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Nuestra madre, la Iglesia, nos invita por estos días a seguir el texto de la Carta a los Romanos. El día de ayer, escuchábamos el saludo solemne que el apóstol San Pablo da a esta comunidad; hoy, podemos decir, que entramos en materia.
¿De qué trata la Carta a los Romanos? Básicamente, de la salvación de nosotros los creyentes, cuando nos abrimos al don de la fe. La fe es la puerta de nuestro corazón, que hace posible que llegue el regalo inconmensurable, el inmenso regalo del Amor Divino que nos transforma, nos restaura, nos salva (cf. Rm 1,16-25). Las palabras claves en la Carta a los Romanos son, entonces: la “fe”, la “gracia” y la “salvación”. Que el corazón se abra por la fe, que el corazón humano reciba la gracia manifiesta en Cristo, y que así, la creatura humana, es decir, tú y yo, recibamos salvación, ese es el tema central en la Carta a los Romanos.
Por supuesto, esto está explicado de un modo bastante amplio, con muchos ejemplos, y con muchos testimonios de la Escritura, pero el tema central es la fe que nos abre a la gracia divina para recibir la salvación de Dios.
Ahora, bien, ¿qué hace que yo sienta la necesidad de abrir mi corazón a la propuesta del Amor de Dios?, ¿qué hace que yo sienta que Dios tiene algo para mí? Pues, lo primero, es que yo reconozca mi necesidad; lo primero, es que yo descubra que sí soy necesitado, “yo mismo”; que cada uno haga ese descubrimiento. Y por eso, el capítulo primero de la Carta de San Pablo a los Romanos, intenta despertar la conciencia de los paganos sobre la necesidad que tienen del amor salvador de Dios. Luego, el capítulo segundo, va a presentar el mensaje salvador de Dios, para aquellos que venían de la Antigua Alianza, es decir, para los judíos.
En la mente de San Pablo está bastante claro eso; que hay judíos y no judíos. Él mismo viene del pueblo judío, y él mismo ha experimentado en su propia historia, hasta qué punto, uno puede ser resistente; hasta qué punto, uno puede ser obstinado. Pablo, en una época de su vida, fue perseguidor de los cristianos: siendo judío, heredero de las promesas de Dios, fue perseguidor de los cristianos. Luego, descubrió que, precisamente, en Cristo se cumplen todas las promesas del Señor, y se arrepintió y tuvo su conversión. Pero, con esto estoy diciendo que Pablo tiene conciencia de cómo el judaísmo puede cerrarse sobre sí mismo, puede enconcharse, puede blindarse y cerrarse a la oferta del amor de Dios, que viene en la persona de Cristo.
Por esta razón, Pablo va a dedicar el capítulo primero de Romanos, a los no judíos, y el capítulo segundo, a los judíos. El texto que hemos tenido hoy, por ejemplo, es síntesis de lo que Pablo viene a decir a los no judíos, es decir, a los paganos. Y básicamente, lo que viene a decir, es: “date cuenta que el orden y la belleza de la creación levantan tu mente hacia el creador; y date cuenta que la vida pervertida, libertina, que has llevado te destruye a ti, y no le da la honra a Dios”. Esa es la manera de buscar que estos paganos descubran su necesidad, y desde su necesidad, se abran a la gracia de Dios.
Luego, vamos a ver de qué modo plantea él su mensaje para los judíos, pero por ahora, ¡qué importante descubrir esta estructura básica! La repito por última vez: ¿de qué trata la Carta a los Romanos? Trata del don de la fe que abre nuestro corazón al regalo de la gracia divina, que viene por Cristo, para que nosotros experimentemos salvación.