Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Necesitamos redescubrir y profundizar continuamente en la fe para comprender qué quiso Dios regalarnos al darnos el Evangelio.

Homilía p063018a, predicada en 20250528, con 7 min. y 18 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy nos presenta una de esas frases bellísimas de Cristo que, sin embargo, suscita preguntas muy interesantes, porque Cristo dice que el Espíritu Santo nos va a guiar hacia la verdad completa. Y uno puede preguntarse ¿qué significa eso, en concreto significa eso que actualmente estamos con una especie de verdad incompleta? ¿Qué nos falta, qué es lo que nos falta? Esta pregunta se la han hecho muchos cristianos a lo largo de los siglos, porque si se dice que la verdad está incompleta, alguien podría entender que falta como algo en la revelación de Dios. Pero, por otra parte, nuestra fe enseña que con la muerte del último apóstol se cerró la revelación que tenemos en la Sagrada Escritura y que, por consiguiente, ya la revelación, en ese sentido, está completa.

Además, hay personas que tienen una gran inquietud porque consideran que ha habido momentos en la historia de la teología en que ya el saber ha quedado, por decirlo así, completo. Concretamente, estoy pensando en la gran obra teológica de un hombre al que muchos admiramos y que es Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás nos presentó una síntesis maravillosa que, no solamente síntesis de teología, sino que también es como una síntesis de razón y fe, de filosofía y teología. En la Summa contra Gentiles, en la Summa Teológica hay una síntesis maravillosa. Y hay personas que creen que ya básicamente Santo Tomás dijo todo lo que había que decir y que, por consiguiente, estudiar teología debería limitarse a estudiar a Santo Tomás y todo lo que vino después de Santo Tomás, pues en cierto sentido sobra, porque ya lo dijo Tomás, o si no hay que eliminarlo porque contradice a Tomás. Aunque si lo piensas bien, esa manera de ver las cosas es autocontradictoria, porque si tú dices que en el siglo XIII con Tomás de Aquino se llegó a una síntesis acabada y perfecta de la teología, pues eso también estaría significando que en el siglo XII, XI, X y de ahí para abajo, pues estaba incompleta la revelación o estaba incompleta la verdad.

¿Qué hacemos, qué hacemos para entender esa frase de Cristo? La verdad que va a ser plena, la verdad que va a ser completa solamente en el caminar de la historia. Pero creo que he mencionado la palabra clave, la palabra historia. Piensa, por ejemplo, en lo que ha sucedido dentro de la Iglesia Católica con las claridades que poco a poco ha tenido la misma Iglesia. Por ejemplo, si nosotros hablamos de los sacramentos y concretamente del número de los sacramentos, esa doctrina no estaba completamente definida antes del siglo XVI, porque fue únicamente el Concilio de Trento, el que definió eso con claridad. O si nosotros pensamos en el dogma de la infalibilidad del Papa, no en todo, por supuesto, esto siempre lo aclaramos, sino la infalibilidad del Papa cuando se trata de temas de fe o de moral y son declarados formalmente, esa enseñanza sobre la infalibilidad del Papa no estaba completamente clara antes del siglo XIX. Y antes del siglo XIX tampoco estaba claro, esa fe que tenemos, no estaba claro el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Eso tampoco estaba claro.

¿Qué quiere decir eso? pues eso quiere decir que realmente hay un avance en la teología. En el siglo XX encontramos también otro avance, cuando el Papa Pío XII declara que María fue asunta en cuerpo y alma al cielo. O sea que sí hay un desarrollo de la teología, sí hay un desarrollo en la profundización de la fe. Y ese desarrollo, que puede tomar siglos, ese desarrollo, pues finalmente tiene la guía del Espíritu Santo. O sea, lo primero que tenemos que afirmar es que, efectivamente hay cosas que no estaban claras. Pero observa lo que hemos dicho, no es que no existieran, no es que primero fueron negadas y después fueron afirmadas, sino cosas que estaban como implícitas y que se van explicitando, ahí está la clave, cosas que estaban implícitas.

Por eso, por ejemplo, cuando el Papa Pío IX, el Beato Papa Pío IX hace la declaración de la Inmaculada Concepción, él no se saca esa afirmación, así como de la manga, diciendo: Mire, aquí les tengo esta sorpresa, la Madre de Jesús fue inmaculada. No, no, no, eso no funciona así. Lo que hace el Papa es estudiar la predicación y la enseñanza desde los antiguos padres, por ejemplo, cita con mucha elocuencia a San Juan Damasceno, entre muchos otros. Y ahí, basándose en esos escritos, se da cuenta que lo que estaba implícito, poco a poco, se va explicitando. Así funciona esa frase de Cristo, así es como se hace realidad. El Espíritu nos conduce a la verdad completa de esa manera. ¿De cuál manera? Haciendo más claro. Haciendo explícito lo que antes estaba solamente de manera implícita, esa es la guía del Espíritu.

Y eso que sucede en el conjunto de la Iglesia, también tiene que suceder en cada uno de nosotros. Nosotros también necesitamos descubrir cada vez con mayor claridad la fe, y por eso, cada uno de nosotros tiene el hermoso deber de profundizar en la fe hasta descubrir de una manera cada vez más clara, de una manera cada vez más explícita, qué es lo que Dios ha querido darme cuando me dio el Evangelio. Cada una de estas enseñanzas que día por día vamos recibiendo en la liturgia, sirve, sobre todo, para una cosa, para que clamemos al Señor, para que le pidamos con amor: Danos el don del Espíritu, don del Espíritu Santo para el Papa, don del Espíritu Santo para los obispos y sacerdotes, don del Espíritu Santo para todo el pueblo fiel, para que podamos profundizar en la fe que nos dejó Cristo, en las verdades que nos dejó Cristo, y podamos explicitar lo que está como en semilla en la Palabra de los Apóstoles. Así sea.

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