Diferencia entre revisiones de «I294002a»

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar
(Página creada con ''''Fecha: 20111020''' '''Título:''' '''Original en audio: 4 min. 43 seg.'''')
 
Línea 4: Línea 4:
  
 
'''Original en audio: 4 min. 43 seg.'''
 
'''Original en audio: 4 min. 43 seg.'''
 +
 +
 +
El Apóstol San Pablo hace una comparación entre la vida que llevábamos antes de conocer a Cristo, y la vida que podemos llevar a hora que Cristo nos ha reconocido y nosotros lo hemos conocido a Él. Lo cierto del caso es que cuando desconocíamos a Cristo vivíamos como esclavos de nuestros propios deseos y pasiones, y entonces las cosas que teníamos, y no sólo eso sino nuestro propio cuerpo, estaban como armas de iniquidad, estaban al servicio del pecado.
 +
 +
Y esto es muy cierto porque uno puede utilizar, por ejemplo, sus ojos para transmitir dulzura o para transmitir ira; uno puede utilizar su boca para dar un buen consejo o para insultar; uno puede utilizar sus manos para sanar o para golpear; uno puede utilizar su corazón para dar ternura o para seducir y perder a las otras personas.
 +
 +
Pero ahora, gracias a Nuestro Señor Jesucristo, estas mismas cosas que de pronto pudieron servir para el pecado en otro tiempo, ahora Dios puede empezar a utilizarlas para el bien.

Revisión del 16:32 19 oct 2011

Fecha: 20111020

Título:

Original en audio: 4 min. 43 seg.


El Apóstol San Pablo hace una comparación entre la vida que llevábamos antes de conocer a Cristo, y la vida que podemos llevar a hora que Cristo nos ha reconocido y nosotros lo hemos conocido a Él. Lo cierto del caso es que cuando desconocíamos a Cristo vivíamos como esclavos de nuestros propios deseos y pasiones, y entonces las cosas que teníamos, y no sólo eso sino nuestro propio cuerpo, estaban como armas de iniquidad, estaban al servicio del pecado.

Y esto es muy cierto porque uno puede utilizar, por ejemplo, sus ojos para transmitir dulzura o para transmitir ira; uno puede utilizar su boca para dar un buen consejo o para insultar; uno puede utilizar sus manos para sanar o para golpear; uno puede utilizar su corazón para dar ternura o para seducir y perder a las otras personas.

Pero ahora, gracias a Nuestro Señor Jesucristo, estas mismas cosas que de pronto pudieron servir para el pecado en otro tiempo, ahora Dios puede empezar a utilizarlas para el bien.