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La extensión del culto a Santa Teresa del Niño Jesús o Santa Teresa de Lisieux, joven carmelita, es uno de los fenómenos más impresionantes y significativos de la vida religiosa de nuestros días.
La Santa murió en 1897, y poco después era ya conocida en todo el mundo. Su camino de sencillez y perfección en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, se ha convertido en el ideal de muchos cristianos.
La biografía de Santa Teresita, escrita por orden de sus superiores, es un libro famoso. Los milagros y gracias que se atribuyen a su intercesión, son incontables.
Pío XI la beatificó en 1923 y la canonizó en 1925. Extendió su fiesta a toda la Iglesia de occidente. En 1927, Santa Teresa del Niño Jesús fue nombrada, junto con san Francisco Javier, Patrona de todas las misiones extranjeras y de todas las obras católicas en Rusia.
Teresa se había entregado con entera decisión y conciencia a la tarea de ser santa. Sin perder el ánimo ante la aparente imposibilidad de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de sí misma, solía repetirse:
"Dios no inspira deseos imposibles. No tengo que hacerme más de lo que soy, sino aceptarme tal como soy, con todas mis imperfecciones".
Tinaquillo, Venezuela (1992) - Que el Señor, Nuestro Dios, fortalezca tu vida e ilumine tu corazón con lo más hermoso que nos ha regalado, la fe, la esperanza y la caridad. Feliz cumpleaños. La nonna Piera
Bogotá, Colombia - Dios lo bendiga toda la vida... lo mismo a su linda familia, mil gracias damos al Creador por haberlo dotado de esos dones maravillosos, por ello es un Jesús a la puerta de nuestra amada parroquia. Padre que siga cumpliendo muchosssss massss. Millón de bendiciones del cielo por ser tan maravillosooooo.
León, México (1994) - Que el Señor nos dé la Restauración de nuestro matrimonio y lo bendiga, que derrame su Santa Conversión en nosotros y cambie nuestro Corazón por uno dócil y atento a su llamado, que el Espíritu Santo derrame sus dones en nosotros y que los Corazones Unidos de Jesús y María nos protejan, guíen y bendigan, que demos Gloria a Dios con todo nuestro ser, matrimonio y familia. Te amo José Luis y a nuestros hijos, todos benditos de Dios. Padre Nuestro dígnate escuchar nuestras súplicas de Gloria a tí Señor Jesús. Esperanzas y Alabanzas en Tí Dios mío y Jesús. Mi Madre nos llene de Luz y de estrellas por donde caminemos, tú eres Nuestra Luz y Corazón, en tí Confiamos. Jesús es tí confiamos, Jesús en tí confiamos. Amén, Amén, Amén.
Confesemos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había dado. Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle. Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro, Dios reprueba.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, / han profanado tu santo templo, / han reducido Jerusalén a ruinas. / Echaron los cadáveres de tus siervos / en pasto a las aves del cielo, / y la carne de tus fieles / a las fieras de la tierra. R.
Derramaron su sangre como agua / en torno a Jerusalén, / y nadie la enterraba. / Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, / la irrisión y la burla de los que nos rodean. / ¿Hasta cuándo, Señor? / ¿Vas a estar siempre enojado? / ¿Arderá como fuego tu cólera? R.
No recuerdes contra nosotros / las culpas de nuestros padres; / que tu compasión nos alcance pronto, / pues estamos agotados. R.
Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, / por el honor de tu nombre; / líbranos y perdona nuestros pecados / a causa de tu nombre. R.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre. (Salmo 78)
Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado."
Quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado (Lucas 10,13-16)
Baruc nos deja un precioso testimonio de una comunidad que ha alcanzado la madurez y ya no se proclama inocente ni cínica, ni busca culpables afuera, ni se deja seducir por la desesperación. 6 min. 16 seg.
No se puede rechazar a la Iglesia sin rechazar a Cristo. Lo primero y fundamental para Cristo y la Iglesia es la conversión, que abramos el corazón para recibir a nuestro Redentor. 4 min. 1 seg.
Solo quien reconoce su propia responsabilidad puede empezar una vida nueva, quien no lo hace siempre estará huyendo de sí mismo y su vida no cambiará. 6 min. 21 seg.
Cuando la verdad de Dios llega a ti, el pecado se revela con claridad, pero también resplandece el don del arrepentimiento y la esperanza de la salvación. 5 min. 7 seg.
1.1 Es un hecho notable que, entre las grandes confesiones cristianas que hay en la actualidad, la única que pidió públicamente perdón por las deficiencias de sus hijos fue la católica, con nuestro Papa Juan Pablo II a la cabeza. Y así comoel texto de la primera lectura de hoy nos invita a aprender a arrepentirnos, así también nos deja saborear un poco de la dulzura de ese sentimiento tan noble y propio del alma que descubre la bondad de Dios y su infinita ternura y poder restaurador.
1.2 En ese contexto quiero recordar aquí un bello momento de oración y penitencia pública que realizó la Iglesia Católica en Argentina el 8 de septiembre del año 2000, dentro del conjunto de celebraciones propias del Gran Jubileo. Los textos, que son como una lectura actualizada de la contrición que nos enseña Baruc, nos inspiran, también hoy, a no bajar el ideal sino levantarnos hacia él.
2. Confesión de los pecados contra la unidad querida por Dios para su pueblo.
2.1 Padre, tu Pueblo te pide perdón: por la falta de esfuerzo para comprender las razones de quienes no creen y por no interpretar el significado de sus búsquedas.
2.2 Por omitir una acción más intensa en promover caminos comunes con los hombres y mujeres de buena voluntad.
2.3 Por no haber rechazado adecuadamente el antisemitismo.
2.4 Por descuidar la oración y los gestos que favorezcan el impulso ecuménico.
2.5 Por la falta de testimonio en la vivencia de la comunión entre los obispos, miembros del clero, religiosos, consagrados y laicos en nuestras comunidades.
2.6 Porque tantas veces los católicos fuimos responsables, con nuestro modo de actuar, del alejamiento de muchos hermanos.
2.7 Dios Padre de los hombres, en la víspera de su Pasión, tu Hijo nos confió el desafío de la unidad para que el mundo crea.
2.8 Tú que nos quieres protagonistas y constructores de la historia, concédenos vivir el don de la unidad, para ser signos e instrumentos de tu amor, sirviendo y siendo fermento del Reino.
3. Confesión de los pecados contra el servicio a la verdad.
3.1 Oh Dios de misericordia, perdónanos por las veces en que tus hijos hemos cedido a métodos autoritarios de intolerancia e imposición, desfigurando el rostro de la Iglesia.
3.2 Por las veces que hemos dejado de buscar, meditar y servir a la verdad, callándola o disimulándola, por conveniencia o complacencia.
3.3 Por la falta de fidelidad en la transmisión de la verdad, y la escasa presencia de los católicos comprometidos con la fe cristiana en los medios de comunicación.
3.4 Recibe en tu corazón de Padre nuestro arrepentimiento.
3.5 Ten misericordia de nosotros, acepta nuestro propósito de buscar y proponer la verdad con la dulzura del amor, conscientes que la verdad nos hará libres.
4. Confesión de los pecados contra el Evangelio de la vida.
4.1 Padre, te pedimos perdón porque muchas veces los cristianos, en nombre de los mismos derechos del hombre, hemos provocado el crimen del aborto y de la eutanasia, de la manipulación genética y del ensañamiento terapéutico, reclamando un poder sobre la vida que sólo te pertenece a Ti.
4.2 Perdónanos porque, por diversos motivos, amenazamos nuestra salud con el consumo de drogas, con la falta de descanso, con el abuso del alcohol, y del tabaco, y con otros excesos.
4.3 Dios Padre, en Jesús nos dices: "Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10) y nos la regalas como don de tu amor y bondad.
4.4 Concédenos la gracia que nosotros, Pueblo servidor de la Vida, ofrezcamos al mundo nuevos signos de esperanza, que promuevan y afiancen la cultura de la vida.
5. Confesión de los pecados contra la dignidad humana.
5.1 Padre, te pedimos perdón por el estilo de vida consumista y por las actitudes de muchos cristianos que contribuyen a la marginación u obstaculizan la participación de todos los hombres en la vida y en los bienes de la comunidad, no alcanzando los niveles elementales de alimentación, salud, vivienda, vestido y educación.
5.2 Como comunidad eclesial, imploramos tu perdón por la falta de un testimonio de austeridad y de una acción más decidida a favor de los pobres, "en la vastedad de su extensión: los enfermos, los subocupados, los desocupados, los ancianos, los sin techo, las víctimas de injusticia y calamidades, los analfabetos y semi-analfabetos, los marginados o postergados de todo tipo, los migrantes e itinerantes, los amplios sectores juveniles, espiritualmente desorientados y los menores desamparados.
5.3 Padre bueno, que enviaste a tu Hijo para anunciar a los pobres la Buena Nueva y para dar libertad a los oprimidos, acrecienta la vocación solidaria de nuestro pueblo, para vivir de modo que nuestra fe en Ti manifieste todo su potencial humanizador y generador de dignidad.
6. Confesión de los pecados contra los derechos del hombre.
6.1 Padre, tenemos el deber de acordarnos ante Ti de aquellos hechos dramáticos y crueles.
6.2 Te pedimos perdón por los silencios responsables y por la participación efectiva de muchos de tus hijos en tanto desencuentro político, en el atropello a las libertades, en la tortura y la delación, en la persecución política y la intransigencia ideológica, en las luchas y las guerras, y la muerte absurda que ensangrentaron nuestro país.
6. 3Padre bueno y lleno de amor, perdónanos y concédenos la gracia de refundar los vínculos sociales y de sanar las heridas todavía abiertas en tu comunidad.
Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman, alégrense de su alegría todos los que por ella llevaron luto, para que se alimenten de sus pechos, se llenen de sus consuelos y se deleiten con la abundancia de su gloria. Porque dice el Señor:
«Yo haré correr la paz sobre ella como un río y la gloria de las naciones como un torrente desbordado. Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas; como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré yo. En Jerusalén serán ustedes consolados».
Al ver esto se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como un prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder.
Alabad el nombre del Señor, / alabadlo, siervos del Señor, /que estáis en la casa del Señor, / en los atrios de la casa de nuestro Dios. R.
Alabad al Señor porque es bueno, / tañed para su nombre, que es amable. / Porque él se escogió a Jacob, / a Israel en posesión suya. R.
Yo sé que el Señor es grande, / nuestro dueño más que todos los dioses. / El Señor todo lo que quiere lo hace: / en el cielo y en la tierra, / en los mares y en los océanos. R
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:
«Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí».
Si no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos (Mateo 18, 1-5)
Santa Teresa del Niño Jesús, movida por el Espíritu Santo, pudo descubrir lo que significa volverse como niños para entrar en el Cielo. 11 min. 58 seg.
Los valores que propone Santa Teresita son profundamente cercanos al Evangelio pero por ello mismo, muy contrarios a los principios de arrogancia y rapacidad que rigen nuestro mundo actual. 4 min. 24 seg.
MEMORIA SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS
Con Teresa del Niño Jesús, Dios mostró que la santidad es un regalo que corresponde a nosotros anhelar, ser dóciles, confiar; pero finalmente el único que hace santos es Él. 5 min. 58 seg.
En un momento de su vida, Teresa sintió que la tristeza y la frustración se adueñaban de su alma; fue rescatada por la belleza y la pureza de la sonrisa de la Virgen María. 6 min. 53 seg.
Santa Teresita nos enseña a tomar en serio el camino de santidad, a que Dios no despierta deseos imposibles y que nuestro mayor obstáculo puede convertirse en nuestra mayor fortaleza. 7 min. 6 seg.
La ternura de Santa Teresita tiene la base firme de una fe y una esperanza por la visita de la Santísima Virgen María en momentos de dolor y tristeza. 5 min. 54 seg.
La santidad es posible en la persona al amar y confiar humildemente en Dios, en la familia porque es el ambiente natural de la santidad y en el mundo porque lo recibido del Señor debe ser compartido. 9 min. 36 seg.
Si tu vocación es el matrimonio, como fue para los papás de Santa Teresita, busca que sea en santidad. Vive tu vida cristiana en humildad para descubrir a Dios en lo pequeño, proclamando Su señorío y confiando plenamente en Él. 7 min. 27 seg.
Santa Teresita responde a la soberbia con la verdadera sabiduría: reconocer quiénes somos, lo que Dios ha hecho por nosotros y cuál es Su voluntad. En un tiempo marcado por el rechazo a la Iglesia, ella se entregó plenamente a su servicio. 6 min. 39 seg.
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1.1 La popularidad de Teresa del Niño Jesús es uno de los fenómenos más impresionantes de nuestros tiempos. No muchas jóvenes fallecidas antes de los 24 años de edad hace más de 100 años podrían ser recordadas hoy por mucha gente, y uno diría que la austeridad de un convento de clausura no es el camino más firme hacia esa clase de fama.
1.2 Al parecer, hay razones sólidas para esa popularidad. No son razones con nombre extraño o rimbombante sino todo lo contrario. Es el dulce encanto de la sencillez; es la increíble atracción que produce un alma sincera; es la fascinación que despierta ver a alguien enamorado del Infinito y en verdadera resolución por alcanzarlo: todo eso es Teresa del Niño Jesús.
2. Un paralelo extraño pero útil
2.1 Personalmente no puedo dejar de pensar en una comparación extraña. Los breves años de vida de Teresa del Niño Jesús--o Santa Teresita, como muchos la llaman--coinciden con la rabiosa y abundante producción intelectual de uno de los enemigos jurados del cristianismo, Friedrich Nietzsche. Dos figuras tan diversas, prácticamente opuestas, como Santa Teresita y Nietszcshe parece que no cupieran en una sola frase y sin embargo, algo podemos aprender de ponerlos juntos.
2.2 La gran propuesta de Nietzsche es el "super-hombre" o sea, un modo nuevo de humanidad que va más allá del bien y del mal, y que no tiene más guía que la explosión gozosa de eso que se llama VIDA. Según él, la atención a lo que las cosas debieran ser es solo un freno que humilla y acompleja a lo que hay de más vigoroso y feliz en nosotros. El triste final de su experimento es la sinrazón. Loco y solo, Nietzsche enfrenta la muerte en pasiva derrota que contradice su afán de gozo y de vida plena.
2.3 Teresita busca en cambio el camino de la humildad, que puede parecer una locura, a ojos del mundo, pero que finalmente conduce a la sabiduría, y en modo tal, que la Iglesia la considera Doctora, es decir, maestra excelsa por su doctrina y santidad.
3. La soberbia y la humildad: caminos opuestos
3.1 En la vida de Teresita se cumple muy bien lo que un día oí predicar al P. Fernando Umaña: "La soberbia sólo puede ser principio de locura porque el soberbio sólo quiere que impere su propia opinión, y para ello tiene que negar la realidad exterior y desconectarse de ella."
3.2 "Por el contrario," sigue enseñando el P. Umaña, "la humildad nos prepara para oír la voz de otros precisamente porque nos cuenta que nuestra propia voz no es la única ni tal vez la más importante. El que descubre la humildad descubre también la obediencia; y el que así descubre la obediencia se hace rico en sabiduría, sin empobrecer a otros."