Fundamentación Teológica de la Misión, 5 de 5

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 13:45 23 jun 2012 de Ayxa (Discusión | contribuciones)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar



Vamos a referirnos al tema de la audiencia. La evangelización es un proceso comunicativo, esto significa que no tiene que ver únicamente con el mensaje, ni únicamente con el mensajero, sino que tiene que preguntarse también por la audiencia.

Cuando hablamos de audiencia, pues da la impresión de que vamos a referirnos únicamente a la palabra que se pronuncia de viva voz, pero con este término genérico nos referimos a los destinatarios en general. Si se trata de una persona que evangeliza a través de un video, pues entonces sería algo así como una teleaudiencia; y si se trata de una persona que escribe, pues se trata de aquellos que leen eso que se escribe: son los destinatarios.

Es importante relacionar el tema de la audiencia con lo que hemos comentado antes, y por eso he querido que quede esta enumeración en nuestro tablero para conectar este tema con la predicación propiamente dicha y con la predicación extendida.

En el Evangelio encontramos que Jesús restringe su audiencia, pero también encontramos que Jesús amplía su audiencia. ¿En qué momento la restringe? Durante su ministerio antes de Jerusalén. Probablemente Cristo fue a Jerusalén varias veces, pero hay una vez, que es la definitiva, que es la que se describe en el capítulo noveno del evangelio según San Lucas, hacia el versículo cincuenta o cincuenta y dos, donde dice el evangelista que Jesús "emprendió camino resueltamente hacia Jerusalén" San Lucas 9,51.

El ministerio público de Cristo se divide en dos partes: una parte es antes de ese pasaje, antes de Lucas 9,51, en donde encontramos a Cristo en varios lugares: está Cristo en Galilea, está Cristo en Samaría, incluso alguna vez se va más allá de las fronteras de lo que llamamos la Tierra Santa, Jesús que se va ¿a dónde? Se va a la región de Tiro y de Sidón, y es allá donde sucede el famoso pasaje con la sirofenicia. Pero cuando llega a Jerusalén hay un cambio radical.

Entonces tratemos de mirar qué criterio tiene Cristo para restringir o para aumentar su audiencia.

Las restricciones que muestran los Evangelios con respecto a la audiencia de Cristo son dos. En alguna ocasión dice el Señor: "He sido enviado a las ovejas de la casa de Israel" San Mateo 15,24, eso lo dice precisamente en el pasaje de la sirofenicia. Entonces ahí Cristo está diciendo: "Mi audiencia no son todos; mi audiencia son aquellos descendientes o aquellos pertenecientes al pueblo elegido".

Entonces encontramos que hay una audiencia restringida, y esa audiencia restringida se da de varios modos. Por ejemplo, dice Jesús: "Al pueblo elegido" San Mateo 15,24, "esa es mi audiencia, yo voy únicamente a ellos".

Jesús también, en otras ocasiones, restringe su audiencia porque quiere hablar únicamente a sus Apóstoles. Por ejemplo, dice: "No quería que nadie se enterara porque iba instruyendo a sus discípulos, a sus más cercanos" San Marcos 9,30-31. Ahí Jesús restringe su audiencia, esto es interesante, ¿no? Es interesante, son cosas que uno no ha pensado muchas veces.

Y dentro de los discípulos, Jesús también a veces restringe todavía más su audiencia. Cuando va con Pedro, Santiago y Juan a la resurrección de la hija de Jairo, o cuando está con Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor. Es decir que dentro de este grupo de los discípulos ha una restricción adicional, que es Pedro, Santiago y Juan. Esa es una audiencia restringida.

Pero creo que el ejemplo más interesante de audiencia restringida, cuando se trata de Cristo, está en aquellas expresiones como la que ya mencionamos en otra oportunidad: es el tema de la mies. El tema de la mies es la indicación que Cristo hace de que no todo el mundo está preparado para oír el Evangelio. Lo mismo está indicado en aquella expresión que Él repite después de algunas parábolas o en enseñanzas. "El que tenga oídos para oír, que oiga" San Lucas 8,8.

Da la impresión de que el hecho mismo de usar parábolas, es un modo de presentarse como ¿qué? Presentarse como el que transmite un mensaje, pero un mensaje que llegará solamente a algunos. La parábola más conocida de todas es la parábola del sembrador, va en la misma linea, también nos está diciendo que no todos los terrenos son aptos, no todos captan inmediatamente, incluso de esa parábola aprendemos en qué circunstancias o por qué motivos se llega a perder la Palabra.

Hay personas que ni siquiera reciben la Palabra, porque están distraídos, porque no alcanzan a oír, porque no entra en su mundo de intereses, esa la semilla que cae al borde del camino. Hay otros que reciben con entusiasmo, pero en realidad no tienen raíz, no dejan que el Evangelio penetre su mundo más íntimo de valores, entonces ahí tampoco se logra gran cosa.

Hay otros que tiene un interés genuino por la Palabra de Dios y por el Evangelio, pero se ven abrumados por otros intereses que compiten con el interés de la Palabra y entonces queda ahogada. Finalmente, pues hay otros que sí reciben la Palabra con un corazón bueno y generoso y dan mucho fruto.

Es decir, Cristo es consciente de que la Palabra del Evangelio no llega siempre a buen terreno, y Cristo es consciente de que hay personas que están, ya, listas, que están preparadas, esas personas que están preparadas, eso es lo que se llama la mies, esa es la cosecha.

Personalmente considero, mis queridos hermanos, considero que este es de los mensajes más importante que nos da el Señor. Porque tener sensibilidad por la mies, es tener la mirada despierta para descubrir cuál es aquella persona que está a punto, a punto, aquella persona que no hay que obligarla, sino sólo darle un leve y fraterno empujón, para que descubra todo lo que Dios le ha preparado.

Muchos de los pasajes más bellos del Evangelio tienen que ver con esos momentos en que la persona como que le faltaba sólo ese empujón, y entonces lo da. Miremos el caso de los primeros discípulos de Cristo: sin duda ya lo habían oído a Él. Estos dos hermanos, Pedro y Andrés, y los otros dos hermanos, Santiago y Juan. Y Jesús les hace una invitación: que vayan con Él porque Él los va a hacer pescadores de hombres. Y ese empujoncito, esa invitación tiene una fuerza que cautiva a estos pescadores y que les cambia para siempre su existencia.

Un caso más notable es el del cobrador de impuestos, Mateo. Jesús ve en este cobrador de impuestos, una persona que está firmemente instalada en su mundo. Pero también alguien que, aunque parece tan seguro, en realidad está fastidiado, está en el límite, está en el borde, y sólo hace falta un empujón, y ese empujón es el que da la palabra "sígueme" San Mateo 9,9, que Cristo le da a este Mateo.

Se necesita el discernimiento que sólo da el Espíritu Santo de Dios para reconocer ese momento, ese momento en el que la persona está "a punto de", y esa es la mies.

En el evangelio según San Juan Cristo describe esa misma sensación, o esa misma percepción, con este otro lenguaje. Dice Cristo "Nadie viene a mí, si el Padre no lo atrae" San Juan 6,44. Entonces la evangelización requiere esa profunda sensibilidad de descubrir quiénes son los que el Padre Celestial está atrayendo hacia Cristo.

Yo quisiera representarlo con un dibujo. Vamos a poner aquí a Cristo y vamos a poner aquí la persona que está siendo atraída hacia Cristo. Entonces podemos decir que la evangelización sucede en este doble movimiento: por una parte, la Palabra de Cristo atrae a la persona, la santidad de Cristo atrae a la persona, la bondad de Cristo atrae a la persona, y lo mismo la autenticidad, la pureza, la generosidad, la mansedumbre de Cristo, la sabiduría de Cristo, todo eso atrae a la persona.

Pero es que además de esta flecha, que indica este atractivo y que va de Cristo a la persona, hay otra flecha muy fuerte que está detrás de esta persona y esta es la acción del Padre Celestial. El Padre empuja a la persona en Cristo, atrae a la persona, y es la acción conjunta de estas dos flechas, -la que va de Cristo a la persona y la que va del Padre a la persona-, la que hace que la persona sea empujada hacia Cristo y atraída por Cristo.

Ojo con esos dos verbos: empujado hacia Cristo por la acción del Padre, atraído hacia Cristo por la sabiduría, la bondad, los milagros, el poder, la pureza de Cristo.

El tema de la mies es muy interesante porque es la capacidad de reconocer en dónde está sucediendo esto, cuáles son aquellas personas que tienen ese atractivo, que sienten esa atracción hacia Cristo, y personas que a la vez, como que por sus circunstancias, por lo que están viviendo, están siendo empujadas hacia Cristo.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta por lo menos dos pasajes en que este tipo de discernimiento lo realizan los Apóstoles del Señor. Tú recuerdas de caso del hombre que se sentaba o lo ponían junto a la puerta llamada Hermosa del templo de Jerusalén. Era un hombre paralítico de nacimiento. Y entonces Pedro se queda mirando a este hombre, y en ese cruce de miradas, Pedro descubre que es el momento, es la hora, y le dice: "Lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesús, levántate" Hechos de los Apóstoles 3,6, y ese hombre se levanta.

Otro cruce de miradas muy notable se da con el Apóstol Pablo. Ustedes recuerdan cuando Pablo está evangelizando en Listra, él está predicando, y en la audiencia hay un hombre que es paralítico, y dice ahí que Pablo se dio cuenta que tenía suficiente fe como paras ser curado, ese es este discernimiento, eso es algo que viene del Espíritu Santo, es la capacidad de reconocer cuándo es el momento para hacer ¿qué? Predicación propiamente dicha.

Fíjate cómo se conecta un tema con el otro. Ese es el momento para reconocer: "Esta es la hora, este es el momento para decirle a esta persona, con un empujoncito, y ese pequeño empujón, es lo que recibe ese hombre paralítico cuando Pablo le dice: "En el nombre de Cristo levántate", Hechos de los Apóstoles 14,10, y esa persona se levanta. Es una percepción.

Hay algo que quiero destacar de esto, quiero destacar cuál es la labor del evangelizador aquí. Dice Nuestro Señor Jesucristo: "Yo les envío a cosechar algo que ustedes no han sembrado" San Juan 4,38. Eso indica que un evangelizador, desde este ángulo que lo estamos presentando, realmente tiene que ser muy humilde, porque la gran virtud del evangelizador no es convencer a la gente, no es refutar a la gente, no es discutir con la gente, no es moverlos como el que mueve un mamut echado: "¡A ver cómo muevo yo a esta gente!"

La gran tarea del evangelizador es ver, darse cuenta quién está listo para el Evangelio. Darse cuenta cuál es la hora de Dios en quién. Por eso la insistencia también de Cristo, la insistencia en el tema de los signos de los tiempos; es la percepción de qué es lo que está sucediendo, qué tipo de personas pueden realmente dar ese paso.

En la historia de la Iglesia encontramos varias veces esto, también en la Biblia, por supuesto. Quisiera empezar con un ejemplo bíblico. En lo más agudo y amargo de la persecución del rey Saúl contra David, David se quedó sin amigos, pero David percibió que había una gran cantidad de personas que también se habían quedado sin amigos, y esa gran cantidad de personas eran pues lo despreciado del pueblo: eran mendigos, eran fugitivos, eran bandoleros, eran enfermos, eran desplazados, diríamos en el lenguaje de hoy, y con esa gente David hizo su ejército.

Es decir, David se dio cuenta que había un potencial en todas esas personas, que siendo desplazadas y despreciadas como él, tenían una manera de hacer causa común con él, con David. Y ese fue el primer ejército que tuvo David cuando empezó el largo camino que lo llevó finalmente hasta el trono. Es un asunto muy interesante, él percibe qué es lo que está sucediendo y él percibe en dónde puede encontrar verdaderos aliados, y los encuentra.

Jesús percibe cuál es el tipo de persona que puede llegar a ser incondicional. El paralelo entre David y Jesús no es coincidencia, por algo se llama a Jesús "Hijo de David", título mesiánico pero también una indicación de que hay más de un paralelo entre estos dos.

El tipo de personas que Jesús toma para que estén cerca de Él y para enviarlos a predicar, también son personas despreciadas: los galileos no tenían buena fama, pero es que antes de los galileos, los pastores que van a adorar al Mesías, tampoco tenían buena fama. Jesús está rodeado de publicanos, se acercan a Él pecadores, leprosos, prostitutas, es decir, hay un verdadero paralelo con lo que sucede en el caso de David.

La percepción de los signos de los tiempos muy a menudo lleva a mirar, oiga eso, no quiénes son los que resultan influyentes o poderosos hoy, sino quiénes van a ser. La percepción de los signos de los tiempos es la percepción por el germen: qué es lo que está germinando, qué es lo que está cambiando, y cuando se percibe eso que está cambiando, se percibe también lo que tiene esperanzas de florecer en un mañana.

Imagínate que Jesús hubiera vinculado a su Evangelio a los fariseos, o a los escribas, o a los sumos sacerdotes: con la invasión de las tropas romanas se hubiera acabado esa clase. Porque esa clase dirigente, esa clase de los sumos sacerdotes fue lo primero que resultó golpeado cuando los romanos decidieron aplastar toda oposición y rebeldía del Judaísmo.

Como resulta que Jesús había amarrado su Evangelio más bien a estos, los despreciados, los pobres, los olvidados, entonces el imperio golpeó la cabeza del Judaísmo, pero los misioneros no pertenecían a esa cabeza, llamémosla alta, pero Jesús amarró su Evangelio a otros, a esos otros humildes, a esos otros despreciados.

Es decir que la percepción de la mies, la percepción de quiénes son los que pueden recibir el Evangelio, es exactamente lo que se ha llamado "la opción por los pobres". Digamos,lo que tú te encuentras aquí no es otra cosa sino la fundamentación teológica y bíblica de lo que es una verdadera opción por los pobres.

¿Verdadera en qué sentido? Verdadera en el sentido de que tiene como único propósito esa transmisión del Evangelio, porque el problema de la opción por los pobres es cuando se convierte en un vehículo de poder político, cuando se convierte en un vehículo de transformación únicamente económica o transformación únicamente en el plano, llamémoslo, humano. Ese es el peligro. Pero que se dé esa transformación porque descubrimos que estas personas están dispuestas para el Evangelio de Jesús, es maravilloso.

Mire cuánta gente influyente, cuánta gente grande, cuánta gente noble podemos contar en ese largo período que e llama la Edad Media; y sin embargo, las obras que quizás permanecen con mayor estabilidad y que son más visibles de la Edad Media, cosas como las grandes catedrales, son finalmente obras anónimas, son obras del pueblo.

O sea que la opción por los pobres finalmente tiene que ver con esto, es una percepción muy profunda de que sólo le dirán un "sí" resuelto al Evangelio aquellos que se sientan profundamente descontentos con el estado actual de cosas.

La percepción de quiénes están maduros para el Evangelio a menudo es la percepción de quiénes son aquellos a los que el sistema no les funciona. Pero resulta que con mucha frecuencia lo que uno quiere, o lo que a uno le gusta, o lo que a uno le honra, es relacionarse con las personas a las que el sistema sí les funciona, y ese es un error me parece muy grande de percepción.

A veces se cree que si nosotros llegamos a la cabeza y si nosotros alcanzamos el poder, entonces desde el poder podemos transformar como de arriba hacia abajo el tejido social. "Me da mucha pena", decimos en Colombia, pero eso no es lo que aparece en la Biblia.

La verdadera transformación, la profunda transformación de la estructura social no sucede en un plano verticalista de arriba hacia abajo; lo que sucede una y otra vez, es que a partir de la base, a partir de aquellos a los que no les funciona el sistema, se da una profunda apertura a un cambio, y en esa profunda apertura, la recepción del Evangelio y el florecimiento de la Palabra de Dios.

Pero cuidado, ese proceso no termina nunca: después de que esos reciben el Evangelio, probablemente el sistema funciona tan bien que entonces ellos florecen y también ellos se vuelven clase dominante, y también ellos se pueden endurecer en lo suyo, y también ellos, endurecidos en lo suyo, se convierten en un obstáculo para seguir propagando el Evangelio.

Por eso, esto que llamamos opción por los pobres, no es simplemente mirar quiénes son los pobres de hoy, sea económicamente o de acuerdo con otros estándares, mirar a los pobres de hoy y decir: "Es que esos son los que tenemos que ayudar en su ascenso al poder", ¡no es eso! Porque seguramente va a suceder ahí lo mismo que vimos en Rusia, lo mismo que vimos en Cuba, lo mismo que hemos visto en todas las revoluciones: ¡cada revolución lo que hace es crear una nueva élite!

La opción por los pobres no puede ser la creación de una nueva élite, así esa élite se llame la élite de trabajadores, o la élite del sindicato, o la élite del partido. Opción por los pobres es un proceso dinámico que siempre se está preguntando quiénes son os descartados, quiénes son los que no cuentan, quiénes son aquellos a los que el sistema no les funciona.

Los que iniciaron la revolución bolchevique, por dar un ejemplo político, los que iniciaron esa revolución, al principio ellos eran de los excluidos, porque se supone que la gente que estaba incluida era la nobleza básicamente: el Zar, la familia del Zar, el clero, los condes, en fin, los nobles de esa cultura rusa. Y se supone que los trabajadores, los revolucionarios pertenecían a los desplazados y a los marginados.

Pero ¿qué paso? Después de que mataron a la familia del Zar, después de que descabezaron la nobleza, ¿qué sucedió? El partido se convierte en una nueva élite, y entonces ese partido empieza a aplastar, y empieza a humillar, y empieza a torturar a los que quedan abajo, y ahí vienen los que son enviados a Siberia, a las redes de campos de concentración, que fueron llamadas por el autor Solzhenitsyn, "El Archipiélago Gulag".

Archipiélago es ¿qué? Pues un conjunto numeroso de islas geográficamente cercanas y conectadas biológicamente. Pues eso es lo que dice Solzhenitzyn de los campos de concentración en Siberia. Eran como distintas islas pero estaban conectadas por unos mismo intereses y un mismo gobierno.

Hay que tener mucho cuidado porque con facilidad la opción por los pobres puede politizarse, -fue lo que de hecho sucedía en buena parte de la Teología de la Liberación-, entonces puede politizarse y puede mirarse como un proceso que lo único que hace es tomar una clase y ascenderla, subirla.

Por supuesto, los que son subidos o los que son soportados o ayudados por ese proceso, están felices porque sienten que van encontrando la reivindicación tanto tiempo anhelada, pero eso crea una nueva élite.

El proceso de descubrir la mies, el proceso de descubrir a quiénes tengo que enviar el Evangelio, es un proceso que no termina nunca. De un modo muy brillante el teólogo dominico Felicísimo Martínez ha expresado esto con la idea de las fronteras. Ustedes saben que él, tanto en el Capítulo General de Roma, en el año 2010, como en el Capítulo General de Ávila, a finales del siglo XX, ha planteado esa idea.

Dice él, refiriéndose a la Orden Dominicana, pero es algo que puede aplicarse a toda la Iglesia, dice eĺ: "Lo propio nuestro es el estar en la frontera". Es decir, el preguntarnos continuamente: "Y ¿aquí los exluídos quién son? ¿A quién se está excluyendo hoy?" Hay un modo muy simpático de describir esta dinámica, que es la dinámica de la mies, que es la dinámica de la audiencia y de la evangelización.

Sucede que en alguna ocasión tenía un muchacho que hacer una reflexión sobre la parábola del fariseo y el publicano, todos recordamos lo que sucedió en ese pasaje: el fariseo desprecia al publicano, el fariseo dice que él es mejor que el publicano porque que él sí cumple todo lo de la Ley.

Entonces este muchacho empieza a predicar sobre el fariseo y el publicano, y empieza a mostrar toda la hipocresía del fariseo, y empieza a mostrar cómo el fariseo es el gran contradictor de la voluntad de Dios, y empieza a mostrar cómo ese fariseo ha cometido un pecado irreparable, y cómo ese fariseo realmente es el ser más despreciable que existe, y cómo ser fariseo es lo peor del mundo, pero "menos mal que nosotros nos hemos librado de ese fariseísmo".

Uno se da cuenta lo que ha sucedido en esa predicación: lo que el fariseo le hacía al publicano, este predicador se lo hace al fariseo. O dicho de otra manera: es muy fácil repetir los errores que uno critica, es muy fácil. Y cuando se trata de mirar quiénes son los desplazados, los marginados, sí que es sencillo eso.

Entonces yo miro que hay una élite que está oprimiendo al pueblo pobre, y yo voy a defender los intereses de ese pueblo pobre, y como lo único que me interesa ese ese pueblo pobre, las personas que no estén conmigo empiezan a ser despreciadas por mí. Y ahí estoy creando nuevamente otro grupo de marginados, otro grupo de despreciados.

¿Qué quiere decir esto? Que la mirada que reconoce la mies del Señor, es una mirada que se renueva continuamente, es una mirada que se alimenta de una profunda autocrítica. Nuestra amiga la Doctora de Siena, Santa Catalina, por eso decía: "No existe verdadera vida espiritual sin el genuino conocimiento de uno mismo", porque sólo en el conocimiento, en la revisión continua de uno mismo, con humildad y ante la verdad de Dios, uno tiene esperanza de ir reconociendo a quiénes descarta uno.

Por ejemplo, me llamaba la atención, en los años de cierto florecimiento de la Teología de la Liberación, -repito, había intenciones y había intuiciones muy buenas ahí, y las hay-; pero yo me acuerdo de mis años de formación y me acuerdo de lo que se planteaba en esa época.

Por ejemplo, una cosa muy interesante de algunos de estos autores era un antiintelectalismo, es decir, como lo único que interesa es darle de comer al hambriento, darle de beber al sediento, vestir al que no tiene con qué vestirse, darle cobijo al que está desplazado, como eso es lo único que interesa, entonces el intelectual ¿qué es? El intelectual es un burgués, el intelectual es un estorbo, el intelectual es un vendido al sistema.

Yo me acuerdo varios de estos coloquios y reuniones de Teología de la Liberación, mirando con infinito desprecio a la Teología Especulativa, y mirando a los místicos: "¿Para qué queremos místicos si a gente se está muriendo de hambre? Los místicos son espiritualistas cobardes que huyen de la verdad y de la realidad del pueblo pobre".

Cuando ese discurso se empieza a decir, tú inmediatamente te das cuenta que esa persona lo que está haciendo es creando un nuevo grupo de marginados, un nuevo grupo de despreciados, algunas vece y en algunas comunidades, no tanto, ese discurso se volvió tan supremamente excluyente que algunos se sintieron verdaderamente excluidos de sus comunidades, y sobre todo algunas, porque suele suceder que las mujeres son más intensas cuando abrazan un grupo de ideas; cuando realmente se venden a una idea, pues apasionadas.

Oh, yo me acuerdo de aquella religiosas que me decía en un coloquio de esos: "Bueno, ¿y tú eres de la Iglesia de los pobres, o de cuál Iglesia eres?" Con ese mensaje ¿qué está tratando de decir ella? "¿Te puedes unir, te puedo botar, te puedo rechazar". Fíjate la contradicción: a nombre de la Iglesia de los pobres, se desplaza y se desprecia a otros.

Por eso, el verdadero camino para encontrar quiénes son aquellos que están a punto de recibir el Evangelio, es un camino abierto a la gratuidad de Dios, es un camino abierto al conocimiento de sí mismo, es un camino o abierto a la interpelación que constantemente me propone el rostro del hermano.

"¿Qué rostros estoy excluyendo? Este es uno de los aspectos más frecuentes, y ustedes lo saben, del pensamiento de Emmanuel Lévinas. ¿Qué rostros estoy excluyendo? ¿A quiénes estoy aplastando con mi manera de hablar? ¿De quiénes me estoy burlando quizás sin darme cuenta? ¿Quiénes son aquellos que han quedado por fuera del ámbito de mi atención, de mi amor, de mi espíritu de servicio?"

Esa es la pregunta que tiene que hacerse el evangelizador, y es la pregunta que en realidad tiene que hacerse continuamente la Iglesia. Para encontrar su verdadera audiencia, para encontrar sus verdaderos destinatarios, la Iglesia tiene que preguntarse eso una y otra vez.

Hay otro aspecto que quiero destacar para terminar esto de la audiencia restringida, y es el siguiente: si yo tomo una postura coherente en este tema, y si me doy cuenta que la pregunta por los excluidos, la pregunta por los pobres, la pregunta por los oprimidos es una pregunta permanente que me invita a examinarme con humildad y a mirar también con sensatez mi Iglesia, si yo admito esa premisa, también tengo que admitir algo: la Iglesia no puede ser evangelizadora si no es itinerante.

Itinerante en tres sentidos: la Iglesia itinerante es la Iglesia que practica aquello que dijo San Pablo: "Si de algo puedo preciarme, es de proclamar el Evangelio donde no se había oído el nombre de Cristo". Eso es como un timbre de gloria que Pablo busca. Itinerante entonces en eso. Muchas veces e en la Iglesia nos volvemos incluso competencia unas comunidades con otras y unos movimientos con otros.

En este evento en el que tuve ocasión de participar el domingo pasado, evento organizado por un movimiento, por una obra aquí en la Arquidiócesis de Medellín, una cosa que me comentaban era: "¡Qué pesar que haya esa competencia entre movimientos!" ¿Qué quiere decir? Que llega un momento en el que estamos todos como peleando por a misma audiencia chiquita, ¿y dónde están los que viven lejos? Como diría Santo Domingo, "los que busquen los humanos", ¿dónde están los que están viendo más allá de la inmediata frontera y están pensando en los excluidos por definición, es el tema de la misión ad gentes.

Entonces ahí hay unos exluídos. Y la Iglesia tiene que ser peregrina ad gentes, peregrina que siempre se pregunta quiénes son los que no están oyendo, los que no están recibiendo.

Un ejemplo simpático que me gusta contar es el de un sacerdote muy ejemplar, yo me atrevería a decir santo, quizás, el Padre Joseph Moran, al cual conocí allá en Irlanda durante mis años de estudio. El Padre Moran de hecho murió durante los años en que yo estuve allá.

Mire este padrecito dominico las cosas tan interesantes que tenía. Llegó un circo a la ciudad y entonces el Padre Morant fue allá al circo, pero no a ve el espectáculo, fue a hablar con el gerente del circo y a decirle: "Creo que varios de los que vienen en esta comitiva y varios de estos artistas son católicos, y como ustedes están siempre de viaje, poca oportunidad tendrán de confesarse, poca oportunidad tendrán de una consejería. Vengo a ofrecer mis servicios de sacerdote a este circo".

¡A mí no se me hubiera ocurrido eso nunca! Eso es pensar en que hay otros a los que no estamos atendiendo. Muchas veces no es solo pensar en las tribus remotas en la amazonía, no, pueden ser personas que están relativamente cerca, muchas veces están físicamente más cerca de lo que nosotros creemos. Iglesia peregrina, Iglesia que se pone en movimiento porque se hace esta pregunta: ¿A quién no le estamos llegando? Ese es un tipo de peregrinación.

Segundo tipo de peregrinación, es lo que podemos llamar "peregrinación institucional", y yo creo que es el tipo de peregrinación más dolorosa. Yo sólo cuento este ejemplo: muchas de las obras educativas que tiene la Iglesia Católica surgieron en momentos en que la educación no se había afianzado como un verdadero derecho constitucional, ni un derecho que pudiera ser garantizado y subsidiado por el Estado, esto vale particularmente para la educación de las niñas y de las jóvenes.

Entonces en el siglo XIX surgieron una serie de comunidades religiosas con ese carisma específico de la educación de niñas, muchas de esas comunidades hoy se encuentran en dificultades porque resulta que a medida que va avanzando el proceso de asimilación de la educación a los servicios que presta el Estado, pues con mucha frecuencia esas obras se encuentran en dificultades económicas o de otro orden.

Yo no estoy diciendo que haya que dejar la educación católica, tampoco estoy diciendo que ya no hay lugar para una educación católica en una sociedad pluralista; muy al contrario, mi opinión es que siempre hay un lugar para la educación católica. Pero no cabe duda que por lo menos algunas de estas congregaciones religiosas se ven abocadas a un dilema: "O reorientamos nuestro servicio en otra dirección, o desaparecemos". Eso se llama peregrinación institucional.

En un momento dado, la frontera, frontera de dignidad humana,frontera de evangelización estaba muy claramente ahí: educar o no educar, por ejemplo a las niñas; pero luego pasa el tiempo y quizás la frontera ya no está ahí, quizás la frontera haya que buscarla, por ejemplo, en las mujeres que están pensando en abortar, o quizás la frontera haya que buscarla en otros lugares.

Un caso interesante tenemos aquí en Colombia con las hermanas dominicas nazarenas; la primera orientación que tuvieron las dominicas nazarenas fue el sindicato de empleadas del servicio, esta es una historia que no resulta del todo amable a todas las nazarenas, pero es parte de la historia de ellas, así fue como empezó la obra. El primer asesor que tuvieron ellas, por parte de nosotros los dominicos, fue el Padre Arenas. Y el Padre Arenas estaba muy interesado en que se evangelizara ese segmento de la población.

Bueno, resulta que hay una realidad que está sucediendo en Colombia y yo creo que en el mundo entero, y es que las personas que prestan esa clase de servicios en casas particulares van disminuyendo en número. De hecho está disminuyendo el servicio doméstico, algunos dicen, en toda la cultura o en todo el mundo de Occidente. Varios de ustedes que han tenido o hemos tenido la ocasión de ir a otros países, lo primero que uno nota es que no hay empleados o son poquísimos y además son por unas horas, y ahí va la tendencia.

Las cosas, aunque esto es un poc duro decirlo, pero las cosas viene a tomar el lugar delas personas, entonces cada vez hay mejores sistemas de lavado de ropa o cosas de estas, y mucha gente sencillamente se desentiende de labores que parecían indispensables en otra época.

Entonces, si tú fundaste una congregación religiosa específicamente para evangelizar al personal que está en el servicio doméstico, y sucede que el servicio doméstico como franja social se disminuye y se disminuye sin cesar, ¿tengo que hacer qué? Migración institucional. De hecho, las Nazarenas lo hicieron, las nazarenas dejaron esa primera orientación y asumieron otro tipo de obras, obras educativas, orfanatos, misiones, incluso nunciaturas.

Por supuesto, de servir a la evangelización de las empleadas domésticas, a servir en una nunciatura, pues hay bastante distancia. Eso es migración institucional, es el segundo tipo de migración.

El tercer tipo de migración al que quiero referirme es la migración mental o la peregrinación mental. Hay esquemas que también resulta que toca cambiar. Decíamos con algo de simpatía, o creo que simpatía, el caso de cómo algunos predicadores, digamos hace cincuenta años, tenían muy claro una cosa: "La mejor manera de predicar es enviando a la gente al infierno".

Eso fue lo que hizo Antonio Montesinos, o sea, nosotros no podemos burlarnos tanto de esa predicación, es un modo válido porque pertenece a nuestra fe que el que vive y muere en pecado mortal no puede entrar al cielo, eso es parte de nuestra fe.

Antonio Montesinos, en su famoso sermón de Adviento, allá en el año 1511, ¿lo que estaba anunciando qué era? El infierno, y hay muchos que predicaban el infierno y esa fue una predicación muy establecida durante mucho tiempo. Uno se da cuneta que esa predicación tiene sus límites. Entonces han surgido otros planteamientos: "Lo más importante hoy es hablar del Jesús amigo, el Jesús que te ama, el Jesús que es compasivo contigo, el Jesús que acompaña tu camino".

Esa es una migración en términos de pensamiento; pero cuidado, que lo mismo que sucedió con la opción por los pobres, es decir, que tú tomas una clase social, la elevas, y así creaste una nueva élite y formaste unos nuevos pobres, lo mismo sucede con la migración de pensamiento. Si ustedes me preguntan a mí, a mí me parece que la imagen del Jesús tierno y amigo y el Jesús cómplice, esa mensaje ya está agotado en buena parte de nuestros jóvenes: no les dice mayor cosa.

No es que Jesús haya dejado de ser amigo, no es que sea mentira que Jesús sea amigo, no, sino que más bien pasa que ese personaje, ese Jesús que simplemente es amigo, el Jesús de la palmadita en la espalda, ese es un Jesús anodino, ese es un Jesús inocuo, ese es un Jesús que no afecta, que no impacta, ese es un Jesús que nada transforma en mi vida; es un Jesús que se parece tanto y que aprueba tanto lo que yo hago y lo que yo vivo, que ya no representa un cambio en mi vida.

Por eso hay que tener cuidado y no pensar uno que solamente porque se hable de una manera amable, "¡ya, ya encontramos, ya tenemos la receta!" En la evangelización, si es verdad que hay una peregrinación constante, nunca hay una receta definitiva. Y hay una cosa curiosa, me muevo bastante, digo yo bastante, en portales católicos en Internet y en foros de Internet, sobre todo católicos, algunos protestantes, pero sobre todo católicos, trato d e mantenerme al tanto en eso, y una cosa que me llama la atención es que mucho católico se queja de que grandes verdades de nuestar fe no se volvieron a predicar.

Yo estuve una vez en un retiro con un padre que tuvo ocho días con nosotros, ocho días de predicación: no mencionó nunca la palabra pecado, no mencionó nunca la palabra arrepentimiento, no mencionó nunca la palabra conversión, no mencionó nunca la palabra confesión, es algo que llama la atención. Yo me di cuenta de eso, no comenté nada, pero oí que varias de las personas, laicos que estaban ahí, decían: "Este padre parece más bien un terapista, este padre no nos da el corazón del mensaje.

Claro, en un momento dado, enfatizar en que "Jesús te ama", "Jesús te sana", "Jesús te salva", "Jesús te libera", eso es verdad, como también es verdad que Jesús es Juez de todas las naciones, y como también es verdad Mateo veinticinco y lo que les pasa a los de la derecha y a los de la izquierda. Todo es verdad, pero es muy peligroso creer uno que porque uno tiene un discurso, que fue el que uno aprendió en una parte de su vida, o un discurso que fue el que le sirvió a uno, ese discurso va a servir para siempre.

En la Renovación Carismática esto ha pasado de un modo muy interesante. Sucede que los carismáticos han utilizado como medio de evangelización primera, o sea, predicación propiamente dicha, lo que se llama el "Seminario de Vida en el Espíritu", y en e Seminario de Vida en el Espíritu una de las charlas más importantes de esa serie de evangelización primera es lo que se llama "los falsos rostros de Dios". Pero es muy curioso porque cuando se puso por escrito, cuando se "sistematizó" ese modo de predicación, los falsos rostros de Dios eran unos, hoy hay otros falsos rostros de Dios.

Por ejemplo, en los años sesentas y setentas, cuando nacía la Renovación Carismática, el peor o el que más afectaba entre los falsos rostros de Dios era el Dios castigador. Pero resulta que hoy hay otro falso rostro de Dios que es el Dios cómplice, es el dios bonachón, es el Dios al que en realidad no le importa lo que tú hayas hecho, es el Dios que simplemente te dice: "Bueno, ánimo, bueno, ánimo, ánimo, ánimo, bueno".

¡Yo no necesito sólo que me digan "ánimo", yo necesito también que me corrijan! El ser humano no necesita sólo ternura, no necesita sólo dureza, no necesita sólo pensamiento, no necesita solo emoción, no necesita solo memoria, no necesita solo proyecto; ¡el ser humano necesita todos eso! Y es muy curioso que nos encontramos personas que están sufriendo de verdaderas patologías mentales.

Ustedes saben que una cosa que se está estudiando en el mundo son las personas que se hieren a sí mismas, llegando a veces al punto de mutilarse; gente que se hace cortadas, gente que, bueno, son cosas horrorosas.

El mundo mismo de los tatuajes, el mundo de los piercing, el mundo de las camisetas con una cantidad de calaveras, una calavera con un puñal que le entra por el pecho y le sale por la boca, y unas cadenas y no sé qué, ¿eso qué está indicando? Está indicando que a esas personas se les ha negado una parte importantísima de la realidad, y muchos de esos muchachos y muchas de esas niñas son personas que el úníco mensaje de Jesús que han oído, si han oído algo, es que Jesús es buena persona y que Jesús es amigo.

Pero entonces les parece más interesante, como me lo decía a mí una joven en una jornada de evangelización que tuvimos en el coliseo del Campín. Ella practicaba el satanismo, así tal cual, es de las pocas personas satánicas que yo haya conocido que participó en ceremonias, en sacrificios, en todo eso.

Yo le preguntaba a esta joven, que no tenía todavía quince años, yo le preguntaba a ella: "¿Y tú cómo te metiste en eso? ¿Tú por qué te metiste en eso?" Y ella me decía: "Me fascina el poder de Satanás. Jesús es un tonto, Jesús no hace nada, Jesús no hace sino sonreír todo el día. Satanás es poderoso, Satanás sí cambia a la gente, Satanás sí da lo que es".

Por supuesto, esas son una serie de blasfemias, las que ha dicho esa joven. Pero ¿qué indica eso en términos sociales? ¿Cuál es el Jesús que ella ha conocido? ¿Cuál fue la catequesis que recibió en la parroquia?: "Jesús es bueno, Jesús es bondadoso, mire a Jesús lo rosadito que está en ente afiche, mire a Jesús lo tierno que está acá, mire a Jesús cómo abraza y consiente a los niños". ¡Entonces ese Jesús es anodino, ese Jesús es inocuo, ese Jesús no significa nada!

Cuando la vida de una persona necesita cambios serios, y el único Jesús que lepresentamos es un Jesús tontarrón, un Jesús dulzarrón, un Jesús que lo único que sabe es sonreír y decir: "Yo estoy contigo, yo soy tu amigo". "Hermano mío, si yo lo que necesito es alguien que venga con poder a transformar mi vida, entonces yo voy a buscar al que sí tiene poder".

Hasta donde le seguí la pista a ea joven, ella finalmente dejó su satanismo, esa fue una experiencia supremamente dura, de las cosas duras que a mí me han pasado en el ministerio sacerdotal, pero eso me puso a reflexionar mucho en toda estas cosas. Oye, nosotros tenemos que es cercano y es compasivo, pero si me permiten esta expresión, necesitamos predicar un Jesús varón, un Jesús con poder, un Jesús que es señor de la historia, un Jesús que transforma vidas.

¿Qué quiere decir esto? Todo esto pertenece al tema de las peregrinaciones, del itinerario, la itinerancia. La Iglesia evangelizadora y nosotros como evangelizadores tenemos que ser itinerantes, ¿itinerantes en qué sentido? Itinerantes porque buscamos cuáles son los que no están oyendo el mensaje, itinerantes porque entendemos que no podemos apegarnos demasiado a nuestras obras, itinerantes porque comprendemos que nuestros mismos esquemas mentales tienen que estar adaptándose.

Ojo: no es que uno cambie el Evangelio, no, sino que de acuerdo con los distintos auditorios, de acuerdo con las distintas audiencias, de acuerdo con los distintos lugares, a veces hay que empezar enfatizando una cosa, a veces hay que empezar enfatizando otra. Por supuesto que si una persona está destrozada y lo único que busca es un poco de consuelo, quizás el primer mensaje que hay que dar es el aspecto de sanación, de bondad, de ternura de Cristo.

Pero junto a un joven que lo que necesita es un proyecto de vida, una cosa atractiva, algo que valga la pena empeñarle la existencia, y yo le bengo a presentar un Jesús que únicamente es dulzarrón y da palmaditas en la espalda, y únicamente predica los valores que predica todo el mundo, el Jesús que únicamente me dice que tengo que lavarme los dientes todas las noches, que debo procurar ser amable y que debo ayudar a los viejitos a que pasen la calle, para eso no se necesita sólo Jesús. Esa es peregrinación mental.

Quiero hacer una anotación sobre aquello de peregrinación de obras o peregrinación apostólica. Es muy interesante en nuestra Provincia dominicana de Colombia cómo cuando resurge la Provincia, allá a comienzos del siglo XX, la obra por excelencia era el santuario, ese era el corazón y era el todo.

Con el Padre Ariza,-no estoy aquí para juzgar ni en positivo ni en negativo-, con el Padre Ariza se da una transición, el centro de gravedad se traslada a Bogotá, y muy pronto surge otro centro apostóĺico que empieza a congregar cada vez más las fuerzas de los padres, se llama: Universidad Santo Tomás, como obra apostólica, quiero decir.

Si ustedes miran la historia del siglo XX en los dominicos de Colombia, ha sido como un desplazamiento del Santuario de Chiquinquirá hacia la Universidad Santo Tomás, ¿eso es bueno? Seguro que sí, pero dos cosas: estemos, por favor, muy seguros de que si estamos en la universidad, o en el colegio, o en el santuario, o en la parroquia, o en las misiones, estamos por Jesús y para Jesús.

Y segundo: tengamos también preparadas las valijas, las maletas, porque quizás haya que pensar en otras obras, quizás haya que imaginar otros estilos, quizás haya que decir: "Oye, este no es el único modo", y eso no significa que sea malo o que sea incompleto el servicio que se puede prestar en una universidad.

Bueno, todo esto pertenece a la audiencia restringida, pero Jesús luego ofrece una audiencia amplia, es lo que aparece en el capítulo veintiocho de San Mateo, es lo que aparece en el capítulo dieciséis de San Marcos: "Id y anunciad el Evangelio a todas las naciones, anunciad el Evangelio a toda la creación" San Mateo 20,19; San Marcos 16,15. Puede añadir aquí entre los textos Romanos, capítulo ocho: "La creación entera, expectante, aguarda la manifestación de los hijos de Dios" Carta a los Romanos 8,19.

Qué mejor manera de terminar estas reflexiones sobre la misión. Darnos cuenta, que aunque haya esta evangelización restringida, que mira ante todo a los que ya están preparados, también hay que pensar en una evangelización procesual que tiene que ver con la predicación extendida. Fíjate el paralelo: si la audiencia restringida alude sobre todo a la predicación propiamente dicha, la audiencia amplia, la audiencia amplísima alude a la predicación extendida.

Es decir, necesitamos también en la Iglesia y necesitamos también en la Orden, personas que estén pensando y soñando esto, personas que tengan la capacidad de decir: "Oye, es que realmente todo debe quedar impregnado de Cristo". Ese fue el lema de un Papa de este siglo XX, ¿no?: "Instaurare omnia in Christo", "instaurar todo en Cristo", "todo ha de consolidarse en Cristo".

Ese anhelo, ese anhelo infinito que proviene y que brota, por supuesto, del amor, ese anhelo es el que caracteriza al verdadero evangelizador. ¿Con esto qué quiero decir? Y ahí terminamos. Con esto quiero decir, que aunque cada una de nuestras obras necesariamente restringida en su ejecución, cada una de nuestras obras en su intención debe mirar a la plena manifestación, al pleno señorío, a la plena glorificación del nombre de Cristo en todo cuanto existe.San Juan 6,44