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El 25 de enero nuestra Iglesia Católica celebra la conversión del apóstol san Pablo, este es un hecho realmente notable, porque en nuestra liturgia católica, celebramos usualmente la fecha de la partida hacia la eternidad, por ejemplo en el caso de los mártires, en el caso de los santos, por qué nosotros por ejemplo celebramos a santo Domingo de Guzmán el ocho de agosto, porque él falleció un seis de agosto, y como este día en la liturgia ya estaba y sigue estando la fiesta de la Transfiguración del Señor, no se podía tener la fiesta de santo Domingo el seis de agosto, pero se dejó en una fecha próxima, el día ocho; así para muchos otros santos. Pero en el caso de san Pablo lo que estamos celebrando no es su entrada en la eternidad, ni tampoco su nacimiento en esta tierra, porque hay algunos santos para los que celebramos el nacimiento en esta tierra, como san Juan Bautista se recuerda el 24 de junio, el nacimiento de la Virgen María para esta tierra se celebra el ocho de septiembre y por supuesto el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo el 25 de diciembre. Es muy interesante este caso, el de san Pablo porque no estamos celebrando el comienzo de su vida en esta tierra, pero tampoco estamos celebrando su partida a la eternidad, podemos decir que estamos celebrando un acontecimiento dentro de su vida, ¿y por qué algo tan personal?, ¿algo que podríamos llamar exclusivo, adquiere tanta importancia?, ¿de dónde viene esa importancia?, resulta que la conversión de san Pablo, aunque evidentemente es un hecho personal, tuvo repercusiones inmensas, repercusiones en toda la Iglesia, porque de la conversión de Pablo viene un torrente de vida apostólica, de evangelización, de esfuerzo misionero, de comienzos de distintas comunidades en distintos lugares de Asia y de Europa. La persistente, la ardorosa, la ferviente actividad cargada de amor cristiano en la vida de san Pablo tiene indudablemente su fuente en el acontecimiento de su conversión, y por eso cuando celebramos la conversión de Pablo, estamos celebrando las raíces de una gran parte de nosotros los cristianos, por ejemplo los que vivimos en América es muy sencillo ver que la fe que hemos recibido proviene básicamente de la predicación, del testimonio, del esfuerzo y la generosidad de misioneros de Europa, de ahí viene, fundamentalmente de España, luego también Portugal y algunos otros países, y esas comunidades de fe en España y otros lugares pues están conectadas con una historia que finalmente hunde sus raíces en el tiempo de los apóstoles, de manera que de esas primeras comunidades fundadas por Andrés, Santiago y Pablo, de esas comunidades viene nuestra fe, y como ha tenido un impacto tan grande san Pablo, no solo por lo que hablo y por lo que hizo, sino por lo que sigue hablando y sigue haciendo, porque con mucha frecuencia en la liturgia nos encontramos, por ejemplo textos de san Pablo: lectura de la primera del apóstol san Pablo a los Corintios, lectura de la carta a los Romanos del apóstol san Pablo, lectura de la carta a los Gálatas del apóstol san Pablo; todas esas cartas que provienen de una profunda experiencia de fe en este apóstol, nos siguen hablando. La conversión de Pablo, es ante todo un homenaje a misericordia de Cristo, podemos decir que es una proclamación de la ternura y la paciencia de Dios.
Celebramos la conversión de san Pablo porque en primer lugar muchas de nuestras comunidades hunden sus raíces históricas en el testimonio y en la vida de comunidades que fueron alimentadas o fundadas por él; en segundo lugar porque sus escritos, que tiene por supuesto su fuente en el amor que él recibió a partir de su conversión, esos escritos nos siguen alimentando, es decir que todos tenemos que ver con ese momento de su conversión; y en tercer lugar, porque estamos seguros de que el mismo Dios que hizo maravillas en la conversión de Pablo, quiere hacer maravillas en nuestras vidas, quiere transformarnos y que también nosotros, cada uno desde su propia vocación seamos prolongación, hermosa y fecunda prolongación de este servicio de amor que es la evangelización, que es el testimonio de la fe.