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Pregunta publicada en 20090212:
¿Hay que confesar los pecados de los antepasados?

Vemos en los rostros esa emoción, esa paz y más que todo la tranquilidad que es lo que más deseamos, cuando vamos en oración a Jesucristo, cuando pedimos que nos perdone, sane y limpie maldiciones generacionales. A Satanás le hemos cerrado una gran puerta, y en su cara, con esto él ya no puede molestar a nadie a ninguna familia en particular.

Si hacemos una buena, pero profunda confesión, es sorprendente ver cómo Satanás huye ante la sangre de Jesucristo. Según eso, ¿Es bíblico Padre confesar los pecados de nuestros ancestros? Me refiero a textos como Sal. 106,6-7; Neh. 9,2-3; Dn. 9,5-6.

Con mucho respeto y aprecio.

Juan Carlos Mayser Jimenez.

Todo depende de lo que entendamos por la palabra "confesión" o el verbo "confesar." Si nos referimos al sacramento de la confesión, es claro que uno sólo puede y debe confesar los pecados propios.

Pero en la Biblia el verbo que se usa para confesar puede indicar acciones más generales, como por ejemplo, reconocer la verdad que hay en algo. Una traducción posible para Romanos 10,10 es esta: "con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación." Es evidnete que ahí no se están confesando pecados, porque el contexto no deja lugar a dudas: "Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación." (Romanos 10,9-10).

Incluso cuando se habla de confesar los pecados de "nuestros padres", como pasa en el Salmo 106,6-7, no parece que se trate de hacer una lista, como uno la haría cuando se refiere a las propias faltas. Es más bien reconocer lo que en teología moral llamamos la "pena," es decir, reconocer que el pecado tiene consecuencias que van más allá de uno mismo, y ciertamente más allá del momento presente.

Por decir algo: si, en el plano económico, un hombre tiene una buena fortuna pero la dilapida en el juego, y deja a sus hijos en la inopia, él puede arrepentirse de lo que hizo, su culpa puede ser perdonada por Dios, e incluso por su familia, pero eso no quita las horribles consecuencias de haber quedado en la pobreza absoluta. La culpa es una cosa; las consecuencias de esa culpa es lo que llamamos con el nombre general de "pena" propia del pecado. Y como en todo pecado hay culpa y hay pena, es esta última la que siempre tiene repercusiones en generaciones posteriores.

Al confesar los pecados de los antepasados no estamos arrepintiéndonos en lugar o en vez de ellos, sino reconociendo que su actuar ha tenido consecuencias que ciertamente nos afectan; y reocnocemos esas consecuencias dolorosas como un modo de pedirle a Dios que nos libere de ellas, para que brille mejor su poder y su gloria.


Reproducción permitida, citando la fuente.
-Fr. Nelson Medina, OP

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