Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Descubrir la voluntad del Señor requiere un espíritu de docilidad, de escucha y de búsqueda.

Homilía p053008a, predicada en 20170517, con 5 min. y 38 seg.

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Transcripción:

La primera lectura hoy está tomada del comienzo del capítulo número 15 de los Hechos de los Apóstoles. Básicamente, de lo que se trata es de un interrogante al que tienen que responder aquellos primeros cristianos. La pregunta es muy sencilla, ¿si un pagano llega a la fe en Cristo, está obligado a cumplir con la ley de Moisés? Es decir, ¿está obligado a vivir lo que viven los judíos? Esa es la pregunta. Es una pregunta que para nosotros puede parecer distante, porque la mayor parte de nosotros no tenemos un parentesco directo ni gran cercanía con el judaísmo. Pero debemos tener en cuenta que Jesucristo, según la carne, viene de la raza judía. Él mismo lo dice en el capítulo cuarto de San Juan: «La salvación viene de los judíos». No se nos debe olvidar que los apóstoles eran judíos. Y no se nos debe olvidar, finalmente, que el Evangelio mismo es una respuesta de fidelidad y de amor de Dios fundamentalmente y en primer lugar para el pueblo que había recibido las antiguas promesas. Y ¿cuál es ese pueblo? El pueblo judío.

De modo que la pregunta tiene sentido, si Dios eligió un pueblo, le dio una ley, le dio unas promesas, y luego cumple esas promesas a través de Jesucristo, fácilmente uno puede pensar, debería quien se convierte, hacerse parte de ese pueblo. Y ¿cómo se hace uno parte de ese pueblo? Pues a través de la circuncisión y a través de la observancia de la ley de Moisés, eso es lo que tendría que suceder. Por lo menos, eso era lo que pensaban algunos. Pero otros, en cambio, decían: Un momento, la ley de Moisés, en cierto sentido, ha quedado superada por la nueva ley que nos ha dado Jesucristo. Superada ¿en qué sentido? Pues que si vamos a profetas como Jeremías encontramos que se anuncia una nueva alianza. Y esto parece indicar que la Primera Alianza o la antigua Alianza ya no tiene el mismo valor ni tiene el mismo lugar, así que había como esas dos posturas.

¿Qué podemos aprender nosotros de esta discusión o de esta división? Pues, en primer lugar, esta historia sirve para que nosotros no idealicemos a las primeras comunidades cristianas. En el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo sexto, ya había aparecido otro problema, el problema de la distribución de las limosnas, cuando apenas estaba iniciando su camino la Santa Iglesia. Y resulta que se daban más ayudas a las viudas, a las personas necesitadas en general, que eran de lengua hebrea, que a las que eran de lengua griega. Ya había esa especie de favoritismo, ya había esas preferencias, Entonces, eso tiene que enseñarnos algo, eso nos está diciendo que con esas preferencias había divisiones y había tensiones. Creo que cuando nosotros miramos a los primeros cristianos, fácilmente podemos como idealizar las cosas, como que todos eran muy dulces, muy tiernos, muy amorosos, muy compasivos, muy comprensivos, pero ellos como seres humanos, también tenían que enfrentar dificultades y tenían que aprender a vencerse. Y eso, eso no es fácil nunca, nunca ha sido fácil, eso siempre cuesta trabajo.

La otra cosa que podemos aprender es que la Iglesia no lo tiene todo claro de una vez. Hay veces que nos encontramos con personas, personas que quisieran que la Iglesia ya tuviera automáticamente todas las respuestas a todas las preguntas. Y como con el correr de los siglos realmente nos hemos encontrado con grandes genios, al estilo de Santo Tomás de Aquino, que se preguntaron casi todo lo que se puede preguntar sobre la fe, uno puede tener la tentación de creer que ya la Iglesia es como una caja de respuestas, que ya todas las preguntas se han hecho y que ya todo está resuelto. Pero aquí vemos que los mismos apóstoles, por honestidad intelectual y por respeto a la gloria de Cristo, se dan cuenta que no pueden imponer sin más una opinión, se dan cuenta que tienen que detenerse, orar, dialogar, buscar un camino, eso también nos enseña. En muchas, muchas ocasiones prácticamente la norma de la Iglesia va a ser esa, aprender a encontrar un camino, aprender a descubrir la voluntad del Señor que no está enlatada y lista para consumo desde el principio, sino que requiere de nosotros un espíritu de docilidad, un espíritu de escucha y un espíritu de búsqueda. Así lo conceda siempre el Señor a su pueblo santo. Amén.

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