Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No es obra del Espíritu Santo sino del espíritu del mal las nuevas formas de evangelizar o las nuevas interpretaciones que nieguen el Evangelio del Señor.

Homilía p063012a, predicada en 20200520, con 6 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Hay dos frases muy bellas pero que tienen una cierta tensión en el Evangelio de hoy. Una dice: «El Espíritu os conducirá a la verdad plena». Otra dice: «Él no hablará por su cuenta, sino tomará de lo que oye y os lo dará». Observemos que la primera frase habla de futuro, el Espíritu que como alma de la Iglesia va acompañando el caminar del pueblo de Dios, nos va ilustrando en los divinos misterios, nos va preparando para cada nuevo combate y, efectivamente, nos lleva y nos llevará a la verdad plena hasta la Jerusalén del cielo, todo ello habla de futuro. Pero la segunda frase, de alguna manera habla de pasado, en el sentido de aquello que ya está establecido. Porque esa segunda frase nos dice que Cristo, el Señor y el Padre Celestial son la fuente de la que vendrá todo lo que nos da el Espíritu. Por eso dice hablará de lo que oye, comunicará lo que ha recibido.

Bueno, estas dos frases con toda su profundidad ¿qué significan para la vida de la Iglesia? Por una parte, nos están indicando que la Iglesia va caminando, como ya se dijo, va avanzando, va comprendiendo cada vez mejor el mensaje. Pero, por otra parte, ese mensaje jamás podrá ser contrario al Evangelio que ya se predicó. Esta idea la dice con un vigor peculiar el apóstol San Pablo en su carta a los Gálatas, en ese lugar dice Pablo: «Si alguien les viene a predicar un evangelio distinto, que sea anatema», que sea anatema, es como decir condenación sobre él, que caiga la condenación sobre él. Es una expresión durísima, es casi lo más duro que puede decir un apóstol en la Biblia. Y Pablo lo dice: «Si alguien pretende cambiar el Evangelio, que sea anatema». Es decir que cualquier predicación del Evangelio, supuestamente avalada o autorizada por el Espíritu, no puede contradecir ese Evangelio que nosotros hemos recibido.

Porque de tanto en tanto surgen interpretaciones, entre comillas, del Evangelio, relecturas del Evangelio que, en realidad, son negaciones del Evangelio. Tomar el Evangelio, tomar lo que dice la Palabra y contradecirlo, y ponerlo a decir exactamente lo opuesto y decir que esa es obra del Espíritu Santo en nosotros, es una doble o triple blasfemia. Blasfemia porque le estoy atribuyendo al Espíritu Santo error, blasfemia porque estoy oponiéndome a lo que dice el Evangelio y blasfemia porque el propósito de la evangelización es que llegue el mensaje a todos, y el mensaje tiene que llegar en su pureza, no puede llegar, no debe llegar adulterado o envenenado. Entonces, si viene un Evangelio que se presenta como nuevo o una nueva forma de evangelizar, no debemos engañarnos.

No hace mucho, por ejemplo, el Cardenal Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, señalaba algunos graves errores e inconsistencias en aquello que está sucediendo en una gran parte del episcopado alemán, en lo que ellos llaman camino sinodal. Y lo que decía el cardenal Müller, con muchísima mayor autoridad que yo, ni más faltaba, era lo que yo estoy tratando de expresar aquí: No podemos atribuir al Espíritu Santo una especie, una especie de nueva interpretación que, en realidad, significa la negación de la persona de Cristo o la negación de los milagros de Cristo, o la negación de la concepción virginal de Cristo, o la negación de la resurrección de Cristo.

Cuando venga cualquier predicador a negarte cualquiera de esas cosas, acuérdate de lo que hoy estamos diciendo, el Espíritu Santo no puede salir con una supuesta verdad que, en realidad, es negación del sólido Evangelio en el que hemos sido edificados y que está bien condensado en primer lugar en el Credo y también para beneficio nuestro, en el Catecismo de la Iglesia Católica. Una nueva evangelización, una nueva forma de evangelizar, un camino sinodal o lo que sea, no puede nunca significar una negación del Evangelio del Señor, eso no sería obra del Espíritu Santo, sino obra de otro espíritu que no es santo, ni quiere tu santidad, ni quiere tu salvación. Dios nos libre, nos proteja y nos conserve en la verdad y en la alegría del Evangelio. Amén.

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