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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

También hoy necesitamos del celo del apóstol Pablo porque también en nuestro mundo, como en la Atenas de Pablo, se multiplican los ídolos falsos.

Homilía p063004a, predicada en 20120516, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

El capítulo 17 de los Hechos de los Apóstoles contiene uno de los discursos más famosos de toda la historia. Y tiene que ser famoso porque el orador, el predicador, es uno de los más grandes apóstoles, se trata de San Pablo. El lugar es uno de los más conocidos y más relevantes para la historia del mundo, se trata del corazón de Atenas, y el tema no puede ser más importante, se trata del sentido de nuestra vida y se trata de cuál es la verdad de Dios, en nuestro corazón. Así que el capítulo 17 de los Hechos de los Apóstoles realmente merece que le des bastante atención, vale la pena que te acerques, que lo leas despacio y que lo disfrutes.

San Pablo viene de una experiencia muy dura en Filipos y llega a la ciudad de Atenas. Allí se queda solo en el sentido de que sus compañeros de misión y, en especial Silas, ya no está con él. Pero en esa soledad, hay también una imagen de otra soledad más profunda, no es solo que Pablo se haya quedado sin sus compañeros de misión, es que está en el corazón mismo de una nación idolátrica. Abruman y entristecen su corazón toda esa cantidad de estatuas, imágenes, templos, es decir, Atenas es la expresión misma del politeísmo, de la abundancia de dioses, dioses y dioses y dioses. Y entonces, su corazón se siente a la vez oprimido por la tristeza, pero también impulsado por el celo del Evangelio, que yo creo que es lo mismo que nosotros tenemos que sentir, si de veras amamos a Jesús.

Encendamos el aparato de la radio o de la televisión, conectémonos a Internet y veremos desfilar ante nuestros ojos y empezarán a pasar por nuestros oídos todos los mensajes de la idolatría. Es decir, también en nuestra época, lo que hay es un politeísmo descarado, porque tenemos que llamar dioses a aquellos a los que la gente entrega, con una devoción sin límites, su vida. Si una persona, por ejemplo, está tres o cuatro horas en el gimnasio, haciéndose tratamientos para la piel, mejorando su figura una y otra y otra vez, porque tiene que tener un cuerpo absolutamente perfecto, pues esa persona muy probablemente está adorando a la diosa de la belleza, así no la llame, Afrodita. Si una persona cree que a través de la fuerza y a través de la guerra y a través del odio se cambia esta humanidad, como creen, por ejemplo, los comunistas y buena parte de los socialistas, si una persona cree eso y si cree que llevando a una confrontación y llevando a la guerra se puede lograr lo mejor de la raza humana, esa persona está adorando a Marte, el dios de la guerra, Ares, que llamaban los griegos, así esa persona no lo mencione.

Qué importante que nosotros descubramos que esos ídolos están ahí y qué importante que nosotros podamos sentir como San Pablo, que nos duele, que nos duele, que la gente no tiene oídos para la Palabra de Dios, que la gente no tiene interés en las cosas del Señor y en cambio, dedican todas sus fuerzas, que se yo, a conseguir más dinero, a conseguir más placer, a conseguir más fama. Cuando lo perverso y lo depravado es exaltado y lo virtuoso es ridiculizado, necesitamos ese corazón de San Pablo para predicar dónde están los verdaderos valores y qué es lo que vale la pena.

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