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Título: Apreciemos la riqueza que tenemos en el Santo Rosario

Original en audio: 4 min. 38 seg.


Para nosotros los dominicos, y en realidad para millones de personas en todo el mundo, el siete de octubre es una fecha absolutamente única. Bueno, y debo decir, en lo personal, que un siete de octubre de 1972 hice mi Primera Comunión, la fecha no la escogieron al azar las autoridades del colegio Santo Tomás de Aquino, donde yo hacía mis años de primaria.

Se escogió el siete de octubre precisamente por lo que hoy celebramos: es la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Pero esta fiesta no se llamó siempre así, al principio se llamó Nuestra Señora de las Victorias, ese nombre le dio el santo Papa Pío V que reinó de 1566 a 1572. Pero sucede que el día siete de octubre de 1571, una gran confrontación naval tuvo que realizarse cerca de la ciudad griega de Lepanto.

La gravedad de esa ocasión y la importancia de esa batalla estriba en que por aquella época el Mar Mediterráneo estaba controlado por las fuerzas fieles al Islam, eran los musulmanes los que tenían dominio sobre el Mar Mediterráneo. Habiendo experimentado tanto avance, tanto progreso en sus intereses, los musulmanes se disponían para invadir completamente la Europa que por aquella época podía llamarse Europa Cristiana. Y su puerta de entrada iba a ser precisamente Grecia, iba a ser por esta ciudad de Lepanto, si ellos hubieran conseguido esa victoria.

El Papa, Pío V, dominico él, tenía una enorme devoción a esta práctica piadosa del Rosario; no sólo lo rezaba tres veces al día en medio de sus tremendas ocupaciones, sino que lo recomendaba con fervor a todos. Y enseñando con el ejemplo, en ese día siete de octubre de 1571, él mismo se puso a orar con insistencia, utilizando ese vehículo de oración, ese camino de oración que es el Santo Rosario.

Sabemos que los medios de comunicación eran muy precarios e ineficientes en esa época, pero algo muy hermoso para recordar el que el Papa, después de largas horas de oración, al salir de su lugar de plegaria, anunció tranquilamente a todos que la Virgen María había dado la victoria el ejército cristiano.

Tuvieron que pasar muchos días, quizás semanas, antes de que se confirmarlo que el Papa proféticamente había dicho. Efectivamente, las fuerzas cristianas, bajo gobierno, bajo liderazgo de Juan de Austria, habían logrado la victoria, después de gran esfuerzo de muchas horas de combate.

Así pues, el Papa, en agradecimiento y habiendo experimentado una vez más el poder que tiene la oración perseverante del Rosario, instituyó esta fiesta, y por eso quedó el siete de octubre, siete de octubre que desde entonces se llamaría "el día de Nuestra Señora de las Victorias". Pero como esa victoria en particular se había logrado a través del Santo Rosario, pues es natural que luego se cambiara el nombre a "Nuestra Señora del Rosario"

¡Qué hermosa invitación para que nosotros apreciemos lo que tenemos en el Rosario! Nos decía juan Pablo II, en alguna oportunidad, que después de la Santa Misa, es la oración más recomendada, y así es: es difícil encontrar una plegaria, una forma de oración que haya sido tan vivamente aconsejada, especialmente por los Papas. Y la razón principal la podemos decir en una sola frase: el Rosario es Evangelio hecho oración.

¿Que más quieres, qué más necesita tu corazón sino Evangelio: Evangelio en tus labios, Evangelio en tu corazón, Evangelio en tu vida?