de lo bueno a lo mejor.
Luego Cristo le invita todavía más, a pasar de lo mejor a lo perfecto; pasar de la simple perfección moral a la unión estrecha con el camino y el destino del mismo Cristo: “ven y sígueme” (cf. Mc 10,21), eso es lo realmente perfecto.
Es bueno hacer el uso correcto de las cosas de esta tierra, es mejor acumular tesoros en el cielo, pero es perfecto unirse de un modo tan estrecho a Jesucristo que podamos decir: “mi vida, mi muerte, mi futuro, mi meta, están completamente unidas a Él”; eso es lo que nos muestra este pasaje, la pregunta es: ¿cuál va a ser nuestra respuesta? nos vamos a quedar en lo malo, simplemente porque ofrece algunas ventajas, nos vamos a quedar en lo bueno porque ahí estamos cómodos, vamos a pasar a lo mejor que ya es un avance muy grande, pero todavía nos falta el último escalón, lo perfecto: unirnos, fundir nuestro corazón, nuestra meta, nuestro camino con el de Jesús. Es la invitación del Evangelio de hoy.