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El Evangelio del día de hoy está tomado de San Lucas, conviene recordar en este punto una característica muy interesante y muy hermosa del evangelista Lucas. Aquellos que en la sociedad de ese tiempo eran más excluidos, tienen un lugar muy importante en el corazón de Cristo, y este rasgo lo destaca Lucas. Por ejemplo, se despreciaba a la mujer con gran fuerza y de un modo muy general; Lucas es el único evangelista que nos cuenta que junto con los apóstoles y otros discípulos había también discípulas, y no eran simplemente gente que escuchaba, nos dice Lucas, ayudaban a Jesús en su misión, colaborando con sus propios bienes, este dato sólo lo da Lucas. Lucas también destaca el papel que tienen los pobres, según los esquemas de riqueza de este mundo; los pobres, los que parece que nada pueden, son sin embargo muy importantes para Cristo.
En la versión de las bienaventuranzas que nos ofreció Lucas (Lc 6, 20-26), la palabra de felicitación sale de la boca de Cristo, directamente al corazón de esos los excluidos, la expresión que utiliza este evangelista es: “felices vosotros los pobres”(Lc 6-20), es un mensaje directo de especial proximidad, amistad, cariño y cercanía.
Otro grupo que también era excluido con frecuencia es el de los samaritanos, para los judíos sus vecinos los samaritanos eran gente que había perdido la fe, la división entre judíos y samaritanos viene del siglo X A.C; es decir son mil años de separación, de odio y de prejuicio entre judíos y samaritanos, pero cuando Cristo va a dar un ejemplo de caridad, entonces nos dice: que había un hombre atracado y dejado medio muerto al borde del camino, pasó luego un sacerdote y desvío luego su ruta, para no encontrarse con el que estaba mal herido, pasó un levita y no ayudo en lo absoluto, el que si se compadeció fue un samaritano (Lc 10,25-37).
Cristo pone como ejemplo a aquel que según la mentalidad judía era completamente excluido por hereje, por torcido, alejado; no quiere decir que Cristo esté exaltando como cosa buena torcer la fe, sino que Cristo quiere que más allá de nuestros prejuicios, sepamos encontrar el bien incluso en lugares inesperados, eso nos ayuda a entender el pasaje de hoy, la frase que dice el Señor: “En ninguna parte he encontrado tanta fe” (Lc 7,9). Eso le dice a un auditorio de judíos refiriéndose a la fe de un centurión romano, extranjero, pagano, invasor, opresor y a ese Cristo lo pone como ejemplo, no que Cristo esté de acuerdo con la opresión de los romanos, sino que quiere que también en ellos sepamos encontrar esos modelos que todos necesitamos, podemos decir que Cristo especialmente en el Evangelio de Lucas, tiene una virtud particular para destruir prejuicios, barreras y para obligarnos como dice el Papa Francisco a llegar hasta las periferias.