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		<title>Co05008a - Historial de revisiones</title>
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		<subtitle>Historial de revisiones para esta página en el wiki</subtitle>
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		<title>Plataforma: Solo al conocer a Jesús y permitir que nos hable es posible aceptarlo y seguirlo, y al seguirlo experimentamos el Reino de Dios en nuestra vida.</title>
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				<updated>2016-02-04T18:49:30Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Solo al conocer a Jesús y permitir que nos hable es posible aceptarlo y seguirlo, y al seguirlo experimentamos el Reino de Dios en nuestra vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;Este domingo tenemos un texto de San Lucas. No es extraño, porque en los domingos de este año es Lucas quien nos va guiando, se llama el ciclo C de las lecturas para el domingo. Y es hermoso pensar que la Iglesia con verdadero cuidado de mamá, nos da una pista, nos da una línea cada año, y en esa línea un maestro. La línea que nos guía es el Evangelio de San Lucas, y es este hombre, este gran testigo de la gracia de Dios el que domingo a domingo nos va compartiendo una mirada más sobre el misterio de Jesucristo. El texto de hoy es muy bello: está tomado del capítulo quinto de San Lucas. Se trata del momento en el que algunos de los principales discípulos del Señor toman una resolución, una decisión definitiva (cf. Lc 5,1-11). La frase que tal vez más nos impacta es: “Y dejándolo todo, lo siguieron” (Lc. 5, 11). Pero, ¿Qué hay antes de ese dejarlo todo? Si no hubiera nada, estaríamos hablando de gente caprichosa, temeraria, irresponsable. Tan importante es lo que hay antes de ese “dejarlo todo” como la decisión que ellos finalmente toman. Y ¿Qué es lo que decimos que está antes de ese dejarlo todo? Pues, hay algunos otros verbos que debemos tener en cuenta:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero está el “saber” de Jesús, conocer algo de Jesús. La fama de Jesús se iba extendiendo poco a poco, y lo primero es saber algo de Jesús; la persona que no sabe nada del Señor, por supuesto, no puede tomar ninguna decisión para seguirle. Esto, aunque suena tan obvio en nuestro contexto, no lo es; hoy, hay muchas personas, incluso en países tradicionalmente católicos, que tienen un nivel de ignorancia tan grande, tan absoluto, que realmente si conocen de Cristo algo más que el nombre, ya debemos considerarlo una pequeña victoria. Hemos conocido casos de personas que no sólo no fueron bautizadas, sino que ni siquiera por cultura general se les ha dado un mínimo de información sobre quién es Cristo, y si eso pasa en países que han tenido todo un camino en la fe cristiana, imaginémonos la situación de cientos de millones de hindúes, de budistas, de ateos, de animistas, de confusionistas en tantos lugares del mundo. Es decir, que lo primero es que se sepa de Jesús: primero hay que dar la noticia del Señor, pero ese es solo el primer paso, viene un segundo paso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de saber de Jesús, hay que “escuchar” a Jesús. Nos damos cuenta lo que le sucede a Pedro: Pedro escucha la predicación del Señor. Hay que escucharlo, hay que acercarse a su mensaje, hay que permitirle a Él que sea quien nos hable, porque hay tantos falsos rostros de Cristo que con mucha facilidad uno se puede confundir. Nos dicen tonterías sobre Cristo: por ejemplo, que Cristo era un esotérico, que aprendió cosas en la India, que practicaba meditación trascendental, que era vegetariano, que leía las estrellas, que tenía amantes, hombres o mujeres. Vivimos en un tiempo en el que casi cualquier tontería que sea posible decir sobre Cristo, ya se ha dicho, y por eso es necesario acercarnos a escucharle a Él. Por supuesto, esto requiere escuchar a aquellos testigos que después refrendaron, incluso con su sangre, el testimonio sobre Cristo, y por eso son tan valiosos los santos Evangelios para nosotros, porque oyendo el Evangelio, leyéndolo, meditandolo, haciéndolo nuestro, escuchamos al Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro recibió a Cristo en su barca; Pedro recibió la instrucción que Cristo le dio: arroja la red; Pedro “aceptó” a Cristo. Este es el tercer verbo; lo primero es saber de Jesús, lo segundo es escuchar a Jesús, y lo tercero (tan importante) es “aceptar” a Jesús. Cuando Jesús llega a nuestra vida, empieza a mostrarnos cómo esa vida puede ser distinta, y fue esto lo decisivo en el caso de Pedro. Sin aceptar a Jesús, jamás sabremos algo de los planes de Dios; pero, una vez que lo acogemos en nosotros, entonces, su voz y su amor cobran fuerza en nuestro corazón. Solo entonces es posible aceptarlo, solo entonces es posible seguirlo, y cuando entramos en ese camino de seguimiento, experimentamos aquello que el Evangelio nos dice: El Reino de Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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