Nde2001a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 15:51 6 dic 2011 de Fraynelson (Discusión | contribuciones) (Texto reemplaza - 'Category:' a 'Categoría:')

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19980106

Título: La Biblia responde nuestras preguntas mediante hechos

Original en audio: 11 min. 39 seg.


La primera Carta de Juan utiliza varias veces la expresión: "En esto consiste" 1 Juan 4,10; 1 Juan 5,3; 1 Juan 5,9, como un filósofo que fuera a dar la definición de una cierta realidad, o de un cierto concepto.

Uno escucha, por ejemplo, el día de hoy, que dice: "En esto consiste el amor" 1 San Juan 4,10. Nos va a dar como la esencia del amor, pero lo que uno se encuentra, no es una definición de filósofo, sino una historia. Lo que uno se encuentra es una narración.

La filosofía surgió como un intento de superar las narraciones. Allá los antiguos griegos tenían narraciones para explicar las cosas. Todo lo explicaban por medio de mitos, de historietas: "¿Por qué el mundo es como es? Porque resulta que Zeus peleó con Hera; resulta que Gea se acercó a Cronos". Todos eran mitos, todas eran historias.

En cambio los filósofos quisieron dejar atrás esas historias, y quisieron llegar como a argumentos, a conceptos, a leyes, a principios, que no dependieran de ninguna persona. Y entonces se pusieron a buscar la Arjé, el principio fundamental explicativo de todas las cosas.

Ahora resulta que el Apóstol San Juan, cuando va a hablar, por ejemplo, del amor, no dice: "El amor es aquella característica, o cualidad, o sustancia, o accidente,...". No tiene una filosofía, no tiene una teoría sobre el amor, sino "la esencia del amor es esta historia, lo que sucedió aquí".

Se parece al modo de hablar de Jesús. Cuando le preguntan a Jesús: "¿Quién es mi prójimo?" San Lucas 10,29, Jesús no entra en una disquisición, en una teoría sobre cuántos metros tiene que haber para que yo le considere prójimo, o cuántos días tengo que estar con una persona, para que se vuelva mi prójimo, o qué grado de parentesco tengo que tener, o cuántos trabajos tenemos que haber hecho juntos, para que sea mi prójimo.

¡No! Jesús no da una serie de normas, o de leyes, o de teorías sobre el prójimo. No hace eso, sino, ¿qué hace? Seguramente lo recordamos; echa una historia: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y por el camino unos salteadores lo acometieron, lo atracaron, lo robaron..." San Lucas 10,30, y todo lo demás de aquella historia.

Y al final termina preguntando: "Bueno, entonces ¿quién obró como prójimo? San Lucas 10,36. Todo el mundo llega a la misma respuesta: "Pues aquel buen samaritano; ése fue el que obró como prójimo" San Lucas 10,37, Entonces dice Jesús: "Véte tú, y haz lo mismo" San Lucas 10,37.

Estas reflexiones, me parece que nos muestran como el modo concreto y al mismo tiempo universal de la revelación de Dios en Jesucristo. Es universal, porque todo el mundo tiene prójimos. Pero es concreto, porque lo que hace Jesús es mostrar a alguien obrando con su prójimo, para que yo también obre con mi prójimo.

Y esto es lo que sucede en la primera Carta de Juan. El amor no es una teoría sobre el amor, sino es un hecho de amor: "En esto consiste el amor, en que Él, Dios, nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados" 1 Juan 4,10.

Entonces, ¿qué es amar? ¿Es un sentimiento? ¿Es una cualidad? ¿Es una pasión? ¿Es un don del Espíritu Santo? ¿Qué es amar?

Pues si queremos responder, qué es algo, o en qué consiste algo, entonces la respuesta de la Biblia es: "Mira, hay estos hechos, hay esta historia. Esto sucedió, y eso que sucedió, eso es lo que le da el nombre a la palabra amor". Es maravilloso y es profundamente liberador, sobre todo con esta palabra, con la palabra amor.

Vamos a aplicar eso en un par de ejemplos cortos, y usted verá cómo funciona de bien. Supongamos que yo tomo aquel mandamiento del Señor Jesús: "Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen" San Mateo 5,44.

Muchas personas hemos sentido quizá, que nos volvemos un muro con un mandamiento como ese: "¿Yo qué puedo hacer para amar a mi enemigo? Si precisamente es mi enemigo, quiere decir que yo no me lo soporto, que seguramente él tampoco me soporta, que preferiría que desapareciera del planeta, y ojalá lo situaran unas cuantas galaxias más allá de la porra. Me siento profundamente contrariado cuando estoy con él."

Entonces amar a mi enemigo, ¿qué es? "Pues amar a mi enemigo será una gran hipocresía, porque será hacerle cara de ponqué, y presentarme con que, sí... . Eso es pura hipocresía. Luego Jesús me está invitando a que yo sea un gran hipócrita, y yo no quiero ser un hipócrita.

Por tanto, lo más honrado, lo más honesto, es que si aparece mi enemigo, yo le haga la cara que se merece. La cara que se merece es ésta, y esa es la cara que yo le voy a hacer."

Si una parte de que el amor es lo que yo esté sintiendo, el precepto del Señor no se puede cumplir. Porque amar al enemigo entonces, ¿qué es? Cambiar el sentimiento. ¿Y acaso los sentimientos se cambian como cambiar una emisora? ¿Como mover un interruptor de la luz? Eso no se puede.

Amar al enemigo en cambio, sí se entiende aquí: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios",-ese no es el comienzo de la historia-, "sino en que Él nos amó, y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados" 1 Juan 4,10.

El amor consiste, ¿en qué? ¿En qué consiste? Que "Dios envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados" 1 Juan 4,10.

Probablemente, si yo me sumerjo en ese hecho, -es un hecho, no es una palabra, sino un hecho sucedido en nuestra carne, en nuestra historia, en nuestro mundo de hechos-; si yo me sumerjo en ese hecho de que Cristo fue enviado por Dios como víctima de propiciación por nuestros pecados, de ahí me sale toda una meditación.

Por ejemplo dice aquí: "Por nuestros pecados" 1 Juan 4,10. ¿Y cuáles son nuestros pecados? Seguramente no son sólo los míos; seguramente son también los pecados de ése, o de ésa, que me cae tan mal. Dios envió a su Hijo como víctima de propiciación por mis pecados y por los pecados de ése que me cae tan mal. ¿Ves cómo ya se empieza a mirar distinto al enemigo?

Por otra parte, si yo soy un pecador, y si Dios envió a su Hijo precisamente para sanarme, quiere decir, que yo soy como un enfermo en un hospital. ¿Y qué sentido tiene que un enfermo en un hospital, se queje ante la dirección del hospital de por qué reciben a otro enfermo? Es ridículo, claro.

Yo no me puedo quejar ante Dios de que amara a mi enemigo, de que Él, Dios, amara a mi enemigo. No me puedo quejar. Por consiguiente, tengo que llegar a una conclusión. Ante Dios, mi enemigo y yo estamos en el mismo hospital. Ambos hemos sido recibidos, ambos hemos sido acogidos por el mismo Dios. ¿Te das cuenta de cómo se va haciendo posible el amor sin hipocresías y sin cerrar los ojos?

"En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios..." 1 Juan 4,10. El gran miedo nuestro a amar, es el miedo a no tener de dónde sacar amor.

¿De dónde voy a sacar yo amor? Y resulta que toda la vida cristiana es una vida de amor. Por ejemplo, las indecisiones en la perseverancia, perseverancia en el matrimonio, perseverancia en la vida religiosa, todo lo grande, todo lo santo, requiere perseverancia; pero toda perseverancia requiere amor. ¿Y de dónde voy a sacar yo el amor? ¿De dónde saco amor?

Entonces uno habla, por ejemplo, con personas que han pensado en ingresar a la vida religiosa. Y dice: "Mira, es que yo quisiera dar un paso, pero yo no quiero devolverme". Yo le preguntaría a la persona: "¿Pero es que usted cree que hay un camino, que le garantice que usted no se va a devolver?"

En el fondo, ¿cuál es el miedo de esa persona? "¿Cómo sé yo, que de aquí a diez años voy a seguir sintiendo entusiasmo, o alegría por ese camino?", pregunta. "Si usted cree que el amor va a ser entusiasmo y alegría, usted no ha ido a la primera Carta de Juan". Porque aquí se dice: "No en que nosotros hayamos amado a Dios..." 1 Juan 4,10.

Es que usted no es la fuente; usted es un beneficiario del amor. ¡Un beneficiario! Y usted, como beneficiario, o como beneficiaria del amor, puede aplicarse este texto, puede unirse al acueducto de la gracia, puede enchufarse a la corriente del amor, y a usted no le van a faltar pilas nunca.

Por más pilas que usted se ponga,´por más pilas que usted tenga, a usted se le pueden acabar las pilas. Pero si usted está enchufado a la corriente, si usted está unido al acueducto, usted es inagotable. Entonces, no hay por qué temer; entonces, deje ese miedo, y adelante, porque usted tiene una fuente de amor cerca.

Bueno, es profunda sabiduría este modo de hablar del Apóstol San Juan. Nosotros nos vamos a unir en la Eucaristía a esta fuente de amor, y a dejar de pensar tanto en lo que nosotros hacemos, en lo que nosotros hemos dejado de hacer, en lo que nosotros tendríamos que hacer.

Hoy, como que la liturgia nos invita a mirar lo que Él ha hecho, lo que Él ha querido hacer y lo que Él quiere seguir haciendo con cada uno de nosotros.