O156001a
Fecha: 19960720
Título: Todo lo que nosotros pedimos, se llama Jesucristo
Original en audio: 4 min. 28 seg.
¡Qué súplica tan conmovedora la que hemos repetido en el Salmo de respuesta en esta Eucaristía! "No te olvides de los humildes, Señor" Salmo 10,12.
Porque en todas las guerras, los muertos salen de los humildes y de los pobres. Cuando hay una epidemia, los primeros afectados, los pobres. Si hay una inundación, los primeros damnificados, los pobres. ¡Qué bueno pedirle a Dios esto! "No te olvides de los humildes, Señor" Salmo 10,12.
Porque el que tiene con qué, -tiene dinero, tiene poder, tiene influencia-, con eso se defiende. ¿Pero el que no tiene? El que no tiene inteligencia, el que no tiene fuerzas, el que no tiene amigos que le ayuden a pelear en el juzgado, el que no tiene plata para defender su causa, ése no tiene a nadie, ése tiene solamente a Dios.
De ahí el lamento del Profeta Miqueas: "¡Ay de los que meditan maldades!" Miqueas 2,1. Uno no puede pensar males, sin volverse malo. Afortunadamente, tampoco es posible pensar bienes y meditarlos de corazón, sin que cambie ese corazón y se vuelva bueno.
Lo cierto del caso, es que nuestros males siempre son males contra alguien. Porque aunque tú pensaras simplemente en algo para ti mismo, -por ejemplo, el que se droga: "Yo no le estoy haciendo mal a nadie"-, estás privando de tus bienes a otras personas. Les estás robando de tu tiempo, de tu amistad, de tu ayuda.
Pensemos en la persona egoísta: "¡Yo no me meto con nadie! ¡Que nadie se meta conmigo!" Esa persona le hace mal a los otros. "¿Pero como así que les hago mal, si no les hago nada?" Pero es que el que no hace bien, hace mucho mal.
Dejar de hacer bien en esta tierra, tan llena de necesidades, dejar de hacer bien, dejar de preocuparse por el otro, dejar de atenderlo, dejar de ayudarlo, es lo mismo que hacerle un gran mal.
Decía un Santo Padre: "El que no alimenta al hambriento, lo mata de hambre". Algo parecido hay que decir aquí: "El que no auxilia al necesitado, le hace el mal de dejarlo sin ayuda en el momento en que la necesitaba".
"No te olvides de los humildes, Señor" Salmo 10,12, hemos suplicado en el Salmo. Y Jesús es como la respuesta de todas las oraciones de todos los siglos. Jesús es la respuesta de Dios a todas nuestras súplicas.
En el fondo, todo lo que nosotros pedimos, se llama Jesús. Que venga su Reino, que se haga su voluntad, que nos perdone los pecados, que nos dé el pan de cada día, todo se llama Jesús.
Y Jesús no se olvida de los humildes. "Los fariseos quieren destruirlo. Él se va, pero donde Él está, va curando a todos" San Mateo 12,14-15 "Él es el Siervo, el Elegido, el Amado, el Predilecto" San Mateo 12,17-18, como había profetizado Isaías.
Él es la prueba de que Dios no se ha olvidado de los humildes. Cuando estamos así, así como tan marginados a veces, como tan limitados, hay que volver los ojos a Dios, hay que decirle que no se olvide de los humildes, y hay que recibir a Jesucristo, que es la respuesta a nuestra oración.