Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Como María Magdalena en todos hay un anhelo por lo bueno que debe ser bien orientado para no caer en idolatría y engaño.

Homilía smag013a, predicada en 20190722, con 6 min. y 27 seg.

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Transcripción:

El 22 de julio nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa María Magdalena. Por decisión del Papa Francisco el rango que tiene esta celebración litúrgica es, desde hace un par de años, rango de fiesta. En nuestra Iglesia hay distintos rangos en las celebraciones, lo más alto que tenemos son las solemnidades, por ejemplo, la solemnidad de la Pascua, la solemnidad de Pentecostés, la solemnidad de María, Madre de Dios, esas son solemnidades. Luego tenemos otro nivel que son las fiestas, es el segundo nivel de arriba hacia abajo. Y ahora María Magdalena está en ese nivel, la celebración de María Magdalena. Esto indica importancia, esto indica lecturas propias, esto indica énfasis en la predicación y así lo ha querido el Papa Francisco con esta celebración de María Magdalena debajo de las fiestas.

El siguiente rango son las memorias. Memoria, como el nombre lo indica, es el recordar a un santo, a una santa, a una advocación de la Virgen que tiene su importancia, pero que no necesariamente es el centro de la predicación de ese día. Y luego, tenemos las memorias libres, que son las que pertenecen más como a la devoción de un determinado grupo, una determinada comunidad, y son las que tienen menor importancia. Este tipo de clasificación, pues, no debemos tomarlo como si unos santos fueran más importantes que otros, no es la idea, sino más bien lo que Dios hizo en ciertas vidas es tan importante que la Iglesia, en su sabiduría, quiere que ese testimonio, quiere que eso que Dios hizo sea suficientemente conocido.

Bueno, después de esta introducción, volvamos a María Magdalena. ¿Qué es lo que nos deja esta santa? Algo que he comentado varias veces siempre que llega su fiesta es que fue tan grande la obra de Dios, fue tan grande el poder de Dios rescatando a María Magdalena, que a mí no me extraña en absoluto cómo el demonio en su envidia trata a toda costa o ha tratado a toda costa de destruir lo que podríamos llamar el nombre de María Magdalena, o peor aún, destruir la obra de Dios en la conversión de esta santa mujer. Podemos decir que el demonio ya la sentía muy segura, era una presa muy segura en su, en su boca, en sus garras. Y Cristo arrancó esa presa de las garras del demonio. Y por eso el demonio, a lo largo de los siglos ha tratado de vengarse, haciendo que tomen fuerza todo tipo de estupideces, perdón la palabra, sobre María Magdalena.

La verdad es que la enseñanza con María Magdalena es muy simple, es la enseñanza de la esperanza. Es la enseñanza de cómo cada uno de nosotros puede llegar a confiar que ese Dios, capaz de rescatar a esta mujer, es también el Dios que puede hacer obras preciosas por cada uno de nosotros. Pero, hay otra enseñanza que es menos predicada y en la que quisiera insistir para cerrar esta breve reflexión. Y es que María Magdalena nos está mostrando algo muy profundo del corazón humano, cómo nuestro corazón, según las palabras de San Agustín, está hecho para el Dios infinito. Estamos hechos para la felicidad plena, para la sabiduría plena, para el amor pleno, estamos hechos para el infinito. Y cuando no encontramos cómo orientar esa búsqueda, cuando nos perdemos en esa búsqueda, entonces cometemos también terribles errores, porque esas cosas que ocupan nuestro corazón, esas cosas que vienen a ocupar el lugar de Dios, en vez de enriquecernos y en vez de darnos paz, nos destruyen, nos hunden.

Eso es lo que sucede precisamente en el caso de María Magdalena. Esta mujer tiene una tremenda capacidad de amor, una tremenda capacidad de compromiso, una tremenda capacidad de servicio, una capacidad inmensa para luchar por aquello que ama, pero su corazón ha estado distraído, desorientado, seducido, engañado por los ídolos de este mundo. Y por eso, ella llega a esa condición terrible en la que la encontró Jesucristo.

Por eso, también nosotros debemos reconocer que hay una raíz de búsqueda buena, hay una búsqueda buena que está en nosotros, hay una sed santa que está en nosotros, hay un ansia de infinito que viene de Dios y que está en cada uno de nosotros. Y es muy importante que nosotros no le demos falso alimento, no le demos alimento envenenado a ese corazón nuestro, sino que nosotros recibamos en ese corazón nuestro, solamente el pan bello, el pan bueno, el pan santo, que es el pan venido del cielo, que es Cristo Jesús, esa es la historia de María Magdalena. Entonces, podemos aprender de ella cómo en cada ser humano hay un anhelo que es bueno, dentro de ti hay un anhelo bueno, pero si no lo orientas bien, vas a caer en idolatría y si no lo orientas bien, pues vas a caer en engaño y tu condición puede llegar a ser realmente lamentable. Sin embargo, no nos desanimemos, hay esperanza porque hay un Dios que nos ha amado. A Él sea la gloria. Amén.

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