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De Wiki de FrayNelson
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El evangelio de hoy está tomado del capítulo doce de San Lucas. Hay dos comparaciones, dos palabras realmente muy fuertes que Cristo nos trae y que llaman nuestra atención, la palabras fuego y división, representada gráficamente por la espada que divide, y Cristo dice: “He venido a traer fuego y división” (cf. Lc 12,49-53), esa no es la división destructiva, sino la división del discernimiento.

¿Qué queremos decir con esto? Que muchas veces el enemigo malo se aprovecha de la confusión pero cuando llega la luz, entonces se ve quién es quién y qué es qué; cuando llega esa luz, cuando llega esa claridad, entonces finalmente hay que tomar partido, es más o menos lo que sucede cuando se habla de honradez, pureza o coherencia; por ejemplo si llega un jefe nuevo a una empresa en donde hay algunos que tienen prácticas honradas y en cambio hay otros que son deshonestos, pues a medida que se va haciendo una auditoría, y se va examinando paso a paso cada uno de los niveles, oficios y subgerencias llega un momento en el que queda perfectamente claro que hay gente que estaba haciendo trampa, eso se llama “discernimiento”, es lo que se llama “diferenciar”, y eso es lo que Cristo trae a nuestra vida.

Muchas personas tienen una gran confusión entre lo que es bueno y lo que es malo, pero cuando llega Cristo a la vida, uno de los bienes que trae es una gran claridad sobre lo anterior. Pensemos en el caso de una persona que tiene una relación noviazgo, y esta relación hay cosas bonitas, muy llenas de ternura pero que también hay cosas que son extrañas, quizás un poco oscuras, un poco impuras; pero en medio de la dulzura de la relación todo queda muy confuso de manera que la mujer, por ejemplo puede sentir: “si es bonita la relación pero tal vez no deberíamos hacer esto, pero tal vez no deberíamos permitirnos esto”, ahí hay confusión; cuando va llegando la luz de Cristo a esta persona, sucede lo mismo que en la empresa de la que he hablado; es decir llega el momento en que la persona entiende: “no una cosa es que me amen y otra cosa es que me deseen, y una cosa es que me deseen como novia y otra cosa es que me deseen como esposa”; esas son las distinciones, esas son las necesarias claridades que trae Jesucristo en la vida y a medida que vamos descubriendo esas distinciones pues vamos encontrando libertad. El mismo Cristo dijo en el Evangelio según san Juan: “la verdad os hará libres” (Jn 8,32); a medida que vamos encontrando esas distinciones ya no nos dejamos confundir, entonces una persona que tenga esta claridad, por ejemplo una mujer que tiene esta claridad sobre su dignidad de mujer y de hija de Dios aceptará con alegría amistad y amor, pero en el momento en el que quieran usarla, aprovecharse de ella ya tiene una luz muy grande y va a poner un freno; esto es lo que Cristo nos habla en el Evangelio de hoy.

Esto también sucede dentro de las familias donde alguno se considera buen católico: “yo soy buen católico, pero si tengo que abortar, lo hago; soy buen católico pero no voy nunca a Misa”. Me acuerdo de un señor que me decía: “Padre soy buen católico pero no soy fanático”, me quede pensando y le dije: “¿qué significa para ti no ser fanático”, “bueno pues no soy de esos fanáticos que van cada semana a Misa”; observemos lo que significa fanatismo para él; ir cada domingo a Misa, que yo diría que es el mínimo del mínimo ser católico, para él ya eso era fanatismo, fijémonos hasta dónde puede llegar la oscuridad en la vida de una persona. Cuando llega la luz de Cristo a una familia pues habrá gente que se tome en serio el mensaje del Señor y que digan: “no se puede seguir viviendo de cualquier manera”, no puedo ser católico y al mismo tiempo estar a favor de relaciones prematrimoniales, a favor del aborto, no puedo estar a favor de la irresponsabilidad, la mediocridad, simplemente porque todo el mundo lo hace. Pero cuando unas personas van tomando en serio su fe y otras en cambio creen que se puede vivir de cualquier manera es ahí donde Cristo nos dice: van a surgir choques, porque la gente que está cómoda en su mediocridad se va a sentir denunciada e incómoda por aquellos otros que sí quieren ser coherentes.

Ese es el mensaje de esto que Cristo llama división. En síntesis: la persona que toma en serio el mensaje de Cristo, adquiere una claridad nueva en su propia conciencia que le lleva a diferenciar lo que antes estaba confuso y en segundo lugar, esa claridad que Cristo trae a nuestra conciencia se refleja luego en nuestro entorno de amigos y familia; no debe resultarnos extraño que algunas personas que creíamos muy cercanas de repente empiezan a sentir: “ya no puedo contar con este”; y tienen razón ya no pueden contar con nosotros porque Cristo ha querido contar primero con nuestra vida, fuerza y amor.