PALABRA VIVA PARA ESTE DIA

Mayo 3
(en Colombia y otros países de América),
Septiembre 14
(en algunos otros países)

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Textos y archivos de audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
Derechos Reservados © 2004.
L a reproducción de estos textos y archivos de audio, para uso privado o público, está permitida, aunque solamente
sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/homilias.html.
 

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Oración Colecta

Oremos:
Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo muriera en la cruz para salvar a todos los seres humanos; concédenos aceptar por su amor la cruz del sufrimiento aquí en la tierra, para poder gozar en el cielo de los frutos de su redención.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura
Si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce quedaba curado

Lectura del libro de los Números
21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo comenzó a impacientarse y a murmurar contra Dios y contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos han sacado de Egipto para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos ya hartos de este pan sin consistencia».
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a decir a Moisés:
«Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros las serpientes».
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Fabrica una serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido mordidos y la miren quedarán curados».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial
Sal 77, 1-2.34-35.36-37.38

No olvidemos las hazañas del Señor.

Pueblo mío, escucha mienseñanza, atiende a las palabras de mi boca; abriré mi boca para contar una historia, para evocar los sucesos del pasado.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Cuando los castigaba, lo buscaban, se convertían, iban hacia él, y recordaban que Dios era su roca, y el Altísimo su redentor.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Lo adulaban con su boca, le mentían con su lengua; su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Pero él se compadecía, perdonaba sus culpas y no los destruía: contuvo su ira muchas veces, y no daba rienda suelta a su furor.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Segunda Lectura
Cristo se humilló a sí mismo, por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
2, 6-11

Hermanos: Cristo, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
Aleluya.

Evangelio
El Hijo del hombre tiene que ser levantado

† Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 13-17

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración de los Fieles

Celebrante:
Oremos, hermanos yhermanas, con confianza a nuestro Redentor, que por su santa cruz ha redimido al mundo:
(Respondemos a cada petición:
Cristo redentor, escúchanos).

Para que el signo de la cruz gloriosa de Jesucristo, con el que han sido señalados todos los cristianos en el bautismo, se manifieste en su vida, roguemos al Señor.
Cristo redentor, escúchanos.

Para que la sangre de la cruz de Jesucristo reconcilie todos los seres y ponga paz en todo lo que hay tanto en el cielo como en la tierra, roguemos al Señor.
Cristo redentor, escúchanos.

Para que los enfermos, los atormentados y todos los que con sus sufrimientos participan de la cruz de Jesucristo, tengan también parte en su gloria, roguemos al Señor.
Cristo redentor, escúchanos.

Para que Cristo, que para salvar a su pueblo quiso ser elevado en la cruz, como la serpiente en el desierto, nos salve y nos eleve a las alegrías eternas, roguemos al Señor.
Cristo redentor, escúchanos.

Celebrante:
Escucha señor, las súplicas de tu pueblo y concede tu ayuda a quienes tu Hijo ha redimido en el árbol santo de su cruz.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Señor, que este sacrificio que Cristo te ofreció sobre la cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique ahora de todas nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
La gloriosa victoria de la Cruz

El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que, de donde tuvo origen la muerte, de allí surgiera la vida; y el que en un árbol venció, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

Antífona de la Comunión

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor nuestro Jesucristo, tú que nos has redimido por medio de tu cruz y nos has hecho partícipes de tu Cuerpo y de tu Sangre, concédenos participar también de la gloria de tu resurrección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

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1. El misterio salvífico de la Cruz

1.1 El Papa Juan Pablo nos regaló en abril de 1999 una preciosa reflexión sobre el valor de la Cruz como insignia para el mundo. De ese mensaje entresacamos nuestra reflexión de este día. La numeración aquí es nuestra.

1.2 <<Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu>>. Éstas son las palabras, este es el último grito de Cristo en la cruz. Con esas palabras se cierra el misterio de la pasión y se abre el misterio de la liberación a través de su muerte, que se realizará en la Resurrección. Son palabras importantes. La Iglesia, consciente de su importancia, las ha asumido en la liturgia de las Horas, que cada día se concluye así: <<Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu>>.

1.3 Hoy queremos poner estas palabras en labios de la humanidad. Hoy queremos poner estas palabras de Cristo en labios de todos estos hombres, porque estas palabras, este grito de Cristo sufriente, sus últimas palabras no solamente cierran; también abren. Significan una apertura al futuro.

1.4 <<Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu>>. Estas palabras abren. Esperamos que estas palabras sean también las últimas palabras para cada uno de nosotros, las que nos abran a la eternidad.

2. La Cruz, lugar de amor y profecía

2.1 Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2, 8). Con estas palabras, la liturgia resume lo que aconteció en el Gólgota, hace ahora dos mil años. El evangelista Juan, testigo ocular, narra los acontecimientos dolorosos de la pasión de Cristo. Cuenta su dura agonía, sus últimas palabras: <<Todo se ha consumado>> (cf. Jn 19, 30) y cómo un soldado romano traspasó su costado con una lanza. Del pecho atravesado del Redentor salió sangre y agua, prueba inequívoca de su muerte (cf. Jn 19, 34) y don extremo de su amor misericordioso.

2.2 <<Despreciado y evitado>>. como dijo Isaías, está Cristo en el hombre afrentado y aniquilado en la guerra y en cualquier lugar donde triunfe la cultura de la muerte; <<triturado por nuestros crímenes>> está el Mesías en las víctimas del odio y del mal de todos los tiempos y en cualquier lugar. <<Como ovejas errantes>> parecen a veces los pueblos divididos y marcados por la incomprensión y la indiferencia.

3. Luz de esperanza

3.1 Sin embargo, en el horizonte de este escenario de sufrimiento y de muerte, brilla para la humanidad la esperanza: <<A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará (...); mi Siervo justificará a muchos>>. La cruz, en la noche del dolor y del abandono, es antorcha que mantiene viva la espera del nuevo día de la resurrección. Miramos con fe hacia la cruz de Cristo, mientras por medio de ella queremos proclamar al mundo el amor misericordioso del Padre por cada hombre.

3.2 Sí, hoy es el día de la misericordia y del amor, el día en el que se ha llevado a cabo la redención del mundo, porque el pecado y la muerte han sido derrotados por la muerte salvífica del Redentor.

4. Oración

4.1 Divino Rey crucificado, que el misterio de tu muerte gloriosa triunfe en el mundo.

4.2 Haz que no perdamos el valor y la audacia de la esperanza ante los dramas de la humanidad y ante cada situación injusta que mortifica a la criatura humana, redimida con tu sangre preciosa.

4.3 Al contrario, haz que con renovada fuerza proclamemos: Tu cruz es victoria y salvación, porque con tu sangre y tu pasión has redimido al mundo.

*** Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***

Estos textos litúrgicos y bíblicos  han sido proporcionados con autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia católica.

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