O072005a
Creo que una palabra que cabe en el Evangelio de hoy tomado del capítulo noveno de San Marcos, es la palabra “secreto”. Nos dice el texto del Evangelio que Jesús iba con los discípulos y no quería que nadie se enterara (cf. Mc 9,37), podemos decir que nadie lo ocupara, o que nadie lo distrajera o distrajera a sus discípulos; y la razón era porque iba instruyendo a los discípulos. Si hablamos de Cristo que está instruyendo, esa es una escena muy común en los Evangelios, Él predicaba a las multitudes, hablaba en parábolas, enseñaba a mucha gente; tal vez la novedad que tiene el pasaje de hoy es que esta es una enseñanza especial, no quiere que aparezcan esas grandes multitudes, no quiere que nadie lo distraiga o que distraiga a los discípulos porque tiene un mensaje muy importante que debe quedarles perfectamente claro, un mensaje que debe inculcarse en esos corazones y debe quedar grabado para siempre. ¿Y ese mensaje cuál es? Es el mensaje de la cruz, es del mensaje del padecimiento del Mesías, es el mensaje de la vida hasta el extremo; un mensaje que ellos en ese momento no comprenden y que solo mucho tiempo después, quizás con la ayuda del Espíritu Santo lograrán entender. El mensaje es que el camino de la vida cristiana, empezando por el camino del mismo Cristo pasa por la Cruz y ese es como un secreto que Cristo tiene que pronunciar en nuestro corazón y tiene que dejarnos saber, como un consejo de amigo; porque en el ruido de la multitud, en el espectáculo de los milagros, en las necesidades clamorosas, urgentes, agobiantes tal vez uno no logra percibir la sabiduría que hay en la cruz; es necesario que sea Cristo quien se acerque a mi vida, es necesario que llegue Cristo a lo profundo de mi corazón y pronuncie esa palabra para que yo tal vez, logre comprender algo de lo que significa la cruz.
Llama la atención que en el mismo pasaje, cuando Cristo habla con ellos, una vez que han llegado a Cafarnaúm, pues hay un desnivel total en los discursos; mientras que el discurso de Cristo va por la humildad y la entrega, el discurso de los apóstoles, es decir su conversación va más bien por las grandezas, por los honores y los primeros puestos; y entonces Cristo introduce otra palabra, la palabra”servicio” y luego otra, la palabra “acogida”, porque acoge a un niño, lo abraza y lo pone como modelo de lo que significa recibir el Reino de Dios (cf. Mc 9,36-37). Creo que hay una lección que no debemos dejar perder aquí: la cruz, el servicio y la acogida son inseparables, son parte de un mismo secreto, son parte de una misa enseñanza y si pones esas tres palabras como en una especie de triángulo, te das cuenta que se relacionan perfectamente, porque la cruz no es el sufrir por sufrir, la cruz es lo que resulta cuando renuncio a mi mismo por salir al encuentro de la necesidad de mi hermano; pero no puedo llegar al servicio si no he acogido a ese hermano como hermano mío, si no me dejo interrumpir, como decía alguna vez el Papa Francisco, si no permito que mi hermano me interrumpa, si no permito que mi hermano irrumpa en mi vida entonces jamás voy a ser servidor de mi hermano, a lo sumo lo voy a convertir en un instrumento para convencerme de que ¡yo soy bueno!.
Entonces la cruz, el servicio y la acogida son parte de esas lecciones profundas y bellas que Jesucristo ha dado a sus apóstoles y que quiere que también nosotros aprendamos. Si no entramos por ese camino, no podemos llamarnos discípulos de Cristo; pero si vivimos en realidad estas enseñanzas, no solo seremos de sus discípulos sino que seguramente seremos de aquellos que la Iglesia reconoce como modelos de vida cristiana, porque las vidas de los santos han sido precisamente eso, testimonio de aquellos que tomaron en serio el valor de la cruz, el valor del servicio y el valor de acoger a mi hermano como hermano que Dios me da.