Msan004a
Fecha: 19990330
Título: La traicion de Judas es como una grieta por la cual broto el infinito amor de Jesucristo por nosotros
Original en audio: 17 min. 47 seg.
La Palabra de Dios es profunda, es inagotable, siempre es profunda y siempre es inagotable; pero hay pasajes, que por los misterios tan grandes que enseñan, se convierten como en abismos, abismos insondables del misterio de Dios.
Indudablemente, la muerte de Jesucristo, su descenso a lo más profundo de la miseria humana, en esas condiciones de rechazo, de traición, de tortura, pero también en esas condiciones de generosidad y de amor sin límites, esa muerte de Cristo, digo, es el misterio de los misterios.
Y por eso, a medida que se van acercando esos días santísimos, también nosotros, con la bondad de Dios, tenemos que preparar nuestro entendimiento y abrirlo al máximo como apetito, porque Dios nos va a dar su pan.
Abramos amplio el espacio a Dios y digámosle, con humilde corazón, aquello del salmista: "Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia" Salmo 122,2.
Fijemos así nuestros ojos en Él, fijemos así en Él nuestro corazón, nuestros ojos en sus manos, de donde vamos a recibir el Pan de la Vida, el alimento de la eternidad, y pidámosle, con un corazón humilde y enamorado: "Señor, ábrenos los tesoros de tu revelación, de tu amor".
Supliquémosle, con el alma llena de fe, llena de esperanza y llena de amor, supliquémosle: "Si es tu voluntad, que yo pueda asomarme un poco mejor al abismo de tu amor, concédemelo, Padre; concede que yo pueda mirar un poco más, que yo pueda valorar más, que yo pueda recibir un poco más de ti, si es para mayor gloria tuya".
Con esos sentimientos, hasta donde son posibles, nos acercamos a este texto del evangelio de Juan; ya se sitúa la escena en la Cena de despedida, ya estamos en esa Última Cena, la misma que está grabada en el corazón del pueblo católico precisamente por la celebración de la Santa Misa.
Y en esta escena, yendo con nuestro corazón y situándonos en ese banquete, escuchemos la palabra terrible que dice Jesucristo: "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar" San Juan 13,21.
Esa expresión, "os aseguro", San Juan 13,21, aparece muchas veces en los Evangelios, parece que era un dicho de Jesús, y luego decía: "amén", "amén", "(en griego)" así es la traducción en griego; "amén, amén, dico vobis", dice en latín, de nuevo con la palabra "amén", suele traducirse en castellano por: "En verdad os digo".
La palabra es "amén", que es la palabra hebrea para referirse a lo que es seguro, a lo que es firme. "Os aseguro" San Juan 13,21, "es firme, está comprobado", dice Jesucristo. Y lo dice profundamente conmovido: "Uno de vosotros me va a entregar" San Juan 13,21.
Este verbo "entregar" también tiene su sentido, porque lo que Cristo quiere hacer es entregarse, y lo que va a hacer el traidor es entregarlo; la palabra "traidor" viene del latín "tradere", tradere significa eso, entregar, pero también puede significar traicionar, cuando se entrega al amigo en manos de los enemigos.
Y lo mismo sucede con la palabra griega "paradidomi", que significa eso, entregar, pero puede ser entregar el mensaje de salvación, o puede ser entregar el Salvador en manos de sus enemigos.
Ese verbo está muy bien escogido ahí: "Uno de vosotros me va a entregar" San Juan 13,21. Es como si dijera al mismo tiempo: "Uno de vosotros me va a traicionar", pero como si dijera: "A través de uno de vosotros yo me voy a entregar".
Es un misterio muy grande el que está en esa sola palabra "paradidomi", "uno de vosotros me va a entregar" San Juan 13,21.
Los discípulos se miran perplejos, no sabían de quién lo estaba diciendo, pero sí sabían a qué se estaba refiriendo. Ellos sabían que hacía bastante tiempo había un pacto, un complot, una persecución sorda, a penas contenida contra Cristo.
Pero esa persecución no lograba su propósito de eliminar a Jesús, ¿por qué no lo lograba? Porque el pueblo tenía a Cristo por profeta; una acción violenta contra Cristo podía suscitar una revuelta, una rebelión masiva.
Y el pueblo judío era un polvorín, y cualquier revuelta se convertía en pretexto para destruir todo poder, para alzarse en guerra de guerrillas, y por consiguiente, para causar la destrucción misma del país. De ese tamaño eran las cosas.
Entonces, los enemigos de Jesús, aunque lo odiaban, sabían que era necesario prenderlo con astucia, la única astucia posible era la traición de uno del grupo, era que uno del grupo le entregara.
Juan Pregunta: "¿Quién es?" San Juan 13,25. Y Jesús responde por medio de un gesto: "Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado" San Juan 13,26, y se lo da a Judas Iscariote.
Es patética la palabra del Evangelista: "Detrás del pan entró en él Satanás" San Juan 13,27. Ya en este momento del evangelio como que cada cosa empieza a decirse por su nombre; esa obra de la traición de Jesucristo será el intento último, el intento máximo de Satanás por destruir a este Jesús
"Detrás del pan entró en él Satanás" San Juan 13,27. Una obra de las tinieblas. Dice el Evangelista: "Era de noche" San Juan 13,30, no sólo era de noche por la hora, era de noche sobre todo porque las tinieblas se habían aposentado en el corazón de Judas.
"Era de noche" San Juan 13,30. Pero hay una pregunta que nos hacemos, una pregunta que yo quiero hacer con la humildad del que quiere recibir alguna luz de Dios, que Dios nos libre de la simple curiosidad, la Palabra de Dios no es para curiosidad, la Palabra de Dios es para amor reverencia y adoración.
¿Qué significan esas palabras que Cristo le dice a Judas? "Lo que tiene que hacer, hazlo enseguida" San Juan 13,27. ¡Y Judas hizo caso! "judas, después de tomar el pan, -nos dice el texto-, salió inmediatamente" San Juan 13,30.
¿Qué quieren decir esas palabras del Señor? Preguntémoslo, repito, con sencillez y con humildad. No nos cabe en la cabeza que Cristo estuviera retando a Judas, que lo estuviera provocando. ¡No sé, es tan misterioso todo esto!
¿Por qué eligió, -es la pregunta que nos hacemos, por qué eligió a uno que podía traicionarlo? ¿Por qué escogió una grieta en ese grupo, que era su grupo, que eran sus discípulos, ¿por qué escogió una grieta ahí? ¿Por qué Jesús admitió una obra de Satanás tan cerca, tan cerca de Él?
Si Jesús, como leímos tantas veces en el Evangelio, tenía y tiene poder para erradicar las obras del demonio, ¿por qué permitió esta obra? ¿Por qué esta grieta? Y vuelvo a la pregunta: ¿qué quiere decirle Jesús a Judas ese lenguaje? "Lo que tienes que hacer, hazlo enseguida" San Juan 13,27.
¿Qué le quiere decir Él con eso? "Hazlo enseguida" San Juan 13,27. ¿Qué hubiera pasado? ¿No era más conveniente precisamente en ese momento haberle dicho: "¡Párate y piensa qué estás haciendo!"? ¿No hubiera sido mejor como decirle: "Reflexiona, descubre qué es lo que vas a hacer"?
Es muy difícil entender esa frase de Nuestro Señor. "Cuando salió Judas, dijo Jesús: "Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él" San Juan 13,31.
Mis amigos, a mí me gusta comparar a Judas como con una grieta, una grieta dentro del grupo de los Apóstoles. Porque, efectivamente, si no hubiera habido esa grieta, si el grupo hubiera permanecido plenamente compacto, los Sumos Sacerdotes no hubieran podido prender a Jesucristo.
Los Sumos Sacerdotes cuidaban demasiado sus privilegios y demasiado de esa paz, paz como lo que da el mundo, no paz como la que da Cristo, esa paz que es: "Evitemos el conflicto con los romanos y dejemos que las cosas pasen".
Cuando un vaso, por ejemplo, tiene una grieta, se desocupa lo que echemos ahí; una grieta hace que se desocupe el recipiente. Ahora yo te hago esta pregunta: supónte que te presente un recipiente que tiene una grieta, que por consiguiente escurre lo que se le echa, pero que no se desocupa, tu dirías: "Aquí hay un milagro, aquí hay un prodigio, aquí hay algo extraño".
¿Tú te acuerdas cómo se le mostró Dios a Moisés? Era una Zarza que ardía, que iluminaba pero que no se consumía; tiene su parecido la zarza de Moisés con el vaso agrietado; un vaso que derrama sin cesar agua, y que nunca se desocupa, es un milagro, como una zarza que arde y que nunca se consume.
Si el vaso no tiene ninguna grieta, a ti no te llama la atención ni ves nada extraño ahí, simplemente dirías: "Tiene el agua que tiene", pero lo milagroso, lo prodigioso, lo maravilloso del vaso aparece cuando se agrietas y cuando nunca se desocupa. Yo creo que esa es la clave.
Jesús quiso un grupo agrietado, así como quiso una humanidad, un cuerpo que era susceptible de ser herido; Cristo no asumió una naturaleza humana impermeable, no asumió una naturaleza humana impenetrable; golpeado por el látigo, brotó sangre; su naturaleza era frágil, y brotó sangre entonces.
Así como su naturaleza humana podía ser rota, y fue rota, así también su grupo de amigos podía ser roto, y fue roto, roto por la codicia, roto por el odio, roto por Satanás, o roto por todo eso, pero podía ser roto.
Lo importante es que las rupturas de su piel se llaman llagas, y esas llagas nos muestran a Jesús que no se desocupa, es decir, que vierte su sangre sin dejar de amar; nos muestran una zarza que arde y que no se consume; un vaso que se derrama pero que no disminuye.
Con esto estoy diciendo que la traición de Judas es como esa grieta por la cual salió y salió amor; Jesús nunca dejó de amar a Judas, no importa cuánto se hubiera ido, no importa que Judas se hubiera internado en las tinieblas, hasta allá lo buscó el amor de Jesucristo.
Y de ese modo, la ruptura por el lado de Judas, nos mostró que el amor de Jesucristo era infinito. Así como las llagas del cuerpo de Cristo nos mostraron le amor inagotable de Cristo, así la traición de Judas nos mostró el amor inagotable de Jesucristo; nos mostró que el vaso, aunque estuviera agrietado, jamás se desocupó; es decir, nos mostró la divinidad.
La manera como aparece la humanidad en la divinidad es sobre todo en la Pasión. Cuando Moisés vio la zarza que ardía y no se consumía dijo: "Esto es de Dios"; cuando nosotros vemos la piel de Cristo rota, y sin embargo, llena de dulzura, llena de amor, llena de perdón.
Cuando nosotros vemos la traición de Judas, descubrimos esa grieta y vemos que Cristo nunca se desocupa, decimos: "Él es Dios", "esto es de Dios", "esto no tiene duda".
Por eso, Jesús, aunque esté profundamente conmovido, no detiene el curso de los acontecimientos, porque ahí se va a glorificar, por eso eso dice el texto: "Ahora es glorificado el Hijo del hombre" San Juan 13,31; "ahora que se va a abrir una grieta, ahora que va a salir todo mi amor, ustedes van a darse cuenta que verdaderamente yo amo hasta el infinito, por eso va a ser glorificado el Hijo del hombre.
Judas tenía prisa: "Salió inmediatamente" San Juan 13,30;Jesús tenía prisa: "Lo que vas a hacer, hazlo pronto" San Juan 13,27; ambos tienen prisa. Cristo tiene prisa de que aparezca el infinito amor de Dios; Judas tiene prisa de concluir su negocio con los Sumos Sacerdotes.
Son dos prisas que se unen: la prisa de Satanás por destruir, y la prisa de Jesucristo por manifestar ese amor que supera esa destrucción; ambos tiene prisa, y finalmente será la prisa de Jesucristo la que termine por mostrar abierto el corazón de Dios y abierto el amor de Dios.
Se encontraron estas dos prisas, se encontraron estas dos urgencias, cada una con su propia intención, y de esa conjunción hemos aprendido nosotros que el que murió en la Cruz es infinito en su amor, que es verdaderamente Dios, que verdaderamente es el Ungido del Padre y que en Él hay amor para todos nosotros.
Nos quedará siempre la pregunta: Bueno, y aquél que lo traicionó, ¿qué pasó con él? ¿Qué pudo haber sucedido con él? Los elementos de que disponemos no nos dan una respuesta definitiva; parece muy probable, por la Sagrada Escritura, que el final de este traidor haya sido el final de aquél que lo estaba dirigiendo, es decir, el mismo final de Satanás; podría ser ése.
Pero parece que aún queda un rayo, aún queda una luz de esperanza, y en cualquier caso no quiero ser yo la primera persona, o no quiero ser yo otra persona que diga que Judas se condenó, no quiero decirlo de nadie, ni creo que nos corresponda a nosotros decir eso. Lo que sí nos corresponde decir es que, por esa grieta, Dios mostró todo su amor.
A Él la alabanza por los siglos.
Amén.