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		<title>Wiki de FrayNelson - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<updated>2026-06-06T13:43:35Z</updated>
		<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<title>N4en008a</title>
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				<updated>2017-01-01T06:10:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: El cristiano debe manifestar por fuera lo que es por dentro, viviendo según la palabra recibida; así como la Vida y la Palabra del Padre se manifestaron en la encarnación de Cristo.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Una de las características de la Primera Carta de San Juan que es la primera lectura de estos días de Navidad es que nos hace un paralelo que aparece muy claro hoy. El texto de hoy fue tomado del capítulo tercero, el paralelo es este: por una parte Cristo es la Palabra eterna de Dios, Cristo es la Vida misma, en Él está la vida y Él mismo es la Vida, recuerda esa frase del Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6); Él es la Vida, entonces por una parte Cristo es la Vida, pero luego esa vida se ha manifestado a través de una existencia histórica concreta que implica el hecho de que se encarnó, la carne de Nuestro Señor Jesucristo es la manifestación de la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces tenemos la Vida que está junto al Padre, la Vida que proviene del Dios vivo y vivificante, esa Vida se ha manifestado en la carne de Cristo, ese es el primer elemento de esta comparación. Y ahora pasemos al caso del cristiano, quien ha recibido un mensaje, ha recibido una palabra, una predicación; entonces Cristo es la Palabra y se ha encarnado y nosotros hemos recibido una palabra y ésta también tiene que volverse realidad y carne en nosotros; ese es el paralelo. Cristo es la Vida y es la Palabra y se ha manifestado lo que Él es en su existencia concreta, específica, en su carne santísima, llena de caridad y pureza, llena de generosidad y sacrificio, llena de verdad y santidad. Cristo verdadera Vida, Cristo verdadera Palabra se ha hecho carne; nosotros hemos recibido una palabra que nos habla de la Palabra y nosotros hemos creído en esa palabra y ser cristiano es creer en esa palabra que hemos recibido sobre Aquel que es la Palabra; y ser cristiano es acoger ese mensaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Pero cuidado! para que el paralelo sea completo, no puede ser que digamos que hemos aceptado esa palabra y que luego nuestra existencia concreta contradiga esa fe. Entonces el paralelo completo es: Cristo es la Vida y la Palabra, y se ha manifestado esa Vida en una existencia concreta por el Misterio de la Encarnación, la existencia histórica de Cristo en esta tierra expresa, manifiesta lo que hay en esa Palabra. Y luego nosotros hemos recibido una palabra, la del Evangelio, la de la evangelización, la de la catequesis; nosotros hemos recibido una palabra y esa palabra tiene que plasmarse en nuestra vida; la palabra de Cristo se reflejó en su vida, la palabra del Evangelio tiene que reflejarse en nuestra vida; porque en tiempos en que fue escrita la Primera Carta de San Juan había algunos que empezaban a retorcer el mensaje como diciendo: “yo tengo gran conocimiento (gnosis en griego), yo tengo una gnosis muy grande, yo tengo gran conocimiento, yo soy muy espiritual”, pero luego eso no se traducía en la existencia concreta, por eso dice el texto de hoy: “El que ha nacido de Dios no peca” (1 Jn 3,9), Mientras esté apareciendo incoherencia, injusticia, engaño, impureza; mientras estén apareciendo todas esas llagas en nuestra vida y mientras todo ese hedor esté saliendo de nuestra existencia no podemos decir que estamos realmente en Cristo. Lo que eres por dentro tiene que manifestarse por fuera, así como Cristo siendo la Palabra eterna del Padre se manifestó en una existencia concreta a través de la Encarnación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Que mensaje tan específico!, que mensaje tan directo para nuestro corazón y que manera de atraernos a una verdadera santidad.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>N3en012a</title>
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				<updated>2017-01-01T06:09:32Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Aunque el mundo no se sienta a gusto, los cristianos tenemos la certeza de que somos hijos de Dios y que llamarnos como Cristo es una alegría, una bendición y una victoria.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy está tomada del capítulo segundo y tercero de la Primera Carta de Juan, contiene una de las frases más hermosas de toda la Biblia: “ ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios” (1 Jn 3,1-2), pero también contiene una de las advertencias más importantes de la Biblia y es que lo que nosotros somos, es decir nuestra realidad de hijos de Dios no se nota, y lo que aparece de nosotros los que somos y queremos ser discípulos de Cristo, eso que aparece de nosotros, eso tampoco es lo que somos. Es decir hay una disonancia entre lo que somos y lo que parecemos ser. Como discípulos de Jesucristo somos invitados a seguir el tenor de vida de Cristo, Él en efecto llevó una vida de humildad, de pureza, de caridad, de sinceridad, de penitencia y sobre todo de obediencia amorosa a la voluntad del Padre, buscando en todo su gloria. Siguiendo las huellas de Cristo también nosotros queremos ser así, también nosotros queremos obedecer en todo al querer del Padre, también nosotros queremos cumplir su voluntad es lo que decimos en el Padre Nuestro todos los días; entonces vamo tras la huellas de Cristo y por eso hablamos como hablamos y actuamos como actuamos y somos cristianos coherentes. Pero ante los ojos del mundo qué nombre se le da a una persona que perdona con facilidad, que ora a menudo, que es humilde, que no quiere ser codicioso, que conserva puro su corazón, a esa persona se le llama un “inepto” porque no tiene codos suficientemente fuertes para derribar a su competencia, a esa persona se le llama “tonto” porque deja pasar momentos, oportunidades que quizás le hubieran podido dar grandes ganancias o gran poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La lógica del mundo es que si se presenta la oportunidad y si se puede gozar hay que gozar, pero el camino que propone Cristo es otro, entonces ¿qué parecemos los que queremos seguir a Cristo? Parecemos desadaptados, tontos, necios, ineptos, somos descartados, así como Cristo que pudo decir: “&amp;quot;La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular” (Mt 21,42), es decir que ese es el camino del cristiano y ser hijo de Dios supone tomar el camino de Aquel que es por naturaleza Hijo de Dios, es decir Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las dos enseñanzas de hoy son: tengamos certeza de que sí somos hijos de Dios, y segundo: el mundo no se siente a gusto con eso y que los nombres y el desprecio que tiene para nosotros es el mismo desprecio y son los mismos nombres que tuvo para Jesús; sin embargo para aquel que ama llamarse como Cristo es una alegría, es una bendición, es una victori&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>N2en013a</title>
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				<updated>2017-01-01T06:08:31Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: El sacrificio de Jesucristo es la gran propuesta de Dios para salvarnos; el humilde, el poderoso, el sabio, Aquel que no abrió su boca, ofreciéndose por todos nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura del día de hoy está tomada de la Primera Carta de San Juan en el capítulo segundo, es bueno dar una explicación de por qué aparece este texto, nuestra Iglesia no es caprichosa en la manera de presentar las lecturas en la Santa Misa. Tuvimos el tiempo de Adviento que nos preparaba para contemplar el misterio de Dios hecho hombre, es decir que la Encarnación, el gran Misterio de la Encarnación es el que llena a este breve tiempo litúrgico de Navidad. El tiempo de Navidad empieza con la Solemnidad de la Navidad, es decir, el 25 de diciembre y termina con la fiesta del Bautismo del Señor, que es como la gran manifestación del Mesías frente a todo Israel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces bien ¿qué tiene que ver la Primera Carta de Juan? si recordamos, esta carta empieza contando el encuentro de los apóstoles con la Palabra de Dios: “ Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.” (1 Jn 1,2); estos versículos en cierto sentido captura el sentido, el significado, el enfoque de toda la Primera Carta de Juan: “la Vida se ha manifestado”; en Jesucristo tenemos la plena revelación de la vida y esa Vida se ha mostrado a nosotros, se ha hecho cercana a nosotros. Los que han recibido esa Vida en primer lugar son los apóstoles, ellos han estado en contacto con el Mesías, ellos han conocido y han recibido el beneficio de la gracia directamente de la fuente que es Cristo, pero luego nosotros guiados por los apóstoles, entramos también con comunión con esa misma fe, con esa misma esperanza y con esa misma caridad que ellos tuvieron; esa es la maravilla, es la hermosura que encontramos en la Primera Carta de Juan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces toda esta Primera Carta de San Juan es algo así como una homilía sobre la Encarnación, es como una larga meditación sobre el misterio precioso de que Dios se ha hecho hombre, ese es un modo de resumir ese documento, y se entiende porque la mejor época del año para leer la Primera Carta de Juan es el tiempo de Navidad porque nos hemos preparado durante cuatro semanas de Adviento para ver al Dios hecho hombre y esta primer carta es una meditación sobre la Encarnación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hay otro modo de resumir la Primera Carta de Juan y precisamente aparece en el texto de hoy en la primera lectura, nos habla este texto de cómo el resumen de la fe cristiana es que Jesús es el Cristo, es decir que también se puede condensar la Primera Carta de Juan diciendo: “Jesús es el Cristo”; no sólo la Primera Carta de Juan, todo el Nuevo Testamento se puede resumir en esa expresión, y ¿qué quiere decir Jesús es el Cristo? Cuando decimos “Cristo” estamos diciendo el “Mesías de Dios”, estamos diciendo la gran propuesta para darnos su salvación y ¿Jesús quién es? Jesús de Nazaret es el humilde profeta peregrino, abundante en caridad, poderoso en sus obras, sapientísimo en sus palabras, pero sobre todo humilde en su figura, Aquel que como cordero llevado al matadero  enmudeció y no abrió su boca porque se ofreció por todos nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces según la Primera Carta de Juan todo el contenido de nuestra fe es ver en la humildad, en la caridad, en el sacrificio de Jesús la propuesta de Dios; porque espontáneamente uno piensa que la propuesta de Dios es algo así como mucha fuerza, mucha sabiduría, mucho poder; y resulta que la gran revelación de Dios no está en algo super inteligente sino en algo que parece super absurdo que es la cruz; y la gran revelación de Dios no está en algo super poderoso sino en algo que parece en algo super frágil como es la carne humana crucificada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fe nuestra se resume, según la Primera Carta de Juan en que ese es el camino que Dios ha escogido y es la verdadera fuerza, la verdadera sabiduría, el verdadero poder no son como lo imaginábamos, sino son como lo ha mostrado Jesús, el Dios hecho hombre.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Smam044a</title>
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				<updated>2017-01-01T06:07:29Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Estamos en combate y por eso es necesario que volvamos de todo corazón a la Santísima Virgen, guiados por ella, con un espíritu de profunda paz, oración, conversión y penitencia.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El primero de enero nuestra Iglesia Católica celebra a Santa María, Madre de Jesucristo Dios. María Madre de Dios es la festividad litúrgica más importante del calendario mariano y sin embargo es posible que esta celebración pase desapercibida para algunos porque las celebraciones del nuevo año civil y los encuentros y reuniones familiares pueden distraernos bastante; para nosotros, sin embargo que queremos estar atentos a la Palabra de Dios y al corazón palpitante de nuestra Iglesia Católica esta fiesta del primero de enero jamás puede pasar a segundo plano, y es que este año 2017 hay una razón adicional, una razón que apunta directamente al corazón Inmaculado de la Virgen María, este es el año en el que se cumple el primer centenario de las apariciones de Nuestra Señora, la Virgen María en Fátima, Portugal; desde el 13 de mayo de 1917 hasta el 13 de octubre del mismo año la Virgen se manifestó a tres humildes pastores de aquella región de Portugal; Francisco, Jacinta y Lucia pudieron extasiar sus ojos, contemplando la hermosura de la Virgen Madre de Dios. Pero es que además esta santa señora les habló sobre la gravedad del pecado, sobre conversión, sobre penitencia y sobre el rezo del santo Rosario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje de Fátima está pues a punto de cumplir 100 años, precisamente en este año que estamos empezando, y es bueno que descubramos la actualidad permanente de Fátima, sólo quiero destacar una frase, la Virgen dijo a los pastores que era necesario rezar porque de otra manera Rusia extendería sus errores por el mundo; sabemos que precisamente por las fechas de Fátima, en lo que después fue la Unión Soviética estaba triunfando el modelo comunista ateo, un modelo que se impuso durante 70 años o más y que condujo no solamente a la desaparición del nombre de Dios en millones de personas, sino también a una persecución sistemática de todo aquel que no estuviera de acuerdo con el modelo comunista. A partir de la fuerza que tomó el comunismo en Rusia, luego se extendió a otros lugares como Vietnam, Corea del Norte que sigue siendo comunista, China con la lucha que llevó Mao Tse Tung y Cuba con la fuerza astuta e implacable de Fidel Castro. Así, que efectivamente el comunismo se extendió por todo el mundo, ese modelo que es al mismo tiempo económico, político y social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además de ese comunismo hay otro comunismo, lo que podemos llamar el neomarxismo, entendiéndolo como la aplicación del mismo esquema del comunismo que predicó Karl Marx pero utilizando otros puntos de partida, Marx básicamente lo que hizo fue hablar a la población más desfavorecida, hablar a los pobres para decirles: “ustedes no tienen nada que perder, sino sus cadenas, de manera que este es el tiempo de alzarse en rebelión contra la clase burguesa, contra los ricos, este es el momento de acabar con esa división que ha traído el capitalismo y ponernos en marcha hacia el paraíso comunista”. Este fue el mensaje que Marx trajo a estas multitudes, a estas masas de empobrecidos. Pero luego, los empobrecidos que vio Marx, los obreros, cambiaron en cada una de las aplicaciones del comunismo se va dando como una mutación, y entonces va cambiando la población a la que siempre se le quiere presentar como víctima y se le quiere decir: “yo represento tu futuro”; y a la que siempre se le predica: “debes odiar a los que te odian”. Por ejemplo Mao Tse Tung va a predicar ese mismo mensaje pero no a la clase proletaria, que era la que tenía Marx en mente al principio, sino que lo predica a los campesinos, a los minifundistas de China; y lo mismo va a suceder en otros lugares. Hoy el neomarxismo va a otros sectores de la población con ese mismo mensaje, por ejemplo el neomarxismo se hace presente hoy con la población homosexual, de modo que se quiere presentar este lenguaje a los homosexuales: “ustedes han sido siempre odiados, de manera que este es el tiempo de levantarse en rebeldía, los LGBT les vamos a defender sus derechos y ustedes y nosotros vamos a cambiar completamente la sociedad, empezando por los niños”; Mao Tse Tung se preocupó por los niños; Marx, Engels y Lenín querían acaparar la atención de los niños y por supuesto el nuevo lobby gay quiere adueñarse de los niños; es decir que estamos nuevamente con toda la situación de Fátima, estamos en este mismo combate y por eso es necesario que las armas que nos mostró la Santísima Virgen las utilicemos más que nunca, la oración en familia, la conversión, la penitencia, la unión con nuestros legítimos pastores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es necesario que entendamos que fuera de la Iglesia Católica no hay realmente quien pueda ofrecer verdadera resistencia al avance de ese neomarxismo que ahora toma la población homosexual. A otros sectores de la población también se les está coqueteando, por ejemplo los drogadictos ofreciéndoles: “mire, les vamos a legalizar lo que ustedes quieran”; o a los pederastas: “vamos a legalizar sexo con niños”. Simplemente es seducir, coquetear a sectores de la población para seguir utilizando el modelo marxista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fátima está en perfecta y plena actualidad y por eso es necesario que volvamos de todo corazón a la Santísima Virgen, guiados por ella, con un espíritu de profunda paz, de conversión y penitencia lleguemos hasta el último rincón del mundo. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co33007a</title>
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				<updated>2016-11-15T23:33:06Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Las claves para sobrevivir en estos tiempos difíciles y en los venideros son la plena confianza en el Señor y lo mejor de nuestra perseverancia.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Este es el domingo número 33 del Tiempo Ordinario, eso significa que vamos llegando al final del año litúrgico, porque éste tiene un total de 34 domingos propios de este tiempo; terminado ese Tiempo Ordinario empieza el siguiente año litúrgico con el tiempo litúrgico del Adviento, así que vamos llegando hacia el final y eso se nota bastante bien en las lecturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiero destacar el texto del capítulo 19 de San Lucas, se trata básicamente de las señales del final y de las actitudes que debemos tomar como creyentes ante el final de los tiempos, porque hay que saber que la historia de la humanidad y la historia misma de este planeta y del universo, aunque tienen la expresión de la belleza divina son apenas la introducción para lo que Dios tiene como realmente definitivo, es decir este cielo y esta tierra que conocemos no son la expresión perfecta del plan de Dios; llegar a ese convencimiento puede traer bastante melancolía y amargura a algunas personas porque pueden sentir qué cuál es el sentido de todo el esfuerzo y de todo lo que uno hace si finalmente este planeta no es eterno, el universo no es eterno, por lo menos como lo conocemos no va a durar para siempre, entonces terminamos preguntándonos cuál es el significado, cuál es el sentido de tantos esfuerzos nuestros; esas preguntas si están en las lecturas del final del año litúrgico; entre otras cosas son preguntas que aluden a la muerte del universo, al final de la historia humana, hay que ir aplicando a la realidad, a la vida y a la muerte de cada uno de nosotros porque no vamos a esperar que el universo se acabe para decir: “bueno ahí es donde hay que hacerse las preguntas del sentido de la historia”; cada uno de nosotros llegará a su propio final y ese final se llama la muerte, y preguntarse sobre la muerte de una manera serena, sabía, constructiva siempre ha sido parte de los grandes tesoros de nuestra fe cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo nos habla de señales, éstas son duras, implican la persecución a los creyentes, las guerras entre las naciones y grandes señales en la naturaleza. ¿Qué tanto hemos avanzado en esas señales? ¿Podemos decir que el final de los tiempos ya es inminente? Algunas personas consideran que sí, que a medida que se van aprobando leyes inicuas en contra de la familia, en contra de la Iglesia, en contra de la fe; esas son las señales de que el fin ya es inminente. Si se estudia historia de la Iglesia se ve que en distintas oportunidades a lo largo de los siglos se han presentando cosas realmente espantosas y eso a la gente de aquel tiempo se le convirtió como en una especie de despertador, como de alarma y sentían que todo se iba a acabar, pero no se acabó todo; así que debemos estar siempre preparados, buscar que nuestra vida siempre tenga rectitud ante Dios pero no debemos estar tan obsesionados con el hecho de que si el fin ya va a acontecer, si falta mucho o poco; personalmente creo que todavía falta mucho por suceder lo cual implica muchos combates que todavía nos aguardan y de aquí la importancia de las actitudes que quiere que tengamos Cristo, Él quiere que tengamos una actitud en primer lugar de gran confianza, tengamos la certeza de que hay un Dios victorioso, sabio, misericordioso, que se ha pronunciado a favor nuestro y que está siempre a nuestro lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, la perseverancia, ese Dios que ha perseverado a nuestro lado nos invita a que perseveremos de su lado, a que estemos siempre con Él, a que no neguemos nuestra fe y la manera de vivir que Él nos ha transmitido, así que acojamos estas enseñanzas, sabemos que estamos viviendo en tiempos difíciles, sabemos que vienen tiempos incluso más difíciles y que las claves para sobrevivir son la infinita confianza en Nuestro Señor y lo mejor de nuestra perseverancia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=O326007a&amp;diff=311763</id>
		<title>O326007a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:34:51Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Las parábolas con como &amp;quot;fotografías&amp;quot; de la vida real en las que Cristo nos enseña a ver el llamado y el paso de Dios y de su Reino.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy se encuentra al comienzo del capítulo dieciocho de San Lucas.  Es una invitación a la oración, una invitación a orar con perseverancia, una invitación a no desanimarnos.  Y quisiera ofrecer, precisamente, una breve reflexión sobre esa consigna de Cristo: oren sin desanimarse (cf. Lc 18,1); es decir, quisiera que habláramos, un poco, sobre qué significa el desánimo.  Para tener una base sólida, creo que es interesante relacionar el desánimo con las tres virtudes teologales: hay un desánimo, que proviene de falta de fe; hay un desánimo, que proviene de una fractura en la esperanza; y hay un desánimo, que surge por escasez de caridad, escasez de amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primer caso, es el desánimo que viene por falta de fe.  Es falta de fe, el pensar que los poderes de este mundo pueden suplantar, reemplazar o doblegar al poder de Dios; eso es falta de fe.  Es falta de fe, buscar el consuelo en los ídolos de esta tierra, simplemente, porque la recompensa que esperaríamos por ser buenos, no llega pronto; eso es falta de fe.  Tú tienes un pacto con Cristo, y según ese pacto, Él te ha prometido muchísimo más, pero muchísimo más de lo que nadie pudiera prometerte; si tú crees en su palabra, entonces, ¿por qué te contentas con otras cosas? Fíjate el caso de Judas Iscariote: a pesar de las magníficas predicaciones y promesas de Cristo, en un momento dado, a Judas le pareció mucho más concreto tener en su mano una bolsa de monedas; y precisamente porque dejó de creerle la palabra a Cristo, empezó a creerle a los enemigos de Cristo.  Entonces, una parte del desánimo, es esa: cuando no creemos a fondo en las palabras de Cristo, entonces, no creemos que valga la pena ser fiel; cuando no creemos que el Evangelio tiene suficiente encanto, entonces, empezamos a hacer encantador el Evangelio, hacerlo simpático, como el que lo vende barato, como el que empieza a decir: “bueno, hagamos de cuenta que esto no es tan importante, este mandato, pues, se puede obviar; esta prohibición, pues, no era tan seria, tan seria”.  Eso se llama falta de fe, eso es vender barato el  Evangelio, porque no creemos a fondo que el Evangelio, con todas sus letras, con toda su fuerza, tenga también toda la belleza para cautivar los corazones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un desánimo que proviene de la falta de esperanza, la esperanza se agrieta.  Debemos entender que nosotros hemos sido llamados a sembrar, hemos sido llamados a combatir; no necesariamente a ver la victoria en nuestros propios días.  Pensemos en lo que han sido las vidas de los grandes misioneros y, sobre todo, dejémonos inspirar por los mártires: fíjate que una persona que sufre el martirio, es una persona que está viendo cómo todo está en contra suya, cómo todo se le vuelve en contra, y por eso una de las grandes virtudes de los mártires es la esperanza.  Por eso dice la Carta a los Hebreos, que esas personas, los que fueron fieles a Dios, los que pusieron su confianza y su esperanza en Dios, eran gente de la que el mundo no era digno (cf. Heb 11,38), porque fueron capaces de esperar contra toda esperanza; es decir, contra las esperanzas parciales y las recompensas pasajeras, supieron poner su ancla más allá de la muerte, incluso.  &lt;br /&gt;
Las parábolas con como &amp;quot;fotografías&amp;quot; de la vida real en las que Cristo nos enseña a ver el llamado y el paso de Dios y de su Reino.&lt;br /&gt;
Y por supuesto, es muy difícil mantener el ánimo si el amor está bajo, porque con un amor pequeñito, todo lo que nos haga el prójimo, nos va a doler demasiado, todo lo que nos haga el prójimo, nos parece dificilísimo, nos parece perverso, nos cuesta muchísimo; y abrumados por las imperfecciones del prójimo, pues, entonces, nos dejamos derrotar. &lt;br /&gt;
Pidamos al Señor, que haga su obra plena en nosotros y que no sucumbamos jamás, jamás al desánimo.  Orar con perseverancia, caminar hasta la victoria.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=Tsan017a&amp;diff=311762</id>
		<title>Tsan017a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:32:14Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Dios ha escuchado la oración de su Hijo Jesucristo para que todos sintamos el llamado a la santidad y la alegría de ser fieles a Él, derramando sobre todos el don de su Espíritu Santo.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El primero de noviembre, nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, y creo que esta es una buena oportunidad para reflexionar en la palabra “democracia”. ¿Qué tiene que ver la democracia con la Solemnidad de Todos los Santos? Pues vamos a verlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las características de la democracia es que −teóricamente por lo menos− lo que se quiere es la posibilidad de participación de todos en las grandes decisiones de un país. Así por ejemplo, se supone que en un régimen democrático las personas pueden intervenir para elegir a sus gobernantes, eso quiere decir que el poder se encuentra repartido en todo el pueblo, y de ahí viene la raíz democracia: ese “demos”, quiere decir “pueblo”, y esa raíz para cracia, “krátor”, lo que quiere decir es “el que tiene poder”, “el poderoso”. Así que lo propio de la democracia es repartir los bienes para todos, por eso también en las sociedades democráticas es evidente que hay un esfuerzo –o debe haberlo− para que los bienes de la salud, de las vías de comunicación, los bienes de la educación lleguen a todos. En este sentido, la democracia, bien entendida, supone una superación de lo que podríamos llamar una mentalidad oligárquica, es decir, gobierno de unos pocos, o una mentalidad elitista; lo propio de la democracia es superar el elitismo, la oligarquía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo eso claro, pues, tenemos que decir que la Solemnidad de Todos los Santos es como la democratización de la santidad, porque lo que estamos diciendo es que la santidad no es para una élite, lo que estamos diciendo es que el Evangelio no es para unos pocos, lo que estamos diciendo es que la perfección cristiana no debe quedarse encerrada en los monasterios, en los conventos o en las curias episcopales, lo que estamos diciendo es que la santidad no es únicamente para el misionero, o para el mártir, o para la virgen consagrada; estamos diciendo que todos, absolutamente todos, en cada una de las rutas, en cada uno de los caminos por los que vamos avanzando, todos somos llamados a ser fieles al Señor, a responder a su misericordia, porque Él, como con una lluvia abundantísima ha regado el don de su Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo creo que el texto más democrático que tiene la Biblia es el capítulo tercero de Joel, ahí donde dice: “yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones.” (Jl 3,1), donde se muestra que este Dios nuestro, es un Dios que quiere que su misericordia, su poder, su bondad llegue a todos. A nadie se le oculta que la democracia, que conocemos como sistema social y político, a veces tiene grandes engaños y grandes trampas; esta otra repartición generosa del poder del Espíritu, no tiene engaño, es Dios mismo el que se ha comprometido con nosotros, es Dios mismo el que ha escuchado la oración de su Hijo Jesucristo, para que todos sintamos el llamado, la urgencia y la alegría de ser fieles a Él. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O325005a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:30:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Vivamos la vida cristiana de forma humilde y recta de modo que esperemos el retorno de Cristo velando en oración y cantando su alabanza.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;En el Credo Largo, como a veces se le llama al Credo Niceno-Constantinopolitano, una de las cosas que se afirma, es cómo Cristo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, vendrá glorioso; Él volverá.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese retorno de Cristo, esa vuelta de Cristo es entonces un elemento constitutivo de nuestra fe cristiana, de todos los cristianos; no podemos permitir que la afirmación de la segunda venida de Cristo −puesto que la primera venida fue en la humildad de nuestra carne, en Belén−, se mire como un asunto de protestantes.  Ciertamente, los protestantes han sido muy insistentes en este tema del retorno de Cristo, y se identifica con facilidad a los protestantes, como aquellos que utilizan esta clase de predicación, a veces, incluso, con un tono medio terrorista, como diciendo: “ya viene Cristo y se va a llevar a los que son suyos y, entonces, te vas a quedar por fuera y lo único que te aguarda es el infierno”.  Ese modo de hablar, ese hacer terrorismo con la Biblia, no es algo que nosotros, los católicos, debamos imitar, pero −repito− la enseñanza de que Cristo vuelve, es parte integrante de nuestra fe cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que sí hay que tener en cuenta es que la Biblia es sumamente cauta en cuanto a los tiempos y, mucho más, en cuanto a los lugares de estos hechos.  Lo propio de la mentalidad fanática, y lo propio de la mentalidad sensacionalista, es apresurarse o buscar, de un modo o de otro, cómo dar fechas.  Por ejemplo, hay en internet toda una manipulación de las supuestas apariciones de la Virgen María en un lugar de España llamado Garabandal; lo que yo tengo claro, es que la autoridad eclesiástica respectiva nunca le dio una aprobación a esas apariciones de Garabandal, eso no tiene aprobación de la Iglesia, pero, aún en desobediencia, muchos, que se dicen católicos, pues utilizan un lenguaje muy parecido al de los protestantes y, entonces, llegan incluso a describir una serie de acontecimientos, como la supuesta existencia de un planeta que afectará a la Tierra –esto parece ciencia ficción, pero créanme que hay gente que enseña estas cosas sin reírse–.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace poco estaba mirando en una página de internet −que no recomiendo de ninguna manera−, que se llama “Foros de la Virgen”; estaban dando datos, ¡ya datos!, ¿no?, de en qué fecha, un planeta, que se supone que es mayor que Júpiter, va a meterse al sistema solar y va a hacer que se dé la vuelta la Tierra, y entonces vendrán unas inundaciones, y eso corresponde con el llamado “aviso”, que supuestamente la Virgen dijo en Garabandal.  Esa tendencia es muy humana, porque en el fondo es una tendencia a recuperar el control, es una tendencia a comprender las cosas de tal modo que no me tomen por sorpresa, pero resulta que lo que nos dice el Evangelio de hoy (cf. Lc 17,26-37) es, exactamente, que en cuanto a los tiempos, en cuanto a los lugares, está el elemento sorpresa, y en cuanto a los elegidos, está el elemento sorpresa.  Eso no significa que sea una lotería, significa, más bien, que nosotros, en vez de estar escudriñando especulativamente esas cosas, tenemos que llevar una vida agradable a Dios, una vida cercana a Él, de manera que sea de día o de noche, sea en este siglo o en el siglo entrante, o dentro de veinte siglos, los que estemos en Cristo, llevemos la vida cristiana.&lt;br /&gt;
Me llamó la atención que en los enlaces de todas estas historias de Garabandal, pues, tienen toda una tienda; entonces, ellos venden, por ejemplo, los mapas de cómo va a quedar el mundo después de las inundaciones, pero esos mapas no te los muestran en internet, tienes que comprarlos.  ¿Cuántas personas estarán botando su dinero?, ¿cuántas personas estarán enriqueciendo a estos estafadores? ¡Por ahí no es!; el camino es una vida cristiana, humilde, recta, de modo que venga Cristo cuando quiera venir, nosotros le recibamos velando en oración y cantando su alabanza.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O324005a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:28:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Los judíos del tiempo de Jesús escuchaban la expresión &amp;quot;Reino de Dios&amp;quot; con oídos en los que resonaba el recuerdo de David como jefe y rey. Cristo trae un sentido diferente, que empieza en que Dios reina allí donde se le obedece.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo diecisiete de San Lucas.  Podemos decir que la misión, el ministerio público de Cristo, va llegando a su final y por eso, también, las preguntas que le hacen a Cristo, y las palabras que Él dice tienen un carácter particularmente dramático (cf. Lc 17,20-25).  &lt;br /&gt;
Por ejemplo, bien sabemos que Cristo, a lo largo de su ministerio público, predicó muchas veces sobre el Reino de Dios: el Reino de Dios está cerca, el Reino de Dios se parece a, el Reino de Dios es para aquellos que son como niños, hay que ser como niño para entrar al Reino de Dios, y así sucesivamente.  Es un tema tan central en la predicación de Cristo, que algunos dicen que, de hecho, es el tema fundamental.  De tal modo que, Cristo podría ser descrito como El profeta del Reino de Dios, siempre que recordemos que Cristo, no solamente habló del Reino, sino que instauró el Reino, y siempre que recordemos que el primer espacio donde acontece el reinado de Dios es, precisamente, el corazón mismo de Cristo, su cuerpo santísimo.  Su obediencia a Dios Padre, no es otra cosa sino el espacio interior que la voluntad de Nuestro Señor le deja a Papá Dios para que cumpla su querer.  De modo que la llegada del Reino de Dios tiene un lugar preciso, que es Cristo mismo (cf. Lc 17,21); es Cristo, en la medida en que su obediencia de amor es perfecta.  Y por eso, también, la llegada del Reino de Dios, está ligada a la acogida, a través de la fe, de la palabra que nos predican los apóstoles, y está ligada a la obediencia de la fe que nuestros corazones le deben al Espíritu Santo de Dios, que se nos ha dado; dicho de otra manera, esa abundancia de Espíritu, reclama de nosotros una disponibilidad que sea como reflejo de la disponibilidad obediente de Cristo, y si uno tiene esa clase de disponibilidad, entonces el Reino de Dios acontece dentro de uno.  &lt;br /&gt;
O sea que el Reino de Dios por supuesto que se refleja en nuestras palabras, en nuestras obras, en nuestras instituciones.  ¡Sí!, el Reino de Dios se refleja en todo ello, pero quien nos enseña esto, es el mismo Cristo que nos dijo que había que limpiar primero por dentro los vasos, que nosotros como vasos depositarios del amor de Dios, teníamos que ser purificados por dentro, porque Cristo dice: “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.” (Mc 7,15).  Y por consiguiente, el Reino de Dios se va a reflejar en obras, en instituciones, en ordenamientos legales, pero todo ello tiene que brotar primero de un corazón que ha vivido la obediencia, un corazón que se ha rendido gustosamente, amorosamente y generosamente al querer de Dios.  Solamente los corazones así dóciles, solamente los corazones así entregados al amor de Dios, podrán verdaderamente experimentar que Dios reina; y solamente a través de las decisiones, las palabras, las obras y las instituciones de esas personas, podrá hacerse visible el Reino de Dios.&lt;br /&gt;
O sea que, no es algo que tenga la espectacularidad de un vasallaje (cf. Lc 17,20) así como el que lograban los romanos: entraban imponentes con sus legiones y sometían a vasallaje a los pueblos donde llegaban.  ¡No!, ¡El Reino de Dios no es así!; el Reino de Dios, sucede a imagen y semejanza de la obediencia de Cristo, y es en Él, y solamente en Él, donde podemos aprender y recibir que Dios reina.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O311006a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:17:56Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo quiere que obremos como Dios obra, amando a quienes nos odian, sonriendo a quienes no nos sonríen, invitando a quienes no nos pueden corresponder e interesados por los indiferentes.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo catorce de San Lucas. Cristo nos está dando una lección sobre el modo propio de amar del cristiano. Podemos decir que la manera espontánea de amar que tenemos los seres humanos, es la transacción; a esto lo hemos llamado a veces: la “Lógica de la transacción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transacción es un intercambio de bienes; es lo típico, por ejemplo, del comercio: así por ejemplo, yo voy a un almacén, doy dinero y recibo −qué sé yo− un electrodoméstico, un libro, una pieza de ropa. De modo que la manera espontánea del amor humano es la transacción; amar, a los que nos aman, a los que nos tratan bien; invitar, a los que nos pueden, también, corresponder con una invitación; sonreír, a los que nos sonríen; ser indiferentes, con los que son indiferentes con nosotros. Eso se llama lógica de la transacción, y podemos decir que ese es el modo espontáneo, ese es el modo más común de obrar del ser humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, Cristo en el Evangelio de hoy nos propone otro tipo de comportamiento, Cristo nos propone lo que podríamos llamar la “Lógica de la gratuidad”. La lógica espontánea, humana, la que le sale a uno sin mucho esfuerzo, se llama la lógica de la transacción; y la que propone Cristo, se llama la lógica de la gratuidad. Cristo dice, no invites a los que te van a invitar después (cf. Lc 14,12), es decir, no te quedes en la lógica de la transacción, da un paso más; y ese paso, ¿cuál es? Invita a los que no pueden invitarte, esos no te pueden pagar (cf. Lc 14,13-14). Y Cristo nos invita a dar ese paso, es decir, a ofrecer nuestro tiempo, nuestra atención, nuestro amor, nuestra alegría, exactamente a los que no tienen cómo pagarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si nos damos cuenta, esa es la manera de obrar de Dios con nosotros, especialmente con nosotros los pecadores, porque, como bien dice el apóstol San Pablo: “tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.” (Rm 5,7-8). Se ve la desproporción entre el don que recibimos y los méritos, o mejor dicho la falta de mérito en que estábamos; nosotros no merecíamos a Cristo, nosotros no podíamos pagar por el amor de Cristo, nosotros no teníamos con qué compensar esa obra misericordiosa de Dios y, sin embargo, Dios Padre nos dio a su Hijo. O sea que Dios Padre ha obrado, no con la lógica de la transacción, sino con la lógica de la gratuidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Cristo quiere que nosotros aprendamos también esa lógica; Cristo quiere que nosotros no nos quedemos eternamente en la transacción, Cristo quiere que aprendamos a obrar como Dios obra. Y Él mismo nos llena con su amor, Él mismo nos llena con el poder de su Espíritu, Él mismo nos ha tratado con esta inmensa compasión para que nosotros seamos, también, testigos de esa compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Va llegando a su final el Año de la Misericordia propuesto por el Papa Francisco; yo creo que el fruto perdurable de este año en nuestra vida tiene que ser, exactamente, superar la lógica de la transacción y entrar en esta lógica bendita de la gratuidad, que se ha mostrado en Cristo.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co31006a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:15:16Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La abundancia del amor divino, manifiesto en al compasión y cercanía de Cristo, transforma un corazón centrado en sí en un corazón abierto a la donación de sí.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de este domingo es típico de San Lucas; quiere decir, que el pasaje que estamos escuchando es propio de este evangelista, y lo oímos únicamente en el ciclo C de las lecturas. Recordemos que para los domingos, nuestra Iglesia Católica tiene 3 ciclos de lecturas: el ciclo A, corresponde a San Mateo; el ciclo B, es el propio de San Marcos; y el ciclo C, es el de San Lucas –en el que nos encontramos–.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De modo que este es un pasaje propio de San Lucas, y como en otros pasajes de este evangelista, el énfasis está en la compasión, en la misericordia de Cristo. Por algo se ha llamado a Lucas, el evangelista de la humanidad de Cristo: como que lo más humano, lo más cercano, lo más compasivo de Jesucristo, nos lo deja ver este evangelista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y son varias las lecciones que podemos aprender del pasaje: básicamente, se trata de la conversión de un pecador, que es una de las máximas expresiones de misericordia, porque el pecador, en cuanto pecador, es un enemigo de Dios, y los publicanos, ciertamente, eran enemigos de Dios, no solamente por su idolatría del dinero, sino también, porque era propio del estilo de vida de los publicanos, aprovecharse de los más pequeños, aprovecharse de los más pobres. Así, que los publicanos tenían una bien ganada fama de explotadores y de gente sin entrañas, gente cruel, gente que realmente lastima a los más pequeñitos, a los más indefensos. Por eso decimos, sin temor a equivocarnos, que este pecador, este publicano, llamado Zaqueo, obraba como un enemigo de Dios; y sin embargo, Dios tiene una hermosa promesa para él, una promesa inesperada. Vamos a ver que podemos aprender de este pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos encontramos, en primer lugar, con que Zaqueo es atraído hacia la persona de Cristo, por la multitud: la cantidad de gente que rodea a Cristo, llega a despertar una especie de curiosidad en Zaqueo; pero luego, la misma gente, precisamente, por ser tanta, hace difícil que Zaqueo tenga un encuentro real y personal con Cristo (cf. Lc 19,1-4). Yo creo que de esta ambigüedad entre ayudar y dificultar, está una lección para nosotros: quiero decir, la gente es la que impulsa a Zaqueo a buscar a Cristo, pero, luego la misma multitud, la misma gente se llega a convertir en un obstáculo para que Zaqueo se encuentre con Cristo, y yo creo que ahí −repito− hay una lección para nosotros, porque la multitud al mismo tiempo nos lleva hacia Jesús y nos impide ver a Jesús. Y esto lo podemos aplicar de distintas maneras a nuestra condición de católicos. Pensemos, por ejemplo, en la situación de muchos de nosotros, que pertenecemos a países, naciones donde hay una gran mayoría de católicos; evidentemente, esa múltiple presencia de nuestra fe católica, pues, ayuda a que seamos bautizados, y a que crezcamos en un cierto entorno de fe. En ese sentido, el pertenecer a un país de mayoría católica tiene una ventaja, pero, luego es posible también que en medio de esa abundancia de fieles católicos, y en medio de esa presencia sociológica de la fe, se nos escape el encuentro personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, yo me pongo a pensar: cuando nosotros tenemos tantos colegios –la Iglesia Católica tiene tantos colegios que está dirigiendo–, cuando tenemos tantas parroquias, cuando tenemos tantas universidades, ¿cómo es posible que, sin embargo, se den tantos escándalos de injusticia, de explotación, de incoherencia de la vida cristiana? Entonces, es posible que nosotros nos hayamos acostumbrado al dato sociológico de ser católicos pero sin una verdadera convicción personal, sin una verdadera entrega personal, sin un verdadero encuentro personal. Esa lección nos deja esta escena de Zaqueo: cómo la multitud, al mismo tiempo nos invita a ver a Jesús, pero si nos descuidamos, el hecho de ser mayoría, y el hecho de ser multitud, termina en el que ya no nos encontramos con Cristo, sino que nos falta ese encuentro personal, nos falta ese saber verdaderamente quién es Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuál será la solución? Pues, la solución no es dejar nuestra fe; la solución es ir más allá de la multitud, como hizo Zaqueo: él escogió esa estrategia de subirse a un árbol. Bueno, pues miremos desde dónde, desde qué árbol, desde qué altura podemos encontrarnos con la mirada de Cristo, para que Cristo haga plenamente su obra en nosotros.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Fdif013a</title>
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				<updated>2016-11-15T22:12:35Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Recordemos con amor a nuestros difuntos, entregándolos a la misericordia de Dios, orando por ellos y les pedimos en la medida en que la caridad se los permita nos auxilien a nosotros también.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 2 de noviembre, nuestra Iglesia Católica celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.  La palabra “conmemoración”, realmente es poco frecuente en la iturgia de nuestra Iglesia, y por eso yo creo que requiere una pequeña explicación.&lt;br /&gt;
Nosotros tenemos en las celebraciones litúrgicas: solemnidades, que son algo así como las celebraciones de más alto rango, y entre todas esas solemnidades, por supuesto que sobresale La Pascua; luego tenemos las fiestas litúrgicas, como la Transfiguración del Señor, o como las celebraciones para los apóstoles; después de las fiestas, tenemos las memorias −hacer memoria es recordar−; muy parecido a las memorias y en un rango semejante, está la conmemoración, que evidentemente de lo que se trata es de hacer memoria juntos −esa partícula “co”, lo que está indicando es la participación de otros: por ejemplo, cuando se dice que alguien tiene que coordinar, se está diciendo que no es simplemente que ordena, sino que tiene que ponerse de acuerdo con otros para organizar qué es lo que se va a hacer, o cuando se dice que fulano de tal es el coequipero, ese “co” lo que indica es participación−.&lt;br /&gt;
Entonces, en la Conmemoración de los Fieles Difuntos nos reunimos como asamblea y recordamos juntos una verdad muy profunda, y esa verdad es que más allá del umbral de la muerte, realmente muchos de nosotros necesitaremos del auxilio de la Iglesia y, por supuesto y en primer lugar, de la misericordia salvadora de Dios.  Eso es lo que quiere decir la conmemoración: recordamos juntos que más allá de la muerte seguimos necesitando de misericordia.  Y es hermoso pensar que las obras de caridad no terminan simplemente en lo que nosotros hacemos mientras estamos en esta tierra, porque en esta tierra podemos realizar obras de misericordia corporales, como dar de comer al hambriento, o dar de beber al sediento, pero nuestros difuntos, aunque ya no comen, y aunque ya no beben, sí siguen necesitando de misericordia.  Y por eso en esta festividad de los fieles difuntos, estamos presentando a Dios la abundancia de la oración que Él mismo nos inspira, clamando misericordia por nuestros fieles difuntos y, a la vez, tomando conciencia de que nosotros mismos necesitamos y necesitaremos de esa misericordia.&lt;br /&gt;
Recordemos, entonces, con amor a los que ya han partido, tengamos un pensamiento de oración, miremos que no es buena la idea que tanta gente tiene, como de ir de una vez declarando en el cielo a todos sus difuntos.  A veces se dice: bueno, vamos a celebrar la pascua del Padre tal, que murió, o vamos a celebrar la pascua de fulano de tal, y se presentan las cosas como que ya está en el  cielo, y como que ya todo se consiguió, y la verdad es que nosotros no sabemos eso; nosotros no sabemos, nosotros no tenemos esa certeza de si las personas que han muerto, están o no están en el cielo.  De hecho, nuestra enseñanza católica nos habla con gran humildad sobre la realidad del purgatorio, lo que está indicando que muchas veces nuestra vida cristiana no estuvo realmente a la altura, no estuvo realmente en el grado de coherencia que era de esperar y que era de desear; o sea, que seguimos necesitando.  Entonces, hablar de que mi madre ya está en el cielo, o hablar de la pascua de tal o cual difunto, o reunirnos para darle gracias a Dios por la vida de fulano de tal que ya está con el Padre Celestial, eso no lo sabemos, ese no es un modo caritativo de hablar; el modo caritativo, el modo propio de hablar de nosotros los cristianos es: entregamos a nuestros difuntos al amor de Dios, oramos con sencillez por ellos, y les pedimos, también a esos difuntos, que en la medida en que la caridad se lo permita, también nos auxilien a nosotros.  Esos son los lazos de amor que nos unen con los difuntos, y ese es el sentido de esta hermosa conmemoración.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O304004a</title>
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				<updated>2016-10-24T01:07:17Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo no es un maestro más que solo transmite opiniones, Él es la revelación definitiva del amor de Dios, manifestado en la sangre bendita de su cruz en la que somos salvos.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 13 de San Lucas, seguimos con este capítulo que nos está dando tantas enseñanzas. En este pasaje encontramos  una amenaza que lso fariseos le presentan a Cristo, la frase es: “Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte” (Lc 13,31). Hay que tener en cuenta que los fariseos a toda costa querían deshacerse de Cristo. Los mismos fariseos buscaban lo que Cristo predicaba, es decir el Reino de Dios, pero lo buscaban y lo predicaban de una manera diferente, porque mientras que Cristo trae el mensaje de la gracia sobreabundante y del amor inconmensurable de Papá Dios que trae perdón y conversión a nuestras vidas y que trae sanación y liberación a nuestras almas; mientras que Cristo está con ese mensaje, que es el de la misericordia sobreabundante, pues resulta que los fariseos tenían otro mensaje, para ellos de lo que se trataba era de cumplir la ley como el que que cumple un contrato; la manera de pensar de los fariseos era: “nosotros tenemos un contrato, es decir una alianza, tenemos un contrato con Dios, hemos incumplido la parte de nuestro contrato, es natural que Dios nos tenga relegados y aislados de sus bondades y de sus bendiciones, pero si cumplimos la parte de nuestro contrato, si hacemos lo que tenemos que hacer, entonces ya verá que Dios trae las bendiciones”; y por eso la predicación de los fariseos era fundamentalmente el cumplimiento estricto de la ley, porque se trata cumplir escrupulosamente todas las cláusulas de ese contrato para poder decir así: “ya tenemos certeza de que hemos pagado y ahora nos deben dar aquello que hemos comprado”. Eso es más o menos el pensamiento de los fariseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto si los fariseos tienen esa idea del cumplimiento estricto de la ley según sus propias interpretaciones, entonces Cristo les estorbaba porque toda bondad de Él, sus milagros, sus exorcismos y sobretodo la presencia misma de la misericordia encarnada en Cristo era un estorbo para el mensaje que ellos querían llevar, por eso quieren deshacerse y hoy utilizan un recurso: el miedo “alejate, alejate que Herodes te busca para matarte” (cf. Lc 13,31). Hay que tener en cuenta que los fariseos tenían muchos maestros, los maestros de los fariseos eran usualmente los escribas, es decir los maestros de la ley así llamados, personas que habían dedicado prácticamente su vida entera a conocer y a interpretar la Palabra de Dios con el problema de que muchos de estos escribas realmente dependían más de las interpretaciones humanas que de la misma Palabra, es decir ya lo que se aprendían en su cabeza estos escribas era la interpretación de la interpretación y se quedaban más con enseñanzas y tradiciones humanas que quedarse con la fuerza de la Palabra de Dios que era lo que tenían que haber estudiado. Lo cierto es que los escribas eran maestros y había una relación muy estrecha entre los escribas y los fariseos, relación que se entiende por mutua conveniencia porque los escribas, como todo maestro, querían tener muchos discípulos y encontraban muchos entre los fariseos y sus seguidores; y luego los fariseos querían tener voces autorizadas que les permitieran exigir el cumplimiento de la ley según los estudios tan profundos, así los estimaban ellos, de los escribas; así que había una relación de mutua conveniencia entre escribas y fariseos. Pero por supuesto estos escribas se habían convertido en expertos en opiniones, expertos en apariencias “esto parece que es así, esto parece que va por allá”. La gente misma se daba cuenta que esos escribas enseñaban sin autoridad porque lo que hacían era repetir opiniones, repetir lo que a cada uno le parecía, y es evidente que cuando uno está repitiendo opiniones pues uno no se hace matar por ese tipo de enseñanza, uno siempre cuida primero la vida; así que los fariseos que estaban acostumbrados a ese tipo de maestros pensaba que Jesús era de los mismos, uno que está diciendo cosas, soltando palabritas; Cristo no estaba soltando palabritas, Él no estaba hilando discursos; Cristo con su palabra, con sus milagros, con sus exorcismos, con su tiempo gastado en favor nuestro y sobretodo con su dolorosa pasión nos va a revelar quién es verdaderamente el Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que Cristo nos está enseñando hoy que no es un maestro más que simplemente transmite opiniones, es la Revelación definitiva del amor de Dios y esa revelación, incluso más que en ninguna parábola o discurso está en la sangre bendita de su cruz en la que somos salvos, la gloria y la alabanza para Él. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O303006a</title>
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				<updated>2016-10-24T00:36:30Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo nos quiere responsables con nuestra vida cristiana; sin caer en la desesperación, confiando en Él, el único autor de nuestra salvación.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy tomado del capítulo 13 de San Lucas encontramos una de esas preguntas que por lo visto no tiene respuesta buena, porque le preguntan a Cristo: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?” (Lc 13,23). Hagamos el ejercicio de responder a esta pregunta como seguramente quería que fuera respondida quien la hizo, supongamos que Cristo le dijera: “se van a salvar muchísimos, ¡muchísimos se van a salvar!”, ¿qué conclusión se saca a partir de ahí? que no hay que esforzarse mucho por cuidar la llama de la fe, por cuidar la fidelidad al Evangelio, por llevar la buena noticia a otras partes, porque ¿cuál sería la necesidad, el afán de estar llevando misioneros a otros lugares? ¿para qué todo ese esfuerzo? ¿para qué todo ese sacrificio si los que están ahí finalmente lo más probable es que se salven? De hecho hay personas que piensan de ese modo, en contra de lo que dice el Evangelio de hoy, hay gente que piensa de ese modo, por una interpretación bastante superficial de la misericordia presentan las cosas como diciendo: “mire, realmente nadie se va a condenar, o si acaso pues será una porción realmente ínfima, pero ínfima”; quienes que hablan de ese modo están respondiendo a la pregunta del Evangelio de hoy en los términos que utilizó quien hizo la pregunta, porque él hizo la pregunta así como en términos de: “deme un porcentaje” y si entonces decimos:  “mucho más del 99 % se va a salvar ¿qué sentido tiene el esfuerzo en la virtud? ¿qué sentido tiene la evangelización? ¿qué sentido tiene la obra misionera de la Iglesia? ¿qué sentido tiene fidelidad en la liturgia? no tiene ningún sentido eso;La “Si he cometido varios adulterios y he estado con varias esposas y he dejado hijos por todas partes” por solo dar un ejemplo, si he sido descuidado en mis deberes sacerdotales, pues eso finalmente no importa porque al final, al final todo el mundo se salva; es decir ¡eso no interesa realmente mucho!.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra posible respuesta es que Cristo hubiera dicho: “el porcentaje es bajísimo, bajísimo 0,1 % o menos”; pero claro, eso inmediatamente llevaría a una sensación de desesperación. Martín Lutero quien inició la llamada Reforma Protestante, fue un hombre que sufrió mucho porque él tenía esa clase de la interpretación del Evangelio, él creía que era un porcentaje realmente ridículo, ínfimo de personas las que se salvaban, y él siempre sentia que se iba a quedar por fuera, y sentía que Cristo, el juez lo iba a echar y en esa desesperación mental buscaba en la Biblia a qué agarrarse, cómo sujetarse a un texto que le diera algo de esperanza y entonces empezó a interpretar a su manera una gran cantidad de textos de San Pablo, sobretodo la Carta a los Romanos. Pero entonces, démonos cuenta cómo las dos respuestas que tienen que ver con las matemáticas o con la aritmética, decir que es más del 99 % o decir que es menos del 0,1 %, ese tipo de respuestas que quizá quería quien hizo la pregunta no nos sirven, porque si pensamos en un porcentaje altísimo de seguro vamos a pensar de una manera irresponsable y si en cambio pensamos en un porcentaje bajísimo, entonces vamos a llegar a la desesperación: entonces no hay una respuesta que sea satisfactoria en el sentido de que si se habla de muchísimo, se cae en la irresponsabilidad y si se habla de poquísimo se cae en la desesperación y Cristo no nos quiere ni desesperados ni irresponsables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En contra del irresponsabilidad Cristo quiere que tomemos en serio la obra de nuestra salvación, San Pablo dijo: “Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor” (Fp 2,12); esas palabras no sobran en la Biblia, esas palabras son importantes. Pero tampoco caer en la desesperación, porque Jesús nos dice que ha venido para salvar a los pecadores y que no necesitan de médico los sanos sino nosotros, nosotros los enfermos (cf. Lc 5,32). Así que Cristo nos quiere libres de la irresponsabilidad y libres de la desesperación, nos quiere responsables con nuestra vida cristiana con una profunda confianza en el Único que es autor de nuestra salvación, el mismo Cristo Nuestro Señor.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O302004a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:54:04Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: No nos asustemos por el tamaño de los enemigos de la vida y de la fe, hagamos lo que nos corresponde por el Evangelio, Dios nos dará la victoria a su tiempo y como Él quiera.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas, en el capítulo trece.  Cristo utiliza dos comparaciones para llamarnos a la confianza sobre la fuerza interior del Reino de Dios para abrirse paso: la primera comparación es la de la semilla de mostaza, que es tan pequeñita, pero llega a convertirse en una planta tan grande, y que puede incluso acoger a los nidos de las aves del cielo (cf. Lc 13,19); la segunda comparación es la de la levadura: una mujer mezcla un poquito de levadura y toda la masa fermenta (cf. Lc 13,21).  Así que, en ambos casos está la relación entre lo que es muy pequeño, como la semillita, y lo que es muy grande, como el árbol ya crecido, o como la masa ya fermentada.&lt;br /&gt;
¿Por qué utiliza Cristo esta comparación? Una de las razones, parece ser, es porque cuando uno empieza a tomar en serio el Evangelio, empieza a sentir, también, que somos pocos, y empieza a sentir que somos pequeños, y uno empieza a sentir que nuestras armas son como ridículas frente a todos los recursos del adversario.  Para que se vea que no estamos hablando, simplemente, en abstracto, tomemos algunos casos.  &lt;br /&gt;
¿Cuántos millones de dólares tienen empresas, centros de poder transnacionales, para buscar a toda costa sobornar –porque no hay otra palabra− a nuestros legisladores para que empiecen a legislar, precisamente, en contra de la vida; leyes que quieren aprobar o extender el aborto hasta convertirlo en un exabrupto, en un “derecho de la mujer”, y además un derecho que debe ejercerse de manera gratuita, de modo que los impuestos de todos, incluso de quienes no creemos en ese esquema de muerte, tienen que pagar el asesinato de esos inocentes.  Son muy poderosos nuestros enemigos.&lt;br /&gt;
Lo mismo hacen para imponer su ideología de género; esa tristeza, como la llama el Papa Francisco.  El matrimonio es algo muy bello, y es muy triste que se quiera corromper a los niños, nos dice el Papa Francisco; pero los que están haciendo esta propagación de la ideología de género, son personas muy poderosas, muy influyentes en medios de comunicación, muy influyentes en la política, muy influyentes porque tienen bolsillos abultados, cuentan con muchísimos recursos.  Frente a esta potencia, frente a esta fuerza para prevalecer que tiene el mal, muchas veces el cristiano se siente pequeñito, y siente que sus esfuerzos se van a disolver en la nada, entonces es cuando recordamos estas palabras de Cristo.  Parece tan pequeña esa porción de levadura, pero sabe abrirse campo, y sabe llegar a toda la masa; parece tan pequeña esa semillita de mostaza, pero sabe abrirse campo, y sabe levantarse por encima de las demás plantas del huerto.  &lt;br /&gt;
Así que no tengamos miedo; lo que a nosotros se nos pide, es que hagamos lo que nos corresponde, hagamos lo que nos toca, el fruto lo dará Dios, y lo dará cuando Él quiera y como Él quiera.  No nos asustemos porque sea grande la oposición: no nos asustemos por el tamaño o el rugido de los leones que nos acechan; no nos asuste la altura de Goliat –según la descripción de la Biblia, era un gigante que casi llegaba a los tres metros de altura−; no te asustes por la altura de Goliat, no te asustes por el poder y el dinero que inyectan estos enemigos de la vida y de la fe.  No te asustes; siembra bien tu semilla, amasa bien tu levadura, y Dios dará la victoria.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O301007a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:51:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La ley busca que rompamos la cadena de esclavitud de producción de idolatrías, acercándonos a nuestra dignidad de hijos de Dios, llevándonos a conocerlo y a amarlo.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;A partir del texto del Evangelio de hoy, tomado del capítulo trece de San Lucas, podemos reflexionar sobre una pregunta: ¿En qué momento, o de qué manera hay que romper la ley?, ¿en qué circunstancias?, porque la contraposición que surge en el Evangelio de hoy, es entre la interpretación de los fariseos y la acción de Cristo.  El caso es que hay una mujer que está siendo afligida por un demonio y está encorvada, y Cristo sana a esa mujer en día sábado; los fariseos, que buscan a toda costa pretextos para criticar al Señor, ven, en esta manera de obrar de Él, un quebrantamiento de la ley: Cristo no respeta el sábado, Cristo no hace caso al sábado, y por consiguiente –esa es la conclusión que ellos quieren sacar− Cristo es contrario a Moisés, y si Cristo es contrario a Moisés, nos quedamos con Moisés, desechamos a Cristo, y seguimos con nuestro estilo de vida y con nuestra enseñanza –eso es lo que parecen razonar los fariseos− (cf. Lc 13,10-17).&lt;br /&gt;
O sea, que ellos quieren apoyarse en la ley, en una aplicación estricta de la ley, para atacar a Cristo; y nosotros, por eso hacemos la pregunta: ¿Cristo rompe la ley, en este caso?, ¿de lo que se trata es de que la ley es un estorbo y hay que deshacerse de ella?, ¿esa es la enseñanza que debemos sacar de este pasaje?; ¿Qué debemos aprender de aquí?, ¿que las leyes son como cadenas que hay que romper?, porque dice Cristo, en un momento del pasaje: “¿No podía ser librada de sus cadenas el día sábado?” (Lc 13,16).  Bueno, ante todo, las cadenas de las que está hablando Cristo, no son las cadenas de la ley, son las cadenas de la opresión diabólica que está sufriendo esta pobre mujer, de eso es de lo que está hablando Cristo cuando menciona cadenas.  Pero, hay personas que hablan de la ley de esa manera, es decir, quieren presentar las cosas como si la ley, por ejemplo, la ley de la Iglesia, la ley litúrgica, la ley canónica, incluso, la ley moral, como que fueran cadenas que no nos dejan ser verdaderamente libres, y si no somos verdaderamente libres, entonces, deberíamos romper esas cadenas y experimentar verdadera libertad.  Además, como el acto de Cristo, es un acto compasivo, es un acto misericordioso, entonces, surgen algunos, en nuestro tiempo −yo he escuchado a algunos sacerdotes, a algunos teólogos−, que presentan como una contraposición entre la misericordia y la ley, como quien dice, la misericordia está para romper con esas cadenas y esas limitaciones de la ley; pero, este modo de pensar es equivocado.&lt;br /&gt;
La verdad es que Cristo no tiene aquí el propósito de romper la ley; lo que rompe, y eso sí completamente, es la manera como estos fariseos interpretaban el sábado.  Es la interpretación farisaica de la ley, la que resulta derrotada, triturada por la palabra y por la acción de Cristo, porque estos fariseos entendían mal el sábado; no es que estuviera mal la ley del sábado, no es que Cristo se goce rompiendo con la ley.  De hecho, en el Evangelio de Mateo, Cristo dice expresamente: “Yo no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud” (5,17), y nadie me va a decir que dar plenitud, es simplemente el acto de destruir, o de burlarse, o de omitir la ley, ese no puede ser el sentido; entonces, es la interpretación farisaica: ellos habían tomado el sábado como una simple restricción de movimiento físico, y por consiguiente, cualquier cosa que pareciera trabajo estaba prohibida, y por consiguiente, curar a los enfermos queda prohibido.  Pero esa es la línea de razonamiento de los fariseos, eso no es lo que dice la ley.  De hecho, la intención de la ley de Moisés sobre el sábado es santa, es bella: de lo que se trata es de separarnos de la esclavitud de la cadena de producción, separarnos de la esclavitud de las idolatrías de este mundo, y acercarnos a nuestra dignidad de hijos que emplean su tiempo conociendo, amando y celebrando en comunión con su Dios; ese es el sentido del sábado, si uno va al Deuteronomio, eso es lo que encuentra.&lt;br /&gt;
Resumen: no es romper la ley, por romperla; tampoco es idolatrar la ley; es ver cuál es la interpretación profunda, cuál es el verdadero sentido, y si ese sentido está desfigurado, como  en el caso de los fariseos, pues necesitamos, ciertamente, del  vigor y la misericordia de Cristo para ir más allá de esa interpretación torcida para darle su verdadero sentido a la ley.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co30009a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:49:00Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Un buen examen de conciencia conlleva no creernos buenos, perfectos ni víctimas; y buscando los aciertos del otro sin despreciarlo, llegamos a verlo como un amado de Dios.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de este domingo, está tomado del capítulo dieciocho de San Lucas.  Es una de esas parábolas de Nuestro Señor Jesucristo, que de una manera breve pero tan concreta, nos dejan una enseñanza profunda.  Se trata de la comparación entre dos hombres en oración: uno de ellos, un fariseo; y el otro, un publicano.&lt;br /&gt;
Hoy quisiera que reflexionáramos sobre la relación que tiene este pasaje, con esa súplica que varias veces le hicieron, personas ciegas, a Nuestro Señor Jesucristo.  Es decir, a uno le llama la atención, cómo el fariseo se siente tan seguro de sus cualidades, y se siente tan seguro de los defectos de los demás (cf. Lc 18,9-14). Y esa seguridad, esa certeza que tiene de que él está bien y de que los demás están mal, es la que hace que su oración se pierda en el vacío, es la que hace que él, aunque tenga tan alto concepto de sí mismo, en el fondo sea despreciado como es despreciada su oración.&lt;br /&gt;
O sea, que tenemos: una persona segura de sí misma y, sin embargo, completamente equivocada.  La seguridad que uno tiene en sí mismo, puede ser una cualidad; a uno siempre le dicen: “mira, tienes que creer en ti, y tienes que estar seguro de los pasos que das, y tienes que aferrarte a tus objetivos, a tus metas”.  Mucha de la literatura que tiene que ver con la superación personal, va en esa línea: ser uno seguro de sí mismo; pero esa seguridad, que se llama también certeza, no necesariamente equivale a la verdad, porque una persona puede estar completamente segura y completamente equivocada, y la demostración está en el pasaje de hoy, en el Evangelio de hoy.&lt;br /&gt;
¿Por qué este hombre sufre esa especie de ceguera? Porque ha escogido ver, solamente lo bueno de sí mismo, y solamente lo malo de los demás.  Es decir, se ha concentrado en lo que le conviene, lo que le gusta, lo que le place, lo que le honra, y ha dejado de lado lo demás.  Yo pienso que todos  tenemos esa tendencia –no es solamente este fariseo−, yo creo que muchos de nosotros tenemos esa malévola tendencia a fijarnos, principalmente, en los defectos de otros, mientras que cuando sufrimos, fácilmente nos consideramos víctimas y nos consideramos inocentes.&lt;br /&gt;
O sea, que hay que buscar un remedio a esta enfermedad, que es una enfermedad de nuestra vista; no de nuestros ojos del cuerpo, sino una enfermedad de los ojos del alma.  Y, ¿cuál será el remedio? El remedio es entrar, un poco, a contradecir esa tendencia tan natural de mirar lo bueno de uno y lo malo de los demás.  Y, ¿cómo hago para contradecir esa tendencia? Bueno, pues para eso está, por ejemplo,  el examen de conciencia.  Cuando uno hace un examen de conciencia, ¿qué está haciendo? Esforzándose por buscar exactamente lo que a uno no le gusta de uno mismo; le está dando atención, está uno abriéndose los ojos para ver con claridad qué es aquello que está mal en mi vida.  Hay que hacer el mismo esfuerzo, por ejemplo, en una discusión, en una diferencia de opiniones: hay que hacer el esfuerzo mental de ver en qué puede estar acertando, esa persona que me cae mal; qué puede estar haciendo bien, ese que es mi adversario; qué ha visto él, o qué ha visto ella, que yo no he visto. &lt;br /&gt;
Entonces, estos son ejercicios de corrección de la visión espiritual: en la medida en que uno hace un buen examen de conciencia, tiene menos riesgo de creerse bueno, y perfecto, y víctima; y en la medida en que uno se esfuerza en buscar, en qué han acertado los demás, tiene menos posibilidad de despreciar a los que son tan amados de Dios.&lt;br /&gt;
Bueno, que estos remedios, por la misericordia de Nuestro Señor, nos ayuden a salir de esas limitaciones que todos tenemos, para verdaderamente agradar al Señor, que es la meta a la que nos quiere llevar Cristo; por eso dice: “Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero.” (Lc 18,14), es decir, volvió a paz y salvo con Dios, volvió como verdadero amigo del Señor.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O286006a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:45:36Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La providencia de Dios Padre, la unción del Espíritu Santo y la sangre de Cristo son razones para confiar, para vencer el miedo y para creer que son preservadas nuestras bendiciones.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo doce de San Lucas (cf. Lc 12,8-12), y me atrevo a decir que va en continuidad con el texto que escuchamos ayer.  Uno de los temas, ayer, era el miedo, y veíamos que Cristo nos da una razón muy fuerte para vencer el miedo: la confianza absoluta en Dios Nuestro Padre; la certeza de que Él nos conoce, Él nos ama, y su providencia acompaña nuestra vida.&lt;br /&gt;
Hoy vuelve a aparecer el tema del miedo, y aparece otro antídoto, podemos decir: la certeza de la acción del Espíritu en nosotros.  Es muy hermoso que Cristo nos recuerde cómo el Espíritu se pronuncia a nuestro favor; es muy importante.  Recordemos  que este Espíritu del que nos habla Cristo, es el Espíritu Santo, pero resulta que también existe el ángel caído, existe el demonio, satanás, y sabemos que satanás es el espíritu acusador, es el espíritu perverso que de algún modo quiere llevarnos a que nos erijamos en jueces implacables de los demás, y también de nosotros mismos; sobre los demás para hundirlos, y sobre nosotros para hundirnos en la desesperanza, eso es lo propio del espíritu de las tinieblas, eso es lo propio de satanás, es lo propio del acusador.  &lt;br /&gt;
Pero resulta que si existe acusador, también existe abogado, y ese abogado es el Espíritu Santo, y así como el espíritu de las tinieblas quisiera infundir en nuestra cabeza pensamientos de acusación hacia otros, y de desesperación hacia nosotros; el Espíritu Santo quiere infundir pensamientos de misericordia hacia los demás, y pensamientos de misericordia hacia nosotros mismos.  Y esa obra del Espíritu, esa presencia dulce, fuerte, luminosa, esa dulce presencia del Espíritu es la que nos da también la fortaleza, la sabiduría del Espíritu, la sabiduría con la que nos dice Cristo: ustedes van a poder responder a sus adversarios; porque el contexto en el que Cristo nos habla de la acción del Espíritu, en el pasaje de hoy, es exactamente ese: El Espíritu Santo les va a dar las palabras que necesitan (cf. Lc 12,11-12); es decir, hay alguien que está luchando a favor tuyo, no estás solo en tu batalla.  &lt;br /&gt;
Fíjate cómo se complementa: antes, nos había dicho: Dios Padre te conoce, te guía, te orienta, te protege, puedes creer en su providencia; y ahora, nos dice: El Espíritu es la expresión misma de la compasión divina, el Espíritu te ilumina, el Espíritu se pronuncia a favor tuyo, el Espíritu te defiende.  ¡Qué hermoso que es el Hijo! –segunda persona de la Trinidad–, el que nos da razones para vencer el miedo, hablándonos del Padre –primera persona de la Santísima Trinidad– y del Espíritu –tercera persona de la Santísima Trinidad–.  La providencia de Dios Padre, la unción del Espíritu, son razones para confiar, son razones para vencer el miedo; y nos falta otra, que no aparece en este pasaje, pero que yo me permito mencionarla: La sangre del Hijo.  El cristiano camina con la certeza de un Dios que le ha bendecido, y que quiere preservar esa bendición, y nuestras razones, ¿cuáles son? La providencia de Dios Padre, la sangre de Dios Hijo, y la unción del Espíritu.  Y por eso, así acompañados, escudados, defendidos por la fuerza del Dios Uno y Trino, vamos de camino por esta tierra, vamos hacia la patria del cielo.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O285005a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:43:45Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Que no termine este Año de la Misericordia sin el reconocimiento sincero de nuestras miserias, venciendo todo miedo al confiar plenamente en Dios misericordioso.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del comienzo del capítulo doce de San Lucas (cf. Lc 12,1-7).  Podemos decir que el pasaje de hoy tiene dos partes: la primera se refiere a la hipocresía, y la segunda se refiere al miedo, o si somos más precisos, la respuesta, el antídoto que Cristo quiere que tomemos para no caer en el miedo, ese antídoto es la confianza en un Dios que es Padre de amor, Padre de providencia.&lt;br /&gt;
Así que, ¿cómo se relacionan estos dos elementos? Cristo, por una parte, denuncia la hipocresía de los fariseos, y por otra parte, quiere que sus discípulos vivan en la confianza en Dios Padre, y de esa manera venzan el miedo.  Así que yo me voy a atrever a hacer esta pregunta: ¿cómo se relaciona la hipocresía y el miedo?, seguramente deben tener una relación.  En el pasaje que hemos oído, el punto que sirve de vínculo entre el tema de la hipocresía y el tema del miedo, es cuando les dice Nuestro Señor: lo que yo les digo en secreto, díganlo ustedes desde las azoteas, hablen con confianza, hablen abiertamente (cf. Lc 12,3), y ahí empieza a contarles cómo hay que vencer el miedo.&lt;br /&gt;
Fíjate que el hipócrita no puede presentar su vida desde la azotea, porque el hipócrita tiene que esconder, y aquel que tiene que esconder, pues en el fondo tiene miedo; la hipocresía está profundamente relacionada con el miedo, porque el hipócrita, que por consiguiente está tapando algo, está escondiendo algo, ¿por qué lo esconde? Por algún tipo de miedo.  Queremos esconder nuestra realidad frente a las demás personas, porque a veces sentimos que si nos mostramos como somos, no nos van a querer, o no nos van a aceptar.  &lt;br /&gt;
De hecho, es algo que varios psicólogos han estudiado, por ejemplo, en las redes sociales.  Te has dado cuenta cómo muchas personas presentan toda una ficción, por ejemplo, en sus perfiles de las redes sociales, por decir algo, Facebook.  Es decir, quieren presentar únicamente, como lo más amable, como lo más bonito, como lo más alegre, y a veces dentro de las mismas publicaciones de la persona, uno se da cuenta que está escondiendo algo.  Me llamaba la atención hace unos meses, el caso, para mí, dramático de una muchacha que salía feliz abrazando sus amigos, sus amigas, salía en sus paseos, en sus fiestas, en sus comidas, es decir, si tú mirabas las fotos, tú decías: “esta mujer lo pasa fantástico en la vida”, pero si luego veías las palabras que soltaba de vez en cuando, aparecían cosas prácticamente equivalentes a: “la vida es un asco”, “no se puede confiar en nadie”, “amigos no existen”.  Entonces, por un  lado está toda esa sonrisa, toda esa alegría y todas esas fotos espectaculares; y por otro lado está todo ese dolor, todo ese vacío, y tú te preguntas, cómo es que la misma persona tiene esas dos caras.  No se trata aquí de llamar hipócrita a esa persona, pero sí nos damos cuenta que, evidentemente, esa persona tiene un miedo, y ese miedo, sí que es la raíz de la hipocresía, porque no queremos mostrarnos como somos, queremos estar ocultos, y queremos presentar un rostro que no es nuestro verdadero rostro.  &lt;br /&gt;
Y, ¿por qué nos escondemos? Pues, nos escondemos porque seguramente van a aparecer nuestras llagas, van a aparecer nuestras incoherencias, y esa verdad es la que nosotros mismos no hemos aceptado.  Por eso, ¿el camino, cuál será? El camino será reconocer nuestras verdaderas miserias, para reconocer, también, al Dios misericordioso.  No tiene sentido hablar tanto de misericordia, si nosotros no empezamos a reconocer, por el camino de la verdad, cuáles son nuestras profundas miserias.  &lt;br /&gt;
Vamos a dar ese paso; que no termine este Año de la Misericordia sin el reconocimiento sincero de quiénes somos, para no caer en el miedo, ese miedo que a veces nos hace tener doble faz, y que nos hace hipócritas.  No queremos caer en eso.  El Señor, con su poder, con su bondad, con su compasión, nos libere de ese miedo y nos lleve a la verdadera confianza en su poder.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O284005a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:41:51Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La misericordia tiene un aspecto de dureza buscando que el pecador tome conciencia; y en el inocente que sufre Cristo se hace presente llamándonos a la conversión.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo once de San Lucas.  La frase que se destaca en medio de las palabras, podríamos decir, fuertes, duras de Cristo, es: “Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto” (Lc 11,51).  &lt;br /&gt;
Antes de examinar esa frase, yo quiero destacar el tono de Cristo: es un tono de denuncia, es un tono de diatriba, es un tono de regaño, y lo destaco porque en este hermoso año de la misericordia, hay muchos que han insistido en el aspecto de la bondad, y de la ternura, y de la dulzura, y eso es parte de la misericordia, pero la misericordia, precisamente, porque es amor al bien del necesitado, a veces también tiene que tener firmeza.  Me llama la atención cómo el gran predicador de la misericordia en nuestro tiempo, que es el Papa Francisco, varias veces ha mostrado con sus palabras esto que estamos diciendo.  Así por ejemplo, hace unos meses, hablando a los jefes de la mafia en el sur de Italia, pues, les predicaba sobre el infierno.  No es que el Papa los tuviera reunidos en un salón, sino que hablando a la gente en general, hablaba del daño que causan estos jefes mafiosos; y las palabras del Papa eran bien duras.  Y lo mismo con ocasión de los bombardeos absolutamente inhumanos que  están sucediendo en Siria; también el Papa, ahí decía: “Tendrán que rendir  cuentas a Dios, los que envían bombas para destruir un hospital”.  Esas palabras son duras, eso de poner a una persona a que tome conciencia: “vas a comparecer ante Dios&amp;quot;; eso es fuerte y eso ha hecho el Papa.  &lt;br /&gt;
Entonces, lo primero que quiero destacar, es que la misericordia no es solamente palabras dulces, palabras bonitas, palabras agradables; la misericordia, también, incluye a veces esa dureza, esa rudeza, que no es falta de amor, sino que precisamente es el amor que quiere sacudir, que quiere conmover al que está distraído o que está, tal vez, postrado ante sus ídolos.&lt;br /&gt;
El otro punto que he mencionado es el de que se le va a pedir cuentas a la generación en la que Cristo vivió, de toda la sangre, dice, y habla desde la sangre de Abel (cf. Lc 11,50-51).  Esta expresión resulta un poco misteriosa, pero aquí conviene recordar una bellísima predicación de un obispo de la antigüedad, un hombre llamado Melitón, él fue obispo de una ciudad de la antigua Turquía, que no se llamaba Turquía en esa época, era conocida como Asia Menor; la ciudad donde él fue obispo fue Sardes, y este hombre es conocido como Melitón de Sardes.  &lt;br /&gt;
Y decía el obispo Melitón, en una hermosa predicación de la Pascua, que Cristo es aquel que sufría en la persona de Isaac y de José –el que fue vendido a Egipto–, y que Cristo fue aquel que fue calumniado, es decir, que Cristo, de alguna manera, ya estaba presente en todos aquellos que eran inocentes, y en cuanto eran inocentes y sin embargo sufrían, y precisamente en cuanto sufrían; allí donde hay sufrimiento inocente, ahí hay algo de Cristo.  Este es un pensamiento muy hermoso de Melitón, un pensamiento que nos está llamando a dos cosas: en primer lugar, a reconocer en Cristo, el embajador de todos los pobres del mundo; y en segundo lugar, a reconocer que Cristo ha querido asumir todo dolor inocente.  De modo que el dolor, por ejemplo, del pobre que es privado de sus derechos, del campesino que es explotado, del obrero al que no se le paga un salario justo; ese también es dolor de Cristo.  El dolor y el crimen que se comete contra el niño no nacido, ese también, es dolor de Cristo.&lt;br /&gt;
Y es importante que nosotros reconozcamos que allí donde hay inocencia, y allí donde hay sufrimiento, allí está Cristo, ahí está Cristo padeciendo, y ahí está la sangre de Cristo, como denuncia, pero también, como llamado a la conversión y como puerta de la misericordia.&lt;br /&gt;
Entonces, los dos mensajes de hoy: primero, que la misericordia también tiene un aspecto de dureza, en la medida que es necesario sacudirnos; y segundo, que podamos descubrir en todo dolor inocente, una presencia de Cristo, que nos está llamando a conversión, que nos está llamando, también, a aceptar la donación del amor de Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O296006a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:39:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo es el cimiento, el constructor y la meta; está en el pasado, presente y futuro y es inseparable de la Iglesia, renovándola y al mismo tiempo renovándonos a través de Ella.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada de la Carta a los Efesios, en el capítulo cuarto.  Hay que destacar en la reflexión que nos presenta San Pablo, cómo Cristo es al mismo tiempo el cimiento, el constructor y la meta (cf. Ef 4,7.11-16).  Es el cimiento, porque en él nos apoyamos, porque hemos nacido a la vida de la gracia por la obra de su misericordia, por la obra de la redención.  Él es el presente de la Iglesia, porque Él es el que construye, nos dice San Pablo: Él es el que va alimentando al cuerpo, ese cuerpo que es la Iglesia.  Y luego, Cristo, es también la meta, porque todo lo que va creciendo dentro de la Iglesia tiene un lugar de llegada, tiene un punto de llegada que es Cristo mismo.  &lt;br /&gt;
Fíjate cómo está Cristo ayer, hoy y siempre; fíjate cómo está lo que decimos en el Gloria al Padre: “Como era en el principio, ahora y siempre”; fíjate cómo está Cristo en el presente de la Iglesia, podemos decir, providente de las necesidades de la Iglesia; pero, cómo está Cristo, también, delante de la Iglesia, como llamándola, como atrayéndola, porque Cristo es al mismo tiempo el que purifica a la Iglesia y el que llama a la Iglesia, la purifica con su sangre, la llama con su amor, le concede en el presente la fe, y le otorga, para el mañana, la esperanza.  Esa presencia, esa unión íntima entre Cristo y la Iglesia, es la que nos hace desconfiar por completo de cualquier lenguaje que quiera separar a estos dos; sencillamente, no es posible, en el lenguaje de San Pablo, separar a Cristo de la Iglesia, porque toda la obra de Cristo, es la Iglesia; porque todo el amor de Cristo, es la Iglesia; porque todo el proyecto de Cristo, es la Iglesia; porque la razón de ser de la oración de Cristo, es la Iglesia; porque quien recibe la gracia infinita de renovación, es la Iglesia; porque el instrumento mismo de renovación del universo entero, es la Iglesia.  &lt;br /&gt;
No se puede dejar de creer en la Iglesia: “Ah, pero es que en la Iglesia hay pecado, en la Iglesia hay incoherencia”; eso es verdad, y en Cristo hay llagas.  Y esos pecados de la Iglesia son, precisamente, los lugares donde está trabajando Cristo.  Te voy a hacer una comparación, que es muy infantil −a veces no se me ocurren otras−: imagínate un país bien organizado, imagínate un país donde se respetan los presupuestos, y donde las oficinas y los ministerios y todos los distintos estamentos de gobierno, realmente, trabajan como debe ser; en ese país maravilloso, en esas ciudades de ese país, ¿dónde esperas ver tú que esté trabajando el gobierno?, ¿esperas que esté trabajando donde todo está arreglado, limpio, donde todo está en orden y bien perfumado?, ¿ahí es donde esperas encontrar al gobierno trabajando? Yo esperaría ver al gobierno trabajando allí donde hay baches, allí donde hay obras públicas, allí donde hace falta un puente.  Entonces, por el hecho de que haya heridas en la Iglesia, Cristo no deja de estar presente; precisamente, esos son los lugares donde más quiere trabajar este bendito y celestial arquitecto, este bendito jefe y cabeza nuestra.  &lt;br /&gt;
Entonces, no hay que negar los pecados que cometemos las personas que estamos en el cuerpo de Cristo, no los vamos a negar, no vamos a negar que hay pecado en la Iglesia, no lo negamos, pero al mismo tiempo, sabemos que es ahí, donde hay mayor miseria, donde hay más necesidad, ahí es donde está más el corazón de Cristo.  Yo creo que el Papa Francisco en este sentido nos da un ejemplo muy grande, porque su preocupación permanente no son las noventa y nueve, sino la oveja perdida, como dijo Cristo; su preocupación permanente es: ¿cómo hacemos para llegar allá, para ser buena noticia allá?&lt;br /&gt;
Resumen: Cristo es el cimiento, Cristo es el constructor y Cristo es la meta; Cristo está en el pasado, presente y futuro; Cristo es inseparable de la Iglesia, y las miserias de la Iglesia no son razón para creer que Cristo no está, más bien son razón para saber en dónde está trabajando Cristo, y dónde quiere que trabaje también nuestra oración, nuestra caridad, y nuestra generosidad.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O295006a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:36:45Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Mi respuesta al amor, la consolación, el ánimo y las alegrías recibidas de Dios debe ser abrirle campo a estas misericordias para que fluyan a través mío y lleguen a todos mis hermanos.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada del capítulo cuarto de la Carta de San Pablo a los Efesios.  Hay que notar que en muchas cartas de este gran apóstol hay como dos grandes secciones: los estudiosos de la Biblia hablan de un modo indicativo y de un modo imperativo.  Modo indicativo es aquella parte de la carta en la que se recuerda, se profundiza, o se explica el misterio cristiano; podemos decir que es la parte donde somos discípulos que aprenden.  Pero después viene otra parte, que es la del modo imperativo, es decir, también hay una respuesta nuestra; el misterio cristiano nos cuenta lo que Dios ha hecho, esa es su propuesta, pero después tiene que venir nuestra respuesta, y esa parte de respuesta es la que a veces, se llama un modo imperativo.  Se nota muy bien en el paso del capítulo tercero al capítulo cuarto de esta Carta a los Efesios; Pablo nos ha venido contando la grandeza del misterio cristiano, nos ha hablado del plan de la salvación, nos ha hablado de cómo Dios ha mantenido su promesa que ha cumplido para los judíos, pero también ha extendido su promesa, que ahora se encuentra a disposición de los pueblos no judíos.  En fin, nos ha regalado teología de la más alta calidad, enseñanza, doctrina, que es pan limpio, pan del cielo.  &lt;br /&gt;
Eso es lo que él nos enseña, pero hay una respuesta que viene de nosotros, y esa respuesta es la que se destaca en el texto de hoy, o empieza a destacarse en el texto de hoy, en el capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, es decir, es como si Pablo nos dijera: “mira, Dios te ha dado esto, y te ha dado esto, y te ha dado esto, y por consiguiente, de eso que tú has recibido, piensa qué sigue para ti, es decir, piensa cuál es tu respuesta frente a toda esa bondad que Dios ha tenido contigo”.  Podríamos pensar en el caso, por ejemplo, de un padre de familia que con mucho esfuerzo le ha dado la mejor educación a sus hijos, y llega el momento en el que −es natural− espera que esos hijos, pues, tengan un desempeño laboral, profesional de la más alta calidad; esa es la respuesta a todo lo que su familia les ha dado; lo mismo el agricultor que ha laborado con gran esfuerzo en su campo, y está esperando, −es lo natural−, que haya un fruto precioso.  &lt;br /&gt;
Eso es lo que nos está diciendo el apóstol San Pablo aquí; nos está diciendo que nosotros hemos recibido muchísimo, y que por consiguiente, hemos de empezar a dar, también.  Pero, ese “dar”, no es dar como si nosotros fuéramos fuente, más bien, el dar nuestro, es porque somos como un conducto, como un tubo.  Entonces, si Dios me ha amado, ese amor que recibo, no lo debo retener, sino abrir campo para que siga fluyendo y le llegué a mis hermanos; si Dios me ha brindado de su consolación, de su ánimo, de su esperanza, de su alegría, esas misericordias tienen que fluir a través de mí, para poder llegar a los otros hermanos; esa es la vida cristiana.  &lt;br /&gt;
Por eso, cuando Pablo dice: Sed amables, sed comprensivos, y sobre todo, buscad la unidad (cf. Ef 4,1-3), no nos está pidiendo algo, como si tuviéramos que pagar lo que hemos recibido, o como si tuviéramos que sacar de nosotros mismos, sino, más bien, de esa bondad que tú has acogido, haz un cauce para poder llevar a los demás también la alegría, también el amor, de modo que sea una, la obra que Dios hace en todo su pueblo, y sea una, la voz que se levanta en alabanza de su nombre (cf. Ef 4,4-6).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O294006a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:34:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La humildad y la apertura al poder de Dios están en que no hay que comprender del todo al Señor, sino entender que si algo viene de Él está mejor pensado de lo que yo podría pensar.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada de la Carta a los Efesios, en el capítulo tercero (cf. Ef 3,14-21). Hemos comentado en otras oportunidades que esta carta pertenece a un tiempo muy difícil en la vida de Pablo, porque él estaba encarcelado.  Usualmente, un tiempo de prisión es un golpe emocional muy fuerte, mucho más si se trata de una prisión injusta, pero lejos de deprimirse, podemos decir que Pablo tomó ese tiempo en la cárcel como una especie de retiro espiritual, o como una especie de curso acelerado de teología profunda, curso dictado por el Espíritu Santo; es que es simplemente asombroso el tamaño de la comprensión de Pablo, todo lo que llega a entender del plan de salvación, todo lo que llega a descubrir y a través de sus palabras, quiere que nosotros también descubramos.  &lt;br /&gt;
Por eso en esta carta aparece un lenguaje muy hermoso, que es el lenguaje del misterio, como un secreto.  Yo creo que tenemos la idea de que un misterio es como una pared: no pregunte, ya eso no se puede saber; pero, realmente, el lenguaje que utiliza Pablo al hablar de misterio, es más bien como el de un secreto que le ha sido compartido, y un secreto que él quiere compartir, y si es un secreto, es porque se trata de una verdad muy profunda, de algo que vale la pena conocer, y de algo que puede cambiar nuestra vida para siempre.  &lt;br /&gt;
Hoy utiliza otra expresión que también tiene que ver con el lenguaje de esos misterios que nos superan, y que son infinitamente profundos.  Nos dice Pablo, que está orando, que él hace oración para que nosotros podamos llegar a comprender lo que supera toda filosofía (cf. Ef 3,14-19).  “Comprender” es un verbo que tiene que ver con la inteligencia. El ejercicio, humanamente hablando, más exigente de la inteligencia es la filosofía, porque lo propio de la filosofía es el quehacer racional, es la finesa o finura de la argumentación, la precisión en el concepto, la estructura en el razonamiento; eso es lo propio de la filosofía.  Y resulta que Pablo dice: Yo estoy orando para que ustedes descubran lo que supera a toda filosofía; ¡Qué cosa tan bella!  Es decir, que lo que él descubre en ese calabozo −seguramente oscuro, seguramente inmundo, seguramente húmedo o frío; no importa eso− es más grande de lo que cabe en cualquier cabeza humana.  &lt;br /&gt;
Y ese lenguaje nos invita a creer en un Dios grande; es decir, el tamaño de las ideas de Dios, el tamaño del proyecto divino, el tamaño de las decisiones de Dios.  ¡Cuántas veces somos imprudentes, y creemos que podemos juzgar a Dios!, simplemente porque a mí me parecía muy lógico esto: “es que a mí me parece que lo lógico es esto”, como  diciendo: “Dios tiene que … tiene que hacer esto, ¿por qué Dios no hace esto?”; ¡cuántas veces resulta gente diciendo!: “¿por qué Dios no hace nada con el problema del hambre, con el problema del cáncer, con el problema de tales o cuales catástrofes?, ¿por qué Dios permite esto?”, y nos sentimos con la autoridad de reducir a Dios a un reo que sentamos en la silla de nuestro juicio, para caerle encima, para criticarlo.  Pablo está exactamente en la otra dirección, Pablo nos está diciendo: Ese amor providente de Dios transciende toda filosofía; y no es que uno llegue a comprenderlo, pero uno sí llega a comprender que transciende toda filosofía, me explico: uno no es que llegue a entender perfectamente todo lo de Dios, pero sí llega a entender que si viene de Dios, está bien pensado, está mejor pensado de lo que yo podría pensar.&lt;br /&gt;
Que esa sea nuestra humildad cristiana, y que esa sea nuestra apertura al poder de Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O293006a</title>
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				<updated>2016-10-23T23:31:42Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La elección de Dios implica agradecimiento y responsabilidad pues es un llamado al servicio de la predicación de su gracia buscando la salvación de todos los pueblos.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada de la Carta de San Pablo a los Efesios, en el capítulo tercero.  En este texto Pablo nos habla de un misterio que ha estado muy oculto, un misterio que, sin embargo, él ha llegado a conocer y que lo comparte con gozo. Cuando uno lee cuál es ese misterio, quizá, se queda un poco perplejo, porque lo que dice Pablo es que el gran misterio es que los pueblos paganos, los pueblos no judíos, están llamados a recibir la misma herencia del pueblo judío; ese es el misterio (cf. Ef 3,2-12).  Y uno dice, tal vez, por ignorancia, dónde está el misterio ahí, es decir, qué es lo misterioso de eso.&lt;br /&gt;
Vamos a tratar de explicarlo con el favor de Dios, invocando al Espíritu Santo. Lo que sucede es que en el Antiguo Testamento, hay una palabra bien importante, que es la palabra “elección”.  El pueblo judío es el pueblo elegido, y sabemos lo que significa una elección; una elección significa un “sí” y un “no”.  Si, por ejemplo, dos candidatos están aspirando a ser presidentes de la república, y uno es elegido, eso quiere decir que éste tiene el sí del pueblo, y el otro tuvo el no.  De modo que la palabra elección es muy bella, porque nos habla de predilección, nos habla de amor, nos habla de gracia.  Así por ejemplo, en el Libro del Deuteronomio encontramos que Dios mismo le dice al  pueblo, por boca de Moisés: Si Dios os ha elegido, no es porque seáis los más numerosos, ni los más fuertes, ni los más buenos, sino por cumplir la promesa que hizo a vuestros padres, y por su bondad.  De modo que la elección es grande porque manifiesta la bondad de un Dios que no tenía por qué hacer lo que hizo; sitúese usted, por un momento, en la lógica de los judíos: Él nos eligió, no tenía que haberlo hecho, pero nos eligió.  &lt;br /&gt;
Entonces, en el Antiguo Testamento, realmente, el lenguaje de la elección, prima, tiene mucha importancia; pero, junto con el lenguaje de la elección, es muy fácil entrar en el lenguaje de la “exclusión”, como quien dice: nosotros somos los elegidos, nosotros somos los del sí, y todos los demás son los del no, todos los demás no fueron elegidos.  Más o menos como una joven que se va a casar y que es consciente de que el hombre con el que se va a casar, hubiera podido escoger a otra muchacha, pero ella siente: “yo soy la elegida y se casó conmigo, y quiere decir que no se casa con nadie más, quiere decir que yo soy la elegida y la incluida, y las demás no fueron elegidas, y son excluidas”.  &lt;br /&gt;
Es verdad, sin embargo, que ya en el Antiguo Testamento mismo, aparecen los límites de esa elección: por ejemplo, es evidente que el pueblo comete muchos pecados, es evidente que el pueblo  −como le reprocha, por ejemplo Amós− es un pueblo infiel, es un pueblo que falla en muchas cosas.  Entonces, la elección parece un poco extraña, porque es el pueblo elegido, pero no es un pueblo, llamémoslo así, “mejor”.  También, en el profeta Ezequiel aparece algo muy interesante, y es que como que se le da la vuelta al lenguaje de la elección, porque Dios dice a través del profeta Ezequiel: Por culpa de ustedes se está ofendiendo mi nombre, porque la gente sabe que ustedes son pueblo mío, pero el comportamiento de ustedes no corresponde a eso que se podría esperar del pueblo del Dios altísimo.  Es decir, que la elección, parece que tiene una responsabilidad, y todo indica que esa responsabilidad no se está viviendo, no se está cumpliendo; entonces, ¿qué vamos a decir?, ¿en qué queda la elección, realmente?.&lt;br /&gt;
En el profeta Isaías asoma un tema muy hermoso que es el que va a conducir al descubrimiento del que nos habla San Pablo en este capítulo tercero de la Carta a los Efesios, y ese descubrimiento es, que esa elección tenía una misión, es decir, los elegidos tienen una vocación, y esa vocación no se cierra sobre ellos mismos, sino que esa vocación se vuelca sobre el resto de los pueblos: es decir, la elección del pueblo elegido, no era el final de la historia, sino que era el comienzo de una historia de amor, una historia de amor que implica una elección, que implica una vocación, y que implica –y esto es maravilloso− un servicio a los demás pueblos.  De modo que a través del pueblo judío puede llegar esa salvación a los demás pueblos, y esto es lo que asombra a Pablo: cómo se pasa de la lógica de la exclusión a la lógica de la evangelización, cómo se pasa de la lógica del muro y del aislamiento a la lógica del anuncio y la predicación de la gracia; el hecho de que Dios haya previsto las cosas de esa manera es lo que le asombra y es lo que hace que él diga: profundo es este misterio, pero ahora se ha revelado.&lt;br /&gt;
Unámonos al gozo del apóstol, sobre todo, en la gratitud por la compasión y la sabiduría infinitas de Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O273005a</title>
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				<updated>2016-10-08T15:15:29Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Clamemos a Cristo que nos enseñe a orar y al Espíritu Santo que haga oración en nosotros para poder escucharlo, verlo, buscarlo y ser libres de la lepra del pecado.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, ha sido tomado del comienzo del capítulo once de San Lucas.  Es conmovedor escuchar la súplica que los discípulos le hacen a Cristo: “Enséñanos a orar” (cf. Lc 11,1-4).  Cristo, a lo largo de su ministerio público recibió muchas peticiones, muchas: los que carecían de la vista, ¿qué le pedían?: que yo pueda ver; los que carecían del oído: que yo pueda oír; el paralítico quiere andar; el leproso quiere verse libre de su enfermedad.  Cristo había escuchado muchas súplicas, y había atendido esas súplicas con enorme misericordia; no es menor la compasión de Cristo cuando oye la petición que aparece en el pasaje de hoy: “Enséñanos a orar”.&lt;br /&gt;
Yo quisiera que tomáramos esas palabras y las lleváramos a lo profundo de nuestro corazón, porque todas las otras peticiones que he mencionado tienen que ver únicamente con cosas de esta tierra y de esta vida; evidentemente necesito para vivir mejor, gozar de movimiento, de salud, de vista, de oído, pero todo eso finalmente se va a extinguir a la hora de la muerte.  La petición de la oración, es una petición que traspasa el umbral de la muerte, la petición de la oración, es una petición que toma, de algún modo, de todas las otras súplicas.  ¿Por qué le decimos a Cristo: enséñanos a orar? En el fondo, porque somos ignorantes; en el fondo, porque somos ciegos; en el fondo, porque hemos sido sordos, y también paralíticos, y también leprosos.  No hay dolencia que aparezca en los Evangelios, que nosotros no podamos aplicar a nuestro propio caso.  Dolencia nuestra, por ejemplo, es la lepra: muchísimos predicadores han comparado la lepra con el pecado que come mi carne, que destruye mi vida, que me separa de mis hermanos; dolencia nuestra es la ceguera: porque a veces solo vemos lo que a nosotros nos gusta, lo que a nosotros nos conviene, lo que preferimos, no vemos el plan de Dios; nuestros oídos están dañados, no escuchamos la Palabra de Dios, a veces no escuchamos ni siquiera esa voz profunda de la que nos habló el Papa San Juan Pablo II, la voz de la conciencia, estamos sordos.  &lt;br /&gt;
Pero, si lo miras bien, todas estas súplicas espirituales, es decir: Señor, cúrame de la lepra espiritual, cúrame de la parálisis espiritual -porque paralíticos, también estamos, no nos movemos para ir donde necesitamos recibir la formación, donde necesitamos recibir el perdón, ¡no nos movemos!; ¿cuántas veces aplazamos y aplazamos ir a confesarnos?, ¿cuántas veces aplazamos la visita al Sagrario?; somos paralíticos-, todas estas súplicas tienen que ver con la que hicieron los discípulos: “Señor, si llenas de oración mi vida, entonces voy a poder ver las cosas como tú las ves; si llenas de oración mi vida, voy a poder escucharte; si llenas de oración mi vida, tendré fuego en mi corazón, tendré fuego en mi vida para ponerme en movimiento; si llenas de oración mi vida, quedaré libre de esa lepra”.  Por eso la súplica de los discípulos, esa que despertó la compasión de Cristo para que les enseñara el Padre Nuestro, tiene que ser hoy nuestra oración.&lt;br /&gt;
Propósito, tarea para hoy: dile muchas veces a Jesús: “Enséñame a orar”.  Nos dijo San Pablo en la Carta a los Romanos: “El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido” (Rm 8, 26); pues a clamarle a Cristo que me enseñe a orar, y a clamarle al Espíritu que haga oración en mí.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=Sfra012a&amp;diff=311743</id>
		<title>Sfra012a</title>
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				<updated>2016-10-08T15:14:17Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Dios mejora tu plan y tu idea si le das permiso, si se lo concedes; pidamos al Señor que seamos como Francisco, de aquellos que le permitimos a Dios que actúe en nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 4 de octubre, nuestra Iglesia Católica recuerda a San Francisco de Asís. Creo que después de la Virgen María, San José y Nuestro Señor Jesucristo, puede ser uno de los santos más conocidos en todo el mundo. De San Francisco de Asís, se han dicho palabras que no se han dicho de ningún otro santo; por ejemplo, “el hombre más parecido a Jesucristo”; ese es un elogio inmenso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo quisiera destacar hoy, el hilo de la alegría en la vida de San Francisco de Asís. La inspiración para estas palabras mías, proviene de otro santo que también tuvo una gran conversión como la tuvo Francisco; ese otro santo es San Agustín. Cuando San Agustín se pone a reflexionar sobre lo que había sido su vida, dice que dentro de su historia había alegrías falsas que en realidad hubieran merecido llanto, y había dolores que él lamentó en su momento pero que en realidad eran llamados del amor de Dios, y que con mejor sentido, convenía celebrarlos y agradecerlos. Es decir, Agustín se da cuenta de que a veces nos alegramos de lo que no vale la pena, y nos preocupamos o miramos como una amenaza, lo que en realidad es una bendición, una oportunidad, un freno que Dios pone a nuestros malos caminos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el caso de Francisco hay algo muy interesante, y es que fue una persona de temperamento alegre (eso lo cuentan todas las biografías); podríamos decir, uno de esos jóvenes que saben darse una buena vida, que saben disfrutarla y pasarla bien. Pero esa clase de alegrías, como la alegría de disfrutar placeres, risa, buena comida, buena bebida, la compañía de unos amigos bien escogidos para que sean los más agradables, las podemos llamar alegrías mundanas. Y lo que sucedió en la vida de Francisco, lo podemos, muy bien, describir como el paso de esas alegrías puramente mundanas, a otras alegrías. Es decir, Dios en realidad no le quitó la alegría, sino que le mejoró la alegría, y ahí hay una enseñanza, porque esta es una constante en muchos santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miremos el caso del mismo Agustín: Agustín era una persona muy inteligente, con una capacidad retórica y oratoria absolutamente descollante; Dios no le quitó eso, sino que lo llevó a otro nivel. Pedro era pescador; Dios no le quitó su cualidad de pescador, pero la llevó a otro nivel. Eso es lo que Dios hace con nosotros, y eso fue lo que Dios hizo con Francisco; Francisco conocía, por ejemplo, la alegría de rodearse de amigos bien escogidos: los que son como yo, piensan como yo, se ríen de mis chistes, todo me lo celebran; y después de su conversión, lo encontramos, por ejemplo, rodeado de personas absolutamente despreciadas en aquella época, como los leprosos de esa zona de Asís. ¡Y ahí estaba Francisco, sirviendo a esos pobres!, y uno podría decir: ¿qué pasó con la alegría de aquel muchacho que escogía muy bien sus amistades para pasarla bien? Pues, que ahora en el servicio a esos pobrecitos, a esos despreciados, encuentra otras alegrías; y en medio de la naturaleza y en la contemplación de las obras de Dios, descubre otras alegrías; y en la llegada de sus hermanos, descubre otras alegrías; y en el surgimiento de las que hoy llamamos “clarisas”, por Santa Clara de Asís -que era amiga personal de Francisco-, ahí tiene otras alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese es Dios; Dios es el que te lleva a otro nivel, Dios es el que mejora tu plan y tu idea si le das permiso, si se lo concedes. Pues que seamos nosotros, como Francisco, de aquellos que le concedemos ese permiso a Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
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		<title>O271004a</title>
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				<updated>2016-10-01T16:39:59Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Ayudar siempre supone un riesgo, en este Año de la Misericordia pregúntate si el temor a que te hagan daño es más grande que el amor que sientes por la persona en necesidad.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo décimo del Evangelio según San Lucas; es uno de los textos más citados en este Año de la Misericordia. El mismo Papa Francisco, que convocó el Año de la Misericordia, ha hecho uso frecuente de este texto, que es llamado la Parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 29-37). Tal vez lo más impresionante de este pasaje, es que la persona que finalmente ofreció ayuda, es la persona de quien menos se esperaba esa ayuda; resulta, que los judíos y los samaritanos no se entienden, y quien prestó la colaboración, quien bajó de su cabalgadura, quien ofreció el servicio, fue el que hubiéramos considerado distante, incluso enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, hay otra enseñanza que yo quisiera destacar el día de hoy; se resume en esta frase: “Ayudar, siempre supone arriesgarse”. ¿Alguna vez te has preguntado, por qué aquellos hombres que pasaron primero, no se acercaron al que estaba caído? Era una zona peligrosa, el que estaba caído, había sido atracado, lo habían golpeado, seguramente eran salteadores agresivos, capaces de matar; se trata, pues, de una zona de riesgo, y entonces, el sacerdote y el levita que pasan primero, se dan cuenta del dolor, pero también se dan cuenta del riesgo, y hacen un balance entre “riesgo” y “dolor”, y en el caso de esos dos primeros personajes, el que gana es el riesgo. Por eso, dice Jesús, que dieron un rodeo; si hubieran pasado al lado de la persona que había sido atacada, esa persona no era una amenaza para ellos, o sea, pasar cerca de esa persona, no les iba a hacer daño a ellos, en cuanto a la persona herida, pero parece que lo que ellos están evitando es pasar por la zona de riesgo, están tratando de protegerse a sí mismos, y por eso en la ponderación o en la comparación entre el dolor que ven y el riesgo que perciben, se quedan del lado del riesgo, buscan la seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué es lo que sucede en el caso del samaritano? Jesús simplemente dice esta expresión: “Le dio lástima, se compadeció” (cf. Lc 10,33); indudablemente, los otros que pasaron, vieron también el dolor, pero la lástima que sintieron –si la tuvieron- fue demasiado pequeña, no fue suficiente para vencer el riesgo. Entonces, ¿qué fue lo que le pasó al samaritano? Que la magnitud de la compasión fue mayor que el riesgo percibido, es decir, el amor fue mayor que el temor; el temor de que me hagan daño está ahí, pero el amor frente a aquel que está sufriendo, también está ahí, y en el caso del samaritano, fue ese amor el que ganó, y de eso es de lo que se trata en el Año de la Misericordia, y de eso es de lo que se trata en toda nuestra vida cristiana. Ayudar siempre supone un riesgo; cuando damos una donación, ya sea a una persona en particular, o incluso a una institución, siempre hay el riesgo de que: ¿está plata si la utilizarán?, ¿qué tal que se estén burlando de mí?; cuando vamos a ofrecer una ayuda, siempre existe el riesgo de que la persona nos reciba mal, o interprete mal lo que nosotros queremos hacer; cuando queremos sacar una parte de nuestro tiempo para ponerla al servicio de otras personas, siempre existe el riesgo de que sea tiempo perdido, pero tenemos que preguntarnos, en el Año de la Misericordia, y en lo profundo de nuestro corazón, si ese riesgo es más grande que el amor que sentimos por la persona que está en necesidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiera Dios, que llevó a su Hijo hasta el extremo de la cruz, que el amor gane más y más terreno en nuestras vidas. Así sea.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co27004a</title>
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				<updated>2016-10-01T16:38:53Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Recibamos el don de la fe, preparémonos para experimentar su grandeza en las obras extraordinarias que realicemos, sin quitarle jamás la gloria al Único que la merece.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas; esto es lo normal en el año que nos encontramos, porque se trata del ciclo C. Todo este año los Evangelios del domingo son tomados de San Lucas, y eso es lo que llamamos “El ciclo dominical C”; el año entrante, si Dios permite, estaremos en el ciclo A, y será San Mateo quien nos enseñe; y el siguiente año, será el ciclo B, donde San Marcos tendrá la palabra; el año siguiente, de nuevo tendremos el ciclo C. De esta manera, nuestra madre la Iglesia quiere enseñarnos y quiere que tengamos una riqueza de perspectiva, para contemplar como pueblo nacido de la Resurrección, a Aquel que es nuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tema principal en este pasaje de hoy, es la fe; eso se nota, por supuesto, en la primera parte del Evangelio que hemos escuchado, allí donde los apóstoles le dicen al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Es evidente que el tema central va a ser “creer”, va a ser la “fe”; pero, resulta menos evidente que también la fe es protagonista en la segunda parte. La segunda parte del pasaje de hoy, es la que Cristo describe con el ejemplo de los trabajadores que al final de su jornada, simplemente, pueden decir: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lc 17,10). Y tal vez, la pregunta que uno puede hacerse, es: ¿cuál es la relación entre “la súplica de fe de los discípulos” y luego aquello de “los siervos inútiles que no esperan un aplauso o un agradecimiento por haber hecho, simplemente, lo que tenían que hacer”? Me parece que la relación está en lo que podríamos llamar “la lógica de la fe”; lo voy a expresar de esta manera: en la primera parte, Cristo nos cuenta que si tenemos verdadera fe, vamos a realizar grandes cosas; y en la segunda parte, Cristo nos dice: “Cuando ustedes realicen grandes cosas, no piensen que es mérito de ustedes; es simplemente, la obra que Dios, a través de ustedes, está realizando”. Así que, sí hay una unidad en las dos partes del Evangelio de hoy: por una parte, las grandes obras que se pueden realizar con la fe; y en la segunda parte, que jamás le robemos la gloria a Dios, cuando esas grandes obras las veamos realizarse –solo Él merece honor y gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podemos preguntarnos entonces: Bueno, y hoy, en las circunstancias en que vivimos, ¿para qué es tan necesaria esa fe?, ¿cuáles son las grandes obras que necesitamos ver hoy, y que quizá el Señor quiere realizar y está realizando hoy? Muchas de esas obras tienen que ver con cosas extraordinarias; tienen que ver por ejemplo, con la sanación, tienen que ver con la transformación de vidas humanas. Es un hecho -sé que esto le cuesta trabajo creer a algunas personas- que Dios sigue haciendo milagros maravillosos en el cuerpo, en la mente, en el alma de muchas personas. Ese es un ámbito donde se experimenta el poder de la fe; pero, hay otro ámbito donde también aparece la fe, y es que en muchas de las batallas que hoy tenemos nosotros los creyentes, necesitamos una gran dosis de fe, porque muchas veces tenemos que ir -como nos han dicho varias veces los Papas- contra corriente. Cuando todo mundo te está diciendo que algo es normal, pero tú sabes que no es normal, y tú intentas vivir con coherencia lo que sabes y crees, ¡de verdad necesitas fe! porque necesitas navegar un río que va en contra, y la evidencia exterior se opone a lo que tú interiormente sabes; ¡ahí necesitas fe!. Necesitas fe, también, para presentar tu testimonio a otras personas; hablar de aquel en quien creemos, no es fácil porque de algún modo es exponer fibras muy tiernas de nuestro corazón. El verdadero creyente sabe que al hablar de Cristo, está hablando del amor de su alma, pero hoy hay muchísimas ofensas contra Cristo; entonces, presentar nuestra testimonio, requiere bastante de ese don de la fe, porque sabes que probablemente vas a recibir burlas, vas a recibir ridículo, te van a aislar, y para permanecer con gozo y para servir con amor a los hermanos, ahí necesitarás grandes dosis de fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que sigamos la invitación que nos hace el Señor: recibamos el don de la fe, preparémonos para experimentar su grandeza, y jamás le quitemos la gloria al Único que la merece. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Sarc012a</title>
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				<updated>2016-09-29T03:07:40Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Los santos ángeles son ministros de la providencia y gloria divina, el centro de su servicio es llevarnos a Jesucristo; ¡pero cuidado con la la nueva era, que los presenta como recurso de auto redención!&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 29 de septiembre nuestra Iglesia Santa Católica celebra a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Esta es una muy buena ocasión para que aclaremos algunos temas sobre los ángeles. Hoy hay mucha confusión y nosotros los sacerdotes y teólogos tenemos una responsabilidad en esto. La verdad es que cuando no se predica bien o suficientemente sobre un tema, éste lo termina cogiendo alguien más y después lo convierte en un arma contra la Iglesia. Durante muchos años no se ha predicado lo suficiente sobre los ángeles, la Iglesia Católica casi que ha manifestado una especie de incredulidad y una enseñanza demasiado reducida y miope del Evangelio ha hecho caso omiso del mundo sobrenatural, por eso tal vez algunos de ustedes se hayan encontrado con sacerdotes que niegan la existencia del demonio, que es un ángel caído; se niega que el demonio existe y se dicen frases irresponsables como por ejemplo: “¡que más demonio que el sufrimiento que uno tiene! ¡que má demonio que el criminal, el corrupto!”; esas frases son irresponsables. Cuando nosotros no predicamos integra la fe católica, esos temas los van agarrando otros; entonces como a veces no predicamos con claridad sobre el tema del demonio, entonces los brujos, que los hay muchos en su inmensa mayoría puros embaucadores y estafadores hacen su negocio hablando del tema, de manera que a cualquier persona que tiene un problema de una vez le dicen: “yo creo que a usted le hicieron un maleficio, ¡y fue muy serio, y le tiraron a matar!” y a partir de ahí comienza el negocio, ¿por qué? porque nosotros en la Iglesia no hemos predicado con suficiente claridad ni con suficiente cantidad sobre estos temas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo pasa con los ángeles buenos, en la Iglesia Católica hay que predicar sobre los santos arcángeles cuyos nombres aparecen en la Biblia, que son solamente tres, los ya mencionados Miguel, Rafael y Gabriel; y hay que predicar sobre nuestros ángeles custodios, nuestros ángeles de la guarda. Pero algunos sacerdotes obran como si lo de los ángeles de la guarda fuera una fábula para tranquilizar niños a la hora de mandarlos a la cama, como si no fuera una realidad, grandes santos han creído y de qué manera en sus ángeles de la guarda, pensemos en un  San Pío de Pietrelcina por ejemplo, pensemos en un San Juan XXIII, pensemos en el Santo Cura de Ars; todos ellos han sido adultos muy responsables en su fe y han creído en los santos ángeles; pero cómo descuidamos ese tema entonces vienen las librerías esotéricas a hacer su negocio, así como los brujos embaucadores hacen su negocio con el asunto de los maleficios y los demonios, así las librerías esotéricas tipo nueva era hacen su negocio a partir de que, a partir de que yo te envío mi ángel, a partir de que vamos a hacer chaneling, que es una palabra de la lengua inglesa para decir cómo uno se supone puede entrar en comunicación directa con los ángeles y empieza todo un mercado de la angelología irresponsable, son librerías que aparecen imágenes de ángeles que en realidad son mujeres semidesnudas a las cuales se les ponen unas alas y se suponen que son ángeles, y en esas mismas librerías venden una cantidad de libros sobre toda clase de temas: sobre eneagramas, sobre concentración, sobre método silva, programación neurolingüística; es decir una cantidad de recursos que se supone que le ayuda a la gente para redimirse a ella misma, y ese es el pecado de fondo en la manera como se habla de los ángeles en la nueva era, se les presenta como un recurso para nuestra autoredención. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fe de la Iglesia es muy clara, los ángeles son ministros de la providencia divina, ministros de la gloria divina y el centro del servicio de los ángeles, al igual del centro de todo el bien que nos pueden hacer los santos es siempre llevarnos hacia Jesucristo, es siempre manifestar la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu; así que no dejarse convencer y por favor no le dé más dinero a los brujos embaucadores y a las librerías esotéricas.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O263003a</title>
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				<updated>2016-09-29T02:23:22Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Los que pasamos por momentos difíciles aprendamos a decir: ¡Dios tiene ideas más grandes que las mías y Él puede estar más cerca de mí de lo que yo mismo me imagino!&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy está tomada del capítulo noveno del libro de Job. Hemos explicado que todo este libro es como una larga parábola, recordemos que Cristo en el Evangelio nos enseña muchas cosas a base de narraciones y esas historias que nos cuenta Jesús le sirve para ofrecernos comparaciones sobre qué es y qué no es el Reino de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El libro de Job es una especie de parábola que nos plantea temas de Teología pero no a la manera de los tratados que puede hacer un hombre como Santo Tomás o como San Buenaventura, sino más bien al estilo de las parábolas que usó Cristo. En el caso presente pues ya la historia de Job va evolucionando, vimos en un primer momento que a Job le sucedieron muchas desgracias y que con todas esas desgracias encima su primera reacción fue sumamente noble, aguantó y dijo: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó” (Jb 1,21). Pero nos damos cuenta que el mismo Job se ve luego agobiado por la magnitud de su dolor, y esto es hermoso en el sentido de que nos damos cuenta que la Biblia es un libro para gente real, y la gente real pasa por momentos muy duros, y cuando las personas están aplastadas por el dolor, seguramente dicen cosas como las que dijo Job: “para que nací, por qué no me morí chiquito, estaría tranquilo descansando en una tumba” (cf. Jb 10-13); ese es lenguaje que utiliza Job y eso es lo que muchas personas sienten. Pero este libro no nos quiere dejar simplemente en el momento de la desesperación, lo mismo que tantos salmos tienen palabras tan fuertes, esto no debe extrañarnos porque la Biblia es como una mano tendida que Dios nos da para agarrarnos ahí donde puede sostenernos y atraernos poco a poco con correas de amor hacía su corazón. Entonces este Dios que nos agarra, que nos sostiene sacándonos de nuestra miseria es el que se manifiesta aquí, y es un proceso el que viven las personas. Por ejemplo el salmo que rezó Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado” (Sal 22,2); si uno encuentra una persona que dice: “Dios me abandonó” seguramente uno le diría: “¡Oiga pero no hable así! ¡tenga fe!”, nuestra actitud sería regañar, pero esa persona tal vez Dios la está llevando por un camino, como el que describe este salmo, y ese camino va desde el dolor del que dice: “Dios me abandonó”, hasta la confianza absoluta del que dice: “Dios es mi victoria”. Es decir que el salmo le ayuda a hacer un camino, lo mismo el libro de Job, el cual toma las palabra de aquellos que están agobiados de dolor pero los va conduciendo a partir de ahí y a través de ese mensaje y de ese camino los lleva a una confesión real de la gloria divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la lectura de hoy ya el tono le cambió a Job, cómo se da cuenta de que Dios es mucho más grande que su cabeza, las ideas y los planes son mucho más grandes; entonces Job que en el momento de la explosión dijo: “!yo para qué nací!” (cf. Jb 1,10); ahora ya cambia y ahora dice: “Dios es grande, Dios puede estar cerca y no me doy cuenta”  (cf. Jb 9,11); “Dios puede estar muy cerca de mi vida, Dios puede estar muy cerca de mí y yo no me he dado cuenta, Dios puede tener planes que no alcanzo a escrutar ni a entender”, Dios puede estar también en esto; Job, el mismo que estaba ebrio de dolor y explotando en su indignación ahora ya tiene una palabra diferente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sigamos en este camino, también nosotros los que hemos pasado por circunstancias difíciles, tenemos que aprender de este libro para decir: “Dios tiene ideas grandes que son más grandes que las mías, y Dios puede estar más cerca de lo que yo me imagino”&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O262003a</title>
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				<updated>2016-09-28T03:04:14Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: El papel de la Biblia no es sólo decirnos cosas amables, nos ayuda a darle un cauce a nuestro dolor y frustración; para que sigamos y encontremos a un Dios que siempre nos desborda con sus planes.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura en la santa Misa de hoy, ha sido tomada del capítulo tercero del Libro de Job. Siempre asociamos a Job con la paciencia, pero la lectura de hoy, estos fragmentos que se han tomado del capítulo tercero, indudablemente nos cuestionan, y de hecho parecen entrar en conflicto con esa idea de la paciencia de Job. Las expresiones que este hombre suelta, según el relato de la Biblia, son sumamente duras; dice nada menos que esto: que Job maldijo el día de su nacimiento, y se preguntó, ¿para qué nací?, y se preguntó, ¿por qué no me morí en las entrañas?, y se preguntó, ¿por qué hubo quien me criara? (cf. Jb 3, 1-3. 11. 16. 12). Es decir, es una persona que está ebria, enloquecida de dolor, y que francamente no le encuentra un sentido, ni un propósito a su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Para qué están estas palabras en la Escritura? Debo confesar algo: en casos como este, uno, de sacerdote y predicador, está tentado de dejar que pase esa lectura y simplemente hablar de otra cosa; hablar del Salmo, hablar del Evangelio, y dejemos que esa lectura simplemente pase, casi diríamos, sin transcendencia. Pero no debemos negar las palabras que están en la Biblia; por alguna razón quiso el Espíritu Santo que estas palabras quedaran ahí. En este sentido, cabe aclarar que la Biblia no es simplemente un libro de devociones, no es un libro de pensamientos dulces y piadosos, aunque hay muchísima dulzura, y hay muchísima piedad en ella. La Biblia no es solamente esa dulzura, no es solamente esa piedad, la Biblia no se limita a eso; la Biblia es mucho más. Y es mucho más, porque la Biblia es Dios que sale al encuentro del ser humano, y Dios al encuentro del hombre, tiene que tomarnos, y tiene que levantarnos desde los muchos dolores, desde las muchas contradicciones, desde las muchas heridas que tenemos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Están muy bien, y pueden hacer muchísimo bien, los libros piadosos; yo mismo los he utilizado muchas veces; muchas veces necesitamos, en efecto, alguien que nos ayude sobre cómo expresarnos con mejor claridad y con más amor cuando queremos bendecir al Señor. Pero el propósito de la Biblia, no es simplemente inspirarnos esos pensamientos, que vienen especialmente apropiados cuando la persona está en una buena situación; al que se está muriendo en su dolor, a la persona que está viviendo la tragedia, a la persona que quizá está pasando por algo como lo que nos describe la Biblia en este libro, a esa persona, ¿realmente le va a llegar el mensaje de Dios, si solamente presentamos palabras bonitas? Esa persona que quizá ha pasado por lo de Job, es decir, el que siente que todos sus sueños han sido triturados, el que siente que lo más valioso de su vida ha sido manchado y destruido, el que siente que sus esperanzas se han agrietado y derrumbado, esa persona, ¿tendrá una esperanza, solamente con que le digamos palabras bellas, palabras dulces? Tal vez, esa persona se encuentra mucho más cerca de lo que hoy nos muestra Job, tal vez esa persona se encuentra más cerca de esa protesta de Job. Y es que junto al texto de Job, hay muchos otros textos en la Biblia, en los cuales pues parece que las personas se le están quejando a Dios; me estoy acordando de un salmo que dice: ¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te ocultas en los momentos de peligro? (Sal 10,1). La persona que habla así, está hablando a nombre de todos aquellos, -y son muchos en Colombia y en todo el mundo- que están viviendo eso, que están sintiendo eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, fíjate que el papel de la Biblia, no es solamente decirnos cosas amables; la Biblia nos ayuda a darle un cauce a nuestro dolor, a nuestra insatisfacción, a nuestra frustración, a nuestra herida, pero no nos deja ahí. El Libro de Job no termina en las graves, adoloridas y enloquecidas palabras de hoy; el Libro de Job continúa, y en ese recorrido, este libro bendito nos invita a no quedarnos en nuestro dolor, a no quedarnos en nuestra tragedia. Este libro es como una mano tendida que quiere que sigamos, que no nos quedemos ahí, para que podamos encontrar a un Dios que siempre, siempre nos desborda con sus planes.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O261004a</title>
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				<updated>2016-09-28T03:01:00Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Todos hemos experimentado como Job la búsqueda del sentido del sufrimiento, aceptando el querer de Dios al principio, pero luego también enfrentando los límites de nuestra resistencia.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada del Libro de Job. Con toda probabilidad hemos oído hablar de este personaje; de seguro lo asociamos con la palabra “paciencia”. Se habla de la paciencia del santo Job, y el texto que encontramos en la lectura de hoy, realmente justifica este apelativo, porque la paciencia de Job, frente a las muchas calamidades que le llegan, es realmente ejemplar (cf. Jb 1,6-22). Pero, conviene que sepamos un poco de qué trata este libro, y conviene que sepamos qué es lo que se propone, porque muy pronto vamos a encontrar en las lecturas de esta semana, que ese que llamamos “el paciente Job”, parece que se le acaba la paciencia, y hay que mirar muy bien, entonces, qué es lo que nos quiere enseñar este libro, no sea que terminemos confundidos, porque alguien podrá decir: “si esa es la paciencia de Job, ¿entonces qué queda para nosotros?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que la mejor manera de acercarse a este extenso libro de la Biblia, que tiene unos cuarenta capítulos, es compararlo con la manera cómo Jesucristo quiso inculcarnos muchas de sus enseñanzas. Sabemos que Cristo no obró como una especie de profesor, que va explicando punto por punto las distintas áreas de su materia; Jesucristo tampoco obró a la manera, muy pedagógica por demás, de los catecismos que a base de preguntas y respuestas, pues, van aclarando las ideas de nuestra mente. Jesucristo no hizo teología en ese sentido, de un tratado como un santo Tomás o un San Buenaventura, y tampoco hizo un catecismo. La mayor parte de la enseñanza de Cristo, se basó en lo que llamamos parábolas; pequeñas narraciones que tienen una semejanza, que tienen una analogía con el mensaje que Él quiere darnos, que es el mensaje del Reino de Dios. Así nos enseñó Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podemos decir en ese sentido, que las palabras de Cristo son como una especie de teología en acción, o que es una teología narrativa; algo parecido, hay que decir del Libro de Job. El Libro de Job nos plantea problemas teológicos muy duros, muy difíciles, pero esos problemas no aparecen enunciados como lo haría un San Buenaventura, como lo haría un Duns Scoto, o algún otro teólogo. Ese problema aparece en una narración, y lo que hemos escuchado hoy en la misa, es el comienzo de esa narración; algo así como si uno se preguntara: “¿Tú cómo reaccionarías si te sucediera esto, y esto, y esto otro?”. De lo que se trata, es de una especie de hipótesis que se plantea en la manera de un relato, pero detrás de esa hipótesis, detrás de ese relato, hay preguntas que indican un punto muy particular en la maduración en la fe dentro del pueblo elegido, el pueblo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Concretamente, las preguntas se pueden condensar, sobre todo, en una: ¿Por qué sufre el inocente? Parece muy lógico que si una persona es desobediente a la Ley de Dios, le vaya muy mal; lo lógico entonces es que si una persona hace las cosas correctas, le debería ir muy bien. Pero, nos encontramos a veces con un cruce de destinos, porque el que obra mal, parece que disfruta mucho la vida, y el problema que plantea Job, es el reverso, porque se supone que Job es una persona recta, justa, que se apega a la Ley de Dios, que le da a Dios el primer lugar y, sin embargo, se ve de repente lleno de sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué sucede esto?, ¿cuál es el sentido de ese sufrimiento? Como se trata de una narración, no esperemos del Libro de Job, una respuesta en forma de una sola frase; más bien, lo que hace el Libro de Job, es contarnos las etapas de la respuesta. Y la primera etapa, podríamos decir, la primera manera como Job reacciona, es con una absoluta abnegación, rindiéndose completamente al querer de Dios: está bien, “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!” (Jb 1,21). Esa fue la primera fase de su respuesta, pero luego, él mismo se ve enfrentado a sus propios límites, y entonces pasa por varias crisis, y esas crisis por las que Job pasa, también son enseñanza para nosotros, porque también nosotros hemos experimentado que tenemos límites en nuestra resistencia.&lt;br /&gt;
Sigamos, entonces, el camino que nos muestra Job, y descubramos a lo largo de estos textos, qué podemos aprender cuándo parece que la vida nos presenta, no cosas muy lógicas, sino, más bien, contradicciones. Preparémonos pues, para recibir estas enseñanzas, no solo de este día, sino de los siguientes días, en la santa Misa.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co26007a</title>
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				<updated>2016-09-28T02:56:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Las riquezas, comodidades y confort nos pueden dar una falsa sensación de seguridad que termina apartándonos del plan de Dios y del dolor de nuestros hermanos.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy fue tomada del capítulo sexto de Amós y el Evangelio fue tomado del capítulo dieciséis de San Lucas. Hay un tema común entre estas dos lecturas; ambas se refieren a la insensibilidad, a la dureza de corazón a la que pueden conducirnos las riquezas si nos dejamos atrapar por ellas, refiriéndonos, por supuesto, a las riquezas materiales. Lo material tiene su valor (no lo condenamos), pero no es el máximo valor, y hay un problema y es que la abundancia de comodidad y de confort, fácilmente nos vuelve insensibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un caso interesante encontramos en la primera lectura -que como dije, fue tomada de Amós-, porque Amós crítica a los que se sienten muy seguros de sí mismos, y resulta que su crítica se dirige por igual, a los que ponen la confianza en el monte Sion y a los que ponen la confianza en el monte de Samaría (cf. Am 6,1). Lo interesante es que Sion es la colina más representativa de la ciudad de Jerusalén, mientras el monte de Samaría es el lugar de culto de aquellos que se dividieron de Jerusalén, que se apartaron de la fe verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectivamente, en tiempos de un rey llamado Jeroboam, por puras conveniencias políticas, se prohibió a la gente ir al Templo de Jerusalén; para que la unidad religiosa no produjera una unificación política, Jeroboam se inventó (literalmente, se inventó) una especie de culto en los montes de Samaría. O sea, que el culto que se ofrecía en Samaría, la liturgia que se ofrecía en Samaría, era realmente incorrecta, no tenía la fe verdadera, suponía una traición a la Palabra de Dios. Entonces, la situación que encontramos es: en el Reino del Sur, capital, Jerusalén, tenemos la fe verdadera, y tenemos la liturgia verdadera; en el Reino del Norte, tenemos una fe corrompida, y tenemos una liturgia corrompida. Y, sin embargo, Amós critica por igual a los de Jerusalén y a los de Samaría, porque, aunque son distintos, en cuanto al conocimiento de la fe, y aunque son muy distintos, en cuanto a la liturgia, están cometiendo, ambos, el mismo pecado: la comodidad de las riquezas, el confort que proviene de una vida desahogada, los ha vuelto insensibles, tanto a la trancendencia propia de la muerte, como al dolor de los hermanos (cf. Am 6,4-6).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto es exactamente lo que critica Jesús en la parábola que conocemos del capítulo dieciséis de San Lucas: el contraste que hay entre aquel rico y el hombre pobre llamado Lázaro. Fíjate que no se nos dice que el rico fuera lo que hoy llamamos un mafioso, ni que fuera un secuestrador, ni que fuera un ladrón; no se dice que sus riquezas hubieran sido adquiridas de mala manera, pero, hay algo grave en él, y es que sus riquezas lo han atrapado, lo han encerrado, a él se le ha olvidado que su destino final no está en esta tierra, que somos llamados a la eternidad, y sobre todo, se le ha olvidado que hay alguien que está a la puerta de su casa, alguien que está sufriendo, para el que él no ha tenido ojos; ese es el peligro (cf. Lc 16,19-22).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resumen: las lecturas nos están enseñando el día de hoy, que hay un valor en tener la fe verdadera, y hay un valor en tener una liturgia solemne y bella; pero, ¡cuidado!, porque aún con una fe ortodoxa y con una liturgia solemne, nuestras riquezas, nuestras comodidades, nuestro confort, nos pueden dar una falsa sensación de seguridad que termina apartándonos del plan de Dios, y termina apartándonos del dolor de nuestros hermanos. Abrir los ojos, no dejarse atrapar por los bienes de esta tierra, y saber que finalmente de todo lo que hemos recibido, hemos también de dar cuentas. Que el Señor nos inspire, y que aprendamos que somos, como nos lo ha dicho Lucas varias veces, “administradores”, y no dueños de las cosas que Dios ha puesto en nuestras manos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O256003a</title>
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				<updated>2016-09-23T04:03:51Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: El equilibrio está en en saber disfrutar, agradecer y vivir el momento; pero también en reflexionar, cuestionar y recordar que hay un Dios que nos conoce y espera algo más de nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada del final del Libro del Eclesiastés; es el capítulo once (esta obra tiene doce capítulos).  Este pasaje, utiliza una serie de comparaciones que han llenado de preguntas a los grandes intérpretes de la Biblia.  ¿A qué se refiere este libro, con todas esas comparaciones con las que describe la ancianidad? Es un tema hermoso, pero no nos vamos a dedicar a eso en este momento; yo quisiera concentrarme, mejor, en las recomendaciones que sirven algo así como de síntesis del Eclesiastés, y que podemos condensar muy apretadamente en dos verbos: “disfrutar” y “pensar”. En estas recomendaciones  que hace a los jóvenes, les dice: “disfruta” tu juventud, pásala bien, no dejes que la tristeza te invada, alégrate (cf. Ecl 11, 9-10); pero, también les dice: “piensa”, acuérdate que Dios te va a pedir cuentas de todo (cf. Ecl 12,1-8).  Hay como una especie de tensión entre esos dos verbos, porque uno está acostumbrado (también en nuestra época), a que disfrutar es dejar de pensar; es como dejarse llevar por el ímpetu.  De hecho, muchas personas miran el disfrutar como un desbocarse, y desbocarse, ¿qué es? Es dar rienda suelta a lo que el cuerpo pida, a lo que el instinto reclame; eso es desbocarse.  Bueno, pues resulta que el Eclesiastés dice: disfruta pero no te desboques; piensa.&lt;br /&gt;
Otras personas, sobre todo cuando se va avanzando en la vida, le dan mucha importancia a la parte de la reflexión, la parte del pensamiento.  Y si uno entra en esas reflexiones, y si uno se pregunta el por qué soy capaz de preguntar “por qué” y para qué me pregunto el “para qué”, pues eso es interesante, y eso está muy bueno para los filósofos, pero, uno se da cuenta que una persona que quisiera, simplemente, dedicarse a esa clase de disquisición y de búsqueda, podría también llenarse de amargura, sobre todo, porque es una búsqueda que no termina, como veíamos en otro pasaje del Eclesiastés.  El número de las obras de Dios desborda la mente humana; de modo que el que se dedicara simplemente al pensar, pues, se va a enfrentar con la frustración de que nunca puede encontrar esa especie de ley universal, esa especie de clave de bóveda que lo abarca absolutamente todo.  &lt;br /&gt;
Entonces, el camino del disfrutar sin pensar, nos destruye; pero, el camino del pensar sin nunca disfrutar, también nos seca, y también nos destruye.  Lo que propone finalmente el Eclesiastés, es: juntemos estos dos; “disfruta”, porque hay muchas cosas buenas en la vida, y muchas cosas bellas en la vida, pero “piensa”, porque detrás de mucha belleza hay trampa, y detrás de mucho de lo que parece bueno, en realidad hay maldad.&lt;br /&gt;
En el equilibrio entre el “disfrutar” y el “pensar”, hay una recomendación que es exquisitamente sabia, con la que este libro de la Biblia quiere que nos quedemos.  Yo creo que todos podemos aplicarla, es una recomendación que el pasaje de hoy hace para los jóvenes, pero se puede aplicar también en otras épocas: saber disfrutar, agradecer, vivir el momento amable cuando llega; pero, saber también reflexionar, cuestionar y recordar que hay un Dios que nos conoce, y hay un Dios que de nosotros espera algo más que simples retozos y juegos en el jardín del edén.  Dios ha querido que nuestra vida tenga un propósito más alto, y por eso, así como somos llamados a disfrutar, también somos llamados a reflexionar y a buscarlo a Él.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O255004a</title>
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				<updated>2016-09-23T03:35:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Entre lo limitado de nuestra cotidianidad y lo ilimitado de nuestro preguntar, está el tránsito que nos lleva de lo creado a lo creador, de lo finito a lo infinito de Aquel que rebasa todo cuanto hay.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada del capítulo tercero del Libro del Eclesiastés. Es un pasaje bastante conocido en el que leemos aquello de que hay tiempo para cada cosa: “Tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de reir, tiempo de llorar, tiempo de reunirse, tiempo de dispersarse” (cf. Ecl 3,1-8); es un pasaje, una meditación un poco extraña. En general, este libro es un poco extraño, pero, en su extrañeza, nos invita precisamente a extrañarnos de las cosas que nunca nos hacen pensar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay una frase extraordinariamente profunda en el pasaje de hoy; dice el Eclesiastés: “Dios le ha dado el mundo al hombre para que reflexione sobre él” (Ecl 3,11). Eso está indicando que la realidad no es simplemente para nuestro uso; la creación, la naturaleza, la sociedad, la vida no es únicamente para disfrutarla, y las cosas no son únicamente para usarlas, sino que es necesario el verbo “reflexionar” (le dio el mundo al hombre para que “reflexionara” sobre él). Es decir, que al contrario de los animales, nosotros tenemos una posibilidad, y esa posibilidad es: problematizar la realidad; es decir, somos capaces de hacer preguntas a partir de lo que simplemente sucede. Podemos decir que el animal está encarcelado en el suceso: llegó el día, bien; llegó la noche, bien; en el día se come, se bebe, se descansa, en la noche se duerme, pero no hay ocasión de una pregunta; en cambio, el que puede preguntar es el ser humano. Y es interesante ver cómo mientras que nuestra mente llega a descubrir esa secuencia entre el tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de reir, tiempo de llorar; mientras que es verdad que nuestra mente puede descubrir esa secuencia, también es verdad que a través de estas preguntas, llegamos a descubrir a uno que trasciende todas nuestras preguntas, y ese uno y único, es Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El verdadero propósito del Eclesiastés, es sumergirnos tan profundamente en lo cotidiano y en lo ordinario, que broten de nuestro corazón las preguntas más profundas, y que en esas preguntas profundas, nosotros recuperemos la sed de aquel y de aquello que trasciende completamente lo simplemente utilitario, o lo simplemente deleitable. Más allá del uso, y más allá del deleite, está esa capacidad de pregunta que nos eleva a la consideración del que trasciende todo cuanto existe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algo parecido nos va a decir el apóstol San Pablo en el capítulo primero de la Carta a los Romanos; ahí nos dice: A través de las cosas visibles podemos preguntarnos, podemos encaminarnos hacia aquel que es invisible: hacia Dios mismo (cf. Rm 1,20). Entonces, ¿la invitación del Eclesiastés cuál es? Reconocer los límites de lo cotidiano, a partir de lo cotidiano aprender a preguntar, y en nuestras preguntas, abrirnos al infinito de aquel que rebasa todo cuanto conocemos. Dice el texto de hoy: “pero el hombre no puede abarcar las obras de Dios desde el principio hasta el fin.” (Ecl 3,11). Entonces, si las cosas de la cotidianidad llegan a convertirse casi como en una prisión, el Dios que rebasa todas las cosas nos lanza a un horizonte sin límites; entre lo limitadísimo de nuestra cotidianidad, y lo ilimitado de nuestro preguntar, está el tránsito que nos lleva de lo creado al Creador, y que nos lleva de lo finito al infinito de Dios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O254006a</title>
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				<updated>2016-09-21T08:11:06Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: n la búsqueda de la sabiduría nos encontramos con el desengaño y hallamos la verdadera sabiduría que es Cristo quien redefine nuestra vida y nos lleva a servirle sólo a Él.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada del libro del Eclesiastés; no confundirlo con otro libro de la Biblia que se llama el Eclesiástico. Curiosamente estos dos libros también tienen otros nombres por los que son conocidos: el Eclesiástico, es también conocido como “Siracida”, por el nombre del predicador, del maestro que se supone que ha compilado ese libro; y el libro del Eclesiastés, a veces es conocido también como “Qohelet” –curiosamente escrito con la letra “Q”, al principio. “Qohelet” es una palabra tomada de la lengua hebrea que quiere decir “predicador”. Entonces, lo primero hoy es distinguir esas dos obras: hay un libro de la Biblia que se llama el Eclesiástico; otro libro se llama el Eclesiastés. El que aparece hoy es el comienzo del Eclesiastés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Eclesiastés pertenece a los libros llamados Sapienciales, pero es extraña la sabiduría que nos enseña el Qohelet, porque lo que nos presenta este sabio en sus reflexiones, tiene un tono como de melancolía, un tono como de desengaño, que se nota bastante bien, hoy. Por ejemplo, está esa famosa frase: “¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!” (1,2). Por cierto, la palabra “vanidad”, pues es el sustantivo que viene del adjetivo vano; y lo “vano”, de donde viene también la palabra “desvanecer”, es aquello que no tiene sustancia, es aquello que es provisional, que es efímero, aquello que, al contrario de lo que es necesario, es completamente contingente. O sea, que cuando el Qohelet dice: “¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!”, está diciendo: como que nada vale realmente la pena; es la actitud de una persona desengañada, es la actitud de una persona desilusionada, o melancólica o aburrida, y a uno le puede parecer extraño que en la Biblia haya un libro así, sobre todo, porque ese tono que he llamado “melancólico” o “desengañado”, reaparece varias veces en este libro de la Biblia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué debemos pensar de esta obra?, y, ¿en qué sentido nos ayuda a obtener sabiduría? Pues es que resulta que una parte de la búsqueda de la sabiduría tiene que ver con el desengaño. Fíjate que la persona que está fascinada, por ejemplo, por la plata, pues no va a buscar la sabiduría porque lo que está buscando es la plata; la persona que está obsesionada con alguna clase de placer, no va a buscar la sabiduría porque pues lo que está buscando es el placer; y así podríamos decir del poder, o tal vez de la fama, incluso de algunos bienes que merecen nuestro aprecio, como la salud física. Pero si una persona está obsesionada con su salud física, o con la fama, o con el poder o con cualquier cosa, realmente no logra levantar su corazón. ¡Cómo me gusta esa expresión que decimos en la Misa: “Levantemos el corazón”!, y ese es el llamado de toda vida cristiana, pero para levantar el corazón, muchas veces uno tiene que decepcionarse. Pensemos en el caso de tantas personas que han ingresado a la vida monástica -se han hecho monjes o se han hecho monjas- y cómo llegaron allá; a veces a través de un camino de desengaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo conocí en España, el caso de una religiosa de clausura que había sido campeona nacional de esgrima; durante mucho tiempo las competencias en ese deporte habían llenado por completo su vida, pero resulta que cuando llegó a la cúspide, cuando llegó a la cima, cuando se supone que ella era lo mejor de lo mejor, se sintió en el fondo vacía. Es decir, uno sí tiene que pasar por el desengaño, y en ese desengaño, ella se dio cuenta que necesitaba algo mucho mejor, y encontró a Cristo, y en ese encuentro con Cristo, definió su vida; hoy es religiosa de clausura, monja contemplativa, entregada completamente al servicio de Dios.&lt;br /&gt;
Entonces, fíjate que hay un aspecto positivo dentro de esto que podría parecer totalmente negativo, y ese aspecto positivo es que también hay que saber despedirse de lo que es menos, para poder llegar un día a lo que es más.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Smat015a</title>
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				<updated>2016-09-21T08:08:30Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Pidamos a Jesús que salga a nuestro encuentro, como lo hizo con San Mateo y nos lleve a encontrar la verdadera riqueza y alegría, porque sólo en Él puede descansar nuestro corazón.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 21 de septiembre, nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta del apóstol San Mateo.  Es una fiesta muy hermosa, porque es una expresión, casi digo, ¡una explosión del amor misericordioso de Dios!  Creo que Dios, que es siempre compasivo, nos deja conocer un poco más de ese rasgo suyo, cuando nos acercamos a las historias de los que han sido conquistados por su amor, es decir, los grandes convertidos.  ¡Quién no se conmueve pensando que, por ejemplo, Pablo el apóstol, paso de ser perseguidor de los cristianos, a ser perseguido por ser cristiano!; o, ¡qué tal el caso de un Francisco de Asís, que después de ser, diríamos, adicto a las alegrías de este mundo, se vuelve entusiasta, se vuelve verdaderamente discípulo de la única alegría que perdura, la alegría en Dios!; o, ¡qué tal San Agustín, que estuvo buscando siempre lo verdadero en las distintas corrientes filosóficas de su tiempo, entre los siglos V y VI!; otro tanto se podría decir de San Justino, que vivió en el siglo II.  Y estos hombres, como Justino, como Agustín, buscaron la verdad, y encontraron la verdad; y la encontraron en Cristo.  &lt;br /&gt;
Así también, en el caso de Mateo, encontramos una persona que estaba buscando riquezas; lo propio de los cobradores de impuestos en la época de Jesús, era esa especie de idolatría del dinero.  Sabemos que los publicanos, es decir, los cobradores de impuestos en la época de los romanos, hacían su fortuna, precisamente, exprimiendo a los pobres, porque después de pagarle al imperio una cierta cuota, que era lo que pedían los romanos, pues, todo lo que de ahí en adelante logrará el publicano, quedaba para él.  Y esa es una manera de hacerse rico, pero hacerse rico a costa de sus propios compatriotas, a costa de sus propios paisanos; por eso la gente los odiaba.  Así que Mateo es la imagen de una persona sola, una persona que vive el odio, que experimenta el odio de sus mismos vecinos y de sus mismos compatriotas, pero que está apegado a la riqueza; y llega el amor de Cristo a este hombre y lo levanta de esa mesa de cobro de los impuestos, y lo levanta de esa adicción, y lo lleva, ¿lo lleva a dónde?, lo lleva felizmente a la verdadera riqueza (cf. Mt 9, 9).  Así como Francisco de Asís, fue llevado a la verdadera alegría; así como Agustín, fue llevado a la verdadera sabiduría; así Mateo, fue llevado a la verdadera riqueza.&lt;br /&gt;
Tenemos que pedir al Señor, que nuestras propias búsquedas desemboquen siempre en Él.  Me estoy acordando de una obra preciosa de un gran santo de nuestra Iglesia Católica -San Buenaventura- que habla de cómo todos los caminos del ser humano, si es honesto, si busca el bien, finalmente llevan hacia Dios.  Pues, así hay que pedirle al Señor, que en esta fiesta de San Mateo salga a nuestro encuentro; Jesús, fue al encuentro de Mateo, y le regaló encontrar la verdadera riqueza.  Que así también, Jesús nos ayude a encontrar nuestra verdadera riqueza, nuestro verdadero tesoro, porque sólo en Él podrá descansar nuestro corazón, y sólo en Él podremos hallar esa verdadera alegría&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O251005a</title>
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				<updated>2016-09-19T03:31:20Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La Palabra de Dios nos invita a rectificar nuestra vida ante Él para abrirnos a sus bendiciones y vivir en caridad favoreciendo al prójimo en necesidad.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura del día de hoy está tomada del libro de los Proverbios, este libro es uno de los llamados Libros Sapienciales en la Sagrada Escritura, este adjetivo quiere decir que son libros que nos conducen hacía la sabiduría; sapiencia es una de las características del hombre que vive en Dios y que sigue el mandato de Dios. Ser sabios es saber vivir en la Biblia; la sabiduría de la que nos habla la Biblia no es una simple acumulación de conocimientos; por eso no debemos confundir sabiduría con erudición, erudita es aquella persona que sabe muchas cosas; pero sabio según la Biblia, es aquel que sabe vivir. Incluso hay otra connotación y es que la palabra sapiencia también significa “sabor” de manera que la verdadera sabiduría no es simplemente del que sigue instrucciones, que es bueno para obedecer, ¡no, no basta eso! la verdadera sapiencia implica encontrar el sabor, podríamos decir, más allá de la dificultad, en llevar una vida recta, buena, santa; porque el que hace el bien, pero el que lo hace obligado, en realidad parece que lleva una vida de esclavo; esclavo que tiene miedo al castigo, que simplemente está tratando de proteger sus intereses. En cambio en la Biblia la idea de sabiduría es tan hermosa, porque es el saber vivir, que incluye también el saber encontrar ese sabor de la vida, “saber” y “sabor” están bien relacionados en los Libros Sapienciales, donde los consejos en estos libros son sumamente prácticos y cercanos a la cotidianidad, porque finalmente estas colecciones de dichos querían servir como de lámpara, como de guía para los miembros del pueblo elegido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy por ejemplo destacan dos, primero que no nos encerremos en nuestro egoísmo, que cultivemos la caridad, que el prójimo en necesidad no encuentre nuestra mano cerrada, sino que encuentre en nosotros un manantial de generosidad, ¡es una invitación a la caridad!. En segundo lugar es una invitación a la rectitud, una invitación para que delante de DIos llevemos una vida agradable a Él.  Estas dos sencillas invitaciones tienen una enorme sabiduría, rectificar la vida, vivir rectamente ante Dios para abrirnos a sus bendiciones y vivir en caridad para favorecer al prójimo, especialmente al prójimo en su necesidad. Estas son las recomendaciones simples pero tan profundas que nos da este pasaje del capítulo tercero al Libro de los Proverbios. Sea una invitación para acercarnos a la Biblia, veo que en los supermercados se encuentran con frecuencia una cantidad de libros de superación personal, podríamos decir “recetas” para ser feliz, para tener éxito, para llevarse bien con la pareja y para educar a los hijos; definitivamente todos en todas las épocas necesitamos luces, pero la Biblia tiene mucho que ofrecernos y quizás no le hemos dado a la Biblia la atención que merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerquémonos a la Palabra de Dios y encontremos en ella esa lámpara encendida, que verdaderamente nos puede guiar, entre otras cosas, es mucho más barato que todo lo que encuentres en el supermercado.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co25009a</title>
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				<updated>2016-09-19T02:54:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Averigua muy bien cómo estás haciendo tu dinero y de quién lo has recibido; y no creas que aunque tengas muchos bienes se van a ir contigo, todo quedará aquí.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 16 de San Lucas, tiene dos partes, en la primera hay una parábola en la que Cristo nos presenta una enseñanza un poco extraña, de un administrador tramposo que sin embargo recibe al final una felicitación. La segunda parte del texto de hoy trae algunas reflexiones de Nuestro Señor Jesucristo sobre el valor del dinero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es extraña la parábola de este administrador porque es una persona que obra de manera deshonesta, pero hay algo interesante en él, es que es una persona inteligente, que quiere sacar el mejor provecho de una situación difícil y es ese aspecto el que nos interesa, que se trata de un administrador astuto, y que hay cosas buenas que él intenta salir de ahí. La manera de aplicar a nuestra vida cristiana, es que muchas veces estamos en situaciones difíciles, muchas veces las circunstancias son adversas y nosotros en lugar de hundirnos en la derrota, deberíamos pensar cómo sacar el mejor provecho, incluso de las situaciones difíciles. Ese es el sentido general de esa parábola.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero concentrémonos un momento en las reflexiones que nos da Cristo después, sobre todo porque hay dos preguntas que nos invitan a considerar el carácter general del dinero en el pensamiento de Cristo. Hay dos adjetivos que Cristo utiliza refiriéndose al dinero, según la traducción bastante difundida en muchos leccionarios, muchos libros de lectura de la Misa, se habla de dinero “injusto” y de dinero “ajeno”, estas dos palabras están en sendas preguntas que hace Cristo, dice Él que hay que utilizar el dinero injusto para obras buenas: “si no sabéis utilizar el dinero ajeno, quién os dará lo que es vuestro” (cf. Lc 16,12). Es evidente que estos adjetivos nos están contando algo sobre la apreciación que Cristo tiene en cuanto al dinero, puede parecer injusto que se hable que el dinero es “injusto”, pero resulta que detrás de muchas fortunas hay demasiadas injusticias, suele haber grandes engaños o gran opresión, sobre todo a los más pequeños; creo que esta consideración tiene que llamarnos la atención para no idolatrar el dinero, detrás de muchas fortunas hay trampas, hay mentiras, hay injusticias, hay opresión; eso no significa automáticamente que cada persona adinerada que me encuentro, debo tratarla como una persona criminal, tramposa; pero es una invitación para aquel que ha recibido gran cantidad de dinero, escrute su corazón para ver si en ese dinero hay injusticia o no, porque repito, esto es demasiado frecuente. Observemos, que incluso en la antigüedad, en el mundo griego había un mismo dios pagano, llamado Hermes, dios de los comerciantes pero también dios de los ladrones. Y la verdad, es que en el mundo de la publicidad muchas veces hay cosas que son simplemente engaño, alguna vez un publicista me decía, refiriéndose a esos productos que parecen mágicos para el asunto de adelgazar, decía: “yo trabajo en publicidad, en fotografía y cuando hacemos los estudios fotográficos presentamos a una super modelo, con un cuerpo escultural, una mujer bellísima, y la presentamos como que ese producto que ese está vendiendo fuera el que le ha dado ese cuerpo; y resulta que esa mujer nunca fue gorda, se ha cuidado toda la vida, ha hecho gimnasio toda la vida, ha cuidado su dieta toda la vida”; es decir que tal producto no tiene nada que ver con la belleza de ese cuerpo y sin embargo al presentar las cosas esa es la imagen que se proyecta; de modo que este es un simple ejemplo de cuántas mentiras suele haber en eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se han hecho estudios interesantes cuando llegan esas fechas que se supone que son fechas de grandes rebajas, entonces llegó lo que en inglés llaman el “black friday” o llegó el “día de los presidentes” que es muy famoso en Estados Unidos y “tenemos grandes promociones” y resulta que las grandes promociones consisten en que semanas atrás han elevado, han inflado los precios y cuando llega el día, supuestamente de las  grandes rebajas, le ponen el precio normal y la gente cae en la trampa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo nos habla también que el dinero es “ajeno”, consideración muy interesante porque efectivamente el dinero no nos lo vamos a llevar de aquí, el dinero se quedará en esta tierra, el dinero en realidad no es nuestro y dice Cristo: “si no sabes administrar lo que es ajeno, ¿quién te dará lo que es tuyo?” (cf. Lc 16,12), así nos invita a pensar qué es lo realmente nuestro, lo realmente nuestro no es lo que dejamos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las dos grandes consideraciones de Cristo en cuanto al dinero son: “escruta muy bien cómo estás haciendo tu plata y de quién la has recibido; y segundo aunque tengas muchos bienes, no creas que eso se va a ir contigo, todo quedará aquí”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O246006a</title>
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				<updated>2016-09-15T13:25:50Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: No dudemos que resucitaremos con Cristo, dejemos que Dios sea Dios y confiemos que Él puede hacerlo; cultivando la fe, la gratitud y la alabanza al Señor quien hace todo posible.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, en el capítulo quince.  Si hacemos memoria, son ya varias semanas que llevamos con esta Primera Carta a los Corintios, y hay una razón: resulta, que los corintios, es decir, la comunidad de cristianos habitantes de una ciudad griega llamada Corinto, la cual, por supuesto, existe todavía (es un puerto), fue una comunidad muy complicada, una comunidad problemática, con numerosas, digamos dificultades (estoy tratando de ser caritativo), pero también con numerosos dones.  &lt;br /&gt;
Podríamos decir que Corinto es como una especie de jardín tropical donde hay de todo (es la manera como yo imagino): flores hermosísimas, mariposas bellísimas, árboles robustos, pero también, serpientes venenosas, plagas, arañas ponzoñosas y alacranes.  Corinto era como una explosión de vida, donde había de todo; y el trabajo de Pablo, era el trabajo como de un jardinero que tiene que decir: mira, por aquí sí, por aquí no; cuidado con esto, esto cultívenlo, esto cuídenlo, eviten esto.  Pero son tantos los consejos y recomendaciones que tiene que darles San Pablo, que  estos se han convertido en una bendición para nosotros.  Es decir, nosotros cristianos del siglo XXI, salimos ganando; a nosotros nos ha aprovechado mucho que la comunidad de Corinto haya sido tan difícil, porque eso le obligo a San Pablo a abordar tantas y tantas cuestiones, y por lo tanto, a regalarnos torrentes y torrentes de doctrina bella, sana y santa.  &lt;br /&gt;
Por ejemplo, uno de los temas que él trata hacia el final de la carta, es el que ha aparecido el día de hoy: Pablo, así le pareciera absurdo a quien le pareciera absurdo, habla con claridad de la resurrección, pero, no solo de que Cristo ha resucitado.  Si tu recuerdas, Pablo, cuando estuvo predicando en Atenas, recibió burlas, precisamente, por el tema de la resurrección; por allá, hacia la mitad del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos a Pablo predicando en Atenas, que se había enorgullecido de contar con las enseñanzas de grandes filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles, y entonces Pablo echa un discurso muy bonito, muy bello, pero, apenas llega al tema de que Cristo había resucitado, le sueltan la risa.  &lt;br /&gt;
Para los griegos era risible el tema de la resurrección; los corintios, sin embargo, habían avanzado en su fe, de hecho, tuvieron el beneficio de tener como predicador principal durante un año y medio, a San Pablo.  Yo no me imagino lo que es tener a San Pablo un año y medio; ¡¿cuánto, cuánto bien pudo hacerles?!  Pero durante ese año y medio, no alcanzó a resolver todo, y entonces, había gente que sí admitía la Resurrección de Cristo, y algunos que dudaban; otros que se preguntaban: “bueno, pero ¿cómo así que nosotros también vamos a resucitar?  Eso es parte de la fe cristiana y católica; nosotros decimos en el Credo: “creemos en la resurrección de la carne, y la vida eterna”, y la resurrección de la carne, no es la resurrección de la carne de Cristo, esa ya sucedió; creemos que nosotros resucitaremos, y eso como que es, hasta cierto punto, más difícil de creer.&lt;br /&gt;
Y lo que viene a afirmar San Pablo, es: “en el misterio de nuestra resurrección, hay una continuidad y una discontinuidad”.  La continuidad significa, que ese que va a resucitar eres tú mismo, soy yo mismo; pero la discontinuidad es, no le pidas datos a tu imaginación, ningún programa de computador, ninguna simulación, nada ni nadie puede describirte qué es la Gloria de Dios habitando en un cuerpo humano.  Y Pablo hace esta comparación, que a mí siempre me ha parecido absolutamente magistral: si tú has vivido encerrado en una habitación, nunca has visto árboles, nunca has visto ni por revista, ni por libro, ni por televisión, ni por internet lo que es un árbol, y te presentan una semilla, por ejemplo, de un árbol de naranja, y te dicen: “mira, de aquí salen las naranjas”, dime, ¿qué esfuerzo de imaginación te podría llevar a ti, desde una semilla hasta un árbol?  &lt;br /&gt;
¿Tú con una semilla podrías imaginar lo que es un árbol? Si nunca has visto un árbol, no tienes manera de imaginarlo (cf. 1 Co 15,35-37.42-49).  Entonces, propiamente lo que Pablo dice es: “callen esa imaginación, aplaquen esa imaginación y dejen que Dios sea Dios; sepan que Dios va a hacerlo, sepan que ustedes son llamados a eso; cultiven la gratitud, cultiven la alabanza, y sobre todo, cultiven la fe”.  Pablo de Tarso, gracias.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=O245004a&amp;diff=311728</id>
		<title>O245004a</title>
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				<updated>2016-09-15T13:22:54Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Pidamos al Señor que muchas mujeres respondan al llamado a servir en la obra de Cristo, como lo hicieron en su momento las santas mujeres del Evangelio.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy está tomado del capítulo octavo de San Lucas. Este evangelista que ocupa esta parte del año litúrgico en las lecturas de entre semana, tiene características propias que de tanto en tanto es bueno destacar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos dicho recientemente que Lucas es el evangelista de la Humanidad de Cristo, y por eso el tema de la misericordia brilla con bastante intensidad y frecuencia en las palabras de San Lucas; pero, también Lucas, es el evangelista que más enfatiza la acción y la unción del Espíritu Santo en Cristo y en los cristianos; Lucas, también es el evangelista que destaca más el papel de la alegría en la vida de aquellos que le dicen “sí” a Jesucristo; Lucas, también es el evangelista que subraya de un modo más continuo, el papel de los pobres, y cómo, precisamente, esos pobres son en cierto sentido, los predilectos de Cristo, los que están siempre cerca de Él, los que le rodean con más frecuencia. Todavía hay algo más en donde Lucas destaca, y es lo que aparece, precisamente, en el pasaje de hoy: el lugar de la mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este breve pasaje de hoy, precisamente alude a las mujeres, y es un pasaje exclusivo de Lucas, porque resulta que hay algunos pasajes –muchos, de hecho- que están en Mateo, y que con palabras iguales o semejantes, están en Lucas, o que están en Lucas, y con palabras parecidas están en Marcos. Los Evangelios llamados “Sinópticos”, son conocidos con ese adjetivo, porque la palabra “sinopsis”, quiere decir, “con una mirada”; los Evangelios sinópticos, es decir, Mateo, Marcos y Lucas, uno los puede poner en paralelo, y ve que tienen muchos textos semejantes, pero el pasaje de hoy, solamente está en Lucas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Solo Lucas destaca el papel de aquellas mujeres que: número uno, acompañaban a Jesús; número dos, servían en su misión; y, número tres, colaboraban con sus propios bienes. Es decir, no eran simples oyentes, que ya es algo muy bello -por supuesto, todo aquel que oye a Jesucristo, empieza a participar de la belleza de Cristo; la palabra de Cristo nos lava, nos embellece, nos sana, nos levanta a todos-. Estas mujeres no solamente habían sido renovadas y embellecidas por la palabra de Cristo, sino que estas mujeres habían respondido con generosidad al amor que Cristo irradiaba. ¿Cómo habían respondido? Habían respondido con su presencia, con su ayuda, y como Lucas destaca, con sus bienes, porque algunas de esas mujeres, como por ejemplo, una conocida como Susana, eran personas que provenían de lo que podríamos llamar la alta sociedad de aquel tiempo; y conmueve mucho, pensar que una mujer que era esposa de intendente (ese era un cargo muy alto en esa época), Juana, la esposa del intendente de Herodes, se las arreglaba para conseguir dinero, para conseguir bienes, para conseguir alimentos o ropa para ayudar en su misión a Jesucristo (cf. Lc 8, 1-3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese es el poder que Dios ha concedido muchas veces a las mujeres; a nosotros no se nos puede olvidar que toda la Obra de la Salvación -la Obra de Nuestra Redención, si somos precisos-, empieza con una mujer a la que Dios le pregunta: ¿me ayudas?, ¿quieres? Como destaca Santa Catalina de Siena, Dios no le impuso su voluntad a María; Él, Dios, no obró antes de que ella dijera “sí”; cuando ella dijo “sí”, entonces sucedió la Encarnación. Eso no se nos puede olvidar, ese es el papel de la mujer. Y luego, cuando el Evangelio se propaga con esta predicación hermosa de Cristo, ahí están las mujeres; y luego, a los pies de la Cruz, de nuevo está esta Santa Señora, esta vez para acogernos a nosotros como sus hijos: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26). Y luego, en la predicación del Evangelio, están las mujeres; ¿quién le abrió las puertas de la evangelización en Europa al apóstol San Pablo? Una mujer, y bendito sea Dios, que se conserva su nombre: Lidia. Lidia en Filipos, allá en Macedonia, abrió la puerta del Evangelio; por una mujer empezó la evangelización en Europa. Así que, alegrémonos por el inmenso bien que pueden hacer las mujeres, y pidamos al Señor, que muchas se sientan llamadas, inspiradas por la Santísima Virgen, por Susana, la que se menciona hoy, o por Lidia, la de Filipos, a ser servidoras del Evangelio, porque hay que tener mucho cuidado: el que no está sirviendo a Cristo, muy pronto resulta reclutado por el demonio, por el mundo, o por la carne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquellas mujeres que no han entregado a Cristo, la generosidad propia de su sexo, la generosidad propia de su ser, tarde o temprano, terminan malgastando esas posibilidades de su propio ser, en vanidades, en codicias, o en los dictados de la moda de este mundo.&lt;br /&gt;
Que el Señor conceda conversión a todos, y que bendiga particularmente a las mujeres, el día de hoy.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=Nsdo012a&amp;diff=311727</id>
		<title>Nsdo012a</title>
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				<updated>2016-09-15T13:20:38Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo con su sangre y la Virgen María con sus lágrimas nos muestran que la vida cristiana es de participación en la cruz y que el dolor no derrumba nuestra fe sino que la hace madurar.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 15 de septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a la Santísima Virgen María en la memoria que conocemos como Nuestra Señora de los Dolores. Esta Celebración Litúrgica, tiene particular resonancia en aquellos países (que son muchos) que celebran el día 14 de septiembre la Exaltación de la Santa Cruz. Es entonces evidente en esos lugares, la relación que hay entre el Misterio de la Cruz de Jesucristo y la participación de la Cruz, que tiene María, a quien llamamos Nuestra Señora de los Dolores; pero, también en otros lugares, también en otros países, donde no tenemos esa coincidencia de fechas, esta es una buena oportunidad para volver nuestra mirada hacia la Santísima Virgen María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres lecciones podemos tomar de esta celebración, que es sobria, y tal vez, por eso mismo, tan hermosa. La primera lección es la lección de la solidaridad, la lección de la cercanía. Me impresionó muchísimo el testimonio de una mamá cristiana y católica, en Nigeria, donde ha actuado con tanta violencia, con tanta agresividad el fundamentalismo Islámico, con una predilección por el secuestro a niñas, a menores de edad; no contentos con estos secuestros, los fundamentalistas islámicos de Boko Haram, también han atacado iglesias de cristianos protestantes, y también iglesias de cristianos católicos. Como hemos comentado en otras oportunidades, son muchas las mujeres que han vivido, o que están viviendo esta clase de dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía en una entrevista, una señora nigeriana: “cuando vamos a misa el domingo, tengo que preparar a mis hijos porque no sabemos si vamos a volver a casa”. ¡Mira el drama que vive esta mamá!, y si eres madre, o mejor dicho, si hay algo de humanidad en ti, ¡por favor entiende lo que están viviendo estas personas! Muchas de estas madres han visto cómo sus hijos son torturados, han visto cómo sus hijos son decapitados, han visto cómo sus hijos son asesinados; estos son dramas que no deben salir de nuestro corazón y de nuestras intenciones, son cosas que suceden en Nigeria, en Irak, en Siria, y aún en otros lugares con algo menos de ruido, pero no se nos olvide que las persecuciones a los cristianos no han desaparecido del todo en Asia, especialmente en los países de corte comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, nos invita a levantarnos por encima de esa hipersensibilidad que tenemos para todo lo que a nosotros nos talla o nos molesta; lo que a nosotros nos talla, nos incomoda, nos duele, lo sentimos gigantesco y se nos olvida que hay muchas personas que están sufriendo en tono mayor, y de un modo continuo, por ejemplo, en Siria, en Irak, en Nigeria, o en Kenia. Esa es la primera lección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda lección, la podemos llamar, “el despertador”. Es un “despertador”, ¿por qué? Es un despertador porque nos está indicando, que el dolor con toda su violencia, no puede aplastar la fe obstinada de una mujer como la Virgen Santísima. Observemos que en la pasión de Cristo, todo tipo de insultos, toda clase de improperios, todo tipo de blasfemias se lanzan contra el Hijo de Dios, y sin embargo, Él permanece, como dice el apóstol San Pedro, como cordero llevado al matadero: humilde, manso, orante. Digna Madre de su Hijo, esa es también Nuestra Señora: es decir, el odio rodeo a Cristo, pero no fue capaz de entrar en Él; el odio rodeo a María, pero no fue capaz de vencer la pureza, la humildad y la fe de ese corazón. Y este es un despertador para nosotros; esto tiene que hacernos pensar cuál es nuestra reacción, porque yo en vida, me he encontrado muchas personas, que cuando les llega un problema, les llega un dolor: “no, ¿dónde está Dios?, ya no se puede creer en Dios, ¿cuál Dios?, Dios me dejó solo”; ¿no será que nos hace falta madurar mucho en la fe, antes de lanzar esa clase de expresiones? Así que ahí también hay una lección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en tercer lugar, esta fiesta, esta memoria de Nuestra Señora de los Dolores, nos enseña que el camino de la elección, siempre es un camino de participación en la Cruz de Cristo. Es muy fácil entrar en una lista de los elogios, de los privilegios que recibió María por su vocación particular, su virginidad perpetua, su impecabilidad, su inmaculada concepción, pero eso tiene también un precio que se llama, “Participación en la Cruz de Cristo&amp;quot;, y esto, en nuestro corazón, tiene algo que decir; ¿No fue Cristo, también el que nos dijo: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”? (Lc 14, 27). Hoy, en muchos lugares, en muchas predicaciones, en demasiadas iglesias, se esconde el Misterio de la Cruz; hoy, muchos pretenden vender una especie de cristianismo “light”, un cristianismo tan suave, tan suave, pero, tan suave, que en realidad, esconde el Misterio de la Cruz. Ahí está María con sus lágrimas, ahí está Cristo con su sangre, para mostrar que la vida cristiana no es simplemente un programa de mejoramiento continuo, o una terapia de superación personal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué bueno que llegue esta celebración a nuestro corazón, y que dé su fruto en nosotros!&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co24006a</title>
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				<updated>2016-09-15T13:16:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Un corazón misericordioso frente a las personas que quieren vivir alejadas de Dios debe ser manso, prudente, orante, en actitud de acogida y alegría para cuando decidan regresar.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Papa Francisco ha querido que este sea el Año de la Misericordia y seguramente el pasaje del Evangelio de hoy tomado del capítulo quince de San Lucas es bastante conocido porque en cierto sentido es la imagen misma de la misericordia divina, me estoy refiriendo por supuesto a las llamadas parábolas de la misericordia que son propias del evangelista San Lucas y que aparecen precisamente en el Evangelio de hoy; de esas parábolas, la más conocida es la que también pide de nosotros una reflexión particular, es la famosa parábola del hijo pródigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primero que bueno empezar con una aclaración, la palabra “pródigo” indica aquel que da sin pensar mucho, aquel que regala o desperdicia; de manera que el hijo pródigo significa en un lenguaje más popular “el hijo desperdiciador”, el que desperdició lo mucho que recibió. Pero como estamos en el Año de la Misericordia, que bueno que fijemos nuestra atención más que en el hijo, en el padre, porque esta parábola debería llamarse “la parábola del padre misericordioso” y es nuestro deber, siguiendo la voz del Papa Francisco aprender a ser misericordiosos mirando la figura de ese padre que aparece en este pasaje del capítulo quince de San Lucas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuáles son los pasos que da este padre? ¿qué podemos aprender de su actitud compasiva? ¿qué podemos aprender de su misericordia? Lo primero que encontramos es que el hijo menor, el que se fue de casa, toma una decisión absolutamente arbitraria, en realidad más que arbitraria, violenta, porque al pedir la parte de la herencia en realidad está tratando al papá como si ya estuviera muerto, al decirle “dame la parte de la herencia”, en realidad lo que le está diciendo es “tú has muerto para mí”. Es un mensaje de profunda violencia, es un mensaje agresivo que sin embargo el papá recibe con paciencia y mansedumbre. Estas palabras empiezan a ilustrarnos cuáles son las actitudes de un corazón misericordioso. Claramente el muchacho lo está ofendiendo, lo está matando, por lo menos espiritualmente, y sin embargo el papá procede con mansedumbre y con prudencia, parece ya entender que ese hijo tendrá que recorrer su propio camino. Es decir, el padre misericordioso no es el padre controlador, muchos de nosotros tenemos la tentación, el gusto, la tendencia de controlar a las personas que están alrededor nuestro, creo que a todos nos encanta tener las cosas bajo control, pero el mundo de la misericordia requiere que demos a los demás también la oportunidad de que vivan sus propias experiencias y sigan sus propios caminos. Indudablemente este papá le ha dado buenos ejemplos a sus hijos, les ha hablado muchas veces pero él no puede ni debe vivir la vida de ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Evangelio nos dice que cuando el hijo regresa, este papá estaba esperándolo y de aquí tenemos otras dos lecciones que aprender cuando se trata de misericordia, primero, observa que el papá no salió corriendo detrás del hijo y esto es muy importante entenderlo, a veces creemos que la misericordia es evitarle a la gente las consecuencias de sus errores y no, a veces la actitud más misericordiosa es lograr que la persona se “estrelle” como decimos popularmente, es decir que la persona viva las consecuencias de su irresponsabilidad, y sin embargo el papá, que no sale corriendo detrás del hijo, es el mismo papá que lo espera, que seguramente ora por él, que seguramente ya en su corazón lo abraza y le prepara una acogida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El siguiente verbo nos ayuda a entender la misericordia, cuando el hijo da el paso este padre compasivo lo acoge, lo recibe, le restituye su dignidad de hijo. Lo más importante en la acogida a las personas que regresan a nuestra vida y a Dios, es eso, devolverles su dignidad. A perdido todo su dinero, ha perdido quizás su salud, ha perdido tesoros, pero hay un tesoro que no debe perder, el tesoro de su dignidad, ese padre que recibe tiene un último acto de compasión que también debemos destacar, él se alegra e invita a los demás a alegrarse; no es solamente recibir, dar una casa, dar una cama, dar una comida, es invitar a que todos experimenten la alegría de saberse recibidos y de saberse amados.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O236003a</title>
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				<updated>2016-09-08T01:43:58Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La idolatría y la mezcla de la fe católica con falsas creencias son comportamientos peligrosos, que nos llevan a buscar seguridades fuera de Dios y a darle culto al demonio.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy está tomada de la Primera Carta a los Corintios en el capítulo décimo. Hay dos enseñanzas que hoy no podemos dejar perder, la primera tiene que ver con la naturaleza de la idolatría, básicamente lo que nos enseña San Pablo es algo muy serio, el idólatra en realidad le está dando culto al demonio; los ídolos como tal no son nada, explica San Pablo, pero quien termina recibiendo el homenaje que damos a los ídolos es el demonio. Conviene aquí aclarar el tema de los ídolos no es un tan sencillo como decir las estatuas, antes me daba mucha ira y ahora casi me da compasión ver que muchos protestantes quieren reducir el problema de la idolatría a un problema de estatuas ¡Dios santo si fuera tan fácil! ¡si fuera tan fácil librarse de los ídolos! el problema no son las estatuas, si vemos una estatua por ejemplo de la Virgen o del Sagrado Corazón sabemos que simplemente es una representación, lo mismo que una fotografía es una representación de una persona que es importante para uno, eso está claro, es decir ese no es el problema; el problema grave está en que el corazón busca su seguridad fuera de Dios, ese es el problema. El problema está en que se me pueden volver idolatría muchas cosas, incluyendo el éxito, el dinero, el placer, un sistema de ideas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya que hemos mencionado a los protestantes es dramático ver por ejemplo a Martín Lutero atrapado en su sistema de ideas, de modo tal que él mismo decía que no podía rezar el Padre Nuestro sin lanzarle maldiciones al Papa, es decir calcula hasta donde estaba prisionero ese corazón, y supuestamente él quería una religión libre de idolatría, pero su corazón estaba encadenado de una manera horrorosa. Entonces, la primera enseñanza es que la idolatría finalmente termina siendo culto al demonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la segunda enseñanza no es menos importante, y es que aunque parezca increíble es muy fácil revolverle a la fe lo que no es fe. Me da mucho dolor ver que en algunos de nuestros países católicos, de una raíz tan firme se presentan unas combinaciones absurdas; por ejemplo hay personas que se consideran católicas y creen en la reencarnación; ¡la reencarnación no tiene nada que ver con nuestra fe! la reencarnación proviene del mundo hinduista, y de hecho es contraria a la resurrección, porque la resurrección afirma y canta la grandeza y dignidad del cuerpo humano; en cambio la reencarnación trata al cuerpo como si fuera un saco, un suéter que me quito o me pongo, escontrario, pero muchos católicos revuelven religiones. Hay personas que son católicas y que sin embargo creen que pueden darle ayuditas al poder de Dios, por ejemplo visitando personas que en el fondo practican la brujería, en Colombia hay una gran cantidad de centros que tienen que ver con eso, toda esta cuestión del indio amazónico y María Lionsa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces se utilizan figuras que probablemente fueron muy virtuosas pero que están como secuestradas por los brujos, es decir la memoria está como secuestrada por los brujos, es el caso del doctor José Gregorio Hernández, parece que era una persona recta, pero estos brujos utilizan ese nombre para hacer toda una serie de invocaciones y una cantidad e espiritismo, entonces eso ya no tiene que ver con el verdadero personaje. Y muchos católicos van a eso, es decir que sí es fácil combinar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este personaje el Ekeko que hay en Perú o la santa muerte, así llamada en México es esa clase de combinación repugnante y es lo que Pablo nos quiere decir: “no puedes beber de los dos cálices”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente de lo que se trata es del primer mandamiento de la ley de Dios: “amarás al Señor tu Dios”, no dice con gran parte de tu corazón, con un pedazo sustancial de tu vida, ¡no! Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser, con todas tus fuerzas.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=O235006a&amp;diff=311724</id>
		<title>O235006a</title>
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				<updated>2016-09-07T03:50:39Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Entregar la vida al servicio del Evangelio se hace por amor pues está por encima del simple gusto y satisfacción que puede generar la realización de la misión.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura del día de hoy está tomada de la Primera Carta a los Corintios en el capítulo noveno. Creo que San Pablo nos está dando una gran catequesis en esta oportunidad, porque Pablo nos está presentando lo que podríamos llamar la liberación de la tiranía del gusto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pequeña anotación autobiográfica, antes de entrar a la comunidad en la que me encuentro, la Orden Dominicana yo estudiaba física en la Universidad Nacional de Colombia; me iba bien y era que indudablemente me agradaba. El Señor me llamó con mucha fuerza y me dió la gracia de responder a su llamado, entonces entré a esta comunidad religiosa para prepararme para ser lo que hoy soy con la misericordia de Dios, sacerdote dominico. ¡Hasta ahí todo bien!. Cuando estaba en el noviciado, algunos de mis antiguos compañeros de la universidad fueron a visitarme, ya tenía mi hábito dominicano y por supuesto el cambio externo era bastante notable, la gente se quedó como extrañada: “¿a este que le dio?, pero varios comentaron de un modo bastante flemático: “bueno si eso es lo que a usted le gusta pues está bien”. Esa frase me quedó sonando porque quienes se expresan de esa manera dejan la impresión de que uno en la vida tiene que dejarse llevar simplemente por lo que le guste; pero entonces pienso por ejemplo en una santa que muchos amamos, Santa Teresa de Calcuta, pienso en ella y se puede decir: “bueno, sí a usted lo que le gusta es andar recogiendo indigentes por la calle, si eso le hace feliz, oler gente que tiene tres años sin bañarse y que tiene 12 razas de piojos en la cabeza, sí eso es lo que a usted le gusta”; ¿realmente la madre Teresa estaba haciendo eso porque era lo que le gustaba?. O cuando Teresa de Ávila, empieza la reforma de su comunidad religiosa, la Orden del Carmelo tuvo todo tipo de dificultades, tuvo una oposición terrible, fue calumniada, fue acusada ante la Inquisición, fue perseguida, fue ridiculizada por sus propias monjas, por sacerdotes, por laicos, tuvo todo tipo de amenazas externas, además de las tentaciones que sólo Dios conocerá; pregunta, ¿Teresa de Ávila, Teresa de Jesús, la gran doctora de la Iglesia emprendió toda esa lucha, hizo todo eso porque le gustaba? ¿era un asunto de gusto? El gusto no puede ser el máximo criterio en la vida, eso es lo que nos enseña San Pablo hoy. Primera de Corintios, capítulo nueve, el gusto no puede ser. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas más bellas no se hacen por gusto, de hecho el gusto puede llevarnos a donde no tenemos que ir. Pensemos en un hombre que tiene a su esposa muy enferma, llevan doce años de casados, la esposa ha presentado unas fallas renales gravísimas, está muy débil, dura hospitalizada mucho tiempo, tiene que acompañarla a todos esos exámenes, muchas veces tiene que acompañarla en sus procesos de diálisis; esta mujer ha entrado en procesos de depresión también, psicológicamente hablando y este hombre tiene que darle ánimo; y este hombre se va cansando de ese esfuerzo, decimos que humanamente es explicable; ¿a dónde lo lleva el gusto a él? ¿a seguir en esa tarea, o a conseguirse tal vez a una esposa más saludable, más bonita, más sexi? que más bien le ayude a él en las muchas cosas que tiene que hacer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fíjate que el gusto no puede ser el criterio, por encima del gusto está el amor, y eso es lo que muestra San Pablo; lo que Pablo aprendió, vivió y el servicio que hace al Evangelio no es porque le guste, no es porque sea lo máximo en términos de satisfacción personal, es porque el amor va más allá de la satisfacción y por supuesto está mucho más allá del gusto.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=Sman014a&amp;diff=311723</id>
		<title>Sman014a</title>
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				<updated>2016-09-07T03:27:52Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: ¡Dejemos esa actitud resignada y derrotista frente al pecado!, toda la vida de la Virgen María es victoria de Dios sobre él y nos demuestra que el pecado no es requisito para ser plenamente humanos.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 8 de septiembre nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta del nacimiento, la natividad de la Santísima Virgen María. Por supuesto hay una relación entre esta fecha y la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebramos la concepción de la Virgen Santísima el 8 de diciembre, nueve meses después el 8 de septiembre celebramos su nacimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay tanto que reflexionar cuando volvemos nuestros ojos a la Santísima Virgen, en esta ocasión quisiera destacar dos puntos, en primer lugar visitemos con la mirada la ternura, la pequeñez, la fragilidad de esta bebita. Cuando miramos a esta niña tan pequeña, cuando descubrimos toda su fragilidad sentimos que los desafíos, los problemas, los peligros del mundo son demasiado grandes y esa imagen es bella porque así como su cuerpo frágil y pequeño  protegido por sus papás llegó a la edad adulta, llegó a plena madurez y ella pudo cumplir felizmente la misión a la que Dios la llamaba; así como eso sucedía en su cuerpo, así su alma purísima inmaculada, llena de gracia, amenazada por tantas tentaciones y peligros y sobre todo por el odio del demonio, podía ser atacada de tantas formas, pero llegó a su plena madurez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy haciendo la comparación entre el cuerpo frágil que sin embargo llega a la edad adulta y la ternura, inocencia y pureza de un alma que llega a plena madurez y santidad. Es una victoria de Dios y hay que admirar que la providencia de Dios haya podido conservar y acrecentar esa dulzura, esa inocencia, esa pureza de ella a lo largo de la vida. ¡Dios es capaz!.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto quiero decir que el cuerpo y el alma de la bienaventurada Virgen son la demostración de que el pecado no es una etapa que tenga que llegar forzosamente a la vida humana, el pecado no es una etapa forzosa de la vida, no tiene que llegar el pecado, para ser plenamente humanos no tenemos que ser pecadores; por supuesto esto lo vemos sobre todo en la humanidad de Cristo, pero alguien dirá: “Cristo es persona divina” y es verdad, persona divina unida hipostáticamente a una naturaleza humana completa. En el caso de María estamos hablando de una persona humana y esta persona humana a quien hoy contemplamos en toda su fragilidad, esta persona humana fue llevada por el Señor en plena inocencia y pureza hasta su plenitud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enseñanza de hoy: el pecado no es un requisito para crecer, el pecado no es un etapa forzosa, el pecado no es algo que tiene que suceder en nuestros jóvenes; saquenos de nuestro lenguaje esa idea de que: “como es un niño, pues tu sabes como son los niños, egoístas, sucios, desordenados; como es un joven, tu sabes como son los jóvenes borrachos, se drogan, tienen sexo; como es un adulto, sabes como son los adultos, son infieles, se separan, se casan, se recasan”; ¡dejemos esa actitud resignada! ¡dejemos esa actitud derrotista frente al pecado! ¡tenemos a María Santísima! que desde la inocencia de su condición de bebé, hasta su plenitud de su vida adulta como mujer creyente muestra que el pecado no es un requisito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso el segundo pensamiento es simplemente una súplica, cuánto necesitamos que esta belleza de la victoria de María impregne al pueblo cristiano y muy particularmente a las niñas, a las jóvenes. ¿A quién están mirando las jóvenes de hoy? ¿Cuáles son sus referencias? ¿Cuáles son sus modelos?Cuáles son los puntos de mira para decir “yo quiero ser como”, porque todos hemos dicho esa frase; “yo quiero ser como qué, como la gran ejecutiva, yo quiero ser como la top model, yo quiero ser como la gran cantante”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos que el Espíritu Santo a través de la predicación de la Iglesia cautive el corazón de muchas jóvenes para que mirando a María descubran en ella la plena liberación femenina.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://fraynelson.com/wiki2/index.php?title=O231005a&amp;diff=311722</id>
		<title>O231005a</title>
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				<updated>2016-09-07T00:24:17Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La vida cristiana es un camino: aceptar a Jesús y ser cristiano es nuestra opción pero no resuelve todo, porque el sí que dimos debe que llegar a todas las áreas de la vida.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La primera lectura de hoy, está tomada de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios. Es un momento muy oportuno para recordar cómo están organizados los escritos de San Pablo en el Nuevo Testamento; si abres tu Biblia, te das cuenta de que primero van los Evangelios en el Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; después de los Evangelios, tenemos el Libro de los Hechos de los Apóstoles, y después empiezan las cartas de San Pablo, y quizá te hayas preguntado alguna vez, en qué orden van esas cartas. Uno ve que lo primero que aparece es la Carta a los Romanos, después vienen la Primera y Segunda Carta a los Corintios, y uno dice: “bueno, ¿fue que escribió primero Romanos?, ¿es un orden cronológico?, ¿es un orden alfabético?”. El orden que ha querido seguir la Iglesia, es de acuerdo con el tamaño de los escritos. De todas las cartas de San Pablo, la más extensa, y podríamos decir, la que tiene mayor contenido, es la Carta a los Romanos; después de esa carta, están las Cartas a los Corintios. Parece que la idea es que nos alimentemos sustanciosamente a partir de estos grandes documentos, y estamos en este momento de nuestro Ciclo Litúrgico, leyendo la Primera Carta de San Pablo a los Corintios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La comunidad de los Corintios (“Corintios” quiere decir, “habitantes de la ciudad de Corinto, en Grecia”), fue muy querida por Pablo, porque él la fundó y permaneció cerca de año y medio entre ellos, de modo que los conocía bien, había luchado mucho por ellos, los había exhortado, les había predicado, había orado con ellos, eran gente que él la sentía muy cercana, pero evidentemente, no había sido un trabajo fácil, porque aquellos Corintios no tenían propiamente una formación en las Sagradas Escrituras, de manera que eran gente que estaba completamente en la realidad del mundo pagano; seguían las costumbres del medio que habían conocido -el mundo pagano- y en particular esa ciudad de Corinto era famosa por sus costumbres bastante desordenadas -alguien diría “bastante liberales”. Eso quiere decir, que por ejemplo, en materia de sexualidad había todo tipo de excesos y todo tipo de prácticas (prostitución, sobre todo), y ese ambiente de permisividad y de libertinaje, indudablemente, estaba como una especie de fondo cultural, como un suelo cultural de donde brotaba esta gente a la que Pablo estaba evangelizando; o sea que su misión realmente era bien difícil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El testimonio que nos dan estas Cartas a los Corintios, es que la evangelización tiene muchas etapas: una persona puede haberle dicho “sí” a Jesucristo, una persona puede haber aceptado el Evangelio de Jesús, y sin embargo, a pesar de eso, todavía seguir sus costumbres paganas en muchos aspectos. Tal vez esa es la enseñanza más importante que quisiera que nos quedará el día de hoy: que la vida cristiana es un camino, y que aceptar a Jesús, y saber que ser cristiano es nuestra opción, todavía no resuelve todo, porque ese “sí” que tú le has dado a Jesucristo, luego tiene que impregnar todo tu ser, todas las áreas de tu vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Corintios, le habían dado un “sí” a Jesucristo, pero todavía tenían amplias áreas de su vida, en donde tenían que cambiar. Por eso la primera carta de hoy, nos habla de una situación escandalosa que al parecer ellos la estaban aceptando: un hombre resultó viviendo con la mujer de su padre, como si fuera con su esposa, como quien dice, le quitó la esposa al papá, o el papá se la cedió, y este siguió con esa misma mujer, y todos tan tranquilos, y todos tan civilizados, y todos tan contentos. Pablo tiene que levantar la voz y decir: “¡No!, hay un límite; ustedes han de reformar esa parte de sus costumbres. El “sí” que le dieron a Jesucristo, tiene que llegar hasta lo profundo de su ser, hasta que todo en ustedes proclame el Reino del Señor” (cf. 1 Co 5,1-8); esa es la grandeza de este mensaje, que tenemos que aplicar también nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizá algunos de quienes reciban estas palabras, han tenido experiencias fuertes; quizá tú has hecho un buen retiro espiritual; quizá has estado en un lugar donde te has confesado muy bien, donde le has dado un “sí” enamorado y entusiasta, a Jesús. Bueno, ¡que ese “sí”, llegue a todas las áreas de tu vida! Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Co23009a</title>
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				<updated>2016-09-07T00:21:44Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: Cristo quiere que nuestra vida gire en torno a Él, que le entreguemos nuestros corazones, prioridades, dolores, decisiones y seres queridos pues no hay lugar más seguro que su corazón.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, ha sido tomado del capítulo catorce de San Lucas. Leyendo y meditando este Evangelio, me pongo a pensar en una frase que me gusta mucho: “Hay gente que conoce el precio de todo, pero ignora su valor”; conocemos los precios, y desconocemos los valores. Y el Evangelio de hoy tiene que ver con los valores, porque Cristo nos está diciendo que Él no puede ocupar cualquier lugar en nuestra vida. Puede parecer un poco extraño lo que nos dice Jesús, porque Él dice que tiene que tener el primer lugar; más allá del papá, más allá de la mamá, más allá de todo lo que queremos, más allá de nuestros afectos, y por encima de nuestras prioridades (cf. Lc 14,25-33).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se entiende que una persona reclame tanto de nosotros? En el lenguaje usual del mundo, si alguien trata de adueñarse de tal manera de nuestros corazones, de nuestros afectos y prioridades, lo consideraríamos narcisista, por decir lo menos, egoísta, quizá loco; pero la gran diferencia está en esta pregunta: ¿qué hace Cristo con aquello que yo le entrego?, porque Cristo quiere que mi vida entera gire en torno a Él; Él es muy claro, no lo dice de una manera disimulada: “el que ame a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí”, y por eso también invita a todos a que hagan sus cuentas, a que tengan bien claro si de verdad esto es para ellos o no; eso lo dice Cristo claramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, ¿qué hace Cristo con lo que yo le entrego?; lo pide todo, pero, ¿qué hace con lo que yo le entrego? Yo creo que una comparación resulta útil: cuando voy donde el médico, de alguna manera me pongo en manos del médico; si tengo problemas de salud, por ejemplo, problemas en mis arterias coronarias, problemas en mis rodillas, y problemas, qué se yo, en el oído derecho, pues, cuando yo voy a la clínica, o donde el médico, yo entrego todo eso que yo tengo; no callo el problema de mi rodilla, no dejo en silencio el problema de mi oído. Cristo quiere que entreguemos todo: nuestras dolencias, nuestras preferencias, y ¿qué hace Él con eso? Pues, esto es lo maravilloso; ¿recuerdas la multiplicación de los panes?, ¿recuerdas lo que Cristo hizo con esos cinco panes? Con ellos alimentó a una multitud, los bendijo, los agradeció a Dios, su Padre, y los repartió, los multiplicó. Cristo quiere que nosotros entreguemos todo nuestro ser, empezando por nuestro corazón, porque sólo en su corazón, está nuestro corazón a salvo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se trata de perder el amor que le tenemos al papá, a la mamá, a los hijos, a los amigos; no es una pérdida. El Papa Benedicto lo dijo muy claramente en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: “No es una pérdida”. ¿Por qué no lo es? Porque todo aquello que nosotros entregamos al Señor, Él lo guarda, Él lo bendice, Él lo multiplica. O sea, que el lugar donde está más seguro el amor que yo le tengo a mi papá, no es en mi corazón, porque mi corazón puede estar sujeto al engaño, al egoísmo, a la vanidad; el lugar más seguro, donde mi afecto por mi papá puede estar seguro, es en el corazón de Jesucristo. ¿Dónde está más seguro el amor que yo le tengo a mi carrera, a mi país, a mis hijos? En Cristo. Al llevar hasta Cristo todos nuestros afectos, todas nuestras prioridades, y todas nuestras decisiones, no las estamos perdiendo, las estamos llevando al único lugar que es seguro, el único lugar donde ya entró el Reino de Dios, el único lugar donde ya hay victoria de Dios Padre. ¡Es ahí a donde estamos llevando todo lo que tenemos!, y eso que llevamos donde Cristo, eso que entregamos, Él lo recibe, lo agradece, lo bendice, lo multiplica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces un esposo ha de pensar: para que el amor que le tengo a mi esposa, se perfeccione, se purifique, sea fecundo y llegue a plenitud, en ningún lugar está más seguro que en Cristo; y así debe pensar también ella. Por eso Cristo quiere que conozcamos el verdadero valor, y no solamente el precio de las cosas. Y por eso Cristo quiere ser el primero en nuestra vida; porque todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que deseamos, nunca estará en mejores manos, que cuando llega a sus manos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>Sjbm010a</title>
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				<updated>2016-08-31T19:53:03Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La mejor manera de abrirnos al regalo de la gracia divina es a través del arrepentimiento, el cual viene de reconocernos pecadores y de tener plena conciencia de qué es el pecado.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El 29 de agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda el martirio de San Juan Bautista. Recordemos que Juan es el precursor de Nuestro Señor Jesucristo, y el gran mensaje de Juan, es el arrepentimiento de los pecados. Como lo describió el profeta Malaquías en su momento, lo propio de Juan es llamar al arrepentimiento, para tenerle a Dios un pueblo bien dispuesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectivamente, la mejor manera de abrirnos al regalo de la gracia divina, es a través del arrepentimiento; aquella persona que no tiene conciencia de sus pecados, aquella persona a la que no le importa pecar, es una persona que tampoco siente ninguna necesidad de ser perdonado. El que se considera “ya bueno”, no encuentra mayor cosa en Cristo; en cambio, el que reconoce su pecado, ciertamente, ve en el Señor, a su liberador, a su salvador. Por eso hay una relación tan estrecha entre la predicación de Juan y la predicación de Cristo; podemos decir que la predicación de Juan, es la preparación para la de Cristo, porque el arrepentimiento es la puerta para recibir la gracia y la misericordia divina. Ahora bien, si Juan estaba predicando el arrepentimiento de los pecados, pues, tenía que hablar del pecado; no se puede predicar el arrepentimiento, solamente como un sentimiento en abstracto; el arrepentimiento siempre es de algo, y ese algo es mi pecado. Si mi pecado es la envidia, de eso me tengo que arrepentir; si mi pecado es la lujuria, de eso me tengo que apartar; y así sucesivamente. Así pues, cuando hablamos de arrepentimiento y de predicación del arrepentimiento, es indispensable predicar el pecado, es decir, predicar que somos pecadores, y predicar cuáles son los pecados que estamos cometiendo, porque decir: “somos pecadores en general”, tampoco sirve; nadie se arrepiente en general de ser pecador; uno llega a descubrir que es pecador, porque descubre pecados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto indica que si queremos abrirle un camino a Cristo, hay que predicar arrepentimiento; si queremos predicar arrepentimiento, tenemos que reconocernos pecadores; y si queremos reconocernos pecadores, y que los demás se reconozcan pecadores, hay que hablar del pecado. Esta secuencia, que es perfectamente lógica, y que es inevitable, es exactamente la que se dio en la vida de Juan, y por eso Juan tenía que predicar lo que predicó, y por eso Juan tenía que decirle a todos, incluyendo al rey: “mira, eso no debes hacerlo, eso está mal hecho”. Juan le dijo claramente a Herodes (que era uno de los hombres más poderosos en esa época y en ese entorno): “mira, estás viviendo en adulterio; ¡eso se llama adulterio!, no te está permitido convivir con la mujer de tu hermano, no puedes vivir así con ella” (cf. Mc 6,18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es muy interesante este vigor del mensaje de Juan, porque especialmente con lo que tiene que ver con afectividad y con sexualidad, nuestro mundo es excesivamente tímido, o excesivamente cínico, o excesivamente cómplice, y con esa frasecita de que no se debe juzgar, y de que no se puede juzgar, entonces, pues, Juan debería haberse quedado callado. Si los que hoy repiten a toda costa, “no se puede juzgar”, “no se debe juzgar”, hubieran vivido en tiempo de Juan, seguramente, hubieran juzgado muy cruelmente a Juan Bautista por haber dicho lo que le dijo a Herodes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la realidad, es que esa secuencia de la que hemos hablado, es inevitable en la vida cristiana. La repito por última vez: “si quieres experimentar la Gracia de Cristo, tienes que empezar por el arrepentimiento; si quieres llegar al arrepentimiento, tienes que reconocerte pecador; y si quieres reconocerte pecador, es necesario que tus pecados te sean denunciados, por tu conciencia o por la predicación de la Iglesia”; por eso hay que hablar del pecado. No es el único tema del que hay que hablar; no debemos obsesionarnos con ese tema, pero tampoco debemos omitirlo. Juan predicó sobre el pecado, y el precio que pagó fue altísimo, pero su fidelidad es modelo para nosotros, y es verdadero camino para que Cristo reine en nuestras vidas. Así nos lo conceda el Señor. Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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		<title>O222007a</title>
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				<updated>2016-08-31T19:48:11Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Plataforma: La salvación no se consigue simplemente estudiando y memorizando versículos de la Biblia, la Palabra divina puede salvar si realmente se convierte en criterio de vida.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas en el capítulo cuarto: Cristo está en la sinagoga, eso no nos debe extrañar; pero en la misma sinagoga hay un hombre endemoniado, y esto sÍ nos debe extrañar (cf. Lc 4,31-37).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué hace un endemoniado en la sinagoga? Bueno, ¿qué era la sinagoga? La sinagoga era el lugar de reunión de los judíos para escuchar la Palabra de Dios y para hacer algunas oraciones compartidas, sobre todo, apoyándose en los Salmos. La sinagoga era el lugar de la oración, el lugar de la predicación, el lugar de la reflexión sobre la Palabra de Dios. Uno podría decir que ese no es el lugar más atractivo para un demonio; pero, precisamente, una de las enseñanzas que nos trae el pasaje de hoy, es que debemos conocer un poco mejor, cuáles son las estrategias del enemigo cuando se trata de buscar sus propios fines y propósitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sabemos, por ejemplo, en el pasaje de las tentaciones, cómo ataco el demonio a Jesucristo, qué fue lo que utilizó principalmente, y seguramente lo recordamos: su estrategia principal fue tomar versículos de la Sagrada Escritura, como en el que el demonio condujo a Jesús a la parte más alta del Templo de Jerusalén, y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra” (Lc 4, 9-11), y el demonio dijo esto, porque sabía que así estaba escrito en el salmo 91: “porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra” (11-12). Se ve que el demonio tenía bien estudiada la Sagrada Escritura, parece que tiene muy buena memoria para la Biblia, y por eso ataca a Jesucristo, usando la Biblia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, también debemos entender que la presencia del endemoniado en la sinagoga, aunque sea solamente por una analogía, no tiene que extrañarnos tanto, porque parece que el demonio está muy interesado en la Biblia, en los estudios bíblicos. Y de aquí debemos sacar dos enseñanzas muy importantes: primera, la Biblia no es un libro mágico, es decir, el hecho de tener mucho conocimiento de la Biblia, el hecho de saber muchos versículos y de poder citar muchos textos, todavía no significa que tú seas salvo. Especialmente en el mundo cristiano no católico -es decir, el mundo protestante-, se ha afianzado una idea que yo llamo “casi una idea mágica sobre la Biblia&amp;quot;: si yo conozco muchísimo de la Biblia, entonces, ahí está mi salvación; pero se ve que el demonio asiste a la sinagoga, y se ve que el demonio es capaz de retener en su memoria muchísimos textos de la Biblia. O sea, que no es el simple estudio de la Biblia, y no es la simple memorización de textos, lo que te va a dar la salvación; esa es la primera advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, ¿cuál es la segunda advertencia? Si no basta con estudiar, y no basta con memorizar, ¿qué es lo que realmente hace la obra? Que esa palabra que tú conoces, tenga poder sobre ti, eso es lo que hace la diferencia; cuando esa palabra se convierte en tu criterio de vida, es decir, cuando esa palabra realmente llega con calidad de Señor, a tu vida, entonces, esa es Palabra de Salvación. Hay un modo mucho más sencillo de decir esto, es: “obediencia”; el solo estudio de la Palabra Divina, el estudiar y estudiar la Palabra, todavía no es tu salvación; el conocer muchísimo, todavía no es tu salvación. Y por favor, atención que hay gente que hace muchos estudios bíblicos, pero, algunos de los grandes herejes, incluyendo personas como Martín Lutero, fueron personas que estudiaron mucho la Biblia. ¡No!, no basta eso; se trata de la obediencia: “la obediencia a la Palabra, y en la obediencia a esa Palabra Divina, entonces, sí está mi salvación”. Ciertamente, la obediencia a esa Palabra incluye reconocer que esa es la Palabra que crea a la comunidad, así como la comunidad es la guardiana de la Palabra. Pero, ¡qué digo yo “comunidad”!, hay una palabra mejor, es: “Iglesia&amp;quot;; la Iglesia es alimentada por la Palabra, pero la Iglesia, también custodia la Palabra Divina. Y solamente cuando la Iglesia está custodiando esa Palabra, y cuando la Iglesia está dando testimonio de esa Palabra, esa Palabra llega a tener verdadera autoridad en mí. Porque decir, como dicen los protestantes, “que cada uno entienda la Biblia a su manera” -es decir, el libre examen- y “que yo interprete solo la Biblia”, es un peligro terrible y es una fuente inagotable de errores, porque cuando yo interpreto la Biblia a mi acomodo, entonces yo le doy poder a esa parte de la Biblia que conviene con mi historia personal, con mis gustos, con mis preferencias, y lo demás, pues se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien habla de tener el libre examen, o el examen particular, o la interpretación privada de la Biblia, en realidad lo que está diciendo es: “yo no voy a obedecer a la Biblia, sino que yo voy a seguir lo que a mí me parezca”. Y ya vemos que cuando se estudia mucho la Biblia, pero no se obedece en realidad, esa no es fuente de salvación. Por eso la Biblia, solo puede ser entendida correctamente, dentro de la comunidad cristiana que a la vez se alimenta de la Biblia y es custodia de su sentido genuino: la Biblia en la Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Plataforma</name></author>	</entry>

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