Co22001a
Fecha: 19980830
Título: La mirada de Dios no es como la mirada de los hombres
Original en audio: 19 min. 2 seg.
Queridos Hermanos:
Jesús no perdía oportunidad para predicar el Evangelio, si lo invitaban a comer, en la comida predicaba; si tenía que ir a una ciudad, en la ciudad predicaba; y si le crucifican, en la cruz predica; y se le meten al sepulcro, de ahí resucita vencedor para seguir predicando, para seguir contando que el amor está vivo, que Dios nos ama, que su amor es real para nosotros.
Por eso, hoy vemos a Jesús predicando en un banquete, en una comida. El Evangelista Lucas nos cuenta que se trataba de un sábado, la palabra "sabbath", en hebreo, significa descanso, es el día de descanso, y para los hebreos el sábado era el día del descanso, así como para nosotros es el domingo.
Para nosotros es el domingo, porque en un domingo resucitó Cristo; para ellos es el sábado, porque de acuerdo con la tradición, en una semana hizo Dios el mundo y después descansó de todas sus obras. En todo el mundo la semana tiene siete días, esto proviene del pueblo hebreo, y hay siempre un día de descanso.
Se trata del día de descanso y han invitado a Jesús a comer, pero resulta que hay cosas que no descansan, por ejemplo, los prejuicios sociales. Qué cosa tan seria que los prejuicios sociales y las ganas de ser el primero, eso sí no descansa. La gana de ser el primero, de que me tomen en cuenta, de ser yo el que mande la parada, eso sí no descansa.
Y Jesús, que tenía una sensibilidad extraordinaria para el amor de Dios y para la dispensación de la gracia de Dios, se da cuenta de que los convidados, aunque es sábado, no descansan en su pretensión de ser los primeros, es decir, no descansan en la búsqueda del reconocimiento humano, es decir, les interesa demasiado ser vistos y apreciados por la gente, y esa hambre de aprecio, de amor y de reconocimiento no tiene vacaciones.
Jesús quería que el sábado fura completo, Jesús quería que le diéramos descanso también a esas pretensiones, a esas ganas de reconocimiento humano, y entonces hace esa comparación y dice: “No hay que buscar los primeros puestos” San Lucas 14,10, esos primeros puestos son según la mirada de los hombres.
De modo que lo que estaba diciendo Cristo es: “Los primeros puestos, según la mirada de los hombres, no son los primeros puestos según la mirada de Dios”.
Porque, siguiendo su parábola, el que nos invita al banquete es Dios Padre, y Él tiene una mirada especial para reconocer quién está en el último puesto. y para Dios muchas veces esos que están en el último puesto, esos son los que están en el primer puesto de su corazón.
Y si nosotros tomamos la mirada de Dios, nos vamos a llevar muchas sorpresas, pero también vamos a descubrir muchísimos regalos.
Vamos a dar tres ejemplos pequeños, tres aplicaciones sencillas de esto de la mirada de Dios. A veces nosotros creemos: “Yo he sido un gran pecador”, “yo he estado muy alejado de Dios”, “a mí la religión nunca me importó mucho”, “¡Dios qué se va a fijar en mi!”
Esa persona, si ha escuchado este Evangelio, podría pensar esto: “sí, es cierto que he sido un gran pecador, es cierto que estoy en el último puesto". ¿Te acuerdas del fariseo y el publicano? El fariseo quería estar en el primer puesto, el publicano estaba en el último puesto.
Nosotros tal vez nos sentimos avergonzados por nuestros pecados: "He estado lejos de Dios", y tal vez cometemos el error de decir: “¡Dios qué se va a fijar en mi! Dios se fijará por allá en la gente piadosa, en la gente buena, en la gente santa".
¿Sabe quiénes he descubierto que muchas veces sienten esto? Los hombres, los esposos, porque en muchos hogares la mujer es más piadosa que el hombre.
Y entonces el hombre como que siente: "Pues Dios le pondrá cuidado a mi mujer, porque mi esposa sí va a la iglesia y sí reza, pero yo que, yo soy un pecador, yo me he olvidado de Él, yo he vivido mi vida de cualquier manera, he sido blasfemo, he sido vulgar, tengo muchas faltas, ¡qué se va a fijar en mi!”
Si escuchaste el Evangelio, tú te puedes aplicar ese Evangelio, simplemente reconoce que tú eres el del último puesto, reconócelo, porque lo grave no es estar en el último puesto, lo grave es estar en el último puesto y creer que uno está en el primer puesto, eso es o grave.
Pero si tú estás en el último puesto porque eres el pecador más grande de esta tierra, si tú lo reconoces, la mirada de Dios amanecerá sobre ti, y probablemente, en un día como hoy, Dios tiene sus ojos abiertos especialmente para sus niños más alejados.
¿Tú crees que Dios reparte las sanaciones o los milagros sólo para la gente piadosa? ¿Tú crees que Dios es como esos funcionarios públicos que sólo le hacen favores a sus amigos? Dios no es así, Dios no está pensando solamente en sus amigos, Dios no es interesado, Dios no es mezquino, es generoso, se goza dando.
En este momento Dios tiene preparados milagros, amores, caricias, sanaciones para personas que estaban muy alejadas, y que tal vez cuando llegaron a esta iglesia dijeron: “¡Dios que se va a fijar en mi!”
¡Amigo, precisamente en ti se está fijando Dios! Precisamente en ti. "Pero si yo no le he puesto cuidado a Él". ¡Por eso, hombre, por eso, porque tú eres el que más necesita, por eso Dios se está fijando en ti, por eso, porque tú le necesitas, por eso se acerca a ti!
La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, Dios se acerca primero al que más necesita.
Vamos a ver una segunda aplicación. Ahora al contrario, algunas veces creemos que porque hemos iniciado un camino de conversión y aprendimos quizá a cantar, quizá a orar, creemos que ya hemos adelantado mucho.
Aquí pasa como en esos banquetes finos, ya que Cristo empezó la comparación con un banquete yo sigo con otro banquete. Resulta que hay algunos banquetes finos, que como decía un amigo de mi papá, son como una tempestad de platos y un relámpago de comida; hay unos banquetes muy finos en que pasan y pasan mucha loza, pero muy poquitico; pero casi siempre repiten, pasan por si alguien quiere servirse otro poco.
Dios tiene un banquete muy fino para ofrecernos, y en ese banquete muy fino a veces se puede repetir, y Dios quiere que nosotros nos saciemos de los bienes de su casa, porque Él preparó casa para nosotros los pobres, y si cuando pasa el banquetero con la repetición, tú dices: "No, no, yo ya", te quedaste con nada o casi nada.
Yo estoy pensando en la gente que asiste a grupos de oración, estoy pensando en mis amigos de Kejaritomene, en mis amigos del ministerio de música, Aleluya, y en muchos otros.
¿Sabe una cosa? De estas celebraciones muchas veces la gente que menos recibe es la gente que ya tiene experiencia de grupos de oración, de congresos, o de Eucaristías, porque se les olvida que la oferta de Dios es infinita, y entonces porque han recibido un trocito pequeño, se quedan sin recibir lo mejor.
Nos puede pasar como en uno de esos banquetes, cuando llega el momento de repetirse o cuando llega el plato principal, y nosotros estamos llenos de pasabocas.
Porque hay algunas reuniones muy elegantes donde, como la comida se tarda tanto, dan algunos pasabcas antes, y no falta el hambriento que se llene de pasabocas, y cuando llega el plato principal, ni le interesa, ni se da cuenta.
Yo le hago una pregunta a la gente que ha estado en grupos de oración y que siente que se ha convertido: conoces del Señor, estoy seguro, te has alimentado de Él, yo lo sé, ¿pero estás lleno de pasabocas o ya llegó el plato principal?
Que tal que estés lleno de “pasabocas”, que tal que se te haya llenado la boca y el apetito solamente con unas tonterías, con cosas que son bellas pero pequeñas, y el plato principal, la fuerza de la santidad y del amor de Dios, todavía no ha colmado tu vida.
Este es un engaño muy terrible, y cuando uno se siente lleno porque ya se comió muchos pasabocas, uno se siente lleno entonces uno dice: “Yo soy de los primeros, y no sólo soy de los primeros sino que sé orar, me confieso con frecuencia y tengo amigos sacerdotes, de manera que yo estoy en la jugada, estoy en la crema".
Cuidado, que la prueba del amor de Dios no es que tú tengas amigos sacerdotes, ni que hayas estado en muchos o poquitos congresos; la prueba del amor de Dios es la realización del Espíritu en tu vida, de manera, fíjate esta paradoja, de manera que es más señal del amor de Dios que tengas hambre de Dios, a que te sientan lleno de Dios.
Cuando hablo con una persona yo tengo un sistema muy sencillo para saber cuánto de Dios hay en esa persona, si la persona tiene hambre de Dios, yo digo: "Tiene mucho Dios", ¡quién creyera!
Si la persona es amiga de todos los sacerdotes, se sabe todas las canciones, ha estado en muchas oraciones, sintoniza el Minuto de Dios y Radio María, sabe muchas cosas, pero no se le siente pasión por Dios, hambre de Dios, de conocerle, de servirle, de morirse por Él, se llenó de pasabocas, hermanito, se llenó de pasabocas, hermanita. Sálgase y llénese de hambre, haga un ayuno, llénese de hambre.
¿Y en qué consiste el ayuno? El ayuno consiste en que usted haga como decía esa actriz, haga la dieta del cuello, ¿conocen la dieta del cuello? Es una dieta muy eficaz que se hace con los msculos del cuello, y adelgaza, la persona adelgaza con los solos músculos del cuello.
¿En qué consiste? Que cuando le vayan a pasar algo, usted hace así, con ese solo movimiento del cuello adelgaza la persona. Algo parecido hay que hacer aquí, pero esta vez no en la dieta del cuello sino es la dieta de la boca: cierre la boca, deje de estar hablando, ¡cállese!
Esto no se lo digo a todos, esto lo digo a los que creen que ya conocen a Dios. ¡Cállese!¡Aprenda! ¡Descubra qué hambre de Dios tiene usted y si tiene hambre o no, porque probablemente lo único que ha recibido es dos caramelos y un "chito", ¡y ya conoce a Dios!
Yo siento que hay mucha mediocridad en muchos grupos, mucha mediocridad. ¿Cuánto tengo de Dios? Es fácil saberlo: ¿Cuanta hambre de Dios tengo? punto. Eso es matemático. Si tienes hambre de Dios, hambre de Él, un hambre insaciable, un deseo infinito, probablemente hay mucho de Dios en ti.
De manera, pues, que fíjate que como hay últimos que resultan de primeros, porque el que se creía más pecador de pronto es el que va a recibir más; y hay primeros que resultan últimos, porque creen que son amigos del padre, o porque saben cantar, o porque saben leer, o porque son acólitos, o porque se ponen una casulla verde, ya son de los de Cristo.
Pobre el sacerdote que sienta que ya conoce a Cristo y que ya sabe decir Misa, pobre hombre, ¡qué desastre de vida! Que Dios tenga compasión de mi, que Dios me ayude, y que a todos nos dé hambre, infinita hambre de Dios, esta es la segunda aplicación que quería dar.
Tercera aplicación. A veces nosotros descalificamos a las personas porque no les vemos muchas cualidades. Es probable que no tengan cualidades para los planes de nosotros, pero es que los planes que interesan no son los planes de nosotros, sino los planes de Dios.
Probablemente tus cualidades, las tuyas, están por descubrir; Dios tiene cualidades y virtudes preciosas en ti que están como dormidas.
Lo que quiero decir es esto: también dentro de ti hay algo que duerme, hay algo que tú has descuidado, hay algo que tú has creído: “Esta parte de mí no sirve para nada”, ¿qué será? ¿Qué tal que Dios pase con su Espíritu amaneciendo en tu vida, y te despierte?
De pronto descubrirás que tú puedes colaborar con el don de la predicación, o el don de la oración, que tú puedes servir con alegría, que tú puedes hacer muchas cosas, ¡el Señor es grande!
También dentro de nosotros hay cosas que hemos descalificado. Cuántas veces he oído yo que le dicen a uno algunas personas, “No, es que con esta voz no sé cantar”.
Yo he oído a muchas de las personas que dicen que no sabían cantar, y he descubierto que muchas efectivamente no sabían cantar, pero también he descubierto que hay otras que pueden aprender y que pueden desarrollar, en su voz, un servicio al Señor, o también en sus manos.
¿Qué está dormido en ti que Dios quiera despertarlo? No sabemos. ¿Qué tal que Dios pase hoy no sólo sanando, sino despertando. ¿Qué cualidad hay en ti? Esas cualidades que Dios da, que Dios despierta, son lindísimas, dones maravillosos, dones de su amor, que parecían últimos y que son primeros.
Amigos míos, sigamos esta celebración. La mirada de Dios no es como la de los hombres. Sacará más provecho de este encuentro y de esta Eucaristía, el que en este momento sienta más hambre de Él, más anhelo de encontrarse con Él, más ganas de alimentarse de Él, porque sólo Él es nuestro alimento y nuestra alegría.
A Él sea la alabanza por los siglos infinitos.
Amén.