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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Lorenzo nos enseña que la liturgia, la predicación y la caridad son inseparables. Como cristianos, no podemos vivir una fe en el templo y otra distinta con los pobres.
Homilía slor024a, predicada en 20260810, con 5 min. y 58 seg. 
Transcripción:
El diez de agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a un diácono. Un diácono y mártir llamado Lorenzo vivió en el siglo tercero. Era diácono en Roma, por supuesto, cabeza de todo el orbe cristiano. Y allí fue martirizado de una manera espantosa. Fue asado vivo. Fue quemado vivo. Es algo muy cruel. Y esa crueldad nos muestra, por una parte, el odio que el demonio y los seguidores del demonio tienen contra la fe. Pero también nos muestra el increíble, el inconmensurable valor que Dios da a sus testigos. Es un diácono. ¿Y qué hacen los diáconos? Bueno, los diáconos tienen varias áreas, podríamos decir de servicio. El diácono acompaña en la liturgia, puede predicar la homilía, prepara las ofrendas, es ministro ordinario para distribuir la Sagrada Comunión. Eso es propio del diácono. Además, también puede bautizar, puede presenciar los matrimonios, puede celebrar exequias. Todo eso tiene que ver con una palabra, liturgia. Además de eso, el diácono también tiene otro servicio que es el servicio hacia los necesitados, hacia los pobres. Y esto lo realizó de un modo constante y heroico San Lorenzo. Podríamos decir que es toda el área de la caridad. También en nuestro tiempo hay diáconos, tanto diáconos temporales que se están formando para el sacerdocio como diáconos permanentes. Muchos de ellos hombres casados. Y estos diáconos permanentes son auténticos apóstoles de caridad de muchas maneras, por ejemplo, atendiendo obras de la parroquia o llevando la Sagrada Comunión a muchos enfermos. ¡Es algo muy bello! Entonces el diácono tiene que ver con la liturgia y tiene que ver con la caridad. Pero además de eso, el diácono está llamado a predicar y no solamente predicar en la Santa Misa como ya lo dije. Un diácono puede predicar la homilía tiene toda la autorización, pues de acuerdo con el sacerdote que presida, tiene toda la autorización para predicar la homilía, pero no solo durante la Santa Misa, sino que también es ministro de la Palabra. Entonces observa esas tres dimensiones del diaconado y comento esto con algún detalle, porque es posible que alguien que esté escuchando algún varón que esté escuchando estas palabras. Tal vez un hombre casado se sienta llamado, se sienta llamado a servir a Dios como diácono permanente, y en muchos lugares hay excelentes programas de formación para los diáconos permanentes, una formación que tiene su culminación, por supuesto, en recibir el sacramento del orden. Tú dirás ¿Pero cómo así? ¿No se supone que los ordenados son los sacerdotes? Pues mira, es que el sacramento del orden tiene esta peculiaridad que hay grados, está el grado del diácono, está el grado del presbítero y está el grado de la plenitud del sacerdocio, que es el que tienen nuestros obispos. Pero el diácono recibe el sacramento del orden. Entonces, se necesita una preparación que usualmente dura varios años, típicamente cuatro o cinco o seis años, toda una preparación teológica espiritual muy de cerca con la realidad familiar que tiene cada diácono permanente. Y por eso doy estos detalles aquí, porque es posible que tras la inspiración, tras las huellas de San Lorenzo, alguno puede sentirse llamado y decir: Pues un hombre casado claro, puede decir yo voy a hablar con mi esposa, porque se necesita, por supuesto, no sólo la aprobación, sino el apoyo, el amor de la esposa para que esto suceda. Bueno, eso es bueno saberlo. Pero lo que yo quiero terminar relacionando es que estas tres áreas, la liturgia, la predicación y la caridad, son inseparables. Y Lorenzo, el diácono mártir que estamos recordando hoy, pues, nos educa en ese sentido que son inseparables la liturgia, la caridad y la predicación. Y ya pensando no solamente en los diáconos, sino en cada uno de nosotros como fieles cristianos, piensa el sentido tan profundo que esto tiene. Yo no debo separar la liturgia de la caridad. No puedo ser una cosa en el templo y otra cosa con los pobres. De hecho, Cristo es alimento para todos nosotros, los pobres. Y dándose a nosotros, pues nos está dando la mejor lección de caridad. Entonces, liturgia, caridad, predicación, el testimonio, la forma cotidiana. La forma más frecuente de la predicación es el testimonio. Y tú eres llamado a vivir ese testimonio, y tú eres llamado, seas diácono o no, a unir esas tres áreas que San Lorenzo con su ejemplo, interceda por nosotros. Amén.

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