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En el Evangelio de hoy, tomado del capítulo doce de San Lucas, ya casi hacia el final de este capítulo, está una de las expresiones por las que Nuestro Señor Jesucristo es más conocido. Esa expresión es: “Los signos de los tiempos”.
De hecho, lo que tenemos en el texto de hoy, es una especie de regaño de Cristo a sus contemporáneos, diciéndoles: “Ustedes pueden interpretar muy bien los signos del clima, y resulta que no pueden leer el tiempo presente” (cf. Lc 12,54-59).
Tal vez, uno puede preguntarse cuál es la relación entre el clima y el ambiente social. Aunque fíjate que esa clase de palabras realmente son amplias; por ejemplo, uno dice: “Había un clima de sobresalto”, ahí no me estoy refiriendo a las nubes, o al granizo, o a los relámpagos; o si digo: “En tal lugar hay un mal ambiente”, pues, ahí no me estoy refiriendo, seguramente, a los niveles de dióxido de carbono. O sea que sí parece haber una relación lingüística entre lo que tiene que ver con el clima y lo que tiene que ver con la manera cómo uno puede desenvolverse dentro de un grupo humano.
Pero quizá quisiéramos un poco más de claridad sobre cuál es la relación entre esto del clima y los signos de los tiempos. Y creo que hay un punto que puede resultar interesante. A ver, ¿qué es lo que sucede cuando los meteorólogos examinan el clima? Por lo pronto, la cantidad de variables que hay que tener en cuenta, excede la potencia de los más grandes computadores. Para tener un mapa absolutamente perfecto del clima, habría que seguirle la pista a cada gotita de agua, o probablemente a cada molécula de agua, y no sé de cuántas sustancias más, y eso sencillamente es imposible.
Entonces, ¿qué es lo que hacen los meteorólogos para tratar de predecir el clima, para tratar de decir que es lo que va a suceder con el clima? Lo que ellos hacen es brindar mayor atención a aquellos fenómenos de acumulación. Por ejemplo, que haya humedad, pues se supone que hay humedad algún grado de humedad, prácticamente en todas partes. Pero cuando empieza a acumularse humedad o aire caliente en un determinado sitio, seguramente, podemos esperar que algo vaya a suceder. La palabra clave es la palabra “acumulación”; cuando se da mucho de algo en alguna parte, seguramente, podemos esperar un cambio.
De esa manera se ha llegado a predecir, con un margen de acierto cada vez mayor, si va a haber, por ejemplo, tormentas tropicales, si va a haber huracanes, y también cuál es la ruta que van a seguir esos huracanes. Ya estamos acostumbrados a ver mapas donde nos dicen: este huracán se prevé que va a seguir avanzando hacia la costa a una velocidad de 15 Km/h. Esos datos, ¿de dónde vienen? Provienen de recoger información sobre acumulaciones de viento, de humedad, de aire caliente, etc. Es decir, para predecir el clima, lo que hacen los científicos, es poner particular atención a dónde se está acumulando fuerza.
Creo que ese principio lo podemos aplicar también a las cosas sociales, es decir, es muy lamentable cualquier crimen, por ejemplo, un atraco, pero si yo veo dentro de un mapa que se están presentando más y más y más atracos en unos determinados sitios, pues, ahí ya no estoy hablando de un evento aislado, de un poco de agua, de un poco de humedad o un poco de aire caliente, sino estoy hablando de algo que está sucediendo, algo que va a producir un efecto que no es simplemente un accidente. Entonces, ahí hay una clave muy sencilla, pero créeme que es útil, una clave útil de cómo leer signos de los tiempos: hay que mirar qué es lo que se está acumulando. Por ejemplo, cuando tú ves que se aprobó el matrimonio gay en tal estado de Estados Unidos, después en este otro estado, luego en este otro estado; luego Irlanda, hizo un plebiscito y lo aprobó; luego en Argentina, se aprobó; luego en Chile, hay presión para que se apruebe; luego en Colombia, hay un proyecto de ley; luego en Costa Rica, ya empezaron. Entonces, tú empiezas a ver que hay una acumulación en una sola dirección, y tú dices: “Ahí está sucediendo algo”.
Por supuesto, hay acumulaciones que son buenas, pero también hay acumulaciones que son malas; por ejemplo, una acumulación buena, que es muy bella, es descubrir que las personas que están entrando en el camino de la oración del Santo Rosario, hoy por hoy, en su mayoría son jóvenes, ¿una sorpresa para ti?, pues, ¡ahí lo tienes!. Quienes no rezaban, y están empezando a rezar el Rosario, son principalmente jóvenes, es una tendencia, tal vez pequeña todavía, pero está sucediendo, es algo maravilloso. O sea, hay acumulaciones que son buenas, y hay otras acumulaciones, en cambio, que son perversas; eso de que se quiera legalizar el consumo, llamado “recreativo”, de la marihuana en todas partes, ¿qué hay detrás de eso? Ese es un signo perverso, ese es un signo repugnante, ese es un signo gravísimo, pero hay que leerlo, y hay que darse cuenta qué hay detrás de eso.
Cristo, nos quiere despiertos; Cristo, nos quiere atentos; atentos sobre todo a dónde se está acumulando fuerza, para que descubramos detrás de todas esas tendencias, en el fondo, el combate entre la luz y las tinieblas, y descubramos en dónde queremos que esté nuestro corazón.