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Uno de los aspectos más fascinantes de la Sagrada Escritura, es que las enseñanzas que nos da a pesar de que pueden parecer un poco abstractas, siempre tienen una realidad muy concreta, por ejemplo, cuando nosotros hablamos de salvación, eso puede sonar un poco abstracto, pero cuando uno mira lo que hace Cristo por ejemplo con un leproso, uno dice le cambió y le salvó la vida.
Lo mismo que la palabra “gracia”, cuando uno piensa en tratar de explicar lo que es la gracia seguramente tiene que hacer todo un tratado de Teología. Pero si le preguntas a Apóstol San Pedro, que negó a Cristo tres veces y que luego encontró la mirada del Nazareno y en esa mirada encontró tanta luz y tanto amor, y dijo la escritura que Pedro salió afuera y lloró amargamente pues entonces Pedro tiene una experiencia de la gracia.
Podemos decir que en la Biblia todo se aprende así, como por experiencia, a partir de realidades que transforman la vida, por ejemplo, hay una frase muy bella en el profeta Ezequiel, de parte de Dios, dice: “Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18,23).
Pecador, pecado, conversión, vida todas esas palabras son para análisis muy extensos y profundos y muy bellos, pero observemos cómo aparece esa frase, de otra manera en la realidad en la historia, que aparece en la primera lectura de la Misa de hoy tomada de otra parte, del segundo libro de Samuel, ahí se cuenta la reacción del rey David, cuando se entera de que el antiguo rey, Saúl, ha fallecido, ha caído en combate, ha muerto tristemente, a manos de los filisteos, allá en el monte de Gilboa. Cuando llega esta noticia a David, él llora con gran tristeza y convoca un luto en su país por la muerte de Saúl. Recordemos que Saúl había maltratado de todas las formas posibles a David, y luego vemos a David lamentar la muerte de Saúl, descubrimos la grandeza del alma de David, pero también descubre otra cosa que sale a luz cuando nos hacemos una pregunta: ¿Qué era lo que quería David con respecto a Saúl? Y la única respuesta posible es: conversión. David no quería que Saúl saliera adelante con sus planes, porque eran planes injustos, contrarios a la voluntad de Dios y eran planes homicidas, y quien iba a morir era precisamente David.
David en esto inspirado por Dios no quiere la muerte del pecador, tampoco quiere que siga por el camino del pecado, entonces quiere que se convierta. Eso es conversión, dejar los caminos de un éxito fácil, pero tramposo, marcado por la envidia y entrar en el camino de Dios, no es la muerte del pecador, no es eso lo que quería David, él quería y se ven en la historia concreta no en una explicación teórica, lo que quería David era la conversión de Saúl.