|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Nueva Alianza se expresa permaneciendo unidos a Dios, la oración de petición es efectiva solo si hay comunión con el Señor y el sentido de nuestra vida es transformar otras vidas.
Homilía p053010a, predicada en 20190522, con 6 min. y 32 seg. 
Transcripción:
El Evangelio, el día de hoy, está tomado del capítulo número 15 de San Juan. Hay tres colosales, tres inmensas enseñanzas que están en estos ocho versículos, porque son apenas los ocho primeros versículos de este capítulo 15 de San Juan. El primer versículo tiene que ver con el fruto precioso de la Nueva Alianza. Si nosotros recordamos textos del Antiguo Testamento, nos damos cuenta que todo el propósito de la Antigua Alianza, de hecho, de todas las alianzas que Dios había hecho, incluyendo la de Moisés, era simplemente lo que está resumido en esta frase: «Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios». Ese es el resumen de toda la alianza: Yo seré su Dios, ustedes serán mi pueblo. Pero eso, que se dice como en una frase en el Antiguo Testamento, se convierte en una sola palabra, cuando nosotros llegamos al Nuevo Testamento y cuando llegamos a la Nueva Alianza.
Efectivamente, de lo que se trata en la Nueva Alianza es de permanecer, si lo quieres decir con un verbo, el verbo es permanecer, permanezcan en mí y que yo permanezca en ustedes, estas son las palabras de Cristo. Si lo quieres decir con un verbo, es el verbo permanecer. Si lo quieres decir con un sustantivo, es otra palabra preciosa, la palabra comunión, está nuestra comunión, dice la primera carta de Juan en su prólogo, es con el Padre, con el Hijo. Es decir, esta comunión está indicando una unión de amor, una unión de vida, una unión de voluntades. Así que en este pasaje del Evangelio de hoy aparece el fruto precioso de la alianza permanecer, comunión.
Segundo, también en este pasaje hay otra realidad que tiene que llamarnos la atención, es la oración. Recuerdas que Cristo nos dice, por ejemplo, en el Sermón de la Montaña, allá en el Evangelio de Mateo, nos dice: «Pidan y se les dará». En otro lugar dice nuestro Señor Jesucristo: «Si ustedes piden sin vacilar, se va a realizar. Si usted dice a esa montaña: arránquese y échese al mar, y usted no duda, eso se va a cumplir». Por supuesto que esas palabras son ciertas, pero hay una manera incorrecta de entenderlas, porque uno puede entender esas palabras como si simplemente fuera un asunto de convicción subjetiva. Es decir, que si yo me lleno de convicción, que ya casi me está sonando a autosugestión, si yo programo mi cerebro, ya casi me está sonando a programación neurolingüística. Entonces la fuerza de mi convicción, la fuerza de mi sugestión, la fuerza de mi programación neuronal, va a lograr las cosas, algo así como el dicho mexicano: échele ganas, o lo que otras personas dicen con palabras que tienen un claro perfume pagano: Buena onda, buena energía.
No, este pasaje, el de hoy, es fundamental en eso, fíjate lo que dice Cristo: «Si ustedes permanecen en mí y yo en ustedes, pedirán lo que quieran y se cumplirá». Es decir que Cristo, cuando nos invita a pedir para que se cumpla lo que pedimos, no nos está llevando por el camino de la realización de nuestra voluntad, no nos está dando un atajo para que se cumplan las cosas que a nosotros nos gustan o nos parecen importantes. Lo que Cristo está haciendo cuando nos invita a pedir, es a que vivamos desde la comunión, desde ese permanecer en Él. La frase es muy clara, dice: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se cumplirá». Entonces la oración no es un recurso para lograr mi voluntad. La oración es la expresión de la comunión que tengo con Dios. Y si esa comunión es mayor y más perfecta, entonces aquello que yo pido es expresión de ese Querer Divino y, por consiguiente, esa voluntad del Señor, que siempre eficaz, es la que se realiza.
La tercera enseñanza que recibimos el día de hoy no es menos importante, tiene que ver con el sentido de nuestra vida. El sentido de nuestra vida es dar fruto, es la esterilidad la que hace que la vida se vuelva insoportable. Y la vida se vuelve estéril cuando uno está encerrado simplemente en sí mismo, la vida se vuelve estéril cuando uno está entregando sus fuerzas, sus recursos interiores, a los ídolos de este mundo, eso es lo que hace insoportable la vida. Pero una vida que da fruto, una vida que da fruto abundante, una vida que es transformada y que, a la vez, transforma otras, es una vida plena, es una vida feliz, es una vida como Dios la ha querido.
Así que tres grandes enseñanzas en este Evangelio. Primero, el sentido de la Nueva Alianza se expresa con el verbo permanecer y se expresa con el sustantivo comunión. Segundo, la oración de petición sólo tiene sentido precisamente desde la comunión, si estamos viviendo en comunión con Dios, de eso se trata, ahí es cuando pedimos y las cosas se realizan. Y tercero, el sentido de nuestra vida. Y ese también está muy claro, porque el sentido de nuestra vida es el que aparece tan, tan hermosamente, tan bellamente, en aquello de la gloria del Padre. Vidas fecundas, vidas que proclaman la hermosura del amor de Dios. Vidas que transforman vidas.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|