Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

A través de las dificultades y oportunidades que nos da la vida, el Espíritu Santo es quien nos hace descubrir lo que significa que Jesucristo me ha salvado.

Homilía p063009a, predicada en 20170524, con 5 min. y 38 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 16 de San Juan. La frase que indudablemente brilla con especial fuerza en este texto es: «El Espíritu Santo les conducirá a ustedes a la verdad plena, a la verdad perfecta». Eso de la verdad plena inmediatamente llama la atención, ¿quiere decir que hay como verdades parciales, quiere decir que la verdad es como una especie de escalera, por decir alguna comparación, y que por consiguiente uno tiene que ascender dentro de esa escalera? Respuesta, en cierto sentido sí, sí. Y esta realidad propia del Evangelio y propia de la verdad que nos revela Cristo, la podemos encontrar también en otros aspectos de la vida humana.

Pensemos en un papá que le da consejos a su hijo. Su hijo es un niño, tiene unos seis o siete años, apenas está empezando su proceso escolar y el papá se da cuenta que es oportuno darle esta advertencia: Hijo, algo quiero decirte, aprende a escoger bien tus amigos. Este es un niño que tiene seis o siete años. ¿Qué significa la palabra amigo para ese niño? Posiblemente significa mi compañero de juegos y poco más que eso, el papá le da ese consejo. Como la palabra amigo tiene un significado tan limitado para un niño entonces, el consejo del papá también parece algo muy pequeño, algo casi elemental. Algo así como: Tengo que escoger bien con quién voy a jugar. Y tal vez si yo le preguntara a ese niño ¿qué significa para ti escoger bien tus amigos? El niño tal vez me diría: Pues que no debo jugar con los niños que son muy violentos, que son muy bruscos porque me pueden hacer daño, eso es todo lo que él logra entender de las palabras del papá.

Pero ese niño sigue creciendo, la vida le va presentando distintas circunstancias, algunas positivas y otras negativas. Ese mismo niño, después de unos pocos años, ya tiene compañeritos que quizás son muy buenas amistades, pero también tiene otros que pueden hacerle daño. Algunos de sus compañeros ya empiezan a jugar con cosas que no son buenas, alguno de ellos lleva una tabla para invocación de espíritus, esto que se llama la ouija, entonces lleva eso, invita a otros niños a que jueguen a invocar demonios. Esto es mucho más serio que lo que sucedía unos pocos años atrás. Quizás otro compañero lleva una revista pornográfica, quizás otro compañero lleva algo de marihuana. Entonces, escoge bien tus amigos, aquella palabra que el papá le dijo, y que tal vez le repite en otras ocasiones, es un consejo que ahora tiene una mayor profundidad. Ya no se refiere solamente a los juegos de pelota que él podía tener años atrás, ahora significa: Tengo que ser precavido porque hay riesgos graves que pueden hacerle daño a mi cuerpo o a mi alma.

Y si seguimos esta historia, luego podemos pensar en que ese mismo jovencito creciendo más se vuelve un adulto y tiene que pensar con quiénes se asocia para un negocio o tiene que pensar en qué colegas o compañeros de trabajo puede confiar cuando ya está en el mundo laboral. Eso quiere decir que a medida que va creciendo, las palabras del papá también van creciendo con él. Eso es exactamente lo mismo que sucede en la vida cristiana. Uno puede aprender a repetir de una manera casi mecánica: Jesucristo es mi Salvador, Jesucristo, el Divino Salvador. Jesucristo es el Señor, es el Salvador, pero solo a través de la vida, solo a través de las distintas dificultades, pero también distintas oportunidades que nos da la vida, llegamos a descubrir hasta dónde tienen profundidad estas palabras.

¿Qué significa que Él me ha salvado? Con seguridad Cristo me ha salvado, es una frase que tiene un alcance muchísimo más profundo cuando va pasando más el tiempo y ¿quién va guiando ese descubrimiento de la verdad plena? El Espíritu Santo de Dios, es solamente el Espíritu el que puede llevarme a la verdad plena, el que puede enseñarme todo lo que está contenido en palabras que llevo años repitiendo pero que quizás no he llegado a profundizar. Todo esto nos invita a suplicar con mayor intensidad la llegada del Espíritu, la efusión del Espíritu, la gracia de su amor en nosotros.

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