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En la acción litúrgica de la muerte del Señor escuchábamos el evangelio según San Juan. Es el Evangelista Juan el que nos cuenta de esta súplica de Cristo, en donde le vemos tan pobre, tan necesitado, y lo que es más triste, rodeado de una dureza, de una crueldad inútil. | En la acción litúrgica de la muerte del Señor escuchábamos el evangelio según San Juan. Es el Evangelista Juan el que nos cuenta de esta súplica de Cristo, en donde le vemos tan pobre, tan necesitado, y lo que es más triste, rodeado de una dureza, de una crueldad inútil. | ||
| − | Dijo Cristo que tenía sed, y el Evangelista nos cuenta que empaparon una esponja en vinagre y se la acercaron a la boca, ¿Qué clase de crueldad es esa, por Dios? Para el que tiene sed, un poco de vinagre. | + | Dijo Cristo que tenía sed, y el Evangelista nos cuenta que empaparon una esponja en vinagre y se la acercaron a la boca, ¿Qué clase de crueldad es esa, por Dios? Para el que tiene sed, un poco de vinagre. En realidad parece que a Cristo le acercaron dos bebidas. |
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| + | Otro evangelio nos cuenta que "le acercaron también una esponja que estaba empapada en mirra, y dice que Jesús la probó pero que no quiso tomarla" Marcos 15,23. Aquí hay algo importante que quiero compartir con ustedes. Son dos bebidas: una era un preparado que se hacía con mirra, una especie de narcótico, una especie de anestesia, una cosa para no sentir el dolor. | ||
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| + | A Cristo le acercaron un narcótico, eso lo cuenta alguno de lo evangelios sinópticos, y a Cristo le acercaron también vinagre, eso lo cuenta el evangelio de Juan, esas fueron las dos bebidas que le acercaron a la boca, un narcótico, una cosa como para doparlo, porque como la muerte en cruz era una muerte tan espantosa, la gente trataba de aliviar un poco el dolor de esos pobres condenados. | ||
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| + | El Imperio Romano tenía de costumbre crucificar a sus peores enemigos, y las crucifixiones se hacían en público para que sirvieran de escarmiento a toda la gente. Si una persona intentaba auxiliar a un crucificado, entonces la crucificaban a ella también, porque la idea era que la persona que estuviera ahí en ese madero se muriera haciendo gestos, sufriendo al máximo, presentando un espectáculo pavoroso para que a nadie se le ocurriera intentar rebelarse contra el Imperio Romano. | ||
Revisión del 15:30 20 may 2011
Fecha:
Título:
Original en audio:
Quinta palabra: "Tengo sed" San Juan 19,28.
En la acción litúrgica de la muerte del Señor escuchábamos el evangelio según San Juan. Es el Evangelista Juan el que nos cuenta de esta súplica de Cristo, en donde le vemos tan pobre, tan necesitado, y lo que es más triste, rodeado de una dureza, de una crueldad inútil.
Dijo Cristo que tenía sed, y el Evangelista nos cuenta que empaparon una esponja en vinagre y se la acercaron a la boca, ¿Qué clase de crueldad es esa, por Dios? Para el que tiene sed, un poco de vinagre. En realidad parece que a Cristo le acercaron dos bebidas.
Otro evangelio nos cuenta que "le acercaron también una esponja que estaba empapada en mirra, y dice que Jesús la probó pero que no quiso tomarla" Marcos 15,23. Aquí hay algo importante que quiero compartir con ustedes. Son dos bebidas: una era un preparado que se hacía con mirra, una especie de narcótico, una especie de anestesia, una cosa para no sentir el dolor.
A Cristo le acercaron un narcótico, eso lo cuenta alguno de lo evangelios sinópticos, y a Cristo le acercaron también vinagre, eso lo cuenta el evangelio de Juan, esas fueron las dos bebidas que le acercaron a la boca, un narcótico, una cosa como para doparlo, porque como la muerte en cruz era una muerte tan espantosa, la gente trataba de aliviar un poco el dolor de esos pobres condenados.
El Imperio Romano tenía de costumbre crucificar a sus peores enemigos, y las crucifixiones se hacían en público para que sirvieran de escarmiento a toda la gente. Si una persona intentaba auxiliar a un crucificado, entonces la crucificaban a ella también, porque la idea era que la persona que estuviera ahí en ese madero se muriera haciendo gestos, sufriendo al máximo, presentando un espectáculo pavoroso para que a nadie se le ocurriera intentar rebelarse contra el Imperio Romano.