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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tal vez tú mismo no sabes lo que estas buscando, dónde está tu descanso pero en ese infinito que buscas está Dios llamándote y el Evangelio quiere conectar con esa búsqueda que tienes en el corazón.
Homilía p063015a, predicada en 20220525, con 4 min. y 54 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy, mis hermanos, nos presenta el discurso de Pablo en Atenas. El lugar donde se pronuncia este discurso es muy significativo porque es la plaza principal de los atenienses, lo que se llamaba el Areópago. Para que te hagas una idea de la importancia de este sitio, fue allí donde se decidió la muerte de Sócrates, el gran filósofo de la antigüedad. Era el lugar de las decisiones, ese lugar era como la cabeza y el corazón del mundo griego. Y Pablo llega allí, no solo para hablar con esas personas, sino para hablar con ese mundo. Porque evangelizar no es solamente tocar algunos corazones, es llegar a nuevos mundos, es llegar a espacios que podemos llamar realidades, universos diferentes.
¿Por qué utilizo esas palabras? Porque mira que, por ejemplo, los griegos, los griegos habían hecho muchas preguntas, tenían todo un cuerpo de filosofía, se habían preguntado muchas cosas sobre la verdad, sobre la belleza, sobre la amistad, sobre la justicia, sobre la política, sobre el arte. Es decir que, hay toda una cultura, una cultura que implica eso, preguntas, implica respuestas, implica modos de hacer las cosas, todo eso tenían ellos. Y el apóstol Pablo llega allí a evangelizar ese mundo.
Y por eso, una primera aplicación que yo le encuentro a esta lectura en nuestra vida es que también nosotros estamos llamados a evangelizar los mundos culturales, las realidades culturales que nos encontramos en nuestra época. Hay que llegar, por ejemplo, al mundo digital, hay que llegar al mundo del trabajo, hay que llegar al mundo del arte. Son mundos que hay que evangelizar, hay que llevar la buena noticia allí. Pero la primera lectura también nos muestra que esta llegada no es fácil, que no es sencilla y que el éxito muchas veces no está garantizado de una manera tan rápida como nosotros quisiéramos. El mismo Pablo más bien experimentó un éxito muy, pero muy modesto en este primer esfuerzo de evangelización.
Y, sin embargo, hay algo que Pablo dijo a aquella gente y que yo creo que tiene plena realidad, plena aplicación para nosotros, porque les dice Pablo: Miren, eso que ustedes veneran sin conocer, eso es lo que yo les vengo a anunciar, lo que ustedes veneran sin conocer. Cómo me impactan esas palabras, porque nos está hablando de la búsqueda, del hambre, del deseo de Dios que hay en el corazón humano, el deseo de Dios. ¡Qué impresionante! Tal vez no sabes, tú mismo no sabes lo que estás buscando. Tal vez tú no sabes detrás de qué vas. Tal vez tú no sabes cuáles son, cuál es la razón de tu esfuerzo. Tal vez no sabes en dónde estaría tu descanso. Pero, aunque tú no lo sepas, en ese infinito que tú buscas, en esa aspiración profunda e insaciable que tú tienes, ahí está Dios llamándote, ahí está Dios llamándote. Tal vez tú lo buscas a través de la filosofía, tal vez lo buscas a través de la justicia social, tal vez tú lo buscas a través del placer, tal vez tú lo buscas a través de la paz interior, pero es importante que sepas que Él te está buscando también.
Y es importante que sepas que eso que tú buscas sin tener claridad, tal vez sin conocerlo plenamente, eso es lo que te anuncia el Evangelio. El Evangelio quiere conectar con esa búsqueda profunda que hay en tu corazón. El Evangelio quiere llegar allá y quiere llegar allá por ti y por tu mundo, por todo lo que pertenece a tu cultura, a tu realidad. Es grandioso el panorama que nos abre esta primera lectura. Es grandioso darnos cuenta cuánto nos ha amado Dios y cómo es Él y solamente Él el que puede saciar nuestro corazón. Cómo no terminar con las palabras de San Agustín: Nos hiciste, Señor, para ti, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti.

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