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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo nos conducirá al cielo y en presencia del Altísimo, contemplándolo tal cual es tendremos por fin la verdad plena.
Homilía p063016a, predicada en 20230517, con 5 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Una de las obras maravillosas que va a hacer, que ya está haciendo el Espíritu Santo en la Iglesia, es lo que nos anuncia el Evangelio de hoy: «El Espíritu Santo nos llevará a la verdad plena». Y esta frase, si la tomamos en serio, nos invita a una profunda meditación. Efectivamente, ¿qué significa eso de la verdad plena? Si ya conocemos quién es Cristo, si ya conocemos, por ejemplo, que es verdadero Dios y verdadero hombre, si ya conocemos que en Dios hay una sola naturaleza y tres personas, si ya conocemos que Cristo está verdadera y realmente presente en las especies eucarísticas. Uno podría preguntarse: Oye, ¿qué nos falta conocer, qué es lo que nos falta conocer? ¿Qué es lo que tiene que ser revelado tan poco a poco? Y eso es lo que quiero comentar con ustedes en esta oportunidad. Porque hay, por lo menos, tres interpretaciones muy bellas sobre esto del Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena.
La primera interpretación tiene que ver con el crecimiento de la comprensión de la revelación a lo largo de los siglos. Piensa, por ejemplo, en lo que acabo de decir de que ya sabemos que Cristo es una sola persona, tiene naturaleza humana, naturaleza divina, verdadero Dios, verdadero hombre. Yo te hago una pregunta, esa claridad ¿ya existía en el siglo II, así, con esa claridad con que lo acabo de enunciar? Y la respuesta es no. La respuesta es que faltaban por lo menos 300 años en el siglo II, porque solo en el siglo V, allá en el Concilio de Calcedonia, y gracias a San León Magno y gracias a muchos otros Padres de la Iglesia, partiendo del dato revelado, se pudo elaborar, se pudo comprender mejor qué era esto de la naturaleza de Cristo, o mejor dicho, de quién es Cristo. Eso se pudo comprender solo poco a poco. Entonces, ahí está una prueba de que hay una comprensión progresiva.
Otro ejemplo en el siglo XIX, el Papa Beato Pío IX declara a María Inmaculada, es decir, declara que fue concebida sin pecado original. Eso no estaba claro para toda la Iglesia en el siglo XVI, no estaba claro en el siglo III. O sea que sí hay un crecimiento, un crecimiento en la comprensión del dato revelado, y esto, bajo la guía del Espíritu, es la primera interpretación de aquello de que el Espíritu nos lleva a una verdad más plena, a una verdad, a una verdad que todavía necesitamos avanzar, en la que debemos avanzar.
Una segunda interpretación tiene que ver con la vida de cada uno de nosotros. Por ejemplo, piensa esta pregunta que puede resultar, no sé, un poco chistosa, tal vez un poco extraña, ¿puede Dios hacer un santo en ti? ¿Puede Dios convertir a aquellas personas que hoy reconocemos como adversarios absolutos de la fe? Ya sabes que hay mucha gente que, por ideología comunista, ideología de género, por consumismo, porque están realmente esclavizados por algún tipo de adicción, rechazan el Evangelio. Tenemos una respuesta a esa pregunta, pregunta como por ejemplo, ¿esa persona se va a convertir? Y la verdad es que no tenemos una respuesta, no la tenemos.
Pero el tiempo pasa y el Espíritu Santo muestra cosas maravillosas como la conversión de San Francisco, como la conversión de San Agustín, como la conversión de San Pablo. Y entonces nos da una respuesta, es decir, ¿qué es la respuesta a la pregunta: qué es lo que Dios puede hacer en este mundo? ¿Qué es lo que Dios puede hacer en esta realidad, a veces tan cruel, a veces tan confusa, en la que nosotros vivimos? La respuesta a esa pregunta solo aparece en el tiempo, solo aparece viendo la historia misma del pueblo de Dios. Ahí el Espíritu Santo nos va mostrando toda la potencia del Evangelio, la verdad del Evangelio realizada en la historia.
Y la última interpretación es que el Espíritu Santo nos conduce a la verdad completa, porque solo sabremos realmente quién es Dios y solo llegaremos a ser plenamente nosotros mismos en la gloria del cielo. Fíjate esta expresión que encontramos en la primera carta de Juan: «Ya somos hijos de Dios, pero aún no se ha revelado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es». O sea, ¿ya nosotros conocemos realmente quién es Dios? No solamente tener unos datos teológicos, sino saber quién es Él, como un amigo conoce a su amigo. No, el Espíritu nos conducirá a la verdad plena, porque el Espíritu nos conducirá al cielo, y en presencia del Altísimo, contemplándolo tal cual es, tendremos por fin la verdad plena. Allá nos quiere llevar el Espíritu.

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