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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera pobreza nos libera de la idolatría para así poder buscar a Dios, el único Tesoro. Al descubrir que todo es regalo Suyo, el corazón se llena de gratitud, alegría y generosidad.
Homilía scla011a, predicada en 20260811, con 7 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Una de las comunidades religiosas femeninas más conocidas porque hace presencia en muchísimos lugares. Por ejemplo, aquí en Colombia es la comunidad de las Clarisas, se llaman Clarisas por la Santa, que recordamos el once de agosto junto con toda la Iglesia. Y esa esa orden religiosa femenina, pues tiene hoy un motivo de gran alegría. Cuando recordamos a Santa Clara de Asís, como ya te podrás imaginar, por ese apelativo que le damos. Clara de Asís, pues ella era de ese lugar de Italia y fue contemporánea de nuestro muy querido, muy amado San Francisco de Asís. ¿Qué lecciones nos deja esta mujer? Ella, siendo apenas una jovencita, escuchó el testimonio de Francisco. Cualquiera podría pensar que el testimonio de un hombre en la más absoluta pobreza tendría poco que decirle a una joven que había crecido con ciertas comodidades. Tendemos a pensar que si una persona, un muchacho, una muchacha, ha crecido, digamos, con ciertos privilegios, utilizó incluso esa palabra, pues la persona queda como definida por esa crianza y que ya lo que va a buscar siempre es la comodidad. Tal vez de una manera un poco vanidosa, un poco superficial, un poco egoísta, pero lo primero que nos va a enseñar Clara, es que en esos ambientes donde hay mucha abundancia material, nunca podrá saciarse lo que más profundamente requiere el corazón humano. ¿Y esto es lo primero que nos enseña esta hermosa santa del día de hoy? No, No, mis hermanos. Nada material podrá llenar al corazón humano. Lo puede entretener, lo puede desviar, lo puede distraer, pero llenarlo no podrá llenarlo. Y es una gran lección la que nos da Santa Clara cuando nos deja ver que el testimonio de un hombre tan pobre como ya era Francisco en ese momento tuvo tanto impacto en ella. Pero es que no se trata de la pobreza por la pobreza, se trata de la pobreza que da libertad. Y pobreza, que da libertad, es aquella que cancela, que se suelta, que se libera, que rompe las cadenas con toda forma de idolatría. Porque la persona que es idólatra del dinero y no importa cuánto dinero tenga, es una persona que en el fondo, pues es esclava. Y frente a esa esclavitud, la pobreza alegre de Francisco, pues es un testimonio impresionante. Entonces, repito, no es la pobreza por la pobreza, es la pobreza en cuanto libertad de los bienes creados, en cuanto libertad de las criaturas para acercarnos al Creador, para acercarnos al que es el sumo bien. No es un mal negocio, no es perder simplemente lo que tengo. Es dejar de lado lo que he tenido, porque busco al que es la fuente, al que es la raíz, al que es el tesoro de tesoros, ese que es la perla más preciosa, ese que es el gozo más grande. Y eso fue lo que Clara encontró en el testimonio de Francisco de Asís. Otra lección que nos da clara, y pienso que hay que destacarla, es que cuando de verdad buscamos a Dios con todo el corazón, también descubrimos que Él nos ha amado desde siempre. Que su amor estuvo siempre y que desde siempre nos ha colmado de su bondad y de sus regalos. Es decir, que la pobreza franciscana o la pobreza de las damas pobres, que fue el primer nombre que tuvieron las Clarisas. La pobreza de las Clarisas es, ante todo, el descubrimiento de que todo es regalo. Fíjate cómo muchas veces las personas que tienen muchísimos bienes, que tienen mucho poder, que tienen mucha riqueza, suelen ser personas que sienten que todo lo han conseguido con su esfuerzo, con su inteligencia, con sus amistades, con sus buenos negocios. Yo he sido hábil para los negocios. Ya decía San León Magno en su sermón de las Bienaventuranzas que con mucha facilidad la abundancia de bienes produce una falsa seguridad en forma de orgullo. Por el contrario, la persona que vive esa pobreza, ese desprendimiento, como el de Clara, como el de Francisco, es una persona que siente que todo es regalo. Y ese sentir que todo es regalo hace tu corazón grato, agradecido, alegre, fraterno, capaz de compartir. Son rasgos de la espiritualidad franciscana. Son rasgos de la espiritualidad de las Clarisas. Y ella sí que vivió eso de una manera tan intensa y al descubrir que todo es regalo, descubrió que el primero de los regalos es existir. El primero de los regalos es que Dios me ha amado tanto que ha querido que yo existiera. Me ha regalado la existencia. Clara era profundamente sensible al Dios creador, como también lo fue Francisco. De tal manera que esta bendita mujer tenía tanto que agradecerle a Dios, fundamentalmente por porque la había creado. Y a mí ese aspecto lo he predicado varias veces. A mí me llena de gozo y para mí es un testimonio hermoso de esta gran santa de la Iglesia Católica. Ella sabía apreciar que su misma existencia era un regalo que creer es un regalo. Por supuesto, tener salud es un regalo. Tener fuerzas es un regalo. Tener la fe es un regalo. Pero es que todos esos regalos empezaron por el simple y profundísimo hecho de que Dios nos regaló existir. Santa Clara intercede por nosotros para que descubramos en primer lugar que las cosas no nos van a llenar nunca. En segundo lugar, que Dios es nuestro supremo bien. Y en tercer lugar, que de Él hemos recibido todo, y que ese es motivo más que suficiente para la alegría, para la gratitud, para la fraternidad y para el compartir. La gloria para Dios. Y que Santa Clara de Asís interceda por nosotros. Amén.

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