Nde2014a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo sexto de San Marcos. Es un episodio en la vida de Cristo, que conocemos muy bien: La multiplicación de los panes (cf. Mc 6, 34-44).

¿Por qué aparece este texto en este momento de nuestro año litúrgico? Esa es una pregunta, que yo creo que nosotros católicos, debemos acostumbrarnos a hacer con más frecuencia. Yo realmente pido a todos, que no asistamos a la Santa Misa, simplemente a ver que sale, como si se tratara de una especie de bingo o de lotería, en el que uno no tiene ni idea de cuál es el número que va a aparecer. Estas lecturas durante el tiempo de Navidad, y en realidad las lecturas de la Santa Misa en todo tiempo, tienen siempre una razón de ser, y cuando uno sabe qué es lo que se está celebrando, entiende mejor por qué hay una promesa, y por qué hay una bendición especial en cada Eucaristía.

Piensa lo que sucedería si una persona, por ejemplo, va a una boda creyendo que se trata de un cumpleaños, o una persona va a un bautismo, pero pensando que se trata de una celebración de Navidad. Cada celebración tiene su propia razón de ser, y en nuestra Iglesia Católica, esa razón de ser, aparece especialmente en las lecturas. Antes de las lecturas, en la “Oración Colecta”, que se dice al final de los Ritos Introductorios, si estamos bien atentos a esa oración, y si nosotros los sacerdotes la pronunciamos de modo inteligible, inspirado, ungido, pues, ya le vamos dando el sentido a la celebración; y luego, le damos aún más sentido con las lecturas bien proclamadas, en un tono claro, en un tono que ayude a que nuestro corazón sintonice con lo que está viviendo la Iglesia en ese momento.

Esto es indispensable, pero vuelvo a mi pregunta: ¿Por qué leemos del capítulo sexto de San Marcos?, ayer teníamos un texto del capítulo cuarto de San Mateo, cada día nos van poniendo un Evangelio de otra parte, ¿quién entiendo a la Iglesia? Hay una explicación: resulta que el domingo pasado tuvimos la solemnidad de la Epifanía del Señor, y cuando celebramos la Epifanía, estamos celebrando cómo Dios se ha hecho presente, se ha manifestado en nuestras vidas, se manifestó a los pastores, se manifestó a sus discípulos en las bodas de Caná, se manifestó a los Sabios de Oriente, los que llamamos los “Reyes Magos”; entonces, esa palabra “revelación”, “manifestación”, “epifanía”, es la que llena todos estos días entre la Fiesta de la Epifanía y la Fiesta del Bautismo del Señor. Así, por ejemplo, ayer veíamos a Cristo recorriendo una zona espantosa, muy difícil, que parece completamente en tinieblas: la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, ese era Cristo en ese momento; hoy vemos a Cristo en la multiplicación de los panes.

Bueno, ¿qué aprendemos? Pues, que en medio de las tinieblas, Cristo es luz (esa era la lectura de ayer); y hoy aprendemos que en medio del desierto, en tierra despoblada, Cristo es abundancia, es bendición, es riqueza: solo Dios puede transformar el desierto en una sala de banquetes, solo Dios puede dar abundancia donde no había nada. Entonces, si ayer aprendíamos que en medio de las tinieblas, Cristo es luz, hoy aprendemos que en medio de los desiertos de nuestra vida, Cristo es oasis, Cristo es nuestro anfitrión, Cristo es abundancia; “Cristo no está limitado por las circunstancias”. Si quieres, quédate solamente con esa frase; no son las circunstancias las que determinan cómo obra Cristo, Él está por encima de las circunstancias, y por encima de las circunstancias puede darle todo un banquete a su pueblo. ¿Por qué? Lo dice uno de los primeros versículos: Porque Él es compasivo, porque Él es misericordioso (cf. Mc 6,34). A Él la Gloria por siempre. Amén.