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Fecha: 20010822

Título: Deja reinar a Dios a tu lado para que puedas reinar al lado de Dios

Original en audio: 15 min. 31 seg.


Hay que tomar una decisión: si predicamos a partir de las lecturas del miércoles de la semana 20 del tiempo Ordinario, o si predicamos en relación a la memoria que se hace hoy a Santa María Reina. Vamos a intentar esto segundo, con la ayuda del Señor.

Aunque no deja de ser un poco gracioso porque la Primera Lectura nos ha presentado una versión graciosa, una versión, diríamos, casi irónica sobre el reinado; de modo que no ha de faltar alguna alusión a esa lectura también.

Se reunieron para proclamar rey a Abimelec. El rey. Y entonces, aparece junto con la idea del rey, la crítica al rey

Ubiquémonos: estamos en el libro de los Jueces, eso es antes, mucho antes de Saúl, David, Salomón y los demás reyes de Judá e Israel. Este es un tiempo anterior.

Pero este tipo de crítica a los reyes y a los reinados, esta desconfianza, esta ironía volverá a parecer, porque cuando los Israelitas le piden a Samuel, profeta, que es el último de los jueces y en cierto sentido el primero de los profetas, por lo menos profeta que acompaña a un rey; cuando los israelitas le piden a Samuel: “Danos un rey” 1 Samuel 8,20, Samuel también obra con desconfianza y con un dejo de ironía.

Realmente, en la Biblia hay las dos versiones. Hay una versión de desconfianza hacia los reyes humanos, desconfianza hacia el ser humano cuando tiene poder y hay otra versión que es la del rey mesiánico, la del rey en cuanto ungido de Dios.

Por eso la Biblia tiene al mismo tiempo grandes ironías, grandes sarcasmos en cuanto a sus reyes y su reinado, pero tiene también grandes elogios sobre lo que puede ser un rey, especialmente sobre el reinado de David, y algo comparable sobre el reinado de Salomón.

Todavía se pueden encontrar algunos otros elogios para algunos reyes, aquellos que han sido fieles a Dios. Es muy interesante esto, porque en la Biblia están las dos cosas.

Está el canto de lo que significa un buen rey, que es más o menos lo que nos ha traído el salmo de hoy: “El rey se alegra por tu fuerza. Le has concedido el deseo de su corazón, le has bendecido con el éxito” Salmo 20,1-2.

La Biblia tiene tantos elogios, a los buenos reyes, pero tiene también una gran desconfianza sobre el ser humano cuando tiene poder. Yo creo que si la Biblia nos ha dejado esas dos versiones, nosotros tenemos que guardar las dos, y con esas dos versiones debemos acercarnos a la fiesta que estamos celebrando hoy en la Iglesia, porque hoy se trata no de un rey sino de una Reina.

¿Qué es lo que la Biblia elogia cuando elogia los reyes y qué es lo que la Biblia teme cuando teme a los reyes? Esas son las preguntas que nos pueden ayudar a aclarar nuestro pensamiento en este tema.

Es muy claro en el salmo, ese salmo mesiánico, ese salmo real, es muy claro lo que se elogia: se elogia la victoria del rey cuando tiene la bendición de Dios, es decir, del reino que importa lo que interesa es que es una bendición, que es un instrumento de bendición. Como le dijo Dios a Abraham: “Haré de ti una bendición” Génesis 12,3.

Lo que la Biblia elogia de los reyes es que son una bendición. Los buenos reyes son una bendición, son instrumento de bendición, ¿y como llegan a serlo?

Eso también lo responden los salmos y muchos otros textos, llegan a serlo cuando reciben, cuando se abren a recibir con absoluta, con total confianza la unción divina; cuando la palabra ungido, cuando la palabra mesías le queda bien a un rey, ese es un buen rey, mesías como sabemos, significa ungido.

Entonces, la teología del buen rey es un reino bueno, cuando se abre con humildad a la bendición de Dios, cuando la recibe con humildad, con fidelidad y entonces se hace capaz de transmitirla. Un buen rey es una buena bendición de Dios.

Esto tiene su importancia porque el poder siempre estará, siempre necesitaremos algún género de organización humana, también en la Iglesia, y por eso, la teología del rey bueno, no es otra cosa sino el espejo de los superiores y de los pastores.

Lo que se espera, lo que la Sagrada Escritura espera de un superior, de un pastor, de un predicador, de un prior, lo que se espera es eso: que de él se pueda decir: "Dios bendijo nuestra casa con la presencia de él", "Dios bendijo nuestra comunidad", "Dios bendijo nuestro camino", "Dios bendijo esta tierra", "fue un instrumento de bendición".

¿Por qué lo fue? Porque con su actitud humilde y sufrida, esos son los dos elogios que la Biblia hace de Moisés; era el hombre más humilde del mundo, nadie sufría tanto como Moisés; con su actitud humilde, con su actitud paciente, con su capacidad de padecer y de mantenerse fiel a Dios por encima de todo, se convirtió en una bendición.

Y qué es lo que la Biblia critica entonces de los reyes? ¿Por qué les tiene temor? ¿y por qué toda esa tradición de desconfianza sobre la realeza está expuesto, con cierta sorna, en la lectura de hoy? Nadie quería ser rey sino la zarza, la zarza fue la que admitió.

El olivo: "No, yo tengo que hacer, yo tengo lo que necesito para que me quieran y para ser útil" . "-Ah, entonces vamos con la higuera": "No, yo ya tengo, yo ya soy útil, ya sirvo a los demás". "entonces la vid", "No, tampoco, ya tengo";. "entonces la zarza", "Bueno, si ustedes quieren, entonces puede ser, puede ser que yo sirva como rey".

Esa ironía ¿qué demuestra? La zarza era para los semitas uno de los árboles más inútiles, no servía ni para leña, ni para fruto, ni para nada. De manera que la crítica es clara, lo que se está preguntando aquí, lo que se está diciendo es: Aspira, tiene ganas de ser rey el que no tiene otra cosa para ser útil, o para ser importante, o para ser amado.

El que tiene con qué ser útil, el que tiene con qué amar y ser amado, el que tiene con qué servir, no tiene ese género de codicia.

No es una crítica al superior por el superior, seamos firmes en nuestro pensamiento y démonos cuenta de lo que se critica: lo que se critica es la codicia, el deseo de poder. Usualmente el que quiere poder es porque no puede, porque si ya tuviera poder no lo codiciaría, pero como no tiene poder, como no puede, por eso lo codicia.

La gran crítica es esa, y esa es la misma crítica que va a hacer Samuel en un lenguaje menos enigmático, en un lenguaje mucho más abierto, eso es lo que va a criticar también Samuel: "Ustedes quieren un rey, bueno, yo les voy a contar qué es lo que va a hacer el rey: el rey va a tomar a los hijos de ustedes para el ejército de él y va a tomar a las hijas de ustedes para el servicio de su casa." 1 Samuel 8,11-13.

En últimas, con otras imágenes, lo que Samuel está diciendo, es que el rey va a terminar poniendo a las demás personas en servicio propio, en servicio de su gloria, de su honra, de su comodidad, de su seguridad.

Entonces así comprendemos que lo que se critica no es exactamente el poder, sino que lo que se critica es esa codicia del poder, ese deseo del poder que termina redundando en un beneficio propio: para mí, para mi comodidad, para mi seguridad.

Y esta es la idea que contempla Nuestro Señor Jesucristo en sus palabras cuando dice: “Sabéis que los poderosos se hacen temibles y quieren que todo el mundo los sirva" San Mateo 20,25, y etcétera.

Nos queda más o menos claro, pienso yo. ¿Cuáles son las dos versiones? ¿Qué es lo que la Biblia elogia en los buenos reyes? La apertura a Dios, la humildad, el deseo de ser empapados por su Espíritu, la capacidad de sacrificar su voluntad y sus ventajas, con tal de buscar la voluntad de Dios y el bien del pueblo; en vez de su voluntad, buscaron la de Dios, y en vez de sus ventajas, buscaron las del pueblo.

Ese es el elogio del buen pastor, del buen predicador, ese es el elogio de María hoy; y en los malos Reyes, ¿qué es lo que se ironiza y qué es lo que se critica? Que tiene codicia de eso, porque no sirven para nada más, y que con esa codicia terminan poniendo a la gente en servicio suyo, de manera que no buscan el bien de la gente, sino el propio, y no buscan la gloria de Dios, sino la propia.

Con ese pensamiento podemos comprender un poco qué significa ese misterio de María Reina. María Reina no es “pongámosle otra medalla en ese manto”, todavía le quedó un espacio sin medalla, pongámosle otra medalla, otra joya. No es “adornemos más a la Virgen”.

Tratemos de evitar ese espíritu en esta celebración, espíritu que puede darse. Hay una cierta devoción mariana que un poco va por ese lado: "Todavía le queda otra joya que no le hemos puesto, ahí le cabe, ahí se la ponemos".

Más bien, si a mí me preguntaran – a mí no me preguntan ni me van a preguntar- las lecturas deberían ser propias, las lecturas de María Virgen como Reina, deberían ser propias. De pronto, yo dejaría como primera la que está, o no sé, pero en todo caso sería muy bueno citar ese texto de San Pablo donde dice: “Reinaremos con Él” 2 Timoteo 2,12.

Ese es el sentido teológico de la fiesta de hoy. Es decir, si lo pensamos bien, es que nunca reina solo, es que reina con Dios; deja reinar a Dios a tu lado y por eso puedes reinar al lado de Dios.

Y ahí queda resumido todo, porque un mal rey es el que saca a Dios de su trono y su trono le parece muy chiquito para que quepa Dios y entonces quiere reemplazar a Dios.

El verdadero reinado, en palabras de San Pablo, es aquél que reina con, aquél que deja reinar a Cristo, y esa es la vida de María, y esa el la muerte de María, y esa es la gloria eterna de María, que reinó con. "Si padecemos con Él, sufrimos con Él, reinaremos con Él" 2 Timoteo 2,12, y esa fue la vida de María.

Vivió con; en Ella Jesús fue plenamente Emmanuel, fue plenamente Dios con Ella, y lo que le dijo el Ángel: "El Señor está contigo" San Lucas 1,28, eso se cumplió en ese día y en todos los días hasta su partida de este mundo. "El Señor está contigo" San Lucas 1,28, reinó con Cristo, vivió con Cristo, tuvo espacio siempre para Cristo.

Y nosotros aprendemos a descubrir la hermosa, profunda y fecunda dimensión cristológica de las fiestas marianas, que encontremos también, cuán cerca esta de nosotros y cuán cerca está esa devoción de la predicación, de la evangelización, junto con todos los cristianos.

Sigamos entonces nuestra celebración, y al recibir a Cristo Eucaristía, recibamos con Él su gloria, su reino, su majestad para vivir con Él, morir con Él y reinar con Él, como ya reina la Virgen María.