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		<title>Sjbm010a - Historial de revisiones</title>
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		<updated>2026-06-23T11:42:53Z</updated>
		<subtitle>Historial de revisiones para esta página en el wiki</subtitle>
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		<title>Plataforma: La mejor manera de abrirnos al regalo de la gracia divina es a través del arrepentimiento, el cual viene de reconocernos pecadores y de tener plena conciencia de qué es el pecado.</title>
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				<updated>2016-08-31T19:53:03Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;La mejor manera de abrirnos al regalo de la gracia divina es a través del arrepentimiento, el cual viene de reconocernos pecadores y de tener plena conciencia de qué es el pecado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;El 29 de agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda el martirio de San Juan Bautista. Recordemos que Juan es el precursor de Nuestro Señor Jesucristo, y el gran mensaje de Juan, es el arrepentimiento de los pecados. Como lo describió el profeta Malaquías en su momento, lo propio de Juan es llamar al arrepentimiento, para tenerle a Dios un pueblo bien dispuesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectivamente, la mejor manera de abrirnos al regalo de la gracia divina, es a través del arrepentimiento; aquella persona que no tiene conciencia de sus pecados, aquella persona a la que no le importa pecar, es una persona que tampoco siente ninguna necesidad de ser perdonado. El que se considera “ya bueno”, no encuentra mayor cosa en Cristo; en cambio, el que reconoce su pecado, ciertamente, ve en el Señor, a su liberador, a su salvador. Por eso hay una relación tan estrecha entre la predicación de Juan y la predicación de Cristo; podemos decir que la predicación de Juan, es la preparación para la de Cristo, porque el arrepentimiento es la puerta para recibir la gracia y la misericordia divina. Ahora bien, si Juan estaba predicando el arrepentimiento de los pecados, pues, tenía que hablar del pecado; no se puede predicar el arrepentimiento, solamente como un sentimiento en abstracto; el arrepentimiento siempre es de algo, y ese algo es mi pecado. Si mi pecado es la envidia, de eso me tengo que arrepentir; si mi pecado es la lujuria, de eso me tengo que apartar; y así sucesivamente. Así pues, cuando hablamos de arrepentimiento y de predicación del arrepentimiento, es indispensable predicar el pecado, es decir, predicar que somos pecadores, y predicar cuáles son los pecados que estamos cometiendo, porque decir: “somos pecadores en general”, tampoco sirve; nadie se arrepiente en general de ser pecador; uno llega a descubrir que es pecador, porque descubre pecados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto indica que si queremos abrirle un camino a Cristo, hay que predicar arrepentimiento; si queremos predicar arrepentimiento, tenemos que reconocernos pecadores; y si queremos reconocernos pecadores, y que los demás se reconozcan pecadores, hay que hablar del pecado. Esta secuencia, que es perfectamente lógica, y que es inevitable, es exactamente la que se dio en la vida de Juan, y por eso Juan tenía que predicar lo que predicó, y por eso Juan tenía que decirle a todos, incluyendo al rey: “mira, eso no debes hacerlo, eso está mal hecho”. Juan le dijo claramente a Herodes (que era uno de los hombres más poderosos en esa época y en ese entorno): “mira, estás viviendo en adulterio; ¡eso se llama adulterio!, no te está permitido convivir con la mujer de tu hermano, no puedes vivir así con ella” (cf. Mc 6,18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es muy interesante este vigor del mensaje de Juan, porque especialmente con lo que tiene que ver con afectividad y con sexualidad, nuestro mundo es excesivamente tímido, o excesivamente cínico, o excesivamente cómplice, y con esa frasecita de que no se debe juzgar, y de que no se puede juzgar, entonces, pues, Juan debería haberse quedado callado. Si los que hoy repiten a toda costa, “no se puede juzgar”, “no se debe juzgar”, hubieran vivido en tiempo de Juan, seguramente, hubieran juzgado muy cruelmente a Juan Bautista por haber dicho lo que le dijo a Herodes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la realidad, es que esa secuencia de la que hemos hablado, es inevitable en la vida cristiana. La repito por última vez: “si quieres experimentar la Gracia de Cristo, tienes que empezar por el arrepentimiento; si quieres llegar al arrepentimiento, tienes que reconocerte pecador; y si quieres reconocerte pecador, es necesario que tus pecados te sean denunciados, por tu conciencia o por la predicación de la Iglesia”; por eso hay que hablar del pecado. No es el único tema del que hay que hablar; no debemos obsesionarnos con ese tema, pero tampoco debemos omitirlo. Juan predicó sobre el pecado, y el precio que pagó fue altísimo, pero su fidelidad es modelo para nosotros, y es verdadero camino para que Cristo reine en nuestras vidas. Así nos lo conceda el Señor. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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