O215002a
Fecha:2000901
Título: Podemos confiar y contar radicalmente con el amor que Dios nos tiene, porque es un amor de misericordia
Original en audio: 14 min. 16 seg.
Dice el Apóstol Pablo que el centro de su predicación es la Cruz de Cristo, no es tanto un asunto de ideas brillantes, no es tanto un asunto de resultados espectaculares.
Ideas brillantes es como la sabiduría que andaban buscando los paganos, que les encantaban las escuelas filosóficas. Resultados espectaculares es una manera que tengo para nombrar a esas señales o a esos signos que estaban esperando los judíos.
Los judíos esperan señales, lo griegos, una manera de hablar de los no judíos, esperan sabiduría. Y resulta que lo que Pablo presenta es la Cruz de Cristo, que parece lo más absurdo y lo más inútil.
O sea que si los griegos estaban buscando sabiduría, se les presenta una cruz que representa una cosa absurda; y si los judíos estaban esperando grandes señales espectaculares, aquí les presentamos más bien a una señal, pero señal de impotencia.
Ya hemos hablado en alguna ocasión sobre la Cruz y sobre el amor que se revela en la Cruz. Yo quisiera destacar en esta ocasión sobre ese aspecto de absurdo que tiene la Cruz. Podemos decir que Cristo Crucificado es un absurdo, es una locura, pero es una locura que viene a corregir otra locura, la locura del pecado.
El hecho de que nosotros renunciemos a Dios para amarrarnos a nuestra opinión, o para amarrarnos al placer que nos ofrecen las creaturas; el hecho de que le demos la espalda a Dios, ¿no es un gran absurdo? Pues ese gran absurdo, Dios lo sana con otro absurdo todavía mayor.
¿No es todavía más absurdo que Dios, que no necesita de nosotros, salga a buscarnos? Es ilógico que nosotros, que le necesitamos, le demos la espalda, pero es todavía más loco, es todavía más absurdo que Él, que no nos necesita, venga por nosotros.
Y así, obtenemos un pensamiento que es sumamente saludable: si hay locuras en el mundo, y si hay absurdos en el mundo, pues también en el mundo está el absurdo y la locura de la Cruz. Y ese absurdo maravilloso, ese despliegue de amor que va más allá de toda razón, es la fuente de nuestra esperanza.
Eso es lo que está predicando Pablo: que haya a favor de nosotros un amor que va más allá de todas las razones. Esto es muy importante tenerlo claro. El amor que Dios me tiene, el amor que Dios te tiene es una amor más allá de todas las razones, porque el amor que tiene sólo razones, es un amor que tiene límites.
Si Dios nos amara, porque nos portamos bien, entonces cuando nos portamos mal, deja de amarnos; si Dios nos ama, porque le servimos con gusto, entonces cuando le servimos a disgusto o no le servimos, deja de amarnos.
Pero si el amor de Dios está por encima de todas las razones y va más allá de todas las razones, ese amor desbordante que llamamos con esa palabra, "misericordia"; si el amor de Dios es así, entonces puedo contar con ese amor.
Y eso fue lo que manifestó Jesucristo a lo largo de toda su vida, y especialísimamente a la hora de la Cruz: "Puedes contar con el amor de Dios. Tienes derecho a contar con Dios.
No importa lo que haya sucedido en tu vida, no importa lo que tengas muy dentro de tu corazón como dolor, como herida, como culpa, puedes contar radicalmente con el amor de Dios, porque el amor de Dios es un amor hasta el absurdo, es un amor hasta el extremo. Puedes contar con ese amor.
Y esa es la noticia del Evangelio. ¿Evangelizar qué es? Evangelizar es extender esa noticia, esparcir esa noticia, regar esa semilla, darle a todas las personas la certeza de que siempre, siempre pueden contar con el amor misericordioso de Dios. Siempre.
Surge una pregunta: ¿No será que esa manera de ver las cosas es un poquito peligrosa? ¿No será que si empezamos a predicar eso la gente se va a aprovechar? Porque entonces, si siempre está el amor de Dios ahí, y si la misericordia del Señor es infinita, ¿no correremos el riesgo de pronto de que la gente empiece a aprovecharse de cualquier manera y diga: "Bueno, pues, como Dios es tan grande"?
Hay el caso, por ejemplo, de algunos artistas que mencionan mucho a Dios. Hay un famoso cantante vallenato que habla mucho de Dios, "y que Dios te bendiga, y Dios para arriba, y Dios para abajo, y el amor de Dios", pero ciertamente, pues, por lo que alcanzamos a ver, la vida de este vallenato no es una vida de acuerdo con el Evangelio.
Entonces nos hacemos esa pregunta. Sí, la misericordia de Dios es infinita y está para todos, pero cuando una persona pretende manipular esa misericordia, cuando una persona pretende utilizar esa misericordia, digamos de una manera irresponsable, ¿cómo obra Dios en ese caso? La persona que peca y vive de cualquier manera y: "No, como Dios es misericordioso", ¿cómo obra Dios en ese caso?
Pues es importante que nosotros sepamos o que recordemos lo que nos dice el Apóstol Pablo: "Si nosotros le rechazamos, Él nos rechazará. Si nosotros le somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede desmentirse a sí mismo" 2 Timoteo 2,12-13.
Dios no va a cambiar su tónica de misericordia, no la va a cambiar. ¿Y si la gente se aprovecha de eso? Dios no va a cambiar su tónica de misericordia, aunque la gente se aproveche de eso.
Y entonces ¿qué ventaja tiene el ser bueno o el tratar de vivir de acuerdo con Dios si al fin y al cabo esa misericordia, ese amor está para todo el mundo, entonces qué saca? El que vive bien. ¿Qué saca?
Mire, es un problema muy difícil de resolver ese, muy difícil. Lo que podemos decir es que la obra de la misericordia, que es un amor gratuito, engendra en nosotros un amor que también es gratuito. El que es bueno y está llevando cuentas de todo lo bueno que es, no ha empezado a conocer la misericordia.
Si una persona siente que Dios le tiene que pagar todo lo bueno que es, y está llevando cuenta de todos los esfuerzos que hace por ser bueno, no ha empezado a conocer lo que significa realmente la misericordia.
Entonces, ¿cómo es que obra Dios? Pues obra simplemente así: es bueno, y es piadoso, y es misericordioso, ¿y qué? ¿y entonces que el mal reine y que cada uno haga lo que se le dé la gana? Hasta allá sí tampoco. Porque la misericordia de Dios no está desprendida de la sabiduría de Dios, ni está desprendida de la justicia de Dios.
Entonces, la misericordia de Dios no deja de obrar en las personas que se burlan de esa misericordia o que la utilizan mal. Pero esa misericordia divina adquiere otros rostros. Es más o menos lo mismo que hace un papá.
El papá quiere entrañablemente a su hijo, el papá quiere tratar a sus hijos siempre con el cariño, con la dulzura, con la ternura, con la caricia, pero el muchachito a veces no entiende ese lenguaje.
Cuando el papá tiene que obrar ciertas cosas con ese hijo, como por ejemplo, tiene que hablarle un poquito fuerte, de pronto hasta tiene que reprenderlo, tiene que castigarlo, ¿vamos a decir que el papá dejo de amar al hijo? No. ¿Vamos a decir que al papá se le acabó la compasión por el hijo? No.
El papá ama entrañablemente a su hijo y siempre quisiera tratarlo en un régimen de caricias, de cercanía, de ternura y de dulzura, pero a nombre de ese mismo amor a veces tiene que utilizar lenguajes distintos, y eso es lo que hace la misericordia de Dios.
Cuando nosotros abusamos de la misericordia de Dios, la misericordia no desaparece, ni tampoco es para que nosotros nos pongamos del lado de los buenos y empecemos a decir: "Yo, que he sido tan bueno, Dios tiene que llevarme cuentas de esto y tiene que caerle la justicia sólo para los malos".
Sino tenemos es que pensar que la misericordia inagotable de Dios llega a buenos y malos, y muchas veces, con unos y con otros, también con nosotros, esa misericordia adquiere un rostro diferente. Porque Dios muchas veces, por decirlo de esta manera,no encuentra otro modo de despertarnos a una vida verdaderamente en amistad con Él.
Dios sabe de qué estamos hechos, y Dios sabe que el ser humano es obstinado, es terco, y que estamos hechos de tal manera y el pecado nos destruyó de tal manera, que muchas veces son los problemas los que nos acercan a Dios, ¡qué vamos a hacer!
Entonces Dios hace una providencia, ojo, una providencia también de los males, también de los problemas, también de las heridas, las enfermedades, las caídas, las humillaciones, también eso está en la majestad divina.
Por favor, no pensemos que cuando llegan los problemas a nuestra vida fue porque Dios se alejó. A veces, la mejor visita de Dios son los problemas, las enfermedades, las tentaciones, las caídas, en fin, todas esas cosas con las que de pronto nosotros como que nos despabilamos, salimos de ese sueño egolátrico: "Yo lo puedo todo, yo lo logro todo".
Cuántas veces nos ha pasado que toda esa prepotencia que a veces teníamos ante Dios, a a partir de una enfermedad, a partir de una quiebra, a partir de una traición, a partir de una humillación, como que se nos acaba esa prepotencia, se nos acaba esa altivez, y encontramos el camino para una amistad renovada con Dios.
¿Qué quiere decir eso? Que la misericordia de Dios también hizo esa providencia especial, que nos llevó a pasar por tierras del desamparo, de la tristeza, de la enfermedad, de la humillación, de la caída; ahí también estaba obrando la misericordia de Dios.
Este es el mensaje, pues, para el día de hoy; un mensaje en dos partes. Primera, que la esencia del Evangelio es misericordia, la esencia del Evangelio es algo que está más allá de toda sabiduría, y hay que regar por todas partes una noticia: Dios nos ama y nos ama, nos ama y nos ama incondicionalmente, más allá de toda condición, de todo pasado, nos ama. Eso debe quedar claro.
Y segundo, lo que hemos hecho es responder a una preguntica que de pronto podría surgir por ahí: ¿Y con los malvados y con los que pretenden aprovecharse de esa misericordia entonce qué?" Respuesta: Dios no deja de tener misericordia, pero sí le da distintos rostros a esa misericordia.
De acuerdo con su sabia Providencia, le va dando un rostro especial a esa misericordia, para que la persona pueda llegar hasta Él.
¡Y es impresionante! Se los dice una persona que ha visto muchas vidas, -y todas las que me faltará por ver-, es impresionante cómo se las arregla Dios para traer de nuevo a su ovejitas, y para bajarnos de todas esas mentiras en las que nos han metido: las ideologías ateas, el mundo que se olvida de Dios...
Yo no sé, Dios se las arregla para irnos trayendo, y a veces por caminos tan extraños, pero nos va trayendo, nos va trayendo donde Él y volvemos como el hijo pródigo.
Quién va a negar que hubo misericordia en el caso del hijo pródigo, y a ese le tocó hasta comer comida de marranos, pero allá, en esa comidita de marranos, allá estaba también la misericordia de Dios, y allá él estaba descubriendo a Dios.
Y volvió por ese camino, y volvió y encontró el abrazo del padre, y entonces Dios pudo restablecer con él un lenguaje maravilloso, ese lenguaje que también quiere tener con nosotros.
Sigamos esta celebración. Apreciemos, degustemos la misericordia divina, y propaguemos por todas partes la noticia de este amor sin límites.